Viernes, 6 de Marzo de 2009

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Viernes, 6 de Marzo de 2009, 06:04 horas | David Millán, Tribuna
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El pasado día uno de marzo, cuando me enteré a través de elmundo.es de la muerte del actor y director teatral Pepe Rubianes, dos pensamientos de distinto signo vinieron a mi mente de forma casi simultánea. El primero de ellos fue una mezcla de amarga sorpresa y pesar: desconocía la gravedad de su estado de salud y no esperaba encontrarme con esta noticia. No soy fan suyo ni he visto ninguna de sus obras (apenas le conocía de sus intervenciones televisivas y de algún que otro vídeo en Youtube), pero lamenté su muerte y sentí pesar por su desaparición.

El segundo pensamiento que me barrunté fue algo malvado por mi parte, aunque por desgracia no estuve desacertado en mi previsión. Más bien me quedé corto. Me dije a mí mismo que (amparándose en el anonimato que da Internet) los comentaristas de Libertad Digital debían de estar celebrándolo a lo grande, en alguno de los aquelarres cibernéticos que acostumbran a organizar para destilar odio.

Para comprobarlo, accedí la web del periódico de marras y comencé a leer aquella ponzoña, deseando con todas mis fuerzas estar equivocado y encontrar ni que fuera un dedal de caridad cristiana que me ayudara a reconciliarme con el género humano. Por el contrario, lo que allí había era maldad en estado puro. Ni siquiera el Diablo —en los episodios de las Sagradas Escrituras en los que se le cita— había llegado tan lejos.

Lo más bochornoso del asunto estaba en que muchos de estos elementos no tenían el menor inconveniente a la hora de compatibilizar públicamente su vileza extrema con su condición de creyentes a machamartillo, cuando según los cuatro evangelios canónicos Jesús de Nazaret predicó el amor a los enemigos

«[Con su muerte] la madre naturaleza le ha hecho un favor a este hombre», «tendré el mismo pensar que cuando murió Gil o Polanco», «pasó por este mundo sin pena ni gloria, ahogado en su propio veneno» y «alegrémonos que haya algo menos de hedor pútrido en esta España enferma» fueron algunas de las perlas que (muy a mi pesar) no pude evitar leer, con un sentimiento de asco y pena. Bajo mi punto de vista, lo más bochornoso del asunto estaba en que muchos de estos elementos no tenían el menor inconveniente a la hora de compatibilizar públicamente su vileza extrema con su condición de creyentes a machamartillo, cuando según los cuatro evangelios canónicos Jesús de Nazaret predicó el amor a los enemigos (Mateo 5:38-48) y hacia la humanidad en su conjunto (Juan 3:16-17).

Es verdad que aquel 20 de enero de 2006, en el programa El Club de TV3, Pepe Rubianes se cubrió de gloria cuando dijo que «se metan a España ya en el puto culo, a ver si les explota dentro y le quedan los huevos colgando del campanario». A mí me hizo sentir una enorme vergüenza ajena. Pero lo peor estaba por venir. No en vano, muchos de sus antagonistas —lejos de tratar de poner una nota de sensatez y sentido común— hicieron suya la divisa ojo por ojo y diente por diente, devolviendo y multiplicando odio por odio y mala uva por mala uva. Yo por mi parte traté de quitarle hierro al asunto y pasar a otras cosas, pues estaba convencido de que Rubianes (a diferencia de insultadores profesionales y compulsivos como Jiménez Losantos) no sería tan imprudente como para volver a tropezar en la misma piedra. No me equivoqué, ya que con el andar del tiempo la cosa quedó reducida a una simple y lamentable patinada.

Por desgracia, muchos de sus enemigos no dudaron a la hora de dar rienda suelta a su rencor en el día de su muerte, acumulando vileza sobre vileza en sus respectivos currículos y retratándose para la posteridad. Allá ellos y su conciencia (o su ausencia de ella). Desde luego, ha de ser mil veces mejor estudiar Educación para la Ciudadanía (o vivir en el Polo Norte) que tener de padres a personas de este nivel.

Sin embargo, no todo iba a ser malo. Leyendo obituarios consagrados a su recuerdo, encontré una frase que todos deberíamos enmarcar y hacer nuestra. Dice así: «Ha hecho siempre lo que ha querido o, dicho en su jerga, lo que le salía de la polla». Me la quedo como posible epitafio para mi tumba, junto al «me follé todo lo que se movía», de Torbe. No se me ocurre una mayor y más aleccionadora fuente de inspiración para seguir disfrutando (a ser posible en compañía) del tiempo que nos queda. A mí por lo menos me ha servido de acicate para afrontar el día a día con mayor resolución.

