Viernes, 21 de Julio de 2006

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Viernes, 21 de Julio de 2006, 10:35 horas | Hemeroteca
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Conspiranoia, por fin, se titula la última anotación de Luis del Pino en su blog, tibia confesión cuanto admisión de impotencia. Los más eufóricos de su corte —acaso concejales vitalicios de Babia— barruntan que LdP se dirige a ciertos tocapelotas y sus agujeros negros de los agujeros negros: «D.Luis: !Magistral! !A ver que le dicen ahora Arean, Manel, et Al.! Ah, ya lo se: que los tribunales demostrarán que esas pruebas no son inconsistentes», quiere saber uno atosigado por el signo de admiración (un suponer).«Don Luis, Se le ha olvidado decir quién era ese antiguo conocido. ¿ No sería un tal Areán ? ¿ O un tal Manel nosequé ?», suelta otro embargado por la barra espaciadora (un decir). Para no desilusionarles, tengo el propósito de contar qué sucedió a continuación.

—Perdone, es que le he oído hablar con su amigo y…, ¿usted es el Barón de Munchhausen, verdad? Me he leído todas sus aventuras…

—No, no, yo soy Luis del…

—Bueno, pues como le decía, querido Barón, les he oído a ustedes (estaba justo aquí al lado tomando una horchata, no he podido evitarlo) y creo que le ha contado una milonga de cuidado a su amigo, menudo inocente. Se lo digo ahora que él no está, pero solo ha faltado que le troquelara el muñequito de papel en la espalda.

El Barón de Munchhausen me pidió que me explicara.

—Si se les llama conspiranoicos no es porque cuestionen eso que usted, juvenilmente, llama la versión oficial. Mire, Erich von Däniken es un conspiranoico, pero no por cuestionar la versión oficial de la arqueología, sino por ver astronautas en templos mayas, pistas de aterrizaje en el desierto peruano y cosas igual de serias por donde quiera que va. Es como esos iluminados que patean Londres con un cartel de Repent. The end is at hand, que tampoco dudan de la versión oficial de la Biblia, sino que la leen a su modo y la interpretan a voluntad, generalmente con un tornillo más aflojado de lo que indica el manual de instrucciones de la frente, suicidándose a veces en un Leganés de Guyana, de California o de Tokyo con la esperanza de que los ángeles, desde los OVNIS aparcados en doble fila en el tercer cielo, pillen al vuelo sus espíritus. Esos que ven illuminati controlando el mundo, igual que quienes solo encuentran masones manejando los hilos o aquellos de más allá que piensan que el tomate está dominado por judíos de nariz ganchuda, tampoco niegan versiones oficiales: simplemente desvarían, y cuando han tocado poder han exterminado pueblos. Hay muchas clases de conspiranoia, señor Barón, y ninguna, ni aun la más leve, consiste en negar versiones oficiales cuanto en dar rienda a manías, obsesiones, fobias, filias y demás perturbaciones de la ecuanimidad. Por ello las alternativas que proponen los conspiranoicos, lejos de ser razonables, son fantasiosas, absurdas y delirantes. En ningún momento se ajustan ustedes a los hechos, sino que los deforman, los inventan o los omiten para que «demuestren» lo que a ustedes conviene en cada ocasión. Señor Barón, que yo le he leído a usted que las actuales negociaciones del gobierno y ETA demuestran que ETA no debe ser descartada como responsable del 11-M. Y le he leído a su jefe de usted en Libertad Digital ese mismo argumento pero referido a Al Qaeda, cuando el gobierno retiró nuestras tropas de Irak. Conspiran ustedes por boca de ganso desde la Ceca a la Meca y desde Santurce a Bilbao, a golpe de actualidad política, con la proa puesta siempre contra los mismos.

—¿A qué se refiere?

—Tome, por ejemplo, lo que han dicho de la inspectora jefa de laboratorio de los TEDAX: pese a desconocer la literalidad de su declaración ante el juez, se consideran ustedes habilitados para tacharla de mentirosa e involucrarla en conspiraciones de GALes —que ya tienen que numerar para no perder la cuenta— y golpes de estado que solo existen en su imaginación. ¿Tanto les cuesta ser prudentes, tanto ser racionales, tanto comedidos? O tome, por ejemplo, la Kangoo: ¿es que ninguno de ustedes ha leído que no hubo inspección ocular en Alcalá? Se dijo a menudo en la Comisión, y usted, que ha viajado a norte y sur del auto y del sumario, tendrá comprobado que no existe acta de inspección ocular en Alcalá. Entonces, ¿por qué siguen insistiendo en que estaba vacía y que su contenido fue plantado en dependencias policiales? También Sánchez Manzano dijo que estaba vacía en Canillas, ¿no lo sabe? Pero hay acta de inspección ocular, y eso es lo que va a misa, no las expresiones más o menos coloquiales de Sánchez Manzano y Luis Martín Gómez. Están ustedes esparciendo insidias, calumnias, difamaciones e injurias no sobre entes abstractos o grupos anónimos, sino sobre personas concretas con nombre y apellido, servidores de la ley —juristas o policías— que han arriesgado sus vidas por todos nosotros más de una vez, y les pagan ustedes diciendo que son mentirosos, conspiradores, terroristas, asesinos, golpistas, genocidas…

—Pues, la verdad, muy mal tienen que estar las cosas para que use usted ese argumento.

