Sábado, 21 de Noviembre de 2009

primer periódico ciudadano de españa

Sábado, 21 de Noviembre de 2009, 11:24 horas | Manel Gozalbo, Tribuna
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Índice

La primera polémica cronológica (1)Notas

La guerra de la cronología (2)Notas

Abreviaturas y convenciones

Archivo con fuentes de letra especiales (645 K)



Plan de la serie

El objeto de interés son las falsificaciones históricas, intelectuales, literarias y exegéticas cometidas por los Padres apologetas griegos del s. II de nuestra era en relación con las sagradas escrituras hebreas. Se expondrá, con lujo de detalles, su cínica usurpación por parte de los cristianos —más reprobable si cabe cuando, desde Pablo, los cristianos se consideraban dispensados de cumplir con la Ley antigua— y las endebles justificaciones empleadas para despojar a los judíos de su historia nacional y religiosa, proceso que con el tiempo se completaría con una secular y sistemática persecución y oprobio que todos sabemos cómo acabó en el s. XX. Este episodio de la historia patrística, o mejor de la historia del cristianismo, que acaso no haya sido tan estudiado como debiera por parecer de esa clase de asuntos que despectivamente llamamos «letra pequeña», tiene su importancia por razón de que las conclusiones entonces establecidas se convirtieron, con el paso de los siglos, en «verdad histórica y cultual». La doctrina cristiana actual —una extraña forma de referirse a la doctrina de los últimos 17 siglos— asume por principio la legitimidad de la usurpación y argumenta, de hecho, a partir de ella. En los tratados de patrística y teología, o en las semblanzas de los Padres, las vituperables prácticas que veremos a continuación quedan eclipsadas por la supuesta hondura de lo que suele llamarse grandes exposiciones doctrinales. Es como si la corrupción subyacente no existiera, por más que sin esta no hubieran sido posibles aquellas.

Este primer capítulo expone las marrullerías cronológicas del judeorromano Flavio Josefo, y es necesario en tanto en cuanto Josefo fue reiterado y asumido como válido por los siguientes personajes de esta peculiar saga. El segundo capítulo aborda las maniobras de los primeros cronógrafos cristianos: Justino, Taciano, Teófilo de Antioquía y Tertuliano. El tercero y último está centrado en Clemente de Alejandría.

En la antigüedad, averiguar la época en que vivió Moisés —ergo la época en que escribió la Torah, que es lo que entonces se creía— no resultaba sencillo. Faltaba no solo método e instrumentos críticos y científicos sino también documentación fiable, tanto propia como extranjera, comunicaciones fluidas y principalmente voluntad. El cerril nacionalismo imperante urbi et orbi, con el aislamiento y la desconfianza como inevitables secuelas, complicaba bastante el tratamiento imparcial de los datos. Todos estaban inmersos en una alocada carrera en pos de mayor antigüedad que el vecino, pues en aquel entonces ser más antiguo que el vecino era toda una bendición, la misma que hoy supone ser más moderno. Para hacerse acreedor de la honra de la mayor antigüedad se exageraban los anales patrios y se ninguneaban los ajenos, y ello aunque estos fueran (o parecieran) más completos y confiables que aquellos. Mentir y hacer trampas era lo normal, incluso para personas que la posteridad considerará santas.

En el caso que nos ocupa, la época mosaica se calculó siempre recurriendo a idéntico trámite: leyendo hacia atrás los libros hebreos, procedimiento sumamente falible —como comprobaremos en demasiadas ocasiones— pero que todos tenían a mano[1]. Estos libros eran, en el sentido arriba precisado, la verdad absoluta; cualesquiera anales extranjeros u obras de particulares que les contradijeran eran tachados de mentira, fraude, conspiración, ignorancia, blasfemia, odio o campaña orquestada, y por tanto rara vez se cotejaban, y menos aún se les citaba con exactitud. En el pequeño universo hebreo, la Tanaj bastaba. Lo cual, siendo como es (cronológicamente laberíntica), puede darnos una idea de la que se nos viene encima.

El primer cronógrafo bíblico, es decir, el primero que intentó desenredar la cronología de las escrituras hebreas, fue Demetrio el Historiador (s. -III), a quien solo conocemos por medio de escritores cristianos (Clemente de Alejandría, Eusebio) y de quien apenas nos ha llegado nada que permita reconstruir con cierta fidelidad su cálculo de la época mosaica.

El siguiente fue Eupólemo (s. -II), el cual, basándose en la Lxx y en otras versiones griegas, calculó[2] que desde Adám hasta el quinto año del reinado de Demetrio I Sóter —vencedor de los macabeos— o hasta el duodécimo de Ptolomeo VII Evergetes, i.e. desde Adám hasta -158[3], habían transcurrido 5149 años. Puso el lapso entre el éxodo de los hebreos de Egipto y esa misma fecha en 2580 años, lapso del cual se infiere (si Eupólemo pensaba en el inicio del éxodo) que Moisés nació 2489 años después de Adám (en el -2818 de nuestro calendario[4]), salió de Egipto 2569 años después de Adám (-2738 n.c.) y murió 2609 años después de Adám (-2698 n.c.). Entre estas dos últimas fechas escribió la Torah.

Tras Eupólemo florecieron otros cronógrafos judíos de quienes no sabemos absolutamente nada, ni siquiera el nombre. Es probable, empero, que Sor, cronología trabajada sobre un texto hebreo por Rabí Yosé ben alaftá a mediados del s. II, reelabore materiales de esos cronógrafos perdidos. Por si es así, pero solo a título de posibilidad, indiquemos que Sor determina el nacimiento de Moisés 2368 años después de Adám, dato que en esta ocasión corresponde al año -1558 de nuestro calendario[5]. Durante los treinta y seis días previos al de su muerte —que Rabí Yosé establece en febrero—, Moisés leyó y expuso la Torah que recién había concluido.

Las Antigüedades judías de Flavio Josefo

Y llegamos al primer gran cronógrafo bíblico, Flavio Josefo. No cabe engañarse: desentrañar los aspectos cronológicos de Ant es una de esas ingratas tareas a que ocasionalmente nos aboca la vida. Allí donde se esperaría ilación se observan contradicciones a mansalva; donde soluciones, problemas; y donde lógica, continuas violaciones de las reglas más elementales. Absorto en la total veracidad de las Escrituras que se dispone a condensar, Josefo comienza su apología cronológica en el prólogo, donde suelta de pasada que el pueblo hebreo al que pertenece anda por los cinco mil años de edad —de hecho toda la posible en la cosmovisión de la época—, y que Moisés «vivió hace dos mil años». Habida cuenta de que el autor escribe a finales del s. I, hemos de entender que Moisés vivió hacia -1900, fecha esta, pues, a la que también remonta la Torah.

Pero, ay, da otras fechas en Ant VIII, 3, 1:

Salomón comenzó a construir el Templo … 592 años después del éxodo de Egipto, 1020 años después de la partida de Abram de Mesopotamia a Canaán y 1440 años después del diluvio. Desde Adám… hasta que Salomón edificó el Templo pasaron en total 3102 años.

Si suponemos que el Primer Templo se construyó en la segunda mitad del s. -XI, el éxodo tuvo lugar en la segunda mitad del s. -XVII. Por otro lado, vemos que calcula 428 años (1020 menos 592) entre la partida de Abram de Mesopotamia y el éxodo. Esto significa que Moisés nació 348 años antes de que Abram migrara, dato que no concuerda con el que da en Ant II, 9, 1, según el cual transcurrieron unos 400 años entre la muerte de José (bisnieto de Abram) y el nacimiento de Moisés; ni concuerda tampoco con Api I, 299 donde dice que entre estos dos mismos acontecimientos median 170 años; ni concuerda tampoco con Ant II, 15, 2, donde sostiene que desde la llegada a Egipto de Jacob —nieto de Abram y padre de José— hasta el éxodo transcurrieron solo 215 años, de lo que se sigue que, llevando José 13 años en Egipto cuando llegó su padre (Gen 41:46 menos Gen 37:2), los hebreos moraron en el país de las pirámides 228 años. Por lo demás, si entre el Templo y Adám cuenta 3012 años, la antigüedad del pueblo hebreo baja dramáticamente de los cinco mil años del prólogo hasta unos cuatro mil. Pero no es eso lo más chocante: en Ant I, 3, 3 calcula 2656 años entre Adám y el diluvio, y aquí 3102 entre Adám y la construcción del Templo, de modo que entre el diluvio y Salomón hay solo 446 años (!), de hecho menos que entre Moisés y Salomón, pues, según Ant VII, 3, 2, entre Josué y la conquista de Jerusalém por David pasaron 515 años. Dato ciertamente revelador, ya que si Moisés vivió circa -1900, Salomón tuvo que vivir circa -1350, tres siglos antes del tiempo en que todos le ubican. Mas ni siquiera en esto Josefo las tiene todas consigo: en Ant VII, 15, 3 manifiesta que David (padre de Salomón) murió 1300 años antes de que Antíoco VII Sidetes, en -134, sitiara al sumo sacerdote Juan Hircano en Jerusalém, i.e., que David murió hacia -1434.

