Martes, 4 de Diciembre de 2007
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Quien dijera que los muertos no tienen nada que decir en los procesos electorales erraba. Votar, lo que se dice votar, no votan (o al menos no deberían), pero sí que pueden dar o denegar su bendición al candidato de turno. Así, pues, el 30 de octubre de 2006, último día de campaña electoral, el flamante delfín de Jordi Pujol y candidato por CIU pronunció una declaración de compromiso para Cataluña ante la tumba del conde Wifredo el Velloso, padre fundador de la nación catalana. Arrodillado ante el artífice de la bandera de las cuatro barras, Artur Mas dejó caer solemnes declaraciones del siguiente jaez: «Su inexactitud histórica [la de las leyendas] no las hace menos valiosas o menos ciertas, todo lo contrario». Ante una confesión de semejante calibre, Artur Mas nos da carta blanca para pasarnos la verdad histórica por el arco del triunfo. No en vano, la verdad para ser verdad no necesariamente ha de ser verdad y lo inexacto no ha de ser inexacto per se, lo cual da buena cuenta de la catadura intelectual del personaje. Si abandonara la política para meterse a historiador, haría bueno a Erich von Däniken.
No se trataba de un acto inédito en las agendas de los estadistas mundiales y locales. Para empezar, José Luis Rodríguez Zapatero acostumbra a hincarse de hinojos ante la tumba de los reyes católicos para solicitar su amparo. Lo mismo hacen otros que tal bailan, como Gordon Brown ante la tumba del rey Arturo; o Hosni Mubarak ante el sarcófago de Tutmosis III; o Nicolas Sarkozy ante los restos mortales de Asterix y Obelix. O sea, lo normal. Con ello, Artur Mas participaba de una tradición común entre los líderes más distinguidos.
Vistos los resultados, pareciera ser que Wifredo el Velloso había dado la espalda a nuestro héroe. Porque aunque Artur Mas había conseguido más votos y más representación parlamentaria que nadie, la consumación de un nuevo tripartito le condenó a las frías tinieblas exteriores de la oposición. La cosa no pintaba nada bien, pero hay que reconocer que en ocasiones Wifredo el Velloso escribe con renglones torcidos, pues es capaz de viajar de Reus a Manresa haciendo escala en Alaska. Así pues, mientras los nuevos gobernantes se entregaban a la innoble tarea de desgobernar Cataluña y dejarla hecha unos zorros, Artur Mas tenía tiempo libre para pensar. Para refundar la rueda. Esto es, Wifredo el Velloso había movido sus hilos para que Artur Mas refundara el catalanismo y lo adaptara a los nuevos tiempos. Y eso ha hecho.
La expectación que ha generado esta refundación de la rueda ha sido colosal, tanto en propios como en extraños. Solo hay que echarle un vistazo al canal de Artur Mas en Youtube para comprobar que el vídeo de la conferencia ha alcanzado audiencias disparatadas, estando a punto de rebasar las cien visitas y todo. A partir de ahora, ciertamente, la rueda sigue siendo igual de redonda y sigue dándole vueltas y vueltas y vueltas y vueltas a los mismos onanismos mentales de costumbre. Sin embargo, lo mismo que la inexactitud de las leyendas no las hace menos ciertas, la rueda ya no es la misma desde la semana pasada. Wifredo el Velloso se debe de sentir muy orgulloso, allá donde esté.
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