—Mal no, señor Barón; peor. Hace meses que cruzaron ustedes el Rubicón de la ignominia. Sin pruebas de ningún género y sin rigor alguno, acusan a personas e instituciones, reniegan del Estado de Derecho y siembran en muchos lectores, algunos de ellos quizá inmaduros, peligrosos nihilismos antidemocráticos que nunca se sabe a qué conducen o en qué terminan, pero descartemos que sea nada bueno. A mí personalmente me es indiferente que ustedes los conspiranoicos no puedan probar nada o que sus Protocolos de los sabios del 11-M carezcan de rigor, pero no me es indiferente que por cuestiones bastardas —politiqueo y mercadeo, no otras— estén haciendo mierda una ideología que es la mía, llenándola de estatuas silenciosas o de extremistas con el tanque en la boca. Están ustedes manipulando a mucha gente, y la gente, se lo juro por Sánchez Manzano, sí está compuesta de nitroglicerina. A un liberal amigo mío, por llevarle a ustedes la contraria, solo falta que le dejen embarazado. A Enrique de Diego, otro conocido rojo peligroso, lo mismo. ¿Es que nadie más se da cuenta de lo que están consiguiendo mientras siguen sin poder probar nada? Están ustedes asilvestrando, sectarizando y corroyendo a personas que solo quieren ser libres y felices. Les están colando venganza por justicia. Les están vendiendo no cordura procesal sino milenarismo («tic tac tic tac, ya falta poco», «Don Luis sabe más de lo que dice», «Pedro J. no te hagas de rogaaaaar, suéltalo yaaaaa»). Con su juicio paralelo están manteniendo en vilo a unas víctimas que no se merecen ese trato. Todo vale, es la consigna que ahora ondea en los pabellones liberales. Y un cuerno, señor Barón. Todo no vale. Si ha de valer todo, dejemos de ser liberales (ya sé que usted no lo es, no se sienta aludido) y, como le leí incrédulo a otro viejo —y ya no sé si— amigo, juguemos a personajes de Hazañas Bélicas, que la ética y la dignidad tienen precio, atropellemos lo individual en pro de la patria como hacen fascistas y socialistas y a otra cosa. Mire esto…

—¿Qué tengo que mirar?

Mire este video en lo de Villanueva, su colega de Libertad Digital. La plebe insulta a uno que se atreve a discrepar: «provocador, judío, hijo de puta, nazi», y fíjese que primero de todo le espetan «¿quién te paga?». Menudos descerebrados. Pero, oiga, yo me conozco eso en primera persona de presente indicativo, y Luis F. Areán, y Enrique de Diego, y otros tantos que recelan de ustedes y de sus maneras. Quienes se plantan ante ustedes son unos vendidos, además de amigos de terroristas y el recital habitual. Más descerebrados al descerebramiento existente, parece ser el plan, no en vano pintan… oros. Y embarcando además al Partido Popular, que como siga así se romperá la crisma contra una urna de frágil cristal y se consolará con los habituales «no hemos sabido hacer llegar el mensaje» y «hemos ganado votos en Matalascabrillas del Duque». Con la de cosas que está haciendo mal el gobierno de Rodríguez Zapatero, y ahí que les enredan ustedes en conspiranoias histéricas y estériles. Pero donde lo ridículo le llega a usted al cuello es cuando le dice a su amigo que…

—Le he dicho muchas cosas.