Pero, ay, da otras fechas en Ant IX, 14, 1:

«[Bajo Salmanasar V se produjo la caída de Samaría y el fin del reino de Israel,] novecientos cuarenta y siete años después de que ocuparan esta tierra [aquellos que] salieron de Egipto»[6]

Considerando que la caída de Samaría se produjo en -722, la llegada de los hebreos a Canaán ocurrió por tanto en -1669, y Moisés nació ciento veinte años antes, en -1789.

Pero, ay, da otras fechas en Ant X, 8, 5:

El Templo fue incendiado a los 470 años, 6 meses y 10 días de su fundación; hacía 1062 años, 6 meses y 10 días que el pueblo había salido de Egipto; desde el Diluvio hasta la destrucción del Templo habían pasado 1957 años, 6 meses y 10 días; y desde la creación de Adám, 3513 años, 6 meses y 10 días[7]

El primer Templo fue destruido en -587, de manera que Josefo sitúa su construcción en -1057, y el éxodo allá por -1649, ergo el nacimiento de Moisés en -1729.

Pero, ay, da otras fechas en Ant XI, 4, 8, donde cuenta 522 años desde el principio de la cautividad en Babilonia (año -587) hasta David, y «más de 500» desde David hasta la muerte de Moisés y de Josué (sic, aunque ambas ocurrieran con unos 70 años de diferencia). Hechas las cuentas, descubrimos que Moisés vivió algo antes —imposible afinar más— de -1609.

Pero, ay, da otras fechas en Ant XX, 10, 1 a propósito de una sucesión de sumos sacerdotes: «Desde el día en que nuestros padres marcharon de Egipto … hasta la construcción del Templo, gobernaron trece pontífices[8] por espacio de 612 años[9]». Es decir, que si el Templo se levantó recién comenzada la segunda mitad del s. -XI, Moisés vivió a mediados del s. -XVII.

Pero, ay, da otras fechas en… Baste. En resumen, Moisés vivió entre mediados del s. -XVII y principios del s.-XX. Y menos mal que en el epílogo, a la vista de los 20 libros y las 60.000 líneas escritas, Josefo hace voto de diligencia: «Espero haberlo expuesto todo cuidadosamente. Me he esforzado en ofrecer la lista de los sumos sacerdotes que se sucedieron durante el período de los dos mil años. Expuse también la sucesión de los reyes, sin error». Lo cierto es que todos estos contradictorios guarismos —y otros que por piedad he omitido— cogerán desprevenidos a los lectores griegos de Josefo y se les atragantarán, originándose la más antigua polémica conocida en torno a la fiabilidad de la cronología hebrea, o lo que es igual, de la bíblica.

La primera polémica cronológica

Un año o dos después de dar a la publicidad Ant, Josefo tuvo que salir en su defensa. Lejos de satisfacer a los griegos a quienes se dirigía, Ant levantó entre ellos muchas suspicacias. Una que molestó especialmente a Josefo fue la incredulidad con que recibieron su afirmación de que la antigüedad del pueblo hebreo llegaba a los cinco mil años[10].

Creo haber dejado suficientemente claro para quienes lean mi obra … la gran antigüedad de nuestro pueblo, los judíos, cuál fue su peculiar origen y de qué manera empezó a habitar la tierra que ahora tenemos. He compuesto en griego una historia, extraída de nuestros libros sagrados, que abarca cinco mil años, mas ahora veo que mucha gente atiende las calumnias de aquellos que están resentidos contra nosotros y no dan crédito a lo que he escrito sobre la antigüedad de nuestro pueblo, mientras que consideran una prueba evidente de que nuestro pueblo es más reciente la idea de que los historiadores griegos más famosos no lo mencionan. Por eso me he creído en la obligación de escribir algo breve al respecto.

Tituló ese breve escrito Sobre la antigüedad de los judíos, aunque actualmente se conoce más bajo el nombre de Contra Apión (abreviado Api en esta serie). Con él nacería un género que de inmediato gozaría de enorme popularidad: la polémica cronológica.

Desde luego, Api no es ningún prodigio de honradez intelectual. Josefo —que insulta todo lo que puede y más— equivoca cifras y personas, contradice las Escrituras si conviene a su tesis, malinterpreta pasajes ajenos adrede, aduce «como prueba» a autores que admite no haber leído, se inventa «refutaciones», prodiga conclusiones arbitrarias, etc., revelando, en resumidas, un arraigado complejo de inferioridad cronológica y asomando en cada página la cara más fea de la parcialidad. Si a tal dechado de indecencia le agregamos los defectos propios de la visión del mundo de aquel entonces —de la cual Josefo y los autores de que se ayuda son dignísimos representantes—, se comprenderá por qué Api no es la lectura más indicada para espíritus sensibles.

La premisa del trabajo es bien sencilla: dado que los griegos no creen que los hebreos tengan la antigüedad que dicen tener, Josefo aportará testimonios de autores no hebreos que la confirmarán. «Presentaré como testigos de lo que digo a los autores que los griegos juzgan más fidedignos en lo que se refiere a la antigüedad, y rebatiré con sus propios argumentos a quienes han escrito sobre nosotros calumniosa o falsamente» (Api I, 4).

A la hora de la verdad, no obstante, la demostración provoca cierta decepción. No es solo que la mayoría de los testimonios estén cogidos por los pelos o que hayan sido descaradamente manipulados, sino que no presenta ninguno que rebase a Moisés. Incapaz de justificar los cinco mil años, Josefo incluso se las ve negras para acreditar que Moisés viviera «hace dos mil», ya que sus testigos extranjeros —mayormente Apión, Lisímaco, Manetón y Jeremón— están cronológicamente reñidos con él y, por si fuera poco, todos sitúan a Moisés mucho más tarde. Hete ahí por qué, en lugar de extender ante ellos la alfombra roja de rigor (al cabo han sido llamados para convencer al lector), el autor les ataca acerbamente.

Contra Apión

De la cronología mosaica del erudito alejandrino Apión (s. I), antijudío notable, conocemos únicamente la fecha del éxodo Api II, 17:

Apión … fija el éxodo con total exactitud en la séptima olimpiada, justo en su primer año, en el que los fenicios fundaron Cartago … Respecto de esta colonia[11], si hemos de dar fe a los anales egipcios[12], allí está escrito que el rey Hiram vivió ciento cincuenta y cinco años antes de la fundación de Cartago. [También existen] pruebas en los anales fenicios[13] de que Hiram era amigo de Salomón, que edificó el Templo de Jerusalém, y de que contribuyó ampliamente a su construcción. Ahora bien, Salomón construyó el templo seiscientos doce años después de que los judíos salieran de Egipto.

La fecha de Apión es escamante por baja, pero más si cabe por simbólica. Las Olimpiadas —el período de cuatro años entre Juegos Olímpicos— se cuentan unánimemente a partir de -776[14], de manera que el primer año de la séptima Olimpiada es -752, cuando la fundación de Roma[15]. Sincronizando el éxodo con las fundaciones de Cartago y Roma[16], Apión parece querer decir que el éxodo equivale a la fundación del pueblo judío; sincronizándolo con esas dos, Apión manifiesta su visceral antijudaísmo: el pueblo judío no puede ser más antiguo —ergo más noble, sabio y respetable— que Roma y Cartago. Pero obsérvese que Josefo no discute en absoluto la fecha cartaginesa; opone simplemente que iram y Salomón vivieron 155 años antes, y que desde ese día hasta que Moisés y los judíos salieron de Egipto hay que computar otros 612 años. El éxodo, en suma, ocurrió allá por -1519, resultando que Moisés vivió cuatro siglos después de lo anunciado en los prefacios de Ant y Api, divergencia no tan despreciable sobre la que Josefo no intenta comentario alguno. ¡Y está tratando de refutar!

Profundicemos en esos números. Josefo trabaja para demostrar la antigüedad del judaísmo, y por tanto se comprende que acepte silente el plazo de 612 años entre el Templo y el éxodo por más que contradiga los 480 años que figuran en 1Re 6:1. Ahora bien, otra cosa es el plazo de 155 años entre la fundación de Cartago y Salomón, rechazable de plano. En primer lugar por la travesura infantil de Josefo, que sisa unos pocos años al hacer las cuentas. Según la narración de Menandro, iram murió 157 años (no 155) y 8 meses antes de que la princesa Elisa —la Dido de la Eneida— huyera de Tiro rumbo al tómbolo de Cartago. Sabemos por Menandro[17] que iram vivió 53 años y reinó 34 (subió al trono, pues, a los 19 años), y Josefo especifica que las obras del Templo se iniciaron en el año duodécimo[18] de su reinado, concluyendo en el decimonoveno. Al plazo de 157 años y 8 meses, por tanto, hay que descontarle 15[19], quedándose en 142 años y 8 meses[20]. Haciéndose el bobo en matemáticas, Josefo evita que el éxodo y Moisés bajen hasta -1504. Pero no es más que eso: una bobería, una travesura, una mangancia pueril.

