Lunes, 12 de Enero de 2009
primer periódico ciudadano de españa
José Manuel Rodríguez
El yacimiento arqueológico de Iruña-Veleia se encuentra a unos 10 km. al oeste de Vitoria, en la provincia de Álava. El nombre del yacimiento proviene de la fusión del nombre del municipio original del yacimiento (Iruña de Oca) y del nombre romano del asentamiento (Veleia). La relevancia de este yacimiento nace de la situación de Veleia en la calzada romana de Burdeos a Astorga, que formaba la espina dorsal de las tierras romanizadas que bordeaban el Mar de los Cántabros después de las Guerras Cántabras luchadas por Augusto.
Durante las guerras, la calzada en cuestión era la vía logística fundamental de las tropas romanas, así como la manera de comunicar con rapidez cualquier punto amenazado de la frontera. Aunque la zona de Veleia llevaba casi mil años habitada cuando los romanos establecieron allí uno de los hitos de la calzada Burdeos-Astorga, fue a raíz de esta circunstancia cuando el asentamiento comenzó su edad de oro. La decadencia del Bajo Imperio no le afectó demasiado, pese a la reducción del tamaño del asentamiento, puesto que no sólo conservó su importancia estratégica, sino que la aumentó gracias a la construcción de un recinto amurallado. A lo que Veleia no sobrevivió fue a la invasión de los bagaudas en la primera mitad del s. V. Si bien existen restos que permiten demostrar que siguió habiendo población en Veleia hasta el comienzo de la Edad Media, estamos hablando de una sombra de lo que fue; se trata más bien de una ciudad de cuyos restos urbanos se aprovechaba gente que no tenía mejor sitio donde vivir.

Los trabajos en Veleia comenzaron a finales del siglo XIX, y han seguido realizándose, a cargo de varias entidades, hasta nuestros días.
En el año 2006 fue hecho público el descubrimiento en Iruña-Veleia de varias decenas de piezas de cerámica con inscripciones y dibujos en ellas. Entre otras piezas presentadas, se encontraban inscripciones en vascuence, otras en jeroglíficos egipcios, y hasta una representación de un calvario con tres crucificados. Estas piezas fueron datadas en torno a los siglos III y IV d.C., una época de esplendor para Veleia pese a la reducción de población y superficie urbanizada.
La importancia de estas piezas era, en principio, enorme. Por un lado, se trataba de la muestra de vascuence escrito más antigua (unos 700 años anterior a la siguiente), situado además en una zona donde la presencia de esta lengua (o mejor dicho, de su variante arcaica) es dudosa en la época. Por otro lado, se trataba de la representación de un Calvario (tres cruces), iconografía cristiana poco habitual en la época, y más en una zona supuestamente poco cristianizada. Respecto a los jeroglíficos, y teniendo en cuenta que este tipo de escritura estaba en creciente desuso desde el fin de la dinastía lágida, para terminar desapareciendo poco antes de la invasión musulmana de Egipto, era de lo más sorprendente que aparecieran en la otra punta del imperio cuando este tipo de escritura estaba ya finalizando su historia.
No es de extrañar que desde un principio hubiera quien dudara de la autenticidad de los restos. Mejor dicho, que dudara (inicialmente) que se correspondieran a la época indicada, siglos III-IV d.C. En este sentido la primera crítica seriamente fundada la lanzó Joaquín Gorrochategui, filólogo y lingüista, y poco después, si bien con matices, le apoyaron Joseba Lakarra y Juan José Larrea. Sus críticas se basaban en que el vascuence era demasiado moderno como para corresponder a una época tan antigua. Respecto a la representación del calvario, la duda nace del hecho de que no hay unanimidad en los evangelios canónicos acerca del número de crucificados en el Gólgota, por lo que no cabría esperar que en una época tan temprana (antes de los grandes concilios del s. IV, en el caso menos favorable) hubiera ya un canon artístico que representara tres crucifixiones.

El globo se hinchó de manera estruendosa entre el verano y principio del otoño de 2006 para irse deshinchando un tanto a partir de ese momento a raíz de las crecientes sospechas (públicamente aireadas; el mejor ejemplo lo forman estos foros del portal celtiberia.net) acerca de que los restos encontrados eran sencillamente falsos.
