Martes, 30 de Diciembre de 2008

primer periódico ciudadano de españa

Martes, 30 de Diciembre de 2008, 23:59 horas | Manel Gozalbo, Tribuna
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En estos tiempos de laxa asunción de convicciones e integridad cuestionable, de relativismo multiusos, cuando hasta las doctrinas más insalubres disfrutan de abogados y de pavoneos teóricos, ahora que cualquier majadería se convierte en derecho y cualquier circunstancia en categoría de ley, resulta refrescante encontrarse con situaciones que exigen poner el músculo moral a trabajar. En la rutina diaria no es fácil escaparse del cepo de grises morales que nos envuelve, grises que en infinita sucesión se oscurecen o se aclaran pero que nunca mueren en el negro por aquí ni nacen en el blanco por allá. Es una suerte, por tanto, vivir en la misma época que Israel y los palestinos, estupendo grupo pop que, según miro al frente desde mi balcón, ameniza los siglos en la otra punta de la charca romana. Hablo de mí, por supuesto. A otros los grises se les terminan antes, y hasta la lista de la compra les puede parecer un ámbito donde un error en la marca del yogur puede acarrear trágicas consecuencias cósmicas.

A propósito de la operación de castigo que está ejecutando en Gaza el ejército israelí, vuelven a escucharse las vaciedades habituales, rebrotan cual hipócritas de temporada los términos de siempre —genocidio, desproporción, «condenamos enérgicamente», boicot, etc.— y se renuevan las conspiranoias sionistas y los royos-villanovas. Uno ya está curado de tales salidas de pata de banco, y por eso busca emociones fuertes observando la fundamentación dizque racional con que algunos quieren resolver un problema irracional. Porque tengo para mí que mientras no se acepte algo tan básico —a saber, que el de Gaza es un episodio más en una larga guerra irracional—, el esfuerzo racional por hallar el óptimo moral tendrá más dobles fondos que la samsonite de un espía. Razón y moral no son precisamente correlatos: cada uno goza de su propio entorno y de sus entresijos particulares. No todo lo racional es moral, ni lo contrario. Por traer un ejemplo clásico, lo racional era aceptar la fruta que la serpiente ofrecía, pero parece que moralmente semejante decisión fue un descalabro.

El mero hecho de pagar impuestos o de votar en unas elecciones supone un desafío intolerable a la autoridad de Alá, que es preterido en beneficio de una autoridad temporal, y por consiguiente matar al contribuyente o al votante tiene tanto sentido como matar al general que da las órdenes y al soldado que las ejecuta

Lo de Gaza es irracional por muchos factores. En primer lugar porque, aun siendo una guerra, es imposible que uno de los bandos —Hamas— venza militarmente. Embarcarse en una guerra donde uno está condenado a perder con total certidumbre será heroico en la sección de héroes de todo a cien, pero desde luego no es racional. Si profundizamos más, el panorama pinta todavía peor: para Israel la victoria significa desarmar a Hamas, o desarticular su capacidad ofensiva durante un plazo relativamente prolongado; para Hamas la victoria significa la destrucción de Israel. Esta asimetría de intenciones complementa las otras asimetrías del conflicto: Estado frente a grupo terrorista, merkavas frente a qassams, etc. Si moral es la ciencia que trata de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia, es dudoso que lo de Gaza pueda contemplarse asimétricamente. Porque entre el bien y el mal solo existe la indiferencia, y por encima y por debajo solo hay metafísica (y en tanto que tal, metahumana): Bien absoluto, Mal absoluto. Las obras no son buenas o malas según quién las haga y con qué medios cuente para hacerlas: eso es condenable relativismo, moral de mercadeo. Las obras son buenas o malas en se y per se: de una pedrada en el occipital o por un obús del 15 explotando en las fosas nasales, el muerto está igual de muerto. Por otro lado para eso está la razón, para tergiversar la moral introduciendo grados, jurisprudencias y utilitarismos.

