Sábado, 10 de Junio de 2006
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Sigo a Federico Jiménez Losantos desde aquellos gloriosos face to face que mantenía con Carlos Carnicero en los informativos de Telecinco (allá por el tardofelipismo), en los que ambos sólo eran capaces de ponerse de acuerdo en el día, hora y lugar de la contienda dialéctica.
Nunca he sido de los que acuden a él con fe ciega como si del Oráculo de la Derecha Liberal Española se tratara, ni de los que incluyen automáticamente en su vocabulario los neologismos que inventa durante su programa, ni de los que le ríen todas las gracias tengan o no su aquel, ni jamás he experimentado un orgasmo escuchándole (ya que apenas lo hago), aunque siempre he admirado su verbo fácil, su vasta cultura y su capacidad para que sus oyentes zurdos se arranquen el cuero cabelludo a mechones. Además, siento hacia él un aprecio especial (y seguiré sintiéndolo mientras viva), quizá porque es de esas personas que percibes como de la familia aunque nunca las hayas conocido en persona.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, cada vez le leo menos y le escucho menos, hasta el punto de no leerle ni escucharle en absoluto. No es por no compartir su estilo de telepredicador matinal, que se me antoja la mar de ameno, o porque me haya vuelto centrista (líbreme Dios de tamaño destino), sino porque me parece que cada día que pasa desbarra más, y que muchas relaciones de causa efecto que establece en sus homilías quizá tengan sentido en su imaginación, pero no en el mundo real, que es el que a fin de cuentas de verdad importa.
Por supuesto, este es un mal que se puede como poco mitigar: adelantando las vacaciones, leyendo menos a Luis del Pino (y demás autores de factura conspiroparanoide), finiquitando a los colaboradores más aduladores, empalagosos y azucarados por otros más críticos (que no tengan complejos a la hora de enmendarle la plana al jefe, vaya)…, flores que por sí mismas no hacen primavera pero que unidas pueden contribuir a que se le ventile a uno el cerebro cosa buena. Son consejos que, aunque ya sé que puedo metérmelos donde termina la espalda porque nadie me los ha pedido, puede hacer suyos todo aquel que vea agujeros negros, maquinaciones masónicas o al marvado Polanco hasta en la jaula del canario, aunque sé que el tema es tan prolijo que quizá necesite que le dedique un tratado de autoayuda.
Todo lo anterior viene a cuento porque la última de Jiménez Losantos ha sido bien gorda. Se puede estar de acuerdo (o no) con las palabras que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, pronunció hace unos días en el Foro del diario ABC respecto al 11M, que yo personalmente suscribo de la cruz a la firma. Lo que es de vergüenza ajena es cocinar esas declaraciones para manipular completamente su significado (Ruiz-Gallardón jamás dijo que lo ocurrido ese infausto día debe dejar de ser investigado, o que tengamos que borrar aquellos hechos de nuestra memoria), acusarle de algo tan grave como «querer llegar a la Moncloa pasando por encima de 192 muertos» —basándose en una filtración de origen extraterrestre de no poca solvencia, que es su fuente de información más habitual últimamente— o de que acudirá a la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo con la única intención de provocar y no por solidaridad para con ellas, entre otras lindezas que sería prolijo enumerar. Afortunadamente, Gallardón ha optado por la opción más sensata, y ha anunciado que presentará una querella contra él.
¿Qué pasará a continuación? No tengo ni la más remota idea, pero con que el CAC haga como que no existe y los jueces cumplan profesionalmente con su cometido (que debería ser lo normal en los países que se tienen por democráticos) ya me daba yo con un canto en los dientes. De ser así, Jiménez Losantos no sólo tendrá que decir lo que piensa, sino también pensar lo que dice, y con ello todos —tirios y troyanos, güelfos y gibelinos— saldremos ganando.
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Ha pasado el tiempo y sabemos que un juez ha condenado a FJL por insultar, no por decir mentiras.Curiosamente en televisión, cuando la guerra de Irak,un tipo acusó publicamente y en su presencia, de asesino a Gallardón y éste no lo demandó.Tambien sabemos que Gallardón no se esfuerza demasiado en recordar a las víctimas del terrorismo, que ha aceptado sin discusión la sentencia parcial, que como jurista ha aceptado sin chistar la desaparición de toneladas de pruebas, que no lee a Luis del Pino y que tanto él como Rajoy han puesto su granito de arena para aplastar a FJL..
Sr Millan me gustaria, si puede que lo dudo, se dedicara a explicar la misteriosa desaparición de toneladas de pruebas relativas al 11-M, el Sr Gallardón no lo ha hecho, en vez de atacar, ¿Por encargo?, a un colega por el terrible pecado de no ser versallesco en sus comentarios.
Al decir sentencia parcial no afirmo que el tribunal fuera parcial, que no lo fue, sino que no se juzgó todo el caso 11-M.Cosa por otra parte imposible por sus múltiples ramificaciones.
¡Ay, Fede, Fede…! ¿Qué te ha pasado? ¡Con lo que tú molabas cuando estabas en el PCE! ¿Qué nos ha pasado Fede?
“si puede que lo dudo, se dedicara a explicar la misteriosa desaparición de toneladas de pruebas relativas al 11-M”
Si alguien tiene pruebas de eso, al juzgado. Si no, al psicólogo.