Lunes, 30 de Noviembre de 2009
primer periódico ciudadano de españa
Manel Gozalbo
Índice
La primera polémica cronológica (1) — Notas
La guerra de la cronología (2) — Notas
Archivo con fuentes de letra especiales (645 K)
Roma, s. I. Avalados por un creciente alud de documentos de toda índole (biografías de su líder crucificado, cartas de unos discípulos a otros, tratados morales, fantasías teológicas, interpretaciones simbolicistas, sermones, etc.), los predicadores del evangelio triunfan su mensaje salvífico sobre el tapete del Imperio. Se dirigen fundamentalmente a las clases medias-bajas y a la masa de desheredados y rebotados que vive en el peor de los mundos posibles. Traen para ellos una voz de consuelo, y una palabra mágica: novedad. A los parias de la tierra, novedad les suena a cambio, cambio solo puede significar mejora, y cualquier mejora es una buena noticia (= evangelio). En reuniones nocturnas en las catacumbas romanas y a lo largo y ancho del Imperio en las más variadas circunstancias, los predicadores cristianos leen sus escritos, en los que la palabra novedad retumba cual trueno divino: Mc 1:27; Lc 22:20; Hech 17:19; Heb 8:13; 9:15; 12:24; Rom 6:4; 7:6; Efe 2:15; 1Co 11:25; 2Co 3:6…; Carta de Bernabé, II, 6; V, 7; VII, 5; Discurso a Diogneto, I