Miércoles, 17 de Octubre de 2007
primer periódico ciudadano de españa
Jose Maria Gallart

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Dirección: Juan Antonio Bayona
Guión: Sergio G. Sánchez
Reparto: Belén Rueda (Laura), Geraldine Chaplin (Aurora), Fernando Cayo (Carlos), Roger Príncep (Simón), Mabel Rivera (Pilar), Montserrat Carulla (Benigna), Andrés Gertrudix (Enrique), Edgar Vivar (Balabán) Producción: Joaquín Padró, Mar Targarona y Álvaro Augustín
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Óscar Faura
Montaje: Elena Ruiz
El director catalán Juan Antonio Bayona ha debutado en la dirección colocando El Orfanato como película española más taquillera del año y ocupando el tercer puesto de la historia del cine español en el apartado relativo a la recaudación en su primer fin de semana. Ha sido una carrera larga, y ya se intuía el desenlace desde que la película fuera estrenada en el festival de Cannes y se cerrara el contrato para su exhibición en USA, Canadá y UK. No cabe duda de que el apadrinamiento de Guillermo del Toro (recuerden, triunfador el año pasado en Hollywood con El laberinto del Fauno) y su aparición en los créditos como productor han ayudado a que la película haya cumplido con creces las expectativas creadas. La selección de la academia española para representar a España en los Óscar allanó el terreno. ¿Quién no ha oído hablar sobre El orfanato a estas alturas?
Laura y su marido Carlos compran el antiguo orfanato donde ella creció buscando un hogar en el que además acoger a niños con discapacidades. Tienen un hijo adoptado, Simón, con problemas de salud. Cuando aún se están acomodando, Simón comienza a hablar a sus padres de unos amigos invisibles con los que juega, y la anécdota se torna en pesadilla cuando Simón desaparece sin dejar rastro. Después de meses de búsqueda y pese al esfuerzo de la policía, Julia no se resigna a la pérdida de su hijo.
Hace tiempo que el cine fantástico español ascendió de categoría. No se escatiman medios y, en consecuencia no parecen películas rodadas en la vieja mansión de los abuelos en el pueblo sino que cuentan con una producción que poco tiene que envidiar a los blockbuster hollywoodienses. En El orfanato, el aspecto general, la coordinación de tareas como dirección artística, iluminación o localización de exteriores corren a cargo de Josep Rosell, que firma el diseño de producción. Rosell tiene una larga trayectoria con películas importantes como La lengua de las mariposas (a la que evocan ciertos decorados) y su trabajo en la película está al nivel de su currículum. Los exteriores en Llanes, Asturias, confirman que el Principado es una fuente inagotable de paisajes para el cine patrio.
En cuanto al argumento, el guionista Sergio G. Sánchez intenta hilvanar una historia que nunca está a la altura de la envergadura del planteamiento. Y no está a la altura porque el cine fantástico o de suspense ha producido últimamente unas cuantas obras notables (como Los Otros de Amenábar o El sexto sentido de Shyamalan) que han dado una vuelta de tuerca al género y proporcionado un nuevo aire (o una falta de aliento, en su caso, a los incondicionales del género) que ha vuelto a cautivar al espectador medio. Y la historia que convenció a Del Toro está lejos de estas películas. Se evidencia como un potaje de clásicos del género con una buena base de Al final de la escalera (Medak, 1980), un puñado de Poltergeist (Hooper, 1982) y algunas pizcas de cine más reciente como El escondite (Polson, 2005) o Frágiles (Balagueró, 2005).
Los aspectos en los que la película aventaja a otras películas similares (como las de Balagueró, por ejemplo) no se deben sólo al diseño de producción, sino a la buena mano del debutante Bayona. Los 100 minutos que dura la película tienen un ritmo tal que dejan la postrera sensación de metraje perfecto. Una película estándar del mismo tipo duraría entre 15 y 20 minutos más que, por lo general, suelen estar de más. Juan Antonio Bayona compensa la tranquilidad de la parte inicial con un virtuoso montaje que, apoyado en el raccord de sonido, va solapando secuencias que se suceden naturalmente, que sitúan al espectador en la casa, escuchando a los personajes y sintiendo el mismo desasosiego. Lo mejor de la película viene con una secuencia propia de Hitchcock con el juego infantil de Un, dos, tres, toco la pared como excusa. La tensión del momento se llega a hacer insoportable para el espectador.
El resto de escenas se resuelven de acuerdo al estándar habitual. Tendremos buena dosis de sustos fáciles con efectos sonoros e incluso aspavientos enfáticos (las secuencias de giro de Belén Rueda en el sótano son excesivas por insistencia). Belén Rueda soporta el peso de casi toda la película, con resultado para gustos. Quien vea en ella una actriz empalagosa y sobreactuada, tendrá la misma sensación en El Orfanato, mientras que sus partidarios disfrutarán con su interpretación. Geraldine Chaplin caracteriza a una médium con un papel muy breve. El personaje del marido, Carlos, está muy poco trabajado, y sólo al final de la película tiene su momento. Otros personajes, como la psicóloga forense, son prescindibles o directamente responsables de las partes más sonrojantes del guión.
En suma, el cine español se da una alegría en forma de producción a la americana con una excelente acogida por parte del público. La preselección para los Óscar y su prometedora trayectoria no deben engañarnos: estamos ante un producto archiconocido y agotado, aunque con un diseño de producción excelente y un director prometedor.
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