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Lunes, 6 de Julio de 2009, 06:27 horas | Ciencia, José Manuel Rodríguez
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Hace cuatro años, la sonda espacial Cassini identificó en el polo sur de la luna de Saturno llamada Encélado unas estructuras geológicas que, por la forma que presentaban, fueron llamadas «rayas de tigre» (tiger stripes). Casi a la vez se detectó la existencia de unos tenues chorros de gas procedentes de las «rayas», y también una muy tenue atmósfera de vapor de agua cuya densidad máxima estaba justo en el polo sur de Encélado. El estudio de la composición del material de dichos chorros concluyó que estaban formados fundamentalmente por agua.

Esto en sí no era una sorpresa, puesto que desde el viaje de las sondas Voyager los datos acumulados permitían suponer la existencia de hielo en la superficie de la luna, y también que el material del anillo E de Saturno (en cuyo centro se encuentra la órbita de Encélado), agua en su mayor parte, procedía de dicha luna. En todo caso la sorpresa la constituía la existencia de algún mecanismo interno que generara estos géiseres; o dicho de otro modo, la evidencia de que Encélado es una luna geológicamente activa. Una cosa es que el material del anillo E, al impactar contra la superficie de Encélado, le arranque nuevo material, y algo muy distinto es que exista un aporte continuo al anillo de material nuevo desde una región muy localizada. Si bien sigue en pie el problema de postular (y posteriormente demostrar) la existencia de un mecanismo que proporcione la energía para que estos géiseres existan.

La misión Cassini-Huygens ha sido diseñada para que, al orbitar alrededor de Saturno, su tránsito la acerque a Encélado en varias ocasiones, a fin de seguir estudiando esta luna. El que el albedo de este satélite sea cercano a 100, esto es, que refleja prácticamente toda la luz que recibe del Sol, lo que convierte a este cuerpo en un caso único en nuestro Sistema Solar, ya era antes del lanzamiento un hecho bastante relevante como para justificar este interés en Encélado. La existencia de hielo renovado de manera continua podría ser una explicación (en parte, al menos) para este fenómeno. El problema es determinar de qué manera podría estarse renovando el hielo de Encélado sin contar con vulcanismo propio.

En definitiva, son más las preguntas que las respuestas, incluso tras el paso de la Cassini en las cercanías de esta luna.

En los últimos días se ha añadido una pieza más al puzzle de datos que tenemos sobre Encélado. Los sensores de la Cassini, en concreto el Analizador de Polvo Cósmico, han encontrado que en la composición del material de los granos de hielo del anillo E (material supuestamente eyectado por las «rayas de tigre», o arrancado mediante colisión de la superficie de la luna) hay iones de sodio similares a los que cabría encontrar en la sal marina común y corriente. Los resultados han sido anunciados por el Instituto Max Planck en Heidelberg. El 25 de junio se publicó en Nature un artículo detallando este hallazgo.

La conclusión a la que llegan los científicos del Max Planck es que bajo la capa de hielo del polo sur, que es 15º C más cálido que el resto de la superficie, hay un océano líquido. Un océano que ha disuelto los minerales de las rocas que lo rodean, y de ahí que sea salado. Los géiseres que emanan de las «rayas de tigre» simplemente arrastran este material, que acaba formando parte del anillo E. Una vez más se plantea el problema de encontrar argumentos para defender la existencia de alguna fuente de energía que permita mantener líquido este supuesto océano.

El mecanismo que origina estos géiseres, así como la composición tanto de dichos chorros de materia, y de los granos congelados que forman el anillo E, son ahora los principales objetivos de la misión del orbitador Cassini.

3 comentarios

  1. Donís6 de Julio de 2009, 17:48 - 17:48:59

    ¿Un océano salado? joeeer… agua, oxígeno y seguramente bichos, ¿no?

  2. José Manuel Rodríguez6 de Julio de 2009, 20:04 - 20:04:17

    Bueno, se han encontrado compuestos de carbono muy simples en los géiseres de Encélado. Así que puede ser que el océano bajo su polo sur sea una buena incubadora para compuestos prebióticos… pero sólo prebióticos, puesto que les faltan algunos ingredientes que parece ser son necesarios para dar el paso siguiente: gravedad, nuevos nutrientes, y tiempo. El alto albedo de Encélado sugiere que el hielo es reciente, con lo que los “bichitos” no habrán tenido (y quizá no tengan nunca) tiempo para combinarse en formas más complejas.

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