La gran objeción contra el plazo de 155 años estriba en el emparejamiento cronológico de iram y Salomón. Menandro los supone contemporáneos[21], y Josefo —y todo lector de la Biblia— cabecea afirmativamente, como quien oye algo archisabido (cf. 2Sam 5:11; 1Re 5:15-32; 9:10-14.27; 10:11.22; 1Cr 14:1; 2Cr 2:2-15). Ni Josefo —ni ningún lector de la Biblia— se plantea arremangarse ante una sencilla regla de tres: si iram subió al trono a los 19 años, y si las obras del Templo empezaron cuando tenía 31, en el duodécimo de su reinado, ¿cómo podía ser amigo de David 37 años antes? Recuérdese que David, a los 30 años, 33 antes de morir (2Sam 5:4-5), 37 antes del Templo, arrebató Jebús (Jerusalém) a los jebuseos, y que iram celebró tal hazaña enviándole obreros y construyéndole un palacio, obsequio que David asumió como señal de que Yhvh le instituía rey sobre todo Israel (2Sam 5:11-12). Los caminos bíblicos, sin duda, son inescrutables, porque todavía faltaban 6 años para que iram naciera, minucia cronológica que al parecer no impidió que actuara como un rey y entablara una sólida amistad prenatal con David (1Re 5:15; Ant VII, 3,2; VIII, 2, 6).

Este anacronismo, fácil de detectar, debería haber bastado para que Josefo dudara de la cronología escriturística y de la contemporaneidad de iram y Salomón, y para que temiera la posible contaminación bíblica de Menandro. Pero no. Se distrae con otras cosas. Por un lado ve que Apión data en -752 la fundación de Cartago (fecha que por lo demás dista de ser evidente[22]), y por el otro que Menandro, además de facilitarle la sucesión de reyes tirios hasta dicha fundación, le confirma que iram y Salomón fueron coetáneos. Quiere pensar que ambos tienen razón, de modo que acepta la fecha de Apión y suma los reinados tirios. La cronología resultante, por poca probidad la suya, quizá le sirviera para salir del paso, pero hubo de hacerle infeliz, pues significaba que el Templo habría sido levantado en -929 ó -931, y cualquiera de aquellos lectores griegos a quienes trataba de convencer podría redargüir esta fecha apoyándose en la cronología que el propio Josefo desgranaba en Ant X, 8, 5:

El Templo fue incendiado a los 470 años, 6 meses y 10 días de su fundación; hacía 1062 años, 6 meses y 10 días que el pueblo había salido de Egipto; desde el Diluvio hasta la destrucción del Templo habían pasado 1957 años, 6 meses y 10 días; y desde la creación de Adám, 3513 años, 6 meses y 10 días.

Lo que significa que el Templo fue destruido en -459 (o -461), siglo y pico después del año cierto (-586). De haberse percatado Josefo, ¿a cuál de las dos habría achacado el desfase, a la fecha cartaginesa de Apión o a la cronología tiria de Menandro? Poco importa: ambas son históricamente falsas.

Resobran indicios para convencerse de que Menandro sometió sus fuentes fenicias a una típica interpretatio graeca, alterando nombres, lugares y fechas. Los reyes que transcribe no son solo tirios (también sidonios y tirosidonios), y vivieron dos siglos más tarde. Lo cual, claro, excede cuanto Josefo y sus generosos defensores modernos estarían dispuestos a conceder. Con Salomón hemos topado, que diría aquél. Menandro, igual hoy que en tiempos de Josefo, es vitoreado por creyentes y enciclopedias como el valedor del inconsistente Salomón bíblico: prueba que Salomón existió, así que a nadie interesa dudar de su testimonio. Pero, de hecho, precisar con certeza suficiente la verdadera época de ese iram y de los demás reyes de su lista solo requiere un pequeño cambio de escenario.

El topónimo Krt Hdšt[23] (Ciudad Nueva = Cartago) de la cita no se corresponde con la Cartago tunecina sino con la chipriota, Kitión (de donde el hebreo kittīm[24]), ciudad que los asirios del s. -VII conocen como Karti Hadašti[25]. Los fenicios la bautizaron así, Ciudad Nueva, por ser una nueva colonia y ser, literalmente, una nueva ciudad a orillas del mar, a unos cientos de metros de las ruinas de la vieja ciudad no fenicia (de origen inmemorial) devastada por un terremoto a finales del s. -XI. Kitión fue abandonada «poco después del año 1000 a.J.C.»[26], levantándose en su lugar la primera Cartago de occidente allá por el año -820. Pagando tributos a reyes asirios, persas y egipcios —y formando parte de sus imperios—, Krt Hdšt retuvo mal que bien su identidad fenicia hasta el s. -IV. Cayó entonces en poder de los griegos, que la rebautizaron L£rnax (actual Lárnaka), voz que significa cofre, ataúd, urna funeraria (sin duda en referencia a las urnas del tofet local). «Habiendo cambiado el nombre de este qrthdst de Chipre en época de Menandro, éste naturalmente habría entendido qrthdst referido a la ‘Cartago de Libia’ que conocía»[27].

El nombre de la «princesa fundadora de Cartago» confirma que hacemos bien moviéndonos a Chipre, pues Elisa no es más que el nombre de Chipre: Åsy[28] o Alašiya en egipcio[29], Alašiya en hetita[30], Alašia en acadio, Ilšiya, ‘lśy o Alty en ugarítico[31], ‘Ĕlīšāh en hebreo (Gen 10:4; Ez 27:7; 1Cr 1:7)[32], ‘Ĕlīš en hebreo samaritano Elisa en la Lxx, y Elisa en la Vg. En el fondo, pues, la huida de Tiro de la princesa y su fundación de Cartago resulta una deformación hermosa, pero anacrónica y desnortada, del constante carácter exílico de Chipre. Allí fueron deportados reyes y prebostes de Tiro —y fenicios en general— cuando en la segunda mitad del segundo milenio los hetitas apretaron las tuercas militares[33]. Allí también buscaron refugio cuando a partir del s. -IX empujaron los asirios[34]

¿Pero cómo desenredar la chronologia graeca de Menandro? La clave, una vasija de bronce de la segunda mitad del s. -VIII hallada en Amatonte, a unos quince quilómetros de Kitión. En ella se lee la siguiente inscripción:

[Propiedad] del gobernador de Krthdšt, siervo de iram, rey de los sidonios[35]

Palmario, por las fechas, que el tal iram rey de Sidón no puede ser iram I rey de Tiro, el coetáneo de Salomón, sino iram II (-757-737), tributario del asirio Tiglat Pileser III, que en sus anales le identifica como rey de Tiro[36]. La sumisión a iram del gobernador de Krt Hdšt cuadra con la extraña alusión que Menandro hace de los kitios: «[iram] dirigió una expedición contra los kitios [itukeiois] que no le pagaban los tributos y regresó después de haberlos sometido»[37]. Dicha colecta, realizada seguramente para poder satisfacer la suma exigida por el acuciante asirio, solo pudo intentarla iram II; de referirse Menandro a iram I, nos enfrentaríamos con un serio problema: a mediados o finales del s. -X, la expedición recaudatoria enviada a Kitión se hubiera llevado una sorpresa morrocotuda al entrar en una ciudad abandonada[38], ergo insolvente de todas todas[39].

Cabría profundizar en —y aumentarse aun más— esta serie de evidencias, pero no es nuestra guerra. Todos los datos arqueológicos y las fuentes literarias mesopotámicas indican que la lista real de Menandro no arranca en el s. -X, sino a mitad del -VIII, dos siglos y medio después. Es curioso que la única objeción consista en la mención que Menandro hace de Salomón [40]. Pero bien, trasladando los datos a la particular guerra cronológica de Josefo, el éxodo que Moisés y los judíos emprendieron en -1519 caería, en números redondos, unos doscientos cincuenta años, hasta situarse en -1269. La gran ironía está en que esta fecha agradará a muchos de los que por otra parte sustentan la tradicional y errónea identificación del iram de Menandro con el iram bíblico, y les agradará porque en el s. -XIII es donde últimamente, fracasada la búsqueda en calendas más tempranas, se procura —o se quiere— localizar el éxodo[41].

