Martes, 27 de Noviembre de 2007
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Todos los españoles de bien, además de escuchar a diario la COPE y de repetir como loros las consignas de sus locutores estrella, reconocen que Esperanza Aguirre —flamante presidenta de la Comunidad de Madrid y Grande de España— es (como su propio nombre bien indica) la gran esperanza blanca de la derecha en general y del liberalismo patrio en particular. Nadie sabe qué va a pasar el próximo mes de marzo (puede que ni siquiera Dios lo sepa), pero ante un eventual, previsible y sucesivo batacazo electoral de don Mariano Rajoy, la condesa de Murillo se perfila como la más reputada lideresa nacional del Partido Popular que encontrarse pueda. Considerada por muchos como nuestra dama de hierro de andar por casa, encarna en su persona todos los valores que han hecho grande a España y a la civlización occidental. Por tanto, sería una presidenta del gobierno estupenda, mayestática. Sin discusión.
Alberto Ruiz-Gallardón es zafio, traicionero, masónico, prisaico, progre, zanjoso, libertino, querelludo, metrosexual, centripollas de la nada y ratero, y por si fuera poco amenaza destruir a la institución familiar con sus subvenciones al lobby gay. Esperanza Aguirre es su más directa antagonista, su polo opuesto, su día de la noche. O sea, un lujo de mujer. No solo ha sido capaz de trasladar los presupuestos del liberalismo clásico al terreno de la praxis, convirtiendo el intervencionismo en la Comunidad de Madrid en filigrana anecdótica. También ha convertido Telemadrid en la única televisión autonómica que no manipula, que no engaña y que no tergiversa, entregada únicamente al servicio de la Verdad. O sea, del PP, que viene a ser en el fondo lo mismo. Por tanto, hay que convenir que nos encontramos ante uno de los mayores portentos de la politología contemporánea de todos los siglos. Con el permiso de Churchill, por supuesto. Aunque las bajas pasiones es mejor llevarlas con discreción, hay que reconocer que ver a Esperanza Aguirre ganando unas elecciones a ZP por mayoría absoluta es una de nuestras fantasías más húmedas y recurrentes. De esas que nos obligan a cambiar de muda tres o cuatro veces al día.
Para que sea posible tanta grandeza por fuerza han de dominarse secretos rituales, y ninguno más secreto que la maquinaria —física, estadística, matemática, sociológica o chamánica, quién lo sabe— empleada en la Comunidad de Madrid para contar personas en las manifestaciones de la AVT. Es más secreta que la fórmula de la Coca-cola, suponiendo que la Coca-Cola no se fabrique ya de memoria. Pero este es un país de envidiosos, y las malas lenguas aseguran que diligentes servidores de Esperanza Aguirre conocidos por su febril imaginación se inventan las cifras multiplicando por diez las estimaciones más razonables. De ahí que surjan guarismos tan inverosímiles como dos o veinte millones de manifestantes, a veces por metro cuadrado. Para quien tal malpiensa, Esperanza Aguirre consigue algo muy bonito: que cada persona valga por diez y así sea contabilizado oficialmente. Y todo para arañar unos cuantos votos al PSOE, que nunca va mal. De ser cierto esto, se trataría de un gesto de una grandeza humana inconmensurable. Como fuere, de momento solo son meras hipótesis, ya que el gran secreto sigue oculto bajo siete sellos, siete llaves y siete estrellas blancas sobre fondo rojo.
Curiosamente, en medios como Libertad Digital son capaces de reconocer honestamente que, aunque la Comunidad de Madrid ha cifrado la asistencia en 550.000 personas, no ha explicado el método de cálculo empleado, lo cual no es óbice para que den por bueno y santo e irreprochable dicho cómputo como si se tratara de una verdad revelada en el monte Sinaí. Con la misma honestidad, y siempre según su particular interpretación de la realidad, el resto de mortales —que sí explican la metodología que han empleado para alcanzar números ligeramente más bajos— se han puesto todos de acuerdo a fin de enmendarle la plana a la señora Aguirre. Ni a Dan Brown se le hubiera pasado por la imaginación una conspiración semejante.
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