Sábado, 6 de Junio de 2009
primer periódico ciudadano de españa
Unas primeras observaciones sobre el libro conspiranoico de moda.
A diferencia de muchos de sus aguerridos defensores, que no necesitan de tales minucias para reafirmarse en sus peregrinas teorías, ya me he leído Titadyn, también conocido como el Informe Iglesias, o el enésimo varapalo a la versión oficial del 11M. Es mi propósito publicar en los próximos días una serie de observaciones al objeto de despejar dudas y reticencias de los afortunados que se consideren a sí mismos espectadores neutrales. Lo haré cuidadoso de no duplicar las certeras disecciones que de los puntos principales de Titadyn empiezan a proliferar en Desiertos Lejanos, cuya lectura —aun en el tentativo estado en que ahora mismo se encuentran— aconsejo. Si bien ciertos solapamientos y reiteraciones serán inevitables entre aquello y esto, no habrá que hacer tantos equilibrios en el alambre para ser originales porque el libro presenta suficiente material polémico para todos, y lo que es más importante: es tan endeble que contiene en sí mismo los elementos que lo refutan. «Científicamente demostrado», que se dice ahora alegremente.
Titadyn se divide en dos: el prólogo de Casimiro García-Abadillo (CGA), con una extensión de 40 páginas, y luego las 370 páginas que conforman el Informe Iglesias, al cual siguen unas notas cronológicas y un glosario. Comenzaré por el prólogo.
La endeblez es tanto de forma como de fondo. En la forma se plasma por ejemplo en meteduras de pata como equivocar —no una sola vez: todas— el número de placa de la perito de los Tedax, que sale como 17.682 cuando en realidad es 17.632. He oído por ahí que Luis del Pino ha empezado a sospechar que García-Abadillo es un topo de las cloacas. Aquí no estamos ante un atestado que se escribe con un boli deprisa y corriendo y que luego pasa por cincuenta manos entre unidades policiales y juzgados antes de terminar sus agitados días en un sumario y en una fermosa colección de agujeros negros: oiga, es un libro que cuesta 20 papiros, un respeto. Se supone que hay correctores, editores, controles de calidad. Y no se supone que estén expatriados en Moncejón (sic), allende la mundanal actividad editorial, ¿verdad? Pero si es que peor no se puede comenzar, además. Véase el absurdo primer párrafo (!) del libro:
Conocí a Antonio Iglesias (Madrid, 19-1-1) en la primavera de 2007, cuando el autor del informe que tienen en sus manos ya había concluido mi trabajo como perito [sic] para el tribunal que Juzgó el atentado terrorista del 11-M.
¿Perdón? ¿García-Abadillo de perito? En serio, ¿tan mal están las cosas en esa casa que ni tienen para corregir una pifia semejante en el primer párrafo de la primera página, que lo lee hasta el autor?
Otro tipo distinto de endeblez formal es el abuso de las fuentes anónimas. Que si un Garganta Profunda en los Tedax; que si un amigo del CNI; que si un alto magistrado; que si un presunto amigo de Gómez Bermúdez; que si uno me dijo en privado; que si yo le dije. En general es una mala práctica que retrata como fabulador a quien la emplea, y por eso no es moneda común en el país del periodismo de investigación por antonomasia, los Estados Unidos. Ocurre además que en esta ocasión al fabulador de las fuentes anónimas le crecen los enanos. Cito, pp. 18-19:
La intervención de Sánchez Manzano [en la Comisión Parlamentaria del 11M] pasó desapercibida respecto a ese asunto [de la nitroglicerina]. El jefe policial apareció ante sus señorías como un técnico cualificado que defendió en todo momento la profesionalidad y el buen hacer de su unidad y, naturalmente, de sí mismo como su máximo responsable. Sin embargo, dos años más tarde, en julio de 2006, fue precisamente un miembro de los Tedax quien me llamó la atención sobre un detalle al que nadie había prestado atención:
—¿Tienes las actas del Congreso en las que se recogen las intervenciones durante la Comisión de Investigación del 11-M? —me preguntó.
—Sí, por supuesto —le contesté.
—Busca la comparecencia de Sánchez Manzano. Fíjate bien en qué componente menciona cuando habla del explosivo —me dijo en tono un tanto misterioso.
Esa misma tarde me llamó por teléfono (siempre utilizaba una cabina para contactar conmigo).
—Y bien: ¿qué has descubierto? —inquirió, a sabiendas de lo que iba a responderle.