Contra Lisímaco

El único dato que conocemos de la cronología mosaica del alejandrino Lisímaco (prob. s. -I) basta para advertir que se aviene al cien por cien con la cronología mosaica de Apión. Solo que utiliza otras categorías.

Lisímaco opina que el éxodo tuvo lugar durante el reinado de Bókjoris[42], faraón que según Josefo vivió «hace mil setecientos años» (Api II, 16; a descontar de su época, por tanto circa -1600). Semejante datación, disparatada, no es un inocente lapsus cálami, sino una grosera muestra de eso que se llama barrer para casa. Josefo el marrullero sabe muy bien lo que se trae entre manos, como prueba el reproche que algo más adelante dirige a su testigo: Lisímaco —se queja Josefo— repite idéntica calumnia que otros autores (a saber: los judíos fueron expulsados de Egipto por leprosos y sarnosos), pero la desarrolla bajo un rey «más reciente»[43]. ¿Cómo? ¿Más reciente que quién? ¿Pues Bókjoris no vivió mil setecientos años antes de Josefo, o sea en -1600? ¿De qué se queja entonces si él mismo arriesga una fecha similar en Ant IX, 14, 1?[44] ¿O acaso es más reciente que el Moisés de -1519 que —exultante e irónico, sabiéndose sobrado de fuerzas— contrapone al Moisés de -752 de Apión?

Porque a Josefo no se le escapa que el «padre de la cronología egipcia», Manetón (ver infra), censa a Bókjoris en la XXIVª Dinastía. Por pocos números que hiciera, vería que la susodicha extinguióse entre -762 y -754[45], o lo que es igual: cuando la fundación de Roma, la simbólica fecha dada por Apión, coincidencia sobre la que Josefo no dice esta boca es mía, sin duda para evitar que nadie la sobrevalore y la argumente contra la antigüedad del judaísmo. Por la misma razón —mirar hacia otro lado, disimular y pasar página—, en vez de aducir contra Lisímaco los anales fenicios y bíblicos con que rebate la cronología de Apión, no se le ocurre otra cosa que «refutarle» con un vulgar truco de polemista en apuros: inventarse un paleo Bókjoris en la XVIª Dinastía. Desde luego, si su plan para apabullar a los incrédulos lectores griegos de Ant consistía en tejemanejes como el presente, ¿a quién puede extrañarle que la incredulidad de estos —con todo el derecho a sentirse timados— aumentara proporcionalmente?

Contra Manetón

No mucha mayor credibilidad se granjea Josefo por el modo en que aborda la cronología mosaica incluida en los Aigiptiaká Hypómnemata[46] del sacerdote e historiador grecoegipcio Manetón de Sebennitos (s. -III). Como si no tuviera bastante con discrepar de ella e impugnarla así o asá, en esta ocasión incluso osa corregir al autor, encerrizándose en que dice digo donde en realidad dice (y quiere decir) Diego, o sea, leyendo judíos donde el autor escribe hicsos.

Manetón entiende que unos y otros no son el mismo pueblo, pero Josefo, desesperado por acreditar la mayor ancianidad para los suyos, «demostrará» que sí, que hicsos y judíos sí son el mismo pueblo. Esa «demostración» no le resultará excesivamente complicada, pues solo tiene que sacarle punta a una confusión medio étnica, medio lingüística de su testigo. Éste se refiere a los hyksōs como reyes pastores, suponiendo que dicho gentilicio se compone de los vocablos egipcios hyk = rey y šōs = pastor (Api I, 82). La etimología entusiasma a Josefo, aunque menos que la otra apuntada inmediatamente por Manetón[47]:

Hyk no significa reyes sino, por el contrario, pastores cautivos[48], ya que, en lengua egipcia, hyk, y hak, con aspiración, significarían propiamente cautivos[49]

Josefo remata: «Esto me parece más verosímil y más conforme a la historia antigua», y se lanza a conciliar ambas etimologías con las Escrituras (Api I, 91-92):

Manetón dice que ese mismo pueblo, el llamado de los pastores, es designado con el nombre de cautivos en sus libros sagrados. Y tiene razón, pues para nuestros más remotos antepasados el pastorear era hereditario[50] y la vida nómada que llevaban tuvo como consecuencia que se les llamara pastores. Por otro lado, no sin razón se les llama cautivos en los anales egipcios, pues nuestro antepasado José dijo al rey de Egipto que él era un cautivo[51], y más tarde, con el permiso del rey, hizo ir a sus hermanos a Egipto.[52]

Buen intento, pero sin pizca de realidad histórica. Partiendo de un lapsus de Manetón y abandonándose a su propia angustia cronológica, Josefo construye un castillo en el aire. Veámoslo, y deshagamos de paso un malentendido moderno realmente enojoso.

A poco que se interese por el tema, el lector habrá leído más de una vez que el griego hyksōs (/uksèj) equivale al egipcio hķɜu hɜsut, reyes extranjeros[53]. Tal es, en efecto, la opinión más extendida, o para ser exactos la única opinión que circula actualmente. En ningún lugar leerá que se trata de algo improcedente y tantín absurdo, y sin embargo ese es exactamente el caso, porque hķɜu hɜsut era una expresión peyorativa (no así en singular, hķɜ Hɜst) con que en Egipto se «marcaba» a todo gobernante[54] foráneo, y no solo a los que desde Manetón designamos como hicsos. Según se ve en las pinturas de la tumba de iramnumhotep III en Beni Hasán, de -1900, casi dos siglos antes de la llegada de los hicsos a Egipto, Åbša[55], el jeque de unos caravaneros del país de šut, o desierto (copto ¥oote [šoote]), ya es presentado como un ɜ Hɜst, príncipe extranjero[56]. Por esas mismas fechas, o puede que algo antes, alusiones a los hķɜu hɜsut despuntan en la célebre historia de Sinuhé[57]. Así también, siglo y medio después de que los hicsos desaparecieran de Egipto y del mundo, los escribas alaban al faráon Amenhotep II (-1427-1401) por no tener rival entre los hķɜu hɜsut, en referencia a sus equivalentes en los países extranjeros[58]. En definitiva, decir hķɜu hɜsut no es decir indefectiblemente reyes hicsos. Tan hķɜu hɜsut eran éstos como los reyes hetitas, acadios, etíopes o cualesquiera otros no egipcios.

La verdad es que el griego hyksōs es helenización del egipcio sing. hķɜ šōs (pl. hķɜu šōsu), y significa rey pastor. Manetón, bien que errando el número[59], ya lo había dicho. ¿Quiénes eran los šōsu? Los egipcios denominaban así a las tribus de pastores, nómadas o beduinos que pululaban por los desiertos del noreste, desde el Sinaí hasta el Éufrates[60]. Nunca invadieron ni gobernaron Egipto. Por contra, estuvieron habitualmente bajo la sandalia del faraón, y en tanto que nómadas —siempre en un ay, sin efectivos ni recursos suficientes como para plantearse guerras abiertas contra ejércitos estables—, las mayores dificultades que causaron a Egipto fueron ocasionales disturbios fronterizos y alguna que otra «amnesia tributaria».

La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cómo pudo Manetón confundirlos con aquellos todopoderosos forasteros —los «hicsos»— que se adueñaron de su país durante el s. -XVII y buena parte del -XVI? No muy allá en jeroglifos y algo verde en su historia patria —harto lo confirma su idea de que los reyes pastores gobernaron Egipto durante nada menos que cinco siglos—, Manetón cometió un doble error: por un lado confundir hķɜu sōsu (reyes pastores) con hɜķu šōsu (cautivos pastores) —lo que explica sus vacilaciones etimológicas, reseñadas por Josefo—, y por el otro equivocar hɜķu hɜsut (cautivos extranjeros) con hķɜu hɜsut (reyes extranjeros). Conocedor de que los reyes hicsos, hķɜu hɜsut a la postre, habían sido derrotados y acosados hasta Siria, y sabiendo también de la existencia más o menos contemporánea de esclavos procedentes de aquella zona[61], hɜķu hɜsut a la postre, no dudó en unimismarles, quizá solo por no poder aceptar que los malvados hicsos se hubieran salido de rositas. Pero así fue, dentro de un orden. Vencidos y expulsados, se diseminaron por Oriente, Grecia y algunas islas del Mediterráneo, y jamás reaparecieron como entidad étnica o política, ni aun para apoquinar tributos a un mal faraón de tercera. No fueron cautivos de Egipto ni un mísero día.