—No, le ha repetido siempre la misma: que ustedes los conspiranoicos y el juez instructor de la causa están en un mismo plano de fiabilidad o certidumbre. Qué disparate, señor Barón de Munchhausen, qué disparate, y encima orlado de sofismas que habrían hecho reír a los alumnos más tontos de Protágoras: «Llega alguien, cuestiona que esa mochila estuviera en los trenes y, en lugar de sacar una prueba que demuestre que SI estuvo en los trenes (por ejemplo, un testimonio de alguien que la viera), a lo más que llegáis es a decir que no se puede demostrar que NO estuviera». ¡La metafísica medieval al poder! ¡Virgen santa, qué modo más sencillo de romper cualquier secreto sumarial (art. 301 de Ley de Enjuiciamiento Criminal)! Conspiracy rules, baby! Señor de Munchhausen, disculpe, pero eso —sin pies ni cabeza— supone la quiebra del Derecho. El juez dispone de muchísimos más elementos de juicio que ustedes los conspiranoicos, y el hecho de que ustedes sean retorcidos e ignorantes no debe condicionar al juez en lo más mínimo. Si no lo entiende, imagínese que llega alguien y afirma, basado en fiabilísimos horóscopos y enciclopédicos posos de café, que Polanco es un accionista encubierto de LD: ¿obliga esto a la propiedad de LD a sacar papeles que prueben lo contrario? ¿Es conveniente o deseable que lo haga? El juez, señor Barón, instruye la causa con la policía judicial, no a remolque de artículos de opinión llenos de fábulas y maledicencias. Le vuelvo a mencionar el caso de la Kangoo: si no hubo inspección ocular en Alcalá, y no la hubo, ¿por qué debería el juez hacerles caso a ustedes? ¿Tiene que desconfiar del acta de inspección ocular de Canillas porque ustedes no se leen los documentos de la Comisión?

—No es solo la Kangoo, está también el…

—Calle, calle, que luego estuvo usted sembrado:

Cuando hemos señalado que esas pruebas son inconsistentes, contradictorias o sospechosas, en lugar de poder demostrar que esas pruebas son ciertas y veraces, habéis acabado refugiándoos en que no podemos demostrar que sean pruebas falsas. ¿Te das cuenta de la gran victoria que nos habéis concedido de esa manera? Con lo que hemos ido publicando en los últimos meses, hemos dejado patente, ante la opinión pública, que sois incapaces de demostrar la veracidad de las pruebas que habíais exhibido.

Créame, señor de Munchhausen, que hay que entrenar a diario para encadenar tantas insensateces en tan pocas líneas. ¿Quién se ha acabado refugiando dónde? ¿Gran victoria, no poder ustedes demostrar nada? ¿Uh? ¡Planeta Tierra, planeta Tierra, perdemos la conexión! Lo único que han dejado patente ustedes es que son incapaces siquiera de generar dudas razonables y que sus planteamientos conspiranoicos son inconsistentes en grado máximo. Ignoran, falsean y mienten en crudo y en cocinado, y su veracidad corre pareja a la del monstruo del lago Ness. ¿Para qué insistir, por lo demás, en que aun no es momento de demostrar ninguna veracidad? Tanta ineptitud agobia, en serio. Eso se hace en el juicio oral. Entonces, ante el tribunal, acusación y defensa miran de probar culpabilidad y no culpabilidad, pero no durante la instrucción (entre otras cosas porque las defensas pueden carecer de elementos de juicio que sigan bajo secreto; figúrese usted, como si las defensas fueran vulgares conspiranoicas de tres al cuarto). Llegado el juicio oral, los defensores podrán reclamar al tribunal cuantas pruebas, testigos e informes periciales les hayan recomendado ustedes los conspiranoicos, y el tribunal decidirá su procedencia (que ya le anticipo escasísima en la mayoría de los casos; donde hay papeles no mienten barbas, recortes de prensa ni filtraciones del anterior gobierno). Usted, señor de Munchhausen, en un mundo decente, tendría que ser despedido por incompetente, mentiroso y manipulador, y el señor Múgica con más motivos aun, y otros en su misma situación de enredadores a sueldo. Pero fueron contratados para ceñirse la toga de Obi Wan Kenobi, remover la mierda y declamar indignados ante el foro: conspiranoiae tanta vis est, ut ne illi quidem qui maleficio et scelere pascuntur, possint sine ulla particula iustitiae nostra vivere. Pídale a Amando de Miguel (tu quoque?) que se lo traduzca, señor Barón, y de paso le informa de que, al contrario de lo afirmado por él y por Javier Rubio en La Linterna del martes 18 de julio, Sánchez Manzano no se inventó para la ocasión judicial que no era experto en explosivos sino en desactivación. Ya había dicho eso mismo ante la Comisión del 11-M. Es solo otra mentira más, señor de Munchhausen. La esencia misma de una conspiranoia: siempre otra mentira más. Uno comprende que las noches de los próximos seis meses se le van a hacer larguísimas, con riesgo de insomnio crónico, pues a nadie place ser expuesto ante propios y extraños como un embaucador de feria. Así que más vale que no pierda el tiempo preguntándose quiénes son los conspiranoicos. Mejor prepare una buena ración de excusas para entonces.

Volví a mi mesa, me terminé la horchata, calentita ya, aagh, y me vine a HispaLibertas. Como diría un amigo mío, pa’ habernos matao.

2 comentarios

  1. Donís20 de Mayo de 2009, 12:50 - 12:50:36

    Ya era hora… seguimos esperando la Kangoo llena-vacía.

  2. Manel20 de Mayo de 2009, 13:10 - 13:10:17

    La culpa es de Facebook, don José.

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