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Miércoles, 28 de Octubre de 2009, 06:18 horas | David Millán, Tribuna
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No es muy habitual por estos pagos que una obra cinematográfica se novelice, algo que en Estados Unidos está a la orden del día. Es una pena, porque tan enriquecedor es adaptar un relato a la gran pantalla como seguir el camino inverso. Al fin y al cabo, el cine y la literatura —o la literatura y el cine— han nacido para complementarse, retroalimentarse y mineralizarse mutuamente. Lo mismo que el yin y el yang, la materia y la energía o el pan y el vino.

Tampoco es muy habitual que un hombre de mi guisa haya decidido leer la novelización de Agora (la última película de Alejandro Amenábar) y postergar el visionado del filme para tiempos mejores. Sin embargo, el asunto tiene su explicación. Y es que además de un grafómano impenitente también soy un bibliófilo desacomplejado. O un lletraferit, tal como se suele decir aquí en Barcelona. Parafraseando el refranero popular, en mi caso particular tiran más dos bibliotecas que quince filmotecas.

Pero en fin, basta de preliminares y centrémonos en el contenido del libro de marras.

Tengo que reconocer que cuando acudí a la librería Gigamesh para hacerme un regalo de cumpleaños a mí mismo (valga el pleonasmo) y salí con un ejemplar de Ágora bajo el brazo, mi mente estaba cargada de ideas preconcebidas acerca de lo que encontraría en ella. No es para menos. En los días inmediatamente anteriores a mi adquisición había circunnavegado Internet de punta a cabo, con motivo de la polémica que la película ha suscitado entre las filas del sector conspiranoico de la Iglesia Católica.

Y es que según cierta visión conspirativa de la Historia y de la Vida, existe un contubernio universal en contra del cristianismo en general y de la Santa Madre Iglesia en particular. Hay un «un ataque ideológico perfectamente orquestado», en palabras del eximio Jesús Trillo-Figueroa. No se trata de algo nuevo, facturado al calor del presente siglo. Ya Juliano el Apóstata —el primer emperador romano laicista, illuminati y de la Unión General de Trabajadores— andaba metido en esas harinas, anticipándose varios siglos a la España laica y comecuras de José Luis Rodríguez Zapatero.

Título: Ágora
Autora: Marta Sofía
Editorial: Booket
ISBN: 978-84-08-08806-6
313 páginas

Siguiendo esta estela de pensamiento mágico, Alejandro Amenábar sería el último eslabón de un bimilenario suma y sigue, siempre al servicio del Maligno y de sus conspicuos adláteres masónicos. Al arremeter en Ágora contra destacados prohombres (como Sinesio de Cirene y Cirilo de Alejandría), el director español estaría reescribiendo la historia a su antojo y faltando a la verdad. Con el agravante de que tales próceres del paleocristianismo se encuentran en un estado de indefensión absoluta, al no poder defenderse ni realizar las oportunas réplicas para salvaguardar su honor.

Esas fueron, grosso modo, las borricadas que leí en diversos sitios web durante los días inmediatamente anteriores a la compra de la novela. No es de extrañar que esperara ver desfilar entre sus páginas al protomasón desconocido o algún mensaje subliminal en pro del culto a Serapis, para exaltar las virtudes del paganismo. Lejos de ello, encontré una novela bastante entretenida, que se deja leer muy bien y que (como todas las buenas novelas) se limita a contar una historia, para solaz y relajo del lector. Y por si lo anterior fuera poco, es un libro que (una vez has cruzado el Rubicón de la última página) te deja con ánimo de investigar, seguir leyendo y saber más.

Como cualquier otra novela histórica, tiene sus anacronismos y sus deslices. Pero esto pasa aquí, en Pekín y en cualquiera de los bestsellers de Ken Follet o de Carlos Ruiz Zafón. Forma parte del género mismo, y nada tiene que ver con la destrucción de la Civilización Cristiana (si es que tal cosa existe) o del Estado Vaticano. A pesar de las limitaciones que cualquier novela histórica tiene nos encontramos ante una aproximación bastante verosímil de lo que fue la Alejandría finisecular de las postrimerías del siglo IV y principios del V. De hecho, no recuerdo haber leído una historia ambientada en la tardoantigüedad que me haya gustado tanto como esta. De ahí que recomiende encarecidamente su lectura.

Si eres de los que, como servidora, no suelen ir al cine (la última vez que fui vi Harry Potter y la cámara secreta, allá por 2002), esta novela puede ser una buena opción de cara a acercarnos desde la ficción a la figura de Hipatia y la convulsa Alejandría en la que vivió.

Post Scriptum. Ahora estoy revisitando La Odisea de Homero. No sé qué pensaréis vosotros, pero creo que un libro que contiene expresiones tan felices como divino porquero o amorosa coyunda merece ser leído una y mil veces. Es casi imposible que Alejandro Amenábar llegue a leer esto, pero por si acaso aprovecho estos renglones para pedirle casi de rodillas que convierta la epopeya homérica en una superproducción de altos vuelos, a la altura de los tiempos que corren. Las aventuras y desventuras de Ulises, Calipso, Telémaco, Penélope, Alcinoo y toda esa tropa de bandarras bien lo merecen.

 

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1 comentario

  1. Daniel Hdez Rguez1 de Noviembre de 2009, 19:45 - 19:45:42

    Ya nos lo advertiste en Crónicas de Atlantidavid. Todo forma parte de un plan secreto orquestado por masones y laicos socialcomunistas para dominar el mundo. XD
    Tomo nota de la recomendación, oye. Por cierto, adoro a Rachel Weisz. Me gustó mucho en Enemigo a las puertas :D
    PD: ¿Amorosa coyunda? ¡Ay, David! XDD

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