Viernes, 24 de Abril de 2009
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Desde la noche de los tiempos de nuestra niñez, hemos anhelado hacer realidad sueños de lo más variopinto. Cada cual -según sus circunstancias y limitaciones vitales- hace posible la consumación de las fantasías que buenamente puede, pero con el andar de los años hay un buen puñado de ellas que se enquistan en el inconsciente, sin que nos veamos con la capacidad de consumarlas. A veces, porque son dudosamente morales, legales o factibles según las leyes de la física. Otras, en cambio, nos provocan una suerte de temor reverencial. Disfrutamos mucho recreándonos en ellas, pero nos sentimos intimidados ante las consecuencias que podrían acarrear en caso de llevarse al terreno de la práctica.
En mi caso particular, hay una fantasía recurrente que no soy capaz de abandonar. En ella, soy invitado a un programa de televisión, emitido en pleno prime time, y en riguroso directo. No vayan a pensar ustedes que me mueve el afán de fama y fortuna, así como el de llevarme un buen pellizco en un programa del corazón. En realidad, ni siquiera me gusta ver la tele (o que me vean en ella). Lo que realmente despierta mi interés a la hora de acudir a los estudios de ese canal de televisión imaginario es la oportunidad de mantener un debate abierto con Josep-Lluís Carod-Rovira (vicepresidente del gobierno de Cataluña), en el que tratar los más diversos asuntos de lo divino y humano. Si ustedes se preguntan por qué en mis fabulaciones aparece Carod-Rovira, y no Llamazares, Ibarretxe o Leire Pajín, sencillamente no tengo respuesta. Los misterios de la mente humana (y más concretamente del lado oscuro de la misma) son inescrutables.
Sin embargo, hay algo que sí tengo bien claro: me encanta debatir e intercambiar impresiones con los que no piensan como yo, especialmente cuando los asuntos se abordan con sinceridad, sin tabúes ni cortapisas. Es posible que el duelo dialéctico termine en tablas y nadie convenza a nadie, pero lo que sí es seguro es que esta clase de lides permite conocer las razones del prójimo. No siempre es posible la empatía, pero por lo pronto es un primer paso hacia el entendimiento mutuo. También puede ocurrir que nos topemos en un plató con María Antonia Iglesias, en cuyo caso hay que aceptar la situación con filosofía, como si acaso la providencia tratara de poner a prueba nuestro temple. Si nos mantenemos serenos y no nos rebajamos a su nivel, es muy posible que la experiencia sea enriquecedora y termine valiendo la pena.
Lo anterior viene a cuento porque el otro día (y gracias al oportuno chivatazo de Manel) presencié en Popular TV un tour de force que me dejó perplejo, en el mejor sentido de la expresión. No en vano, ahí estaban Pío Moa y Ramoncín hablando de la llamada memoria histórica. Sinceramente, no se me ocurren dos personajes más antagónicos y distantes, tanto ética como estéticamente. Sin embargo, ahí estaban ambos, exponiendo sus puntos de vista con toda normalidad. Si ellos pudieron llevar a cabo tamaño hito de historia de la televisión mundial está claro que habiendo buena voluntad por medio (así como placer a la hora de tratar de rebatir las tesis del vecino) cualquier cosa es posible.
Por fortuna, el programa está alojado en Youtube y puede verse en cualquier momento. Solo tenéis que saltar hasta el minuto veinte de la primera hora y comenzar a disfrutar del espectáculo. Vale la pena dedicarle unos minutos.
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