Pero aún quedaba la traca final. La Diputación Foral de Álava organizó una comisión investigadora cuyos resultados científicos se conocieron el 19 de noviembre pasado. Ese día un grupo de expertos y profesores de historia, filología, y arqueología, en presencia de la Diputada de Cultura de la Diputación Foral de Álava (propietaria del yacimiento y por ello quien otorga los permisos de excavación), afirmaron que los hallazgos presentados en junio de 2006 eran falsos. Las palabras en vascuence son modernas (confirmando lo que Gorrochategui ya había dicho antes); los jeroglíficos, interpretaciones modernas (propias de un cómic, llegaron a decir) trufadas de errores y anacronismos; la representación del Calvario, realización moderna a tenor de la pátina de las incusiones; parte de la cerámica hallada había sido remendada usando pegamentos modernos, por lo que las dataciones eran necesariamente imposibles para algunas de las piezas. Y así fueron demoliendo uno tras otro los hallazgos de 2006. En la rueda de prensa que se preparó al efecto, se dieron a conocer detalles tan chuscos como la aparición del nombre del francés Descartes, o de la grafía Nefertiti, completamente anacrónica porque se trata de una convención del siglo XIX. En líneas generales pocos profesionales (y entre ellos están Eliseo Gil y algunos de sus colaboradores) defienden la veracidad de los descubrimientos; la mayoría coinciden con las conclusión de la comisión investigadora de la Diputación Foral.
Por su parte, en la web oficial del yacimiento se defiende (poco y mal) con un artículo (pdf) en el que se defiende la continuidad de la pátina de los restos hallados en lo que en este otro texto (pdf) define como unidad estratigráfica aparecida a finales del s. III d.C. y de la cual se indica con claridad que quedan excluidos los ostracón con palabras en vascuence. Este segundo PDF ofrece la datación por Carbono-14 de los restos biológicos asociados a las muestras de cerámica grafiteadas, todos ellos situados entre el s. I a.C. y el s. III d.C. Sin embargo, la discordancia en la secuencia histórica entre los restos de cerámica en vascuence y la representación del Calvario es lo bastante grave como para poner en duda que los restos biológicos y la cerámica pueda asociarse cronológicamente sin más pruebas. Conviene tener presente que es poco lógico pensar que los artefactos falsificados pudieran colarse al equipo de excavación a menos que se contara con la manera de hacerlos pasar por realmente obtenidos del yacimiento.
El peor parado de esta historia está siendo Eliseo Gil, director de la excavación en el momento del hallazgo y rueda de prensa de 2006, que fue destituido por la vía de revocar a su empresa la licencia para excavar en Veleia. Es más que previsible que no todo termine ahí. En el mejor de los supuestos, Gil aceptó de buena fe unos artefactos de dudosa hechura y publicitó la noticia sin hacerlos examinado a fondo. Si, además, se probara que él sabía que dichos artefactos eran dudosos (ya no digo nada si el autor fuera él mismo), aparte del menoscabo a su carrera profesional, ya grande, podría encontrarse con complicaciones legales.
La Diputación Foral guarda total silencio acerca de si ha iniciado pesquisas acerca de la responsabilidad de estas falsificaciones, o acerca de si ha dado cuenta a la policía o a los tribunales de estos hechos para que sean investigados.
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Ex arqueólogos de Veleia denuncian irregularidades en la excavación
EFE Actualizado 16-01-2009 14:13 CET
Vitoria.- Tres ex arqueólogos contratados por la empresa que dirigía Eliseo Gil en la excavación del yacimiento romano de Iruña-Veleia han denunciado hoy “anomalías e irregularidades graves” en el método empleado y han negado haber visto ningún grafito excepcional en el momento de su extracción.
Miguel Ángel Berjón, Jose Ángel Apellániz y Carlos Crespo, que trabajaron en el yacimiento entre el 2002 y el 2008, han comparecido hoy en una rueda de prensa, acompañados por la diputada foral de Cultura de Álava, Lorena López de Lacalle.
Los tres arqueólogos han hecho pública una declaración conjunta en la que denuncian el método de trabajo empleado por la empresa Lurmen, dirigida por Eliseo Gil, en las excavaciones de Iruña-Veleia, en relación a la aparición de los grafitos de temática cristiana y de las palabras en euskera, considerados falsos por una comisión de expertos.