El segundo factor irracional de lo de Gaza está emparentado con la asimetría, aunque la precede culturalmente. Se trata del concepto occidental y moderno de víctima civil, que es un absurdo en la cosmovisión de Hamas (y en la de muchos pacíficos musulmanes, y en la de varios Estados de mayoría musulmana, además de en la de cualesquiera otros grupos terroristas islámicos). Todos los habitantes de un determinado lugar son civiles y militares a la vez, legítimos objetivos en caso de guerra. Como explicó un líder de Al Qaida en cierta ocasión, el mero hecho de pagar impuestos o de votar en unas elecciones supone un desafío intolerable a la autoridad de Alá, que es preterido en beneficio de una autoridad temporal, y por consiguiente matar al contribuyente o al votante tiene tanto sentido como matar al general que da las órdenes y al soldado que las ejecuta. Hamas, igual que Hizbalá o que Al Qaida, saca provecho propagandístico de la diferencia cultural ubicando sus instalaciones en mezquitas, escuelas, hospitales y centros urbanos, aparte de no tener inconveniente alguno en que los vecinos hagan de escudo. Cualquier respuesta militar, por quirúrgica que sea, se llevará por delante la vida de mujeres, niños y peatones —los famosos daños colaterales, aberratio ictus—, y saldrán esos cadáveres a hombros por las televisiones y ya tenemos el genocidio montado. Moralmente hablando, el caso no presenta dificultad alguna, aunque introduce de sopetón la multimoralidad, irreprochable analogía de la multiculturalidad a la que rara vez se presta atención por las clamorosas inconsistencias a que conduce.

Resulta que sí que hay morales mejores y superiores que otras, hecho que ponen de manifiesto los propios defensores de la multiculturalidad cuando, en alarde de oquedad intelectual, juzgan por desigual las acciones de uno y otro bando en la guerra.

Si uno no quiere pecar de paternalista, etnocéntrico, imperialista y demás horrísonos cargos de cárcel de papel, se ha de aceptar que cada comunidad viva y se desarrolle en función de su propia cultura, al ritmo de su particular historia y circunstancia, sin imposiciones ni aggiornamentos geométricos desde el exterior. Porque ninguna cultura es mejor o superior que otra; todas son distintas y todas enriquecen por igual el acervo. Tal es, como se sabe, el discurso progre para oponerse conceptualmente a la globalización. Por supuesto, como solo es una farsa zurda —otra más, quiero decir—, la idea no se extiende a la multimoralidad, donde sería exactamente igual de pertinente. Y es que resulta que sí que hay morales mejores y superiores que otras, hecho que ponen de manifiesto los propios defensores de la multiculturalidad cuando, en alarde de oquedad intelectual, juzgan por desigual las acciones de uno y otro bando en la guerra. Hamas tiene derecho a esto y aquello, dicen, allá ellos con sus manías, pero a Hamas no se le juzgará con la moral de Hamas. Su moral, en definitiva, es inferior —por relajada, por tosca— a aquella con la que cabe juzgar las acciones de Israel. Hamas es un niño que no sabe lo que hace (¿no llaman petardos a los qassam, ingeniosos que son ellos?); Israel es un adulto que se ensaña con la criatura. Multiculturalismo vale; multimoralismo no.

Puede decirse que un israelí vale al menos por cien palestinos. Es el precio de mercado que fijan los propios palestinos. Porque en una guerra no importa a cuántos está dispuesto uno a matar, sino a cuántos está dispuesto uno a perder.

A cuento justamente de las víctimas que un bando considera civiles y el otro no, menudea la pregunta de cuántos palestinos vale un israelí. Oportuna pregunta moral, por más que racionalmente carezca de sentido, y que aparece con recurrencia en los medios árabes desde 1967, no solo por las distintas sumas de muertos en las guerras sino también cuando se producen intercambios de prisioneros o de cadáveres. La respuesta no puede ser precisa —en esto también hay rachas y temporadas—, pero redondeando cabe asegurar que un israelí vale al menos por cien palestinos. Es el precio de mercado que fijan los propios palestinos. Porque en una guerra no importa a cuántos está dispuesto uno a matar, sino a cuántos está dispuesto uno a perder. Vietnam es ejemplar en este sentido: EE.UU. apabulló militarmente al Vietcong, y sin embargo perdió la guerra porque el cambio-change-exchange-wechsel de americanos muertos por charlies fritos llegó a un punto en que se consideró no rentable (en Irak ha estado a punto de suceder lo mismo, gracias a la inestimable colaboración de los idiotas occidentales, que se han esforzado lo indecible). En definitiva, ahora en Gaza serán también los palestinos quienes pongan precio de mercado a su vida en israelíes. Si con 400 muertos no se rinden se rendirán con 1.000, como Hizbalá en 2006. O con el Tercer Ejército sitiado sin víveres, como Egipto en 1973. Esos serán los palestinos que moralmente valga un israelí, por más que racionalmente coticen a la par.

