Miércoles, 19 de Julio de 2006
primer periódico ciudadano de españa
Fernando Mínguez
Miguel Sebastián ha comentado que, a su juicio, las ideas liberales tienen hoy mejor acomodo en el PSOE. Se sobreentiende que mejor que en el PP. De entrada, hay que decirle al señor Sebastián que sería conveniente que se pusiera el listón un poco más alto, que para ganar a liberal a la muchachada de Génova no hay que correr mucho. Pero me temo que ni por esas. Más bien al contrario. No es que los liberales, puestos a elegir entre males, tengamos por qué tener peor encaje con los socialistas de izquierda que con los socialistas de derecha. No está escrito que, insisto, puestos a elegir entre lo que hay, tengamos que tirar siempre hacia el mismo lado. Pero la realidad es que, hoy por hoy, es imposible.
Quizá es que el señor Sebastián tiene ideas un tanto reduccionistas sobre lo que es el liberalismo. Algo así como que se es más liberal cuantas más privatizaciones se hacen o cosa por el estilo. Un servidor no está en contra de que se devuelva al sector privado aquello que nunca debió salir de él, pero me temo que la cosa no se reduce a eso.
Seguro que el señor Sebastián no ignora que lo del liberalismo tiene bastante que ver con la libertad, la igualdad, la propiedad, el estado de derecho… En fin, conceptos en los que el socialismo gobernante viene desempeñándose con poca soltura.
Mucho me temo que el liberalismo tiene poco que ver con la cintura como principio político, que es lo que se lleva en el partido del que habla el señor Sebastián. Es más, casi me atrevería a decir que es su antípoda.
Liberales hay muchos, y con diferentes formas de ver la vida, porque, al fin y al cabo, el liberalismo no es una ideología, no es ninguna cosmovisión completa, que dé explicación a todo. Pero sí existen unos mínimos que permiten hacer reconocible la figura.
No es liberal, en absoluto, un partido que se conduce como si fuese a instituir un régimen, más que a ocupar el gobierno. No es liberal un partido que aspira a asfixiar a la sociedad (lo de civil es un pleonasmo). No es liberal un partido que cree que el derecho es la continuación de la política por otros medios. No es liberal un partido que no tiene más principio que la ausencia de principios firmes. No es liberal, ya digo, un partido que ha hecho de la “cintura” el eje de su actuar político.
Y me temo que, insisto, hoy por hoy, el partido socialista es todo lo anterior, y puede reclamarse cualquier cosa menos un lugar donde los liberales puedan estar cómodos. El partido socialista de Zapatero puede defender muchas cosas, pero no la libertad.
En su ya largo desempeño como presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero no ha hecho una sola loa de la libertad. Es más, se le ha visto siempre dispuesto a cambiar esa libertad por otras cosas. ¿Puede ser liberal alguien que está dispuesto a trucar la justicia por una paz, sea en España, sea en el mundo?
Un liberal jamás podrá ser equidistante, por ejemplo, entre una democracia y una dictadura. Un liberal, alguien que valore la libertad, nunca podrá promover una “alianza de civilizaciones” que no es otra cosa que mercadear con las libertades de quienes tuvieron la desdicha de nacer en países donde no se respetan.
Un liberal no puede estar siempre y en todo lugar en contra de la guerra, porque hay guerras que son justas y hay que librarlas. Porque ni siquiera la paz y el bienestar de muchos justifican el sacrificio de la libertad de unos pocos.
No, señor Sebastián. Ni siquiera el ínfimo nivel de la competencia justifica que se pueda creer que su partido es lugar para liberales. No, al menos, mientras siga liderado por quien no cree en la libertad como valor supremo.
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