Han asegurado que tomaron la decisión de abandonar su trabajo el mismo día que Lurmen hizo pública la aparición de los grafitos excepcionales, “sin el conveniente respaldo y contraste científico”.
Han argumentado que el método de excavación adoptado por la dirección en el lugar donde se encontraron los citados materiales “presentó anomalías e irregularidades graves de praxis arqueológica”, que provocaron que las conclusiones de la dirección eran “en muchos casos apriorísticas”.
Entre éstas irregularidades han señalado que participaron jóvenes pertenecientes a campos de trabajo y no personal cualificado para ello, así como que ninguno de los grafitos excepcionales fue detectado por ellos en el momento de su extracción, sino en el del lavado, en el que trabajaba personal de Lurmen.
En este sentido, han evitado hablar de manipulación, aunque, según ha señalado Berjón, “a uno se le puede escapar uno, dos, cinco o diez grafitos, pero hay trescientos materiales con grafitos en uno de los sectores y trescientos no se te escapan, porque tendrías que ser el arqueólogo más burro del mundo”.
Asimismo, los tres profesionales han defendido que el hipotético hallazgo debería haberse protegido con medidas que garantizasen la fiabilidad del método utilizado, como la ralentización del ritmo de trabajo, un protocolo de lavado inmediato, un registro fotográfico y videográfico, o la dotación de personal con experiencia y titulación acreditada.
Han asegurado que, a pesar de haber trasladado estas propuestas a la dirección del proyecto, ésta “no las tuvo en consideración”.
Además, han insistido en que el hecho de que estos materiales no fueran documentados ni registrados convenientemente en el proceso de excavación “complicaba mucho su fiabilidad y credibilidad científica”, por lo que han dicho que tenían claro que “jamás podrían tener el refrendo de la comunidad científica y académica”.
Por ello, en cuanto a las conclusiones de la comisión de expertos que cree falsos los grafitos, han dicho que la cualificación de sus miembros “es garantía para entender que sus dictámenes son resolutivos y definitivos”.
FÍJENSE VDS AHORA EN LO SIGUIENTE
Dictamen científico.
La citada intervención arqueológica se ha realizado con absoluta competencia científica, tanto en los planteamientos metodológicos como en la exhaustiva recopilación de datos cronoestratigráficos, que responden a los sistemas aplicados actualmente en la disciplina arqueológica. El registro se ha llevado a cabo con el rigor que exige la utilización de la Matrix Harris, que permite contemplar el “hecho arqueológico” desde una perspectiva objetiva y lo más aséptica posible. El material gráfico y fotográfico relativo a la documentación correspondiente a estratigrafías, secciones y planimetrías resulta ilustrativo y pertinente. El muestreo de materiales que han sido objeto de análisis físico-químicos también ha sido correcto y oportuno, habiendo proporcionado fechas de cronología absoluta incuestionables con respecto al depósito analizado.
Por otra parte no entramos en la valoración de la interpretación histórica que los investigadores deducen a partir del registro cronoestratigráfico que, por experiencia, sabemos que se fundamenta sobre hipótesis de trabajo que pueden contener, lógicamente, elementos subjetivos. Asimismo, y buscando una mayor objetividad, hemos prescindido del análisis del material epigráfico recuperado, para que nuestra valoración se centrara exclusivamente en la solvencia científica y metodológica de la propia excavación, a nuestro juicio cumplidamente probada.
Fdo.: Dra. Carmen Fernández Ochoa, Fdo.: Dr. Angel Morillo Cerdán
No, si yo tenía claro que faltaba entrar en escena alguno de los del equipo de Eliseo Gil para apostillar algo y para limpiar de sospechas su CV. Pero, qué curioso: se sigue condenando el pecado sin que siga sin aparecer el pecador por ningún lado. O esto es el colmo de la discrección investigadora (cosa curiosa en una Administración pública) o esto es una manera de echarle tierra al asunto.
Respecto al informe de los Dres. Fernández y Morillo, se trata de una de las escasísimas pruebas que ha presentado el ex-equipo de Iruña-Veleia a su favor. El original está en la web enlazada arriba. Ahora bien, el informe habla de los “materiales que han sido objeto de análisis físico-químicos”, que no sé porqué me parece que se refiere a los restos orgánicos analizados mediante C-14, y no al conjunto de los “graffiti” extraidos (supuestamente) del yacimiento.