Sábado, 29 de Abril de 2006
primer periódico ciudadano de españa
Carmelo Jordá
El Congreso de los Diputados ha aprobado una proposición de ley del IU-IC para declarar el 2006 como «año de la memoria histórica», que más o menos esa era la fórmula. La cosa es algo así como que hay que recordar la historia güena güena, que no es la de «cuatro revisionistas» sino, curiosamente, la que les conviene a ellos o, mejor dicho, la que ellos creen que les conviene.
Aquellos de ustedes que hayan transitado la semana sin prestar demasiada atención a los periodistas, sana costumbre que les recomiendo practicar de vez en cuando, al ver el término histórica quizá piensen que se trata de que los niños sepan bien quienes eran los Reyes Católicos o incluso los Godos. Pues no.
La cosa consiste en continuar la disparatada reivindicación de la II República que ya inició hace unas semanas nuestro amado presidente del gobierno hace no demasiado. Mucho se ha escrito sobre el tema, pero supongo que todavía se escribirá más porque el despropósito es de primera.
Más allá de que se puedan compartir determinados valores de aquella época (más bien pocos, se hecho se podrían contar con los dedos de una oreja, como decía aquel) es ridículo que se trate de presentar como una referencia colectiva algo que no es sino un enorme fracaso colectivo.
España tuvo durante el siglo pasado tres grandes oportunidades como nación y sólo supimos aprovechar una de ellas. El primer gran fracaso fue la república: llegada de forma irregular podría haber sido, no obstante, un excelente momento para construir un país más libre y próspero, pero el resultado fue más bien el contrario y desembocó en una guerra civil (¿puede haber mayor fiasco?) de la que los dos bandos pueden sentirse responsables (ya está bien de mitos: tanto el de los pacíficos demócratas-republicanos asaltados salvajemente y por sorpresa por la bestia fascista como el de los diablos rojos de los que nos liberaba el caudillo, Pacificador de las Españas).
El propio franquismo fue otro fracaso colectivo: tras la terrible guerra Franco podría haber querido ser una especie de De Gaulle, pero decidió ser una mezcla de Mussolini y Trujillo más bien lamentable que arrastró al país durante muchos años por el lodo de la historia.
Ninguno de estos dos periodos tiene nada que enseñar a los españoles que vivimos (¿vivíamos?) la época más larga de paz, prosperidad y libertad de nuestra historia. Pero ahora lo que se estila no es la prosperidad y la libertad sino un concepto muy particular de paz que no puede tener entre sus referentes la restauración de Cánovas o la Constitución del 78 que quiere destruir, sino que trata de unirse sentimentalmente con la mayor desgracia de las muchas que este país ha sufrido.
Como si quisiesen anunciar hacia donde nos va a llevar su maldad ignorante.
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