Apoyándose en la cadena de errores de su testigo, Josefo perpetra uno de los más grandes desbarros de Api: identificar a los hicsos con los hebreos[62]. Es muy cierto que no tiene por qué saber que Manetón yerra, ¿pero acaso le importa algo que en la narración manetoniana no haya absolutamente ningún dato referente a los hicsos que cuadre (ni mucho ni poco) con las Escrituras? Según estas, cuya exactitud y veracidad no deja de proclamar Josefo a cada minuto, ¿cabe afirmar que los judíos

dominaron por la fuerza, sin dificultad y sin combate [a los egipcios]…

sometieron a sus dirigentes, incendiaron salvajemente las ciudades, arrasaron los templos de los dioses, trataron cruelmente a los indígenas, mataron a unos y redujeron a la esclavitud a los hijos y mujeres de otros

hicieron rey a uno de los suyos [y] exigió tributo al alto y bajo Egipto

…[tuvieron en Avaris] un ejército [de] doscientos cuarenta mil hombres

rodearon la ciudad [de Avaris] con una muralla alta y fuerte para guardar seguros todos sus bienes y su botín

…[resistieron en Avaris el asedio de] cuatrocientos ochenta mil hombres

dominaron Egipto 511 años…? [63]

En el colmo de la discrepancia, el faraón que expulsa a estos «antepasados de Josefo», ora MisfragmoÚqwsij[64], ora su hijo ToÚqmosij[65], no es tragado por el Mar de los Juncos (Mar Rojo) junto con todo su poderoso ejército, sino que disfruta de una larguísima posteridad:

Después de salir de Egipto hacia Jerusalém el pueblo de los pastores, el rey que los había expulsado de Egipto reinó todavía 25 años y 4 meses.[66]

Y el destino de estos hicsos que Josefo quiere judíos, ¿se parece al de Moisés y su generación? [67]:

Los pastores, con sus familias y sus bienes, salieron de Egipto y se dirigieron a Siria, no menos de doscientos cuarenta mil hombres. Temerosos de la dinastía de los asirios —los asirios eran los que dominaban Asia entonces[68]—, edificaron en la tierra ahora llamada Judea una ciudad que pudiera albergar a tantos miles de hombres, y la llamaron Jerusalém[69]

A Josefo, y en ello justamente radica su simpar desvergüenza, le consta que la descripción manetoniana de la época hicsa de Egipto es irreconciliable con la descripción escriturística de la estadía hebrea en dicho país. ¿Por qué, pues, se emperra en conjugarlas? Nadie tenga duda: porque aquella le garantiza al menos cinco siglos de mayor antigüedad para su pueblo. De eso va Api, por si se ha olvidado.

Nada mejor para cerciorarse que revisar la cronología de Manetón. El egipcio asegura que los hicsos penetraron en Egipto durante el reinado de Tutimeo, quien, según su cronología, vivió hacia -2794[70] (según la egiptología, empero, entre -1740 y -1720, coincidiendo, en efecto, con la irrupción de los hicsos). Gobernaron el país quinientos once años[71], hasta -2283, siendo expulsados después de una larga guerra cuya exacta duración desconocemos, quizá diez años, o veinte, o cincuenta. En el fondo da igual. Cualquier fecha del s. -XXIII le suena a Josefo a pura música celestial, porque expulsión de los hicsos, para él, significa éxodo de Moisés.

Pero, ¿y para Manetón? ¿También es música celestial? En absoluto. A juicio del sacerdote historiador de Sebennitos, Moisés no fue hicso ni judío, y ni mucho menos del s. -XXIII, sino un sacerdote heliopolitano del s. -XVIII llamado Osarsef atacado de lepra. Amenofis (prob. Amenofis III, -1391-1353) decidió expulsar del país a todos los leprosos y demás enfermos crónicos, a quienes aisló en unas canteras situadas entre el Nilo y el Golfo de Suez. Pasado un tiempo, dióles autorización para residir en Avaris, la antigua ciudad de los hicsos, entonces abandonada. Una vez allí eligieron jefe al sacerdote Osarsef, rebautizado por ellos Moisés, que tras dictarles nuevas leyes lideró una guerra de revancha contra Amenofis. Partió hacia Jerusalém con la intención de pactar con los pastores establecidos en la ciudad desde 458 años antes[72]; logrado el acuerdo, marcharon juntos contra Egipto. Amenofis, enfrentado a un temible y letal ejército de 80.000 enfermos y 200.000 pastores, huyó a Etiopía con su esmirriada tropa de 300.000 expertos soldados y el resto del pueblo. El rey etíope debía un favor al faraón y resolvió acogerles. Mientras, los enfermos egipcios y sus aliados pastores arrasaron Egipto de punta a cabo, mostrándose tan brutales que los 511 años del antiguo imperio de los pastores, parecieron, por comparación, la Edad de Oro. Pasados 13 años, el rey Amenofis regresó del exilio etíope y les venció en batalla, expulsándoles de nuevo a Siria, Moisés incluido, i.e., el éxodo[73]. Eso es lo que hay: nada en el inverosímil relato de Manetón autoriza a Josefo a identificar a los hicsos con los judíos. Pero se comprende perfectamente que lo haga.

Queda por ver el beneficio polémico que Josefo —hechos sus cálculos— extrae de su hazaña exegética. Como no olvida que escribe contra los griegos[74], les echa en cara que entre la llegada de los hicsos a Jerusalém y la de Dánao a Argos, es decir a Grecia, transcurren 393 años[75]. Habida cuenta de que los argivos consideran a Dánao «el más antiguo nombre de su historia»[76] —coletilla que, como veremos en próximos capítulos, hará fortuna—, cree indiscutible que los judíos son más antiguos que los griegos. Y concluye (con sentencia que también hará fortuna): «Nuestra salida [de Egipto] está cerca de preceder a la guerra de Troya en mil años» (I, 104), pues estima en 820 años el lapso entre ambos sucesos[77]. Benditos hicsos, bendito s. -XXIII.

Contra Jeremón

Poca cosa a comentar de la cronología mosaica del estoico Jeremón (s. I)[78], que repite, con mínimas variantes[79], el calumnioso relato manetoniano. No aporta ninguna novedad en el terreno cronológico, salvo la monumental pifia señalada por Josefo: convierte en jefes simultáneos de los leprosos = judíos a Moisés y José, como si ambos, protesta Josefo, hubieran sido expulsados «en el mismo momento, siendo así que [José] murió cuatro generaciones antes que Moisés, unos ciento setenta años»[80].

Los cristianos asoman en el horizonte

Flavio Josefo, he ahí alguien capaz de refutarse a sí mismo repetidas veces y salir gritando en cada una de ellas: «¡He ganado, he ganado!». A pesar de anunciar en la introducción su propósito de demostrar que Moisés vivió allá por el s. -XX, postula luego un Moisés de finales del s. -XVI contra Apión, otro de fines del -XVII contra Lisímaco y un último de mediados del -XXIII contra Manetón y Jeremón. He aquí un hombre, en definitiva, que cree que el fin (demostrar la antigüedad judía) justifica los medios (hacer trampa en todas sus refutaciones).

Pero, con todo, lo peor, lo verdaderamente preocupante de Josefo es su condición de avanzado. Marcará la pauta a seguir por los cronógrafos que ya llaman a la puerta de la Historia-Ficción, será el ejemplo a imitar o a superar. Sentará cátedra, y resistirá en los manuales como testimonio fiable hasta bien entrado el siglo XIX.

Los cristianos asoman en el horizonte, y, como él, se verán en la necesidad de improvisar explicaciones cronológicas y entrenar aparatosos juegos de manos. Las martingalas de Flavio Josefo pronto parecerán un prodigio de probidad. Dentro de dos capítulos nos parecerá un cronógrafo cabal, sensato y comedido.

26 comentarios

  1. Donís21 de Noviembre de 2009, 13:41 - 13:41:44

    Juer, sabía que no era buena idea mosquear a la bestia, o sí.
    …y ví una bestia subir del mare nostrum, que tenía siete cabezas; y sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia. Vi luego otra Bestia que surgía de la Plana como cordero, pero hablaba como una serpiente. El falso profeta, al servicio de la primera Bestia.
    Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco de tiro y arrastre, de l´Horta. El que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

    Y el caballo se va a leer, que esto tiene un buen rato :)

  2. Donís22 de Noviembre de 2009, 08:55 - 08:55:07

    Oye Manel, en serio, deberías pensar en editarlo todo junto (con “el descubrimiento de…”), en un e-book o algo así, con ilustraciones, archivos y enlaces.

  3. Manel22 de Noviembre de 2009, 09:00 - 09:00:30

    Lo pensaré. Entiendo, en cualquier caso, que no tienes nada que oponer a este primer capítulo de la serie.

  4. Donís22 de Noviembre de 2009, 10:23 - 10:23:05

    Pues no, ¿qué tendría que oponer? Me parece magnífico. Podrías ampliar lo de Manetón -sin Josefo- que siempre me pareció interesantísimo. Y no sé si lo relacionas con la tesis de C.B. Carcenac y su marido, Llogari Pujol, “Jesús, 3000 años antes de Cristo” (será lo que será, pero merece la pena leerlo, está en bolsillo de Plaza y Janés).