Pero yo no soy multiculturalista. Afirmo que hay culturas superiores e inferiores, y Hamas está, en mi opinión, en el segundo sótano sin ascensor de la escala trófica de las culturas. Análogamente, tampoco soy multimoralista. Afirmo que hay morales mejores y peores, y Hamas está, a mi juicio, en el quinto pinto subterráneo de la escala evolutiva de las morales. De modo que la situación la observo con otra perspectiva. Me pregunto a mí mismo qué ha hecho Hamas por los palestinos, aparte de bañarles en sangre cuando inició la guerra civil con Fatah en 2006-2007 (tengo entendido que los palestinos que fueron asesinados entonces eran moral y racionalmente iguales a los que caen ahora para escándalo de la hiprogresía mundial). ¿Ha dado pasos aceptables en lo legislativo o lo gubernativo? No. ¿Ha renunciado a la violencia? No. ¿Ha aceptado los acuerdos que el anterior gobierno palestino había firmado? No. ¿Ha reconocido la existencia de Israel? No. ¿Ha mitigado su retórica incendiaria y renunciado al adoctrinamiento de los niños en el odio a Israel y a mi forma de vida? No. ¿Me gusta aunque sea lejanamente el tipo de sociedad, la clase de vida, el diámetro del mundo, que quiere Hamas? No. Tengo bastante. Hamas sobra, y por las buenas no ha podido ser.

17 comentarios

  1. Cordura3 de Enero de 2009, 20:13 - 20:13:19

    Mucho rollo maneliano para llegar a lo de siempre: sionismo incondicional, aunque implique aplaudir cómo un campeón de los pesos pesados machaca a un peso pluma que está en el puesto 327 del ránking.

    Eso sí, querido Manel, algún día te darás cuenta (espero que sea pronto).

    Cordiales saludos.

  2. Manel3 de Enero de 2009, 22:18 - 22:18:11

    Mucha conspiranoia cordurista para llegar a lo de siempre: proiranismo incondicional, aunque implique aplaudir cómo un campeón de los pesos medios financia y arma a un peso pluma que está en el puesto 327 del ránking.

    Eso sí, no querido Cordura, algún día reconocerás que todavía nadie ha invadido Irán.

  3. Carlos Arrikitown4 de Enero de 2009, 14:57 - 14:57:45

    Pero Hamas es Hamas gracias a Israel, no?

  4. Manel4 de Enero de 2009, 15:06 - 15:06:20

    ¿Qué quieres decir, que Israel es Israel gracias a Hamas?

  5. Donís4 de Enero de 2009, 18:01 - 18:01:33

    Que yo sepa Hamás es lo que es gracias a Hermanos Musulmanes, Yihad Islámica, Al Qaeda y la financiación de Irán y Siria, con la inestimable ayuda de sus cómplices occidentales, con la UE y España a la cabeza.
    Ayer vi que la Generalitat daba otros ¿cien? millones para “ayuda al pueblo palestino”, es decir, para los terroristas de Hamás que son quienes controlan la pasta en Gaza.

  6. Carlos Arrikitown4 de Enero de 2009, 19:00 - 19:00:23

    En efecto Manel, es como lo del Pp y Batasauna que son la misma cosa.

  7. Manel4 de Enero de 2009, 19:05 - 19:05:45

    Ah, lo que quieres decir es que entiendes tan poco de aquello como de esto.