Descanse en paz.

11 comentarios

  1. Antonio Garcia6 de Marzo de 2009, 12:37 - 12:37:02

    Peor fue lo mío, que me enteré de la noticia al tropezar con el blog de referencia de la Opinión liberal-conservadora (magister dixit). ¡Qué hondo es el pozo, que nunca llegan al suelo!

  2. Caminant6 de Marzo de 2009, 16:15 - 16:15:51

    Simplemente quería hacerle notar que en las páginas de los lectores de LD el comentario casi unánime fue el de elevar una oración por su alma y deplorar su muerte como la de cualquier ser humano.
    El sr.Rubianes,grosero o no,ante la muerte,igual que ante la vida,merece el mismo gesto de caridad que cualquier otro.

  3. Reboot6 de Marzo de 2009, 18:07 - 18:07:32

    Pudo haber sido un perfecto capullo en vida, pero me parece tristísimo que alguien pueda celebrar la muerte de nadie. Tienes toda la razón, David, como de costumbre.

  4. Miguel6 de Marzo de 2009, 22:11 - 22:11:57

    Mucho más hipócrita sería mostrarse afligido por la muerte de alguien que te caía mal.

  5. ernie6 de Marzo de 2009, 22:44 - 22:44:15

    Pepe Rubianes podía caer bien o podía caer mal, no por ello vamos a desearle la muerte a ninguna persona. Aunque, pensándolo bien, no sé si en serio o no, a veces se la deseamos. Pero quedemos en que, en el fondo, no se la deseamos a nadie.
    No obstante, ¿a que viene Jiménez Losantos en su comentario? Es posible que en las formas se exceda (o no), pero en el fondo, casi nunca.
    Y hablando de la vida y de la muerte ¿estaría Rubianes a favor del aborto? ¿No es eso desarle la muerte a alguien? ¿O todavía no es alguien para los proabortistas? Que bien quedamos cuando hablamos de la muerte de unos y callamos la de otros.

  6. Juan Pablo II7 de Marzo de 2009, 01:40 - 01:40:03

    “Mucho más hipócrita sería mostrarse afligido por la muerte de alguien que te caía mal.”

    Lo más elegante(y cristiano) en ese caso es no decir nada.

  7. Miguel7 de Marzo de 2009, 22:34 - 22:34:37

    Desear la muerte a alguien es una cosa, lo que uno diga o deje de decir, una vez le ha sobrevenido esta, es otra. Y el cristianismo para el que lo practique, que no tienen porque ser ni mucho menos todos los comentaristas de LD.

  8. Juan Pablo II8 de Marzo de 2009, 07:08 - 07:08:05

    Si, claro, pero resulta que lo que uno diga o deje de decir acerca de la muerte de una persona, la define de una u otra manera. Alguien que dice las barbaridades que se han leído en Libertad Digital todo el mundo puede ver como le define, como una persona inmunda y despreciable, y a quien intenta disculpar a una persona inmunda, porque no es “hipócrita” (como si eso le fuera hacer mejor persona), no se hasta que punto merece mejor consideración.

  9. Miguel8 de Marzo de 2009, 11:29 - 11:29:13

    LD acoge a los suyos que tienden a “pensar” igual que Losantos. Mientras estos desahoguen sus odios en intrascendentes comentarios no pasa nada. Dudo que los familiares de Rubianes tengan interés por lo que pensaban esos comentaristas, al igual que a mí me resbala la consideración equivocada que puedas tener tú de mí.

  10. Félix28 de Abril de 2009, 09:23 - 09:23:11

    Considero este artículo tendencioso y manipulador. Lo que he leído en Libertad Digital no se corresponde con lo que usted ha escrito. No voy a gastar más mi tiempo leyendo como falsea la realidad.

  11. BIZCOnde de Brunete28 de Abril de 2009, 12:19 - 12:19:40

    A mi me gustaba hasta que le salió aquella de la puta España……., yo no soy facha ni por asomo, pero soy español y como tal me jode que se metan e insulten a mi pais, y máxime con un tema que a los catalanes les pone….cachondisimos, por tanto si este individuo murió yo no me alegro, pero tampoco lagrimeo por ello

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