    PS
    Hoy termina Piñero su serie apocalíptica con otro aporte interesante:
    Enmienda a la totalidad a la apocalíptica como matriz de la teología cristiana

  5. Manel22 de Noviembre de 2009, 11:02 - 11:02:07

    Leí el libro ese de Carcenac y Pujol hace como 20 años o así. La aplicación de la egiptología a Jesús, vaya. Me pareció pelín sacado de madre, porque ese tipo de ejercicios comparatistas ha de hacerse en un conjunto mayor. Quicir, muchas de las peripecias, ideas, citas y símbolos atribuidos a Jesús son moneda corriente en las religiones antiguas; no en una sola —la egipcia en este caso—, sino en todas. Los problemas espirituales son parecidos en todos los lugares en una misma época, así que las soluciones se expresan de maneras harto similares. Por tanto, limitar la comparación a un solo caso es negarse a entender nada. Otra cosa son los plagios y préstamos, claro, como el Salmo 104 «inspirado» en el Himno a Atón y cosas así.

    En cuanto a lo de Piñero, ciertamente he perdido yo más tiempo con vosotros que él con Glasson y su tesis, que es muy parecida a la que al final habéis adoptado tú y el Hipócrita.

  6. Manel22 de Noviembre de 2009, 11:10 - 11:10:04

    Por cierto que a Judas le hará gracia la última frase —justo la última— de aquí.

  7. irichc22 de Noviembre de 2009, 14:15 - 14:15:29

    “Por cierto que a Judas le hará gracia la última frase —justo la última— de aquí.”

    Frase que requiere el aval de las fuentes para alcanzar alguna credibilidad. Piñero no es fuente de nada, salvo fuente de tonterías últimamente. ¿Durante cuánto tiempo y en cuántos lugares del Imperio existió una policía de estas características? Sócrates escribe:

    “Some of the monks inhabiting the mountains of Nitria, of a very fiery disposition, whom Theophilus some time before had unjustly armed against Dioscorus and his brethren, being again transported with an ardent zeal, resolved to fight in behalf of Cyril. About five hundred of them therefore quitting their monasteries, came into the city”.

    Que quinientos monjes pudieran ser policía suficiente para una ciudad que rondaba, según creo, el millón de habitantes se me antoja bastante improbable, por fieros que resultasen. La intepretación correcta es que vinieron a ser una especie de guardia personal de Cirilo en un momento de tensión y abusos contra los cristianos.

    Capítulos antes Sócrates explica cuáles fueron los antecedentes de este nuevo empleo de la violencia por parte de los monjes:

    “A division being thus made, both parties branded each other as impious; and some listening to Theophilus called their brethren ‘Origenists,’ and ‘impious’ and the others termed those who were convinced by Theophilus ‘Anthropomorphitæ.’ On this account violent altercation arose, and an inextinguishable war between the monks. Theophilus on receiving intimation of the success of his device, went to Nitria where the monasteries are, accompanied by a multitude of persons, and armed the monks against Dioscorus and his brethren; who being in danger of losing their lives, made their escape with great difficulty.”

    Es decir, los monjes actuaron en el desierto contra Dioscoro y los suyos, también monjes, en una situación excepcional. Por tanto, estaban muy lejos de ser una policía urbana permanente.

    Por si hubiera alguna duda, sobre Nitria escribe el autor anónimo de la “Historia Monachorum Aegypto”:

    “Then we came to Nitria, the best-known of all monasteries of Egypt, about forty miles from Alexandria; it takes its name from a nearby town where Nitre is collected… In this place there are about fifty dwellings, or not many less, set near together and under one father. In some of them, there are many living together, in others a few and in some there are brothers who live alone”.

    Hablamos, pues, de un lugar desértico y prácticamente deshabitado a 60 kilómetros de Alejandría. Nada parecido a la gran urbe a la que los ascetas de Nitria acudieron en tiempos de Cirilo, no para luchar contra los paganos (que existían desde siempre), sino para apoyar a aquél frente a los judíos y el prefecto Orestes.

    Como Piñero y Manel han leído a Sócrates y yo no, quizá podrán fundamentar mejor su opinión para que podamos creerla. Quedo a la espera.

  8. Donís22 de Noviembre de 2009, 16:39 - 16:39:39

    Mirad cómo está el patio cristiano. Y se supone que estos de RD la Cigüeña y toda su secta son quienes defienden la fe en los medios… no nos hacen falta enemigos, ahí están ellos para insultar nuestra inteligencia:

    Wojtyla se flagelaba y no se mast…

  9. Donís22 de Noviembre de 2009, 16:59 - 16:59:53

    Como ha rectificado el título y alguna frase salvaje, os dejo una captura.

  10. Manel22 de Noviembre de 2009, 17:24 - 17:24:36

    Ya está disponible la página de abreviaturas (arriba, índice).

  11. judas22 de Noviembre de 2009, 17:28 - 17:28:36

    Donís, en Los 2 minutos le acabamos de sacar una sobre los evangélicos que para qué…

    Manel, gracias por la referencia. Muy instructiva.

  12. Manel22 de Noviembre de 2009, 18:55 - 18:55:49

    Hipócrita,

    Te reitero lo de la otra página. Lo normal en el lado del universo de las personas normales es esperar que el autor de las afirmaciones te responda (si quiere) en su página, no aquí, donde uno esperaría, dado el curro que se ha tomado en las últimas 48 horas, que se comentara lo que fuera relacionado con el asunto del presente artículo. Pero ya advertí que iba a ser una pérdida de tiempo. De todos modos, te ruego no vuelvas a incidir en esa práctica o la consideraré spam y borraré directamente el comentario.

    Dicho, que te permitas cuestionar a Piñero —tú, nada menos— tirando de la versión de Sócrates de ccel, clama al infierno. Si quieres que se ría lo habrás conseguido. Si, en cambio, quieres dejar de hacer el ridículo, y dado que como es habitual haces caso omiso («no puede haberlas») de todos los datos que te he facilitado al respecto, incluidos edictos imperiales, consíguete estos libros para empezar (hay muchos más, pero no es cosa de agobiarte ni de arruinarte) y, si te queda una migaja de vergüenza torera después de leerlos, canta la palinodia donde debas hacerlo:

    There Is No Crime for Those Who Have Christ. Religious Violence in the Christian Roman Empire, de Michael Gaddis.
    Alexandria in Late Antiquity. Topography and Social Conflict, de Christopher Haas.

    Esta última obra, por cierto, te dejará claro (p. 340) que…

    For late antiquity, density estimates based on archaeologlcal and papyrological data, in addition to the testimonies of classical writers, are in broad agreement that the population of the ancient City was in the range of 200,000.

    Contra lo que supones en tu visión de la Historia de Epi y Blas (realmente no sé dónde has aprendido Historia, si es que has), D. Delia, en un estudio específico (The Population of Roman Alexandria) publicado por la Transactions of the American Philological Association en 1988, calculó que, como máximo, en su mejor momento (que desde luego no era principios del s. V), la Alejandría romana pudo llegar a tener entre 500.000 y 600.000 habitantes. Ibn Abd al-Hakam calcula la población de Alejandría durante la conquista por parte de los árabes también en unos 200.000 habs.

    Por lo demás, si te apetece conocer una estimación contemporánea sobre la demografía de Nitria más concreta que esta, Paladio de Galacia, que pasó un año (391) con los monjes, cuenta que eran unos 5.000.

  13. Manel22 de Noviembre de 2009, 19:01 - 19:01:17

    Judas,

    N’hay de qué. Es que cuando he leído el último párrafo, aunque no aporta realmente novedades sobre lo que ya escribí en Agorados y secuelas, la comparación iraní me ha parecido de lo más judeosa. You know.

  14. irichc23 de Noviembre de 2009, 00:47 - 00:47:29

    Manel, eres tú el primero que ha abierto fuego con Piñero. Si éste no es el lugar, has hecho mal mencionándolo aquí.

    Y ya que lo dices, vergüenza torera la que a ti te falta por pagarme citas directas de fuentes primarias con títulos de fuentes secundarias que casualmente te dan la razón. ¿Te parece de recibo o me estás tomando el pelo?

    Por cierto, Piñero me ha contestado de dos modos. En primer lugar borrando mis comentarios en su blog, cuyo contenido no era otro que el de este post. En segundo lugar, aludiendo al comienzo de su última entrega al pasaje citado por mí (los quinientos monjes de Nitria), y sin mencionarme por supuesto. Por toda respuesta, un fragmento de la “Vida de San Antonio” de San Atanasio, donde se nos explica cómo el ermitaño apoyaba moralmente a los cristianos condenados al martirio. Aquí el señor Piñero ve algo parecido a los “guardianes de la revolución” en Irán. Sobran comentarios.

