Viernes, 27 de Enero de 2006
primer periódico ciudadano de españa
Daniel Tercero García
«Ras i curt. Sóc un espanyolista». Así de claro, en catalán, y sin ningún tipo de rubor se expresó Arcadi Espada en un acto reciente al cual asistí en una población costera cerca de Barcelona. No era una referencia a uno de los dos clubes de fútbol más importantes de la ciudad condal, simplemente era una forma de introducir a los oidores, que se aglomeraban en la sala, en el razonamiento que avecinaba. ¿Qué mejor manera de llamar la atención con una frase tan provocativa en los tiempos que vivimos?
Soy españolista. Sí señores. Lo soy. El profesor de la Universidad Pompeu Fabra esgrimió una serie de razones por las que se consideraba a sí mismo españolista. Yo, que también me considero españolista, sumo una más a las explicadas en público por Espada: la utilización de esa palabra, españolista, como un insulto por parte de los jóvenes nacionalistas –es decir, separatistas- que la utilizan en sus actos y cuando acuden a reventar las presentaciones cívicas de los ciudadanos no nacionalistas catalanes en forma de insulto. ¡Cómo si eso afectase al receptor y no al emisor!
Las principales razones por las que Espada se considera españolista son cuatro. La primera es una razón sentimental. Es probable que todos seamos charnegos, en el más amplio sentido de la palabra, en Cataluña. Otra cosa es que lo reconozcan muchos, pero pocos –nadie- puede presumir de tener catorce apellidos catalanes o ascendentes ‘patrios’ que se remontan hasta El Conquistador, por lo menos. Cataluña ha sido, y es, una tierra de paso. La segunda razón es de carácter más práctico. España es un buen negocio, tanto político como económico. Las relaciones económicas de mercado único han permitido ser durante largas décadas, a Cataluña, la región española más rica de todas, la de mayor turismo, la de mayor desarrollo y de mayor productividad. La España que desprecian los nacionalismos constantemente es ‘nuestro mercado’ económico.
La cultura es la tercera de las razones de ser españolista. La cultura española es más importante que la cultura catalana, vale más, y entre otras razones porque la primera trae implícitamente a la segunda. Es decir, la cultura catalana es cultura española. Y, aunque todas las lenguas son, desde el punto de vista técnico, iguales, desde el punto de vista económico, político y de influencia cultural, no todas las lenguas son iguales. Aunque la cuarta razón de ser españolista, argumentada por el profesor universitario catalán, es la de que España –el Estado español, y aquí sí- es la mejor garantía de que en Cataluña rija el estado de derecho, esta es la razón más preocupante de las cuatro. Sí, la más preocupante, ya que depender única y exclusivamente de los políticos autonómicos sería como confiar los ahorros de mis hijos en un negocio dirigido por Mario Conde, pongamos por caso. El Estado puede y debe limpiar el proyecto estatutario que aprobó el Parlamento regional. Esto es garantía de estado de derecho y de su correcto funcionamiento.
Así pues, españolista, sí. Pero por las razones esgrimidas en estas breves líneas, y no por trasnochadas ideas que pretenden endosarnos los que utilizan esta misma palabra, españolista, como si de un insulto se tratase.
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