Miércoles, 15 de Agosto de 2007

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Miércoles, 15 de Agosto de 2007, 12:30 horas | Hemeroteca, Manel Gozalbo
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Que no es muy científico se confirma por el modo en que el concepto sortea cualquier intento de falsación. La falsabilidad significa que debe ser posible refutar con observaciones directas aquello que se propone. «Todos los hombres miden menos de 1.60 metros» es una afirmación falsable, y se falsa (i.e. se refuta) encontrando un solo hombre que mida más de 1.60 metros. «Todos los hombres miden menos» no es falsable, ya que no se indica «menos de cuánto» o «menos que cuándo». Para poder falsar una afirmación es necesario, pues, que esta sea lo menos ambigua posible. Si no cabe falsarla con observaciones contrarias, lo que se propone es fe o filosofía, no ciencia. En este sentido, es evidente que una temperatura media mundial es una afirmación ambigua, por las razones de diversidad y extensión aducidas arriba; la falsación, de ser posible —que no lo es—, debería aplicarse a los datos y procedimientos estadísticos por los que se establece la media. En las teorías, lo falsable no son los resultados («hace más calor globalmente que hace 100 años») sino la causa que lo explica («Hace más calor globalmente que hace 100 años por una farola de la calle Mayor»). Que haga más calor lo puede verificar o desmentir el termómetro; que sea por esa causa no. Para falsar el ejemplo hay dos procedimientos primeros y sencillos (u otros más elaborados):

1) Se elimina esa farola y se miran consecuencias: ¿la temperatura sigue subiendo durante un plazo significativo? Entonces la teoría ha sido refutada: la farola no es el motivo del calentamiento. ¿La temperatura ha bajado? Entonces la teoría ha sido provisionalmente confirmada y procede una observación distinta para descartar causas concurrentes.

2) Se ponen otras 100 farolas junto a la farola de la teoría, apiñaditas. Si la temperatura no registra una subida notable —proporcional o tendente a proporcional—, la explicación teórica es incorrecta por incompleta. Las farolas no son la causa principal. Esta observación de falsabilidad puede acometerse poniendo 100 farolas en línea en la misma u otras calles, a intervalos regulares e irregulares, etc.

Así funciona la ciencia. De hecho, es tan evidente el alejamiento de la climatología de cualquier base epistemológica que en el propio informe del IPCC de 2001 se hacía constar:

We recognise that, unlike the classic concept of Popper (1982), our evaluation process is not as clear-cut as a simple search for «falsification». While we do not consider that the complexity of a climate model makes it impossible to ever prove such a model «false» in any absolute sense, it does make the task of evaluation extremely difficult and leaves room for a subjective component in any assessment. The very complexity of climate models means that there are severe limits placed on our ability to analyse and understand the model processes, interactions and uncertainties. Reconocemos que, a diferencia del concepto clásico de Popper (1982), nuestro proceso de evaluación no es tan definido que permita una simple búsqueda de «falsabilidad». Aunque no consideremos que la complejidad de un modelo climático haga imposible probar siempre que tal modelo sea «falso» en ningún sentido absoluto, sí que hace la tarea de evaluación extremadamente difícil y deja espacio para un componente subjetivo en cualquier afirmación. La propia complejidad de los modelos climáticos implica que hay límites severos en nuestra capacidad de analizar y de entender los procesos del modelo, sus interacciones e incertidumbres.

Pese a que la metodología sigue siendo la misma, semejante reconocimiento de ojimetría ha desaparecido en el informe IPCC de 2007, lo que no extraña viendo la extrema politización del asunto. En su lugar (Historical Overview of Climate Change, cap. 1, pp. 95.98) hay una más elaborada exposición que convierte el franco reconocimiento de 2001 en una duda casi hasta perdonable:

Science may be stimulated by argument and debate, but it generally advances through formulating hypotheses clearly and testing them objectively. This testing is the key to science. In fact, one philosopher of science insisted that to be genuinely scientific, a statement must be susceptible to testing that could potentially show it to be false (Popper, 1934) … The attributes of science briefly described here can be used in assessing competing assertions about climate change. Can the statement under consideration, in principle, be proven false? Has it been rigorously tested? Did it appear in the peer-reviewed literature? Did it build on the existing research record where appropriate? If the answer to any of these questions is no, then less credence should be given to the assertion until it is tested … A characteristic of Earth sciences is that Earth scientists are unable to perform controlled experiments on the planet as a whole and then observe the results. In this sense, Earth science is similar to the disciplines of astronomy and cosmology that cannot conduct experiments on galaxies or the cosmos. This is an important consideration, because it is precisely such whole-Earth, system-scale experiments, incorporating the full complexity of interacting processes and feedbacks, that might ideally be required to fully verify or falsify climate change hypotheses. La ciencia puede ser estimulada por la discusión y el debate, pero avanza generalmente mediante formulación de hipótesis claras y su comprobación objetiva. Esta comprobación es la llave de la ciencia. De hecho, un filósofo de la ciencia insistió en que para ser genuinamente científico, una afirmación debe ser susceptible de comprobación de tal modo que podría potencialmente demostrarse ser falsa (Popper, 1934) … Los atributos científicos brevemente descritos aquí pueden ser empleados en la valoración de las afirmaciones pertinentes sobre el cambio climático. ¿Puede la afirmación bajo consideración, en principio, ser demostrada falsa? ¿Ha sido rigurosamente comprobada? ¿Apareció en literatura revisada colegiadamente? ¿Se basa en las investigaciones existentes donde proceda? Si la respuesta a alguna de esas preguntas es no, entonces se debería conceder menos crédito a tal afirmación hasta que sea demostrada … Una característica de las ciencias terrestres es que son incapaces de realizar experimentos controlados sobre el planeta en su conjunto y luego observar los resultados. En este sentido, las ciencias terrestres son similares a las diciplinas de la astronomía y la cosmología, que no pueden efectuar experimentos en galaxias o en el universo. Esta es una consideración importante, porque son precisamente estos experimentos de escala planetaria sobre el planeta en su conjunto, incorporando toda la complejidad de los procesos que interactúan y sus respuestas, lo que se necesitaría idealmente para verificar o falsar las hipótesis del cambio climático.