  15. judas23 de Noviembre de 2009, 01:29 - 01:29:27

    ¿Sobran comentarios de verdad? ¿Y a qué esperas para ahorrártelos?

    “Por toda respuesta, un fragmento de la “Vida de San Antonio” de San Atanasio, donde se nos explica cómo el ermitaño apoyaba moralmente a los cristianos condenados al martirio.”

    Estaba dispuesto a creer muchas cosas sobre Irichc, pero que no supiera leer me supera. Apoyaba moralmente. ¿Tú no tendrás también unas ganas locas de ser mártir, no?

  16. Manel23 de Noviembre de 2009, 05:43 - 05:43:52

    Hipócrita,

    Por cierto, Piñero me ha contestado de dos modos. En primer lugar borrando mis comentarios en su blog, cuyo contenido no era otro que el de este post.

    Yo de ti acudiría de inmediato a la Interpollati a denunciar esta peligrosa conspiración de los Illuminati. He ido al blog de Piñero… y tus comentarios no han sido borrados. Allí están, los mismos, empezando por eso tan cachondo tuyo de «vamos a ponernos un poco serios».

    Y ahora te explico lo evidente. A mí no me molestan los off-topic; los hilos de comentarios tienen vida propia. Pero una cosa es un off-topic de pasada o que viene al caso, como ha hecho Donís, y otra el off-topic sistemático que haces tú, que pegas el mismo texto en 17 sitios cuando solo en 1 te cabría esperar respuesta (o no). Porque además todos los datos que se te digan te resbalan, y eso a quienes nos preocupamos por buscarlos empieza a cabrearnos very much a lot. Por ejemplo, te he dado fuentes para que compruebes que Alejandría no rondaba el millón de habitantes y te las pasas por el forro. Vas al blog de Piñero, dejas allí tu nueva gotita de spam (quien quiera saber bla bla bla que venga a mi blog, enlace incluido) y repites exactamente las mismas necedades que hay ahí arriba, incluido el millón de habitantes. ¿Pero que tú te crees que tu versión Epi y Blas de la Historia tiene sentido o es la verdad absoluta e inmodificable?

    Y ya que lo dices, vergüenza torera la que a ti te falta por pagarme citas directas de fuentes primarias con títulos de fuentes secundarias que casualmente te dan la razón. ¿Te parece de recibo o me estás tomando el pelo?

    ¿Para qué coño te voy a poner fuentes primarias si no sabes ni latín ni griego? ¿Para qué, si cuando te las pongo —como los edictos imperiales— ni siquiera las lees? ¿O para qué, si en este mismo artículo tienes fuentes primarias y todavía estás por decir nada?

    Y no, casualmente no me dan la razón: es que ese es el estado actual de la ciencia, por eso he dicho que hay otras muchas obras pero que no quiero arruinarte. Lo que tú supones del cristianismo de la época (y de anteriores y posteriores) es sencillamente falso, decimonónico, está sin actualizar. Dicho sin tapujos: estás más verde que la sopa de las tortugas ninja. Vives una mentira.

    Y encima es que parece que tu arrogancia solo sea una capa para tus oídos sordos. Abundando en lo que dice Judas,

    Finalmente el “estímulo” de los monjes resultó tan agobiante para los jueces, que “dieron órdenes de que ningún monje se presentara en la sala”. Como Antonio “deseaba ardientemente sufrir el martirio”, pero consideraba malo hacerlo de un modo voluntario, desobedeció la orden, haciéndose notar visiblemente en el tribunal al día siguiente.

    Tan claro como es posible, se te está diciendo ahí que Antonio quería ser martirizado. Nada de apoyar moralmente: que me maten. Dediqué varios párrafos de Agorados a este tipo de historias, si te acuerdas. Lo cual confirma que es una conspiración de los Illuminati. Corre a la Interpollati.

  17. irichc23 de Noviembre de 2009, 08:57 - 08:57:04

    “Allí están, los mismos, empezando por eso tan cachondo tuyo de «vamos a ponernos un poco serios».”

    Los ha restaurado. Ayer no estaban.

    “Por ejemplo, te he dado fuentes para que compruebes que Alejandría no rondaba el millón de habitantes y te las pasas por el forro.”

    Y has hecho muy bien. Reconozco que el dato estaba algo hinchado, aunque mi argumento se mantiene. Lo cual prueba que cuando puedes refutar, lo haces y no te escudas en pretextos.

    “Y no, casualmente no me dan la razón: es que ese es el estado actual de la ciencia”.

    “Consensus sapientum”. ¡Pues se acabó el debate! Invócalo siempre que estés en apuros.

    “Tan claro como es posible, se te está diciendo ahí que Antonio quería ser martirizado.”

    ¿Y qué?

  18. Manel23 de Noviembre de 2009, 10:01 - 10:01:03

    Hipócrita,

    Cachislá, ya nos hemos cargado una conspiración. O hemos pillado una mentira más del Hipócrita, a elegir.

    Y has hecho muy bien. Reconozco que el dato estaba algo hinchado, aunque mi argumento se mantiene. Lo cual prueba que cuando puedes refutar, lo haces y no te escudas en pretextos.

    Tú no podrías decir aquello de vivo sin vivir en mí, porque para salir de ti necesitarías cada vez gastarte una pasta gansa en vuelos intercontinentales. Te he refutado por activa, pasiva y perifrástica (lo cual, no me duele reconocerlo, tampoco tiene mucho mérito) reiteradas veces y así me lo agradeces…

    “Consensus sapientum”. ¡Pues se acabó el debate! Invócalo siempre que estés en apuros.

    En fins, que de donde no hay no se puede sacar es algo sabido. Lo que no es tan sabido es que en algunos casos tampoco se puede poner donde no hay. Estado actual de la ciencia no es igual a consenso. En los últimos 30 años se ha producido una pequeña gran revolución en el estudio de la antigüedad tardía, principalmente por insatisfacción respecto de la visión tradicional, que es en parte la tuya, y los trabajos especializados han proliferado cual certezas en tu doctrina vital (figúrate cuántos; por desgracia yo debo tener solo unos 200, pero pasan de 1000). La arqueología de la época se ha puesto las pilas, se han hecho estudios interdisciplinares a mogollón, se han traducido y analizado fuentes literarias que dormían el sueño de los injustos y todo eso. Pero tú no te has enterado. La figura no se llama, pues, consenso, sino superación de conocimientos obsoletos.

    ¿Y qué?

    No, nada, que al parecer eso de querer morir por la causa se llama ahora «apoyar moralmente»

  19. irichc23 de Noviembre de 2009, 12:25 - 12:25:53

    “Te he refutado por activa, pasiva y perifrástica”.

    Has refutado el dato, no el argumento, que no te enteras. Tampoco di aquél por cierto, pues escribí “según creo”. Ahora bien, quinientos monjes siguen siendo una cantidad insignificante para medio millón de personas, y más en una ciudad caracterizada por la violencia.

    “En los últimos 30 años se ha producido una pequeña gran revolución en el estudio de la antigüedad tardía”.

    No te vayas por los cerros de Úbeda. Por mucha revolución que haya, las fuentes primarias dicen lo que dicen. Y del texto de Sócrates no se deduce ni mucho menos que los monjes de Nitria fueran un cuerpo permanente de fanáticos desplegados para combatir el paganismo y velar por la pureza de la fe y las costumbres, que es lo que Piñero y tú sostenéis.

    “No, nada, que al parecer eso de querer morir por la causa se llama ahora «apoyar moralmente»”.

    ¿Y tú lo llamas “policía religiosa”?

  20. Manel23 de Noviembre de 2009, 14:55 - 14:55:49

    Hipócrita,

    Sugiero que observen con atención nuestro ejemplar de tramposus irremediabilis, que el Doctor Irvington capturó en lo más recóndito de las selvas del Níger con gran riesgo para su vida.

    —Monjes: te he dado otro dato, que ignoras.
    —Medio millón: te he dicho que, como máximo, en su mejor momento, que no era el s. V.

    Pero el tramposus irremediabilis sigue impertérrito, insistiendo en una absurda tesis que el País Vasco de hace unos años, el de la kale borroka desmadrada, tumba de un crochet al mentón. Y no hablamos de 200.000 ni de 500.000, y no hablamos de 1 ciudad ni de 5. Y quien dice País Vasco dice cualquier otro lugar por el estilo.

    No te vayas por los cerros de Úbeda. Por mucha revolución que haya, las fuentes primarias dicen lo que dicen.