  8. Donís4 de Enero de 2009, 21:42 - 21:42:47

    Cordura, lo tuyo me intriga.
    Escribes, además de correctamente, con sensatez, que es lo que pretendes… hasta que te tocan las consignas. He recomendado varias veces tu blog y hemos discrepado públicamente una vez, cuando lo que en el 11M te parecía una chorrada (la conspiración) se transformaba en dogma de fe si cambiábamos la M por la S de Nueva York.
    El problema de todos estos “catecismos progres” es lo que llamo la farsa Zeitgeist, tan atractiva como estúpida.

    Saco a colación la conspiranoia porque, de nuevo, parece que las consignas te pueden cuando está por medio Israel. He buscado algo que leí, aunque no comparto plenamente, pero que quizá pueda darte una visión -desde la izquierda- de lo que es cordura y lo que no cuando el tema a tratar es terrorismo frente a libertad, como pasa en Gaza. Espero que te sirva:
    “Crítica a las teorías de la conspiración”. -alasbarricadas.org

    Feliz año a todos

  9. Carlos Arrikitown4 de Enero de 2009, 22:21 - 22:21:38

    No hace falta querer decir. Otra cuenta que pierde el collar liberal. Me pregunto cuál será la próxima…
    Y Condi?

  10. Manel4 de Enero de 2009, 22:29 - 22:29:17

    En fin, otra cuenta que gana el collar de los apaciguadores… ¿Y qué tal Chamby, a todo esto?

  11. Cordura5 de Enero de 2009, 21:52 - 21:52:25

    Amigo Donís, mi única consigna es defender la vida y la dignidad de las PERSONAS, de la etnia que sean, frente a los abusos de los poderosos, los mitos colectivistas y cualquier otro tipo de barbarie.

    No comulgo con la progresez (ver mi Progres: El ocaso de una pose), pero es obvio que, al menos para las almas sensibles, el peligro es hoy la Derechosa imperialneoconfesionalista. Ésa que tanto ama Manelillo (en alguna de sus variantes).

    Y tienes razón, en Gaza se enfrentan el terrorismo (de la Pseudosión) y la libertad (del pueblo palestino, pero también a la postre del judío).

    En cuanto al 11-M, nunca he dudado que se tratase de una conspiración, pero del mismo tipo (y mismos autores) que el 11-S.

    Saludos cordiales.

  12. Cordura7 de Enero de 2009, 10:17 - 10:17:48

    Olvidé referirme a tu referencia a la no invasión de Irán, Manel. No se ha producido simplemente porque sus promotores aún no han depurado el ‘casus belli’. Me encantaría equivocarme, pero no dudo de que ese país sigue sentenciado por tus amigos los imperialistas (y el fraude Obama no cambiará nada en esto). Ni de que cuando procedan, contarán con tu efusivo beneplácito.

    Un cordial saludo.

  13. Manel7 de Enero de 2009, 10:23 - 10:23:21

    Ya, ese cuento me lo sé. Se puede estirar todo lo que quieras. Dos años, cinco… buscando una coartada que tu conspiranoia no necesita para nada. Lo de siempre, en fin.

    Ná, que te mejores, porque empeorar no puedes.

  14. Cordura7 de Enero de 2009, 13:14 - 13:14:19

    Es normal que los perversos que planifican y/o apoyan atrocidades indefendibles disimulen sus intenciones.

    [¡Ay, Manelillo...! Si no fuera porque confío en que algo de honestidad te queda, hasta te diría que disimulas.]

    En cualquier caso, respecto a esas intenciones, consumadas o no (¡ojalá no, claro!), el tiempo dará y quitará razones.

    Cordiales saludos.

  15. Aitor8 de Enero de 2009, 01:18 - 01:18:08

    Ay que ver a los hijos de Abraham (ambos que lo son) como les gusta pelearse.

  16. José Manuel Rodríguez9 de Enero de 2009, 21:43 - 21:43:56

    el peligro es hoy la Derechosa imperialneoconfesionalista

    Repite eso con un polvorón en la boca y te ganarás mi admiración sempiterna.

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