Jueves, 11 de Diciembre de 2008
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Confieso que mi memoria no es muy buena, especialmente a la hora de recordar las cosas que he escrito y las que no, pero creo que no me equivoco si digo que hasta el día de la fecha todavía no he dedicado ninguno de mis habituales artículos a dar cuenta de las virtudes teologales de la SGAE, que como casi todo el mundo bien sabe son las siglas de la Sociedad General de Autores y Editores, la que nos deja tiesos los bolsillos cada vez que compramos un disco virgen en la tienda de la esquina. En parte no lo he hecho porque hay personas a las que admiro mucho que escriben sobre ello con bastante frecuencia, y que lo hacen mejor de lo que yo sabré hacerlo jamás. No me veo capaz de añadir algo nuevo que ellos no hayan apuntado ya en algún momento del pasado.
Por otro lado siempre he pensado que el mejor desprecio es no hacer aprecio, de tal guisa que desde que descubrí Napster en las postrimerías del siglo XX mi mayor homenaje hacia la entidad de gestión comandada por Eduardo Bautista ha consistido en descargar a través de las redes P2P lo que la ley de la gravedad y el ancho de banda de mi conexión me han permitido. Por supuesto nunca se ha tratado de perjudicar en lo más mínimo a artista alguno, sino más bien todo lo contrario. No en vano, gracias a la Red estamos disfrutando de una auténtica Edad de Oro en lo que al acceso a la cultura se refiere nunca vista en la Historia de la Humanidad, en la que hemos conocido y vamos a seguir conociendo a una gran cantidad de autores que de no ser por Internet nos serían completamente ajenos.
Los beneficios de tal fenómeno son notables y alcanzan a todo quisque, no solo a los consumidores de cultura sino también a los que la crean. Ante tal descomunal avance del progreso humano los únicos que pueden sentirse injustamente agraviados son los que pretenden que el mundo no avance y se detenga en los felices años noventa, cuando los precios de las grabadoras de CDs andaban por las estratosferas y en lugar de usar emepetreses teníamos que conformarnos con el rallante formato mid. Aquellos sí que eran tiempos gloriosos, jodel. Ya ocurrió en su momento durante los estertores de la prehistoria, cuando algunos cavernícolas vocacionales no se supieron adaptar a la llegada del neolítico y decidieron mantenerse al margen de los avances de la civilización, mondadientes de sílex en ristre. Para bien y para mal la naturaleza humana es inmutable: siempre va a haber quien se resista a adaptarse a los nuevos paradigmas.
Por supuesto cada cual es libre de modernizarse o anclarse en el pasado, siempre y cuando no atente contra los derechos y libertades de su prójimo. Yo mismo soy un claro ejemplo de ello. Dejando a un lado el uso del PC y de Internet mis contactos con la tecnología moderna son bastante escasos. No me gustan los i-phones, ni los i-pods, ni los i-diotas, ni las videoconsolas; por el contrario me encantan los libros antiguos en general, y en particular los usos lingüísticos del Siglo de Oro, con lo que no hay quien me despegue de la Reina Valera y del Quijote. Ahora bien, mientras yo trato de no perjudicar a nadie con mis excentricidades decimonónicas, la SGAE no deja de actuar como una antipática inquisición, que entre otras muchas actividades de dudosa moralidad se dedica a espiar nuestras bodas, bautizos y comuniones para que no dejemos de pagarles los óbolos correspondientes, destinados todos ellos muy seguramente a asistir a los más desamparados artistas de España, ya que parece ser que no les mueve el ánimo de lucro sino el de hacer el bien sin mirar a quien. A este paso, cualquier día de estos el cura tendrá un lapsus línguae y dirá «yo os declaro marido y SGAE» durante el curso de la ceremonia. Y si no al tiempo.
Sea como fuere, nada de esto sería posible si los dos grandes partidos de España en lo que a número de votos y escaños se refiere (el PSOE y el PP) tuvieran la voluntad política de impedirlo. Para nuestra desgracia ambos actúan y legislan de espaldas a los intereses de la inmensa mayoría de ciudadanos con la mayor de las naturalidades. Y así nos luce el poco pelo que nos queda. Pero hay que verle el lado bueno a la cosa: gracias a que la SGAE es lo que es y hace lo que hace existe al menos un asunto en el que casi todos, ya seamos de derechas, de izquierdas o centripollas, podemos ponernos de acuerdo antes de que nos sentemos a discutirlo en una mesa. Lo cual tampoco es manco.
Post Scriptum. Según el profesor Semeva Labola, especialista en lenguas muertas y en la UCI de la Universidad de Bucarest, la mayor parte de traducciones del evangelio según San Juan necesitan ser revisadas, ya que están repletas de errores y omisiones. Por ejemplo, Juan 2:1-3 debería traducirse de la siguiente manera:
Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Los gorrones de la SGAE no tienen vino. Y están que trinan.
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Eso es el detalle: Lo consienten ¿porque? así somos conscientes de que siempre van a tener algo por lo cual poder actuar contra nostros: la repugnante socialdemocracia es asi.
Me ha inspirado usted una viñeta señor Millán… próximamente en sus pantallas.
Don Uro es todo un honor ser su muso. Soy un ferviente admirador suyo.