    Aquí el tramposus irremediabilis en plena danza ritual con la que muestra su ignorancia ante las encandiladas hembras de la especie. En primer lugar, Hipócrita, las fuentes primarias son de muchos tipos, y las más importantes no tienen por qué ser literarias. Al cabo, la fuente literaria puede tener intereses que defender y puede mentir, exagerar, ignorar o fantasear; pero los restos arqueológicos no tienen la costumbre, y se han rescatado tropecientos mil en los últimos años. Además de las fuentes primarias, también están los ensayos críticos que ofrecen panoramas de conjunto de multitud de datos dispersos, o los encuentros interdisciplinares, donde expertos en materias generalmente incomunicadas se iluminan unos a otros y todos —menos tú, claro— salimos ganando con un mejor perfil histórico. Y revistas especializadas que no existían hace 20 años y que permiten la publicación de artículos y papers que antes no se producían. Y páginas en la Internet —superfluo, pues, precisar que son recientes— dedicadas en exclusiva a la época, donde expertos de todo el mundo intercambian puntos de vista y materiales. Etc. Creerse que leer a Agustín de Hipona significa saber cómo era la vida africana del s. IV-V —civil y/o religiosa— es ser un auténtico mendrugo, y más todavía cuando cualesquiera hechos, datos y descubrimientos que contraríen a Agustín son, por pura esclavitud doctrinal, desatendidos. Ahora bien, es cierto que los mendrugos también tienen derecho a tener intereses que defender.

    del texto de Sócrates no se deduce ni mucho menos que los monjes de Nitria fueran un cuerpo permanente de fanáticos desplegados para combatir el paganismo y velar por la pureza de la fe y las costumbres, que es lo que Piñero y tú sostenéis.

    Esto me ha alarmado tanto que he ido a ccel a consultar el mismo Sócrates que lees tú, a ver si te han dado el cambiazo. Pero no, qué susto. Es solo lo de siempre: tramposus irremediabilis.

    A division being thus made, both parties branded each other as impious; and some listening to Theophilus called their brethren ‘Origenists,’ and ‘impious’ and the others termed those who were convinced by Theophilus ‘Anthropomorphitae.’ On this account violent altercation arose, and an inextinguishable war between the monks. Theophilus on receiving intimation of the success of his device, went to Nitria where the monasteries are, accompanied by a multitude of persons, and armed the monks against Dioscorus and his brethren; who being in danger of losing their lives, made their escape with great difficulty.

    Vaya. Teófilo, tío de Cirilo, acudiendo a los monjes de Nitria y armándolos contra los partidarios de Dióscoro, monje y obispo de Hermópolis, por una querella religiosa. Well, well. Año 401, catorce antes del asesinato de Hipatia.

    Some of the monks inhabiting the mountains of Nitria, of a very fiery disposition, whom Theophilus some time before had unjustly armed against Dioscorus and his brethren, being again transported with an ardent zeal, resolved to fight in behalf of Cyril. About five hundred of them therefore quitting their monasteries, came into the city; (VI, 7)

    Vaya. Los monjes siguen armados 14 años después y llegan en defensa del sobrino. Well, well. Año 415.

    Y además de Sócrates están Paladio y Sozómeno, claro. Y las aventuras de Shenoute, aludidas otrora, of course. Gran tipo este Shenoute. ¿Querrás creer que, según la Vida de Shenoute, una vez sus discípulos le vieron conversar con Juan Bautista, Elías y Eliseo? (He dicho que era grande, no que fuera original).

  21. judas23 de Noviembre de 2009, 16:01 - 16:01:26

    Manel, que sepas que eso de que los monjes fuesen “armados y peligrosos” refuta el dato pero no el…

    Yatusabes.

  22. Manel23 de Noviembre de 2009, 16:09 - 16:09:44

    Judas,

    Ya estoy acostumbrado a los argumentos con datos equivocados del Hipócrita, sí. Es imposible rebatirle, porque cuando demuestras que los datos no sostienen el argumento, te sale con que… jo, yo creo que tendríamos que patentarlo. Podemos hacer una fortuna creando franquicias para políticos.

  23. irichc24 de Noviembre de 2009, 01:42 - 01:42:09

    Manel,

    “—Monjes: te he dado otro dato, que ignoras.”

    Un dato irrelevante. Sócrates habla de quinientos trasladados a Alejandría. Los que quedasen en Nitria qué más nos da.

    “—Medio millón: te he dicho que, como máximo, en su mejor momento, que no era el s. V.”

    Y yo te repito que no me viene de unos cuantos miles arriba o abajo.

    Esto es todo lo que llevas diciéndome en las últimas 48 horas. Debería agradecértelo, supongo.

    “Aquí el tramposus irremediabilis en plena danza ritual con la que muestra su ignorancia ante las encandiladas hembras de la especie.”

    Mira, dicharachero Manel, aquí te reirán las gracietas porque ésta es tu parroquia, pero en un debate serio ya te habrían echado a patadas en el trasero. Cualquiera sabe, porque es algo que enseña la experiencia con cuatrerillos dialécticos, que quien mucho se entretiene en prólogos y circunloquios cuando se le está interpelando es que nada tiene que decir. Éste es tu caso. Me hablas de arqueología, de “tropecientos mil” descubrimientos que no mencionas y que no se sabe si vienen a cuento de Nitria; ensayos ilustres y conferencias maravillosas sobre adivina qué temas; “papers” variados y leches en vinagre. ¿Por qué tantas angustias metodológicas si no entras nunca en harina? Deschner es tu pastor, nada te falta.

    “Vaya. Los monjes siguen armados 14 años después y llegan en defensa del sobrino. Well, well. Año 415.”

    Calcas las dos citas que he expuesto y te las das de agudo por inferir (ya me dirás en base a qué) que a pesar de un hiato de catorce años los monjes “siguen” armados y además ejercen funciones de policía religiosa en Alejandría.

    Y ya como colofón dejas caer sibilinamente a Shenouda, amigo de Cirilo, que es de esperar que sea al menos tan sedicioso y temible como San Antonio.

    Hazme caso y déjalo, que internet no olvida y estas cosas acaban pasando factura.

  24. Manel24 de Noviembre de 2009, 02:25 - 02:25:48

    Hipócrita,

    Buenos días. Es lo bueno que tiene la Internet, que no olvida, así que a ver si aclaramos un par de cosillas.

    Cuando te ponía enlaces, eran subterfugios y remisiones a trabajos de otros.

    Cuando te pongo bibliografía, son cerros de Úbeda.

    Cuando te pillo citando mal a Sócrates por copiarlo de la Wikipedia, lo habías hecho para tenderme una trampa.

    Cuando te pillo mintiendo sobre el blog de Piñero, es que habrá restaurado los comentarios (que nunca desaparecieron).

    Cuando te refuto, te refutos datos pero no argumentos.

    Cuando te dejo en pañales, pasas olímpicamente (ejemplo, derecho romano).

    Cuando te ridiculizo, te quedas con la anécdota.

    Y así ad infinitum. ¿Cómo quieres que no te tome a cachondeo, Hipócrita? Ya me cuesta tanto tomarte en serio que hasta me haces citar a Monty Python…

    Ahora te quejas de que no menciono los tropecientos mil hallazgos arqueológicos de los últimos años. ¿Se puede saber para qué los tendría que mencionar? Si solo te he mencionado dos libros (uno de ellos con información arqueológica, por cierto) y replicas que salgo con fuentes secundarias que casualmente me dan la razón, ¿para qué diantres te iba a listar los +- 200 que tengo sobre estos asuntos? Tu réplica —que ya te conozco, bacalao— sería la misma: “Mira qué bonito, has ido a citar justo los 200 que casualmente te dan la razón”. Y si fueran 2.000: “Justo los 2.000 que casualmente te dan la razón”. No sabes ni quieres admitir que estas desfasado, Hipócrita. Sin más. No hay otro misterio. Deduces Historia de la doctrina tridentina o pretridentina que te embarga, y contra eso no se puede. No es culpa mía ni de nadie que no seas tú. Actualízate.

    Oye, que por mí puedes ser Hipócrita I El Empecinado, que vale, que bien, que ojalás te lo pases chachi, pero por favor no me hagas perder el tiempo con discusiones bizantinas. A mí me gusta discutir —me chifla— pero con racionabilidad mutua. Si te refuto los datos que sostienen tu argumento, chaval, tu argumento es falso, no te pegues a él como una lapa, admite que estás equivocado y ya está. O si quieres no lo admitas públicamente, pero compórtate luego como habiéndolo rectificado en silencio. Porque al no hacerlo la impresión que da es que tus argumentos están a salvo de los datos. Que son verdad divina o algo, inmune a la tosca realidad de las pruebas.

    Luego está lo otro: pareces quejarte de que no te respondo cuando me interpelas. ¡Y lo dices tú! ¡Tú, el tío que se pasa las opiniones ajenas por el forro de sus modestias! ¡Hipócrita II El Sordo! ¡El que no se entera cuando se le responde!

    Llegados también a este punto, te dije una vez que I rest my case. Te lo reitero ahora: I rest my case. Cualquier comentario tuyo que no se ciña al asunto del artículo será borrado. En este hilo y en cualquier otro.

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