Lunes, 22 de Junio de 2009
primer periódico ciudadano de españa
David Millán
Llegan las vacaciones de verano, y con ellas el calor sofocante, los cuadernos Santillana, la playa, el señor de los helados, la anorexia de los periódicos y la caída en picado de la calidad de la programación televisiva, si es que a estas alturas sigue siendo metafísicamente posible caer más bajo. Son tiempos de sopor y atontamiento general, en los que desconectarse de la actualidad es prácticamente una necesidad vital. Al menos una vez al año hay que perder de vista los diálogos para besugos de nuestros próceres, ya que corremos el riesgo de acabar soñando con las coincidencias históricas y planetarias de Leire Pajín.
Para perderse entre la espesura (y olvidar temporalmente a ZP, Carod-Rovira y a la niña de Rajoy, a la espera de que cumpla los dieciocho), no hay nada mejor que lanzar el iPhone al río y meter unos cuantos libros en la saca, aunque solo sea para adquirir cultura durante los minutos inmediatamente anteriores a la siesta. Dado que es imposible llevar con nosotros los fondos de la Biblioteca Nacional, no queda más remedio que realizar un donoso y grande escrutinio, como el llevado a cabo por el cura y el barbero en el sexto capítulo de la primera parte de las aventuras de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. O lo que viene a ser lo mismo: debemos seleccionar los libros que queremos echarnos al gaznate intelectual durante las próximas semanas.
Ante esta delicada tesitura, lo más socorrido es seguir el dictado de las modas y llevarnos la trilogía Millenium al completo, la última novela de Ruiz Zafón o algún ladrillo presuntamente histórico de más de mil páginas, de esos que necesitan ser transportados hasta el apartamento en Torrevieja con el concurso de una carretilla. Es una opción legítima, pero de vez en cuando bien vale la pena transitar caminos menos trillados, aunque solo sea para impresionar a las visitas. Por ello recomiendo la lectura de algún ensayo de fuste. Doy por hecho que ya habéis devorado la última obra canónica de Aznar, así que os aconsejo que leáis Dios no es bueno de Christopher Hitchens, una soporífera soflama contra todas las religiones del diablo mundo, que no deja credo con cabeza. Ni siquiera aquellas revelaciones que están todavía por inventarse se libran de recibir un buen pescozón.
Sí, es cierto: el libro es un auténtico vía crucis, y leerlo de tapa a tapa no va a ser fácil. Desde la primera página queda perfectamente claro que Dios no existe y que las religiones son una lacra para la Humanidad, con lo que dieciocho de los diecinueve capítulos del libro se hacen prescindibles por redundantes, pues todos vienen a decir más o menos lo mismo. Sin embargo, es de admirar la capacidad del autor para enrollarse como una persiana y conducirnos a las mismas conclusiones una y otra vez.
Ello nos lleva a emprender un largo viaje, que nos permitirá formularnos docenas de preguntas que muy seguramente quedarán en el aire. Verbigracia: vale que el buen Jehová no exista. Eso queda perfectamente claro con solo echarle un vistazo a las citas del frontispicio y a la sección de agradecimientos. Lo que no se entiende tanto es el compulsivo interés del autor para que abandonemos la fe de nuestros ancestros y nos afiliemos a la liga de los descreídos. ¿Qué más le dará a este buen señor si le rezamos a la virgen de Lourdes o en dirección a la Meca? ¿Será que hay un infierno ateo al que van a parar los hombres de fe, esos que son citados con un cierto detalle en Hebreos 11?
Sé que parecerá absurdo, pero durante la lectura del libro me dio la sensación de que el señor Hitchens me iba a regañar en caso de que me sorprendiera rezando el rosario o viendo los vídeos del padre Loring. Como si acaso desviarse de la más pura ortodoxia atea fuera un pecao terrible, de los que no tienen perdón del inexistente Dios. Si por el contrario Hitchens me ilumina y abjuro de todas las entidades religiosas del registro del Ministerio de Justicia, ¿habrá algún cielo ateo que me cobije?
Puede parecer que exagero, pero cosas más raras se están viendo últimamente por España, país en el que la realidad tiene la extraña costumbre de dejar a la ficción con un palmo de narices. Sin ir más lejos, sabíamos de la existencia de los bautizos laicos, ese plagio descarado del sacramento católico, apostólico y romano. Al respecto no tengo gran cosa que añadir, ya que se han derramado varios ríos de tinta sobre el tema. Sin embargo, al leer el último artículo de mi admirado José Donís me he quedado de un aire, pues he descubierto la existencia de las comuniones laicas o actos de florecimiento (no confundir con los actos de desfloramiento, que son otra cosa). Por lo visto, las gentes de Izquierda Unida que gobiernan Rivas-Vaciamadrid ven con buenos ojos la idea de adaptar los ritos sacramentales del catolicismo a los estándares progresistas. Así que esto solo es el principio. De momento su sentido del ridículo está muy lejos de haber tocado techo.
¿Hasta dónde pensarán llegar? A este paso, acabarán entronizando a Cayo Lara como Sumo Pontífice del Sínodo Extraparlamentario. O proponiendo a la Cuba de los hermanos marxistas (Fidel y Raúl) como el paraíso terrenal de referencia. Y si no al tiempo.
Post Scriptum 1. Mi ángel de la guarda —que es ateo y comunista de la vieja guardia— me acaba de comunicar que el ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid lleva declarando a Cuba paraíso terrenal desde tiempos inmemoriales. Quede pues constancia aquí de mi proverbial ignorancia…
Post Scriptum 2. Momento cumbre de la televisión mundial. Durante la presentación de esRadio, y tras asegurar don César Vidal (minuto cinco en adelante) que «no estamos ni con los tirios ni con los troyanos, estamos con los principios», la pantalla se comenzó a llenar de publicidad de la Comunidad de Madrid, que es justamente la administración pública que les ha otorgado la licencia de la emisora. Aunque como historiador y periodista deja mucho que desear (sus autoplagios son un escándalo permanente), hay que reconocer que humoradas como esta son insuperables.
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