—Habla de nitroglicerina en un par de ocasiones. Dice que es un componente de la dinamita —le respondí con la sensación de estar siendo sometido a un examen por mi interlocutor.
—¿Qué fue lo que estalló en los trenes? —volvió a la carga.
—Goma 2 ECO, el explosivo que les vendió Suárez Trashorras —contesté con la misma seguridad que si me hubiese preguntado que si tras la noche viene el día.
—Ah, o sea, que Goma 2 ECO. Pues mira en los informes de la Policía que están incorporados al sumario a ver si te aparece la nitroglicerina como un compuesto de la Goma 2 ECO. Si es así te invito a lo que quieras —y colgó.
Con la excitación propia de quien está a punto de descubrir un dato que podía dar un vuelco a la investigación me puse a revisar toda la documentación que, durante meses, había ido ordenando en mis carpetas.
Qué emocionante. Es que no falta nada. Deep Throats, tonos misteriosos, sensaciones de tercer grado, cuelgues de teléfono peliculeros. Hay hasta cabinas telefónicas desde donde el Tedax de Incógnito siempre se pone en contacto con CGA… siempre excepto en la página 30, que lo hace por correo electrónico («Mi amigo el Tedax, que utilizaba como correo un nombre que tiene que ver mucho con la investigación, pero que por razones obvias no puedo desvelar, dio un paso más y me sugirió por correo electrónico …»). Lo chusco del asunto es que dos semanas largas antes de que el Tedax de Incógnito pusiera sobre la pista a CGA, ese dato que podía dar un vuelco a la investigación lo había descubierto belga197, comentarista en el blog de Luis del Pino, y se había discutido ya en distintos lugares, HispaLibertas incluido. La figura, técnicamente, se llama pillar a alguien con el carrito del helado, de ahí que Pedro J. Ramírez tuviera que poner en danza todo su candor y su mejor tocar de oído en lo que a nicks y jerga bloguera respecta:
No pocos internautas pasaron unas cuantas horas en blanco, presos de la curiosidad; y cuando finalmente trascendió que lo que publicábamos era la flagrante contradicción entre lo declarado por el jefe de los Tedax en la Comisión del 11-M y la composición química de la Goma 2 ECO -es decir que, si la versión oficial expresada por Sánchez Manzano era cierta, el explosivo que estalló en los trenes fue distinto del que tenían los islamistas-, varios de ellos recordaron de inmediato que a esa misma conclusión había llegado días antes uno de los asiduos a sus chats, apodado El Belga. Pronto El Belga hizo acto de presencia virtual y comenzó a recibir aún más parabienes que los ya dispensados a la chica que me sacó la foto. Nunca llegaremos a saber si el informante que puso a Casimiro García-Abadillo sobre la pista de la nitroglicerina y ese bloguero enmascarado bebieron o no de las mismas fuentes, sin duda policiales.
Aunque, la verdad, el problema con el carrito del helado es otro bien distinto y puede que hasta preocupante: todo lo que CGA dice que le sopló el Tedax de Incógnito era de dominio público antes del soplo. Ridículo, sencillamente, pero tal cual. Ya no fabrican gargantas profundas como antes.
Otras endebleces formales tienen más que ver con la arbitrariedad adjetiva. Cuando conviene se habla del «experto» Sánchez Manzano y cuando conviene se aclara que «es licenciado en Derecho pero que ni siquiera hizo el curso de capacitación que deben realizar todos los miembros del Tedax». Cuando toca se dice que la sentencia establece «que los terroristas utilizaron como único explosivo la Goma 2 ECO procedente de mina Conchita» (énfasis añadido) y cuando toca se cita que la sentencia recoge que «no se sabe con absoluta certeza la marca de dinamita que explotó en los trenes, pero que toda o gran parte de ella procedía de mina Conchita».
Basten estos ejemplos de momento para ilustrar la tesis. En el segundo asalto veremos más aspectos reprobables del prólogo.
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¿¿En el segundo asalto?? ¿Cuántos va a haber? No es justo, Manel, nos tienes como tiene Pedro Jota a los peones. Nos sueltas un huesito y ¿hasta cuándo? Y nosotros tenemos hambre, mucha hambre.
Eso sí, tú no nos lo vendes a 20 euritos.
Felicidades y un saludo
“A diferencia de muchos de sus aguerridos defensores, que no necesitan de tales minucias para reafirmarse en sus peregrinas teorías, ya me he leído Titadyn…”
jajajajajaja, que bueno