Jueves, 16 de Abril de 2009
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Lunes, 6 de abril de 2009
Comienza —un año más— la Semana de Pasión, esa en la que según el Nuevo Testamento (la segunda parte de la Biblia) Nuestro Señor Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día. Es un ejercicio de previsión que impresiona porque, ¿cómo sabía con dos mil años de anticipación que yo iba a pecar como un cosaco y que iba a ser necesario un sacrificio propiciatorio como la copa de un pino (Romanos 3:24-26) para evitarme la cadena perpetua en el Averno? Ni Julio Verne, hoygan. Misterios tiene la Santa Madre Iglesia, esto está claro.
Por cierto, lo de Televisión Española (TVE) es de juzgado de guardia. Una vergüenza nacional y un escándalo a nivel internacional y extraterrestre. La fábrica de analfabetos funcionales más destacada de la España constitucional (seguida muy de cerca por la LOGSE) se ha superado a sí misma. Acabo de contemplar con estupor una cuña publicitaria, anunciando la emisión del bodrio Gladiator, a las 22 horas del Jueves Santo. El hecho en sí no tendría la menor importancia, de no ser por el hecho de que la voz en off asegura que el filme está ambientado «en tiempos de Jesús».
Procuro no hacer una montaña de tamaña anécdota. Es un pecado venial. Como los que comete Caius Caesar Vidal en sus libros, de periodicidad quincenal. Además estoy seguro de que rectificarán enseguida, a la que las centralitas del ente público comiencen a echar humo. Errare humanum est, mientras que rectificar es un don divino. Eso lo saben hasta en Beijing. Además, el que no haya situado alguna vez a Cleopatra VII en tiempos de Tutmosis III que tire la primera piedra contra la pantalla de veintidós pulgadas. No nos rasguemos las vestiduras, anda. Que no cunda el pánico. Las mujeres y los niños primero. Pelillos a la mar.
Martes, 7 de abril de 2009
No salgo de mi asombro. TVE —lejos de rectificar— ha vuelto a emitir la misma cuña. Si ya la promoción de la telenovela Doña Bárbara me producía vergüenza ajena, esto pasa de castaño oscuro. No sé de qué me sorprendo.
De pronto me asalta la duda. ¿No seré yo el que me equivoco? Aquí no tengo Internet ni cobertura para el móvil, pero gracias a Manel pude descargar una copia de la versión española de la Wikipedia e instalarla en el portátil. Así que abro la aplicación, introduzco el palabro gladiator en la interfaz y confirmo lo que ya sabía: que el filme de marras está ambientado en la segunda mitad del siglo II de nuestra era, y que median unos ciento cincuenta años de diferencia entre los «tiempos de Jesús» y las salvajes correrías de Russell Crowe. Si tuviera que hacer de abogado del diablo aduciría como atenuante que tanto en una época como en la otra había romanos, se adoraba a Júpiter, se hablaba latín y tal.
Por desgracia llueve sobre mojado. Hace cosa de un lustro, Juan José Benítez —en su programa de TVE Planeta encantado—, situó a Jesús de Nazaret en el Coliseo de Roma… medio siglo antes de que el Coliseo de Roma fuera construido. Sobran los comentarios.
En fin, por poco se me olvida. Hoy ZP ha anunciado un cambio de gobierno, de esos que hacen época y todo eso. Éramos pocos y parió José Blanco. Mañana prometerá el cargo como Ministro de Fomento. Sabía que tarde o temprano este día iba a llegar, pero no termino de acostumbrarme. No en vano se trata del bueno de Pepiño, el geoestratega universal que se abstuvo de apoyar abiertamente a Barack Obama para no interferir en las elecciones primarias del Partido Demócrata. De haber tomado partido, quizá la historia universal hubiera cambiado y el mundo sería otro.
Miércoles, 8 de abril de 2009
Esta tarde se ha producido de forma efectiva el cambio de gobierno. Durante todo el día no he podido evitar relacionar lo de Gladiator de Nazaret (por llamarlo de alguna forma) con el nombramiento de Pepiño Blanco. Es como si el gazapo de estos últimos días —inserto subrepticiamente a guisa de mensaje oculto— hubiera sido una especie de premonición de los acontecimientos venideros. Como El código secreto de la Biblia, de Michael Drosnin, o algo por el estilo. No quiero ponerme luisdelpinoso sobre el tema, pero cosas más raras se han visto desde que se redactaran las Constituciones de Anderson. Lo único que lamento es no haber descifrado el mensaje a tiempo, adelantándome a los hechos con velocidad felina: me lo habían puesto a huevo y yo no supe aprovechar la oportunidad. Mis reflejos ya no son lo que eran. Será que me estoy haciendo mayor.
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