El caso es que, epistemológicamente, la teoría del calentamiento global antropogénico ha nacido refutada. Los mismos que mercadean el actual apocalipsis establecen que en el siglo XX hubo tres grandes períodos térmicos: entre 1901 y 1940 calentamiento; entre mediados de los 40 y mediados de los 70 enfriamiento; desde 1980 hasta 2001 calentamiento. Interesa, de cara a la falsabilidad, el período intermedio: todavía nadie ha explicado convincentemente cómo es posible que hubiera enfriamiento en una época, la del boom industrial y demográfico de la posguerra, con pruebas nucleares a gogó —¿nadie se acuerda del invierno nuclear?—, donde se batieron todas las marcas de emisiones de GHG. En consecuencia, la teoría cojea en su descripción de la actualidad: o bien se está exagerando el componente antropogénico o este tiene una relevancia neta insignificante frente a otros factores concurrentes, que serían, por demás, los responsables de varios conocidos períodos fríos y cálidos a lo largo de la Historia que no cabe achacar en ningún orden a la actividad del ser humano. La continua sucesión de camelos, como el del palo de hockey o este de ahora de la NASA, no invita a la confianza. Al cabo, algunos recordamos cuando se nos amenazaba con una nueva era glacial —sirvan de testigo también The Clash— y más o menos las mismas catástrofes que ahora; un enfriamiento promovido, irónicamente, por el CO2, que entonces resultaba ser un agente de enfriamiento (no en vano industrialmente se le llama «hielo seco») tal como recuerdan en IPCC, loc. cit., p. 98:

In the mid-1970s, several articles about possible global cooling appeared in the popular press, primarily motivated by analyses indicating that Northern Hemisphere (NH) temperatures had decreased during the previous three decades (e.g., Gwynne, 1975). In the peer-reviewed literature, a paper by Bryson and Dittberner (1976) reported that increases in carbon dioxide (CO2) should be associated with a decrease in global temperatures. When challenged by Woronko (1977), Bryson and Dittberner (1977) explained that the cooling projected by their model was due to aerosols (small particles in the atmosphere) produced by the same combustion that caused the increase in CO2. However, because aerosols remain in the atmosphere only a short time compared to CO2, the results were not applicable for long-term climate change projections. This example of a prediction of global cooling is a classic illustration of the self-correcting nature of Earth science. The scientists involved were reputable researchers who followed the accepted paradigm of results to the scrutiny of their peers (although the peer-review did not catch this problem), and responding to legitimate criticism. A mediados de los 70, aparecieron diversos artículos sobre un posible enfriamiento global en la prensa popular, motivados básicamente por análisis que indicaban que las temperaturas del Hemisferio Norte (HN) habían descendido durante las anteriores tres décadas (p.ej. Gwynne, 1975). En la literatura revisada colegiadamente, un trabajo de Bryson y Dittberner (1976) informaba que aumentos de dióxido de carbono (CO2) deberían estar asociados a un descenso de la temperatura global. Cuando Woronko (1977) les objetó, Bryson y Dittberner explicaron que el enfriamiento proyectado por su modelo se debía a los aerosoles (pequeñas partículas en la atmósfera) producidos por la misma combustión que causaba el aumento de CO2. De todos modos, dado que los aerosoles permanecen en la atmósfera solo un breve lapso comparado con el CO2, los resultados no eran aplicables a proyecciones a largo plazo del cambio climático. Este ejemplo de predicción de enfriamiento global es un clásico ejemplo de la naturaleza autocorrectora de las ciencias terrestres. Los científicos implicados eran investigadores intachables que seguían el paradigma aceptado de proponer sus resultados a sus colegas (aunque la revisión colegiada no captó este problema), y responder a la legítima crítica.

Climatología es un nuevo sistema operativo

Los científicos experimentales —los que se mojan y se manchan— se refieren a los nuevos climatólogos como computer scientists que pretenden describir el mundo desde sus mainframes antes con modelos que con datos reales. Un modelo climatológico es un programa de ordenador. Dado que la potencia de cálculo actual no permite introducir las variables correspondientes a millones de procesos de pequeña escala —IPCC dixit—, y dado que dichos procesos de pequeña escala son desconocidos en un 95% —IPCC y científicos experimentales dixit—, la práctica de los climatólogos consiste en introducir en sus modelos aproximaciones y estimaciones (= datos) que son resumen de aproximaciones y estimaciones (= correcciones) que a su vez son resumen de aproximaciones y estimaciones (= ojímetro) acerca de procesos de pequeña escala. Las personas educadas saben concluir cuánto de fiabilidad hay en todo ello y, desde luego, no se creen a pies juntillas la clasificación porcentual de confianza de fiabilidad científica (manda huevos) con que trabaja el IPCC. La falsación de McIntyre (buen sumario ahí; no enlazo con Climate Audit porque está caída producto de sobrecarga y repetidos ataques DoS) con que se abre este artículo ha puesto de manifiesto precisamente un error en el modelo cuyas consecuencias reales sobre el calentamiento global se están debatiendo. Es interesante notar, aunque sea de pasada, que el error favorecía las tesis de quien lo cometió y que no fue el famoso y absurdo consenso científico quien lo descubrió.

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