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Lunes, 12 de Octubre de 2009, 09:45 horas | David Millán, Tribuna
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A un año vista de las elecciones autonómicas catalanas y a un solo lustro de la mítica conjunción planetaria de 2014, las fuerzas independentistas (tanto del arco parlamentario como del extrasolar) calientan motores de cara a alcanzar la anhelada secesión del Principado y de las provincias colindantes. Aunque se trata de una apuesta a medio plazo ya se empiezan a registrar movimientos tectónicos hacia la buena dirección, especialmente desde que el egregio Joan Carretero —entroncando con la tradición del Fausto de Goethe— anunciara públicamente su disposición a pactar con el mesmísmo diablo.

Desconocemos si el Señor de las Tinieblas —o alguno de sus múltiples correveidiles— ha recibido el mensaje y si está dispuesto a negociar el asunto en sus justos términos, con una mesa de por medio y una birra entre pecho y espalda. Tampoco sabemos si el padre Fortea hará acto de aparición y pondrá algún impedimento a la componenda. Lo que está claro es que el señor Joan Carretero (flamante presidente de Reagrupament y nueva esperanza blanca del país) no podrá negociar desde una posición de fuerza si no cuenta con el apoyo unánime de todos los patriotas de buen corazón. Y aquí no hay alternativas ni medias tintas: si la unión no es completa el enemigo —haciendo suya la divisa divide y vencerás— conseguirá neutralizar cualquier envite, tal como se viene haciendo desde 1714.

Por desgracia, dicha unidad no parece estar al alcance de la mano. Bien es verdad que en política las diferencias siempre estarán ahí, sean éstas de matiz o de brocha gorda. Sin embargo, en esta ocasión no nos encontramos con pequeñas discrepancias, sino con cosmovisiones (permitidme que le tome prestado el palabro a César Vidal) diametralmente opuestas.

a) Por un lado, están aquellos que sostienen que Cristóbal Colón —un genovés carente de escrúpulos y con demasiado tiempo libre— ardía en deseos por devastar Cipango, China y la corte del Gran Khan. Para alcanzar su propósito, no dudó en escamotear información al desdichado náufrago Alonso Sánchez de Huelva y en medrar al socaire de las principales monarquías europeas. Sus desmedidas pretensiones no gozaban de un especial predicamento entre los cosmógrafos, soberanos y estetas de la época, pero nuestro hombre terminó recalando en la agreste Castilla. Allí su suerte iba a cambiar.

Los imperios precolombinos —que según Evo Morales resultaron invictos en sus combates contra el Imperio Romano— terminaron sucumbiendo ante las nuevas hornadas de saqueadores, tal como oportunamente sostienen las juventudes de Esquerra

A la sazón los Reyes Católicos dedicaban la jornada completa a combatir las mesnadas muslimes del Reino de Granada, y apenas prestaron atención a los proyectos del Almirante. Sin embargo una vez Boabdil el Chico puso pies en polvorosa, la reina Isabel sintió la necesidad invadir nuevos territorios para saciar su sed de sangre. De esa guisa, Colón se convirtió en the right man in the right place at the right time. A partir de ahí el genocidio estaba servido. Los imperios precolombinos —que según Evo Morales resultaron invictos en sus combates contra el Imperio Romano— terminaron sucumbiendo ante las nuevas hornadas de saqueadores, tal como oportunamente sostienen las juventudes de Esquerra.

b) Por el contrario, hay quienes (también de buena fe) proponen otra copla. Según esta segunda hipótesis, Colón era un noble catalán de muy altos vuelos. Culto, refinado y cosmopolita, era punta de lanza de la ilustración de su tiempo. Hijo del Renacimiento y de la tradición clásica, don Cristóbal se propuso trasladar los valores de libertad, progreso y buen rollito a las tierras de ultramar, para gloria de la Corona Catalanoaragonesa y de nuestra invicta marina. Sin embargo, con el andar del tiempo la Corona de Castilla se apropió del descubrimiento de América, reescribiendo la historia al completo con la complicidad de la Inquisición. Así pues, nos encontramos ante falsificaciones que claman al cielo y atentan contra el sentido común. Por ejemplo, en su primer viaje a las Indias el bueno de Colón no partió de Palos de la Frontera (provincia de Huelva) tal como aprendimos en la escuela, sino del municipio de Pals (provincia de Gerona). O al menos eso es lo que sostienen los miembros del Institut Nova Història, así como los consumidores del rom Colom y otros que tal privan.

Reconozco que mi ignorancia es grande, wikipédica, y no sé cual de las dos posturas está más cerca de la verdad revelada. De lo que sí estoy convencido es de que hace falta un concilio ecuménico, un concordato con la Santa Sede y un pacto de estado para ponernos de acuerdo de una vez por todas. A partir de ahí intercambiar cromos con el diablo (o con los caballitos de la feria si se tercia) no será más que una simple formalidad burocrática. El camino hacia la libertad estará despejado.

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