Jueves, 10 de Septiembre de 2009

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Jueves, 10 de Septiembre de 2009, 11:55 horas | David Millán, Tribuna
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Hace unos días traté de sintonizar COPE Barcelona (102 FM), lo que me permitió descubrir una nueva emisora, denominada Astro Radio (102.30 FM). Aunque el nombre lleve a engaño, la susodicha nada tiene que ver con las últimas fotografías del telescopio espacial Hubble o con el horizonte de sucesos de un bujero negro. No en vano, encontrar en España una emisora dedicada a temas científicos es una imposibilidad metafísica, semejante a la existencia del triángulo de cuatro lados o de un filme patrio que no reciba subvenciones por tierra, mar y aire.

Se trata más bien de una emisora de temática astrológica y brujeril, en la que se alternan éxitos musicales de ayer, hoy y siempre con las consultas al futurólogo de turno. Por supuesto, realizar una consulta telefónica sale un poco caro y no hay tarifa plana que ponga freno al importe de nuestra factura. Son los imponderables de lo paranormal. Para que te desvelen el porvenir a golpe de naipe hay que apelar a una línea 806 y pagar un euro y pico por cada minuto transcurrido durante la espera y la consulta propiamente dicha. Así lo exigieron los espíritus de la tabla ouija durante el último concilio de maestros ascendidos celebrado en la Atlántida.

Ante este excepcional descubrimiento —el de un medio de comunicación volcado al cultivo de lo numinoso y esotérico—, lo primero que se me pasó por la cabeza es lo mucho que hemos avanzado desde los lejanos tiempos de Moisés y su troupe hebrea. Según cuentan las Sagradas Escrituras, practicar las ciencias ocultas a plena luz del día era el camino más directo hacia el cadalso. Verbigracia, Éxodo 22:18 dice que «a la hechicera no dejarás que viva», no vaya a ser que nos eche un mal de ojo. Ante la duda acerca acerca de cómo cumplir este mandamiento tan drástico, en Levítico 20:27 el simpático Jehová no deja margen para la piedad al estipular que los adivinos «serán apedreados; su sangre será sobre ellos». Con estos antecedentes en la Historia Sagrada, no es de extrañar que las las cazas de brujas fueran moneda corriente en la Europa de nuestros antepasados. Sin embargo, en la actualidad la emisora de los obispos y la de los astrólogos ocupan en Barcelona frecuencias colindantes sin que (al menos que se sepa) haya contencioso alguno entre las partes ni exista la menor posibilidad de que llegue la sangre al río. Sin duda este es un pequeño paso para el hombre, pero también un gran paso para las comunidades de vecinos y la concordia universal.

Carod-Rovira y José Montilla están bajo el control de alguna fuerza que no es de este mundo? En definitiva: ¿qué está pasando aquí?

A continuación —y tras esta breve reflexión inicial— pensé en la crisis económica que nos asola y en sus dramáticas consecuencias, tanto en lo pecuniario como en lo personal. Ante un futuro incierto —que se adivina negro como un tizón— cada vez hay más personas interesadas en conocer lo que les deparará el destino, si es que acaso el destino existe y puede ser conocido por nuestros más reputados profetas. La desesperación puede llegar a ser tan grande que con tal de ver algo de luz al final del túnel muchos apelarán a la cartomancia, a la astrología, a la numismática o a los más socorridos sortilegios, con la desesperación propia de quien se agarra a un clavo ardiendo. No se trata de algo nuevo: ha sucedido así desde los albores de la Humanidad. Lo que sí resulta novedoso —al menos en las ondas catalanas— es que exista un medio de comunicación ocupado en exclusiva en tales menesteres. Ante esta eclosión paranormal (que nos retrotrae a los años más oscuros del Alto Medioevo) cada vez se me hace más cuesta arriba recuperar la fe en el género humano. Algo muy grave debe estar sucediendo en nuestra sociedad para que hayamos caído tan bajo.

Sin embargo, en lo que se refiere a la irrupción de esta nueva emisora a nuestras vidas lo que más me ha llamado la atención es un hecho en apariencia banal: y es que no emiten un solo minuto de su programación en catalán. O por lo menos así ha sido cada vez que la he sintonizado. ¿Cómo es esto posible, a tenor del marco legislativo vigente? ¿Por qué la Oficina de Garanties Lingüístiques —la versión catalanista y de progreso del Santo Oficio— no toma cartas en el asunto? ¿Será para que no les lean el futuro y les jodan la noche electoral? Tengamos en cuenta que hace un año la Generalitat cerró una emisora al más puro estilo bolivariano (Radio Unión Catalunya), por el leso delito de emitir su programación en castellano. Por otro lado, míticos programas de la radio española como La rosa de los vientos no pueden escucharse en grandes porciones del Principado a causa de nuestras absurdas leyes acerca de la obligatoriedad de emitir buena parte de la programación en catalán.

¿Será que las buenas gentes del Colegio Oficial de Clarividentes y Augures (sito en Camelot) se han servido de un poderosísimo encanterio (el de mayor solera en lo que llevamos de siglo) para evitar que Astro Radio emita varias horas al día en la lengua de Ramon Llull? ¿La Generalitat está embrujada? ¿Carod-Rovira y José Montilla están bajo el control de alguna fuerza que no es de este mundo? En definitiva: ¿qué está pasando aquí? ¿Dónde está la cámara oculta? La verdad, no entiendo nada. Estoy perdido. Ante tanta perplejidad, ¿qué clase de futuro nos espera, a nosotros y a nuestros hijos? Me temo que habrá que llamar al consultorio de Astro Radio para averiguarlo. Y a ver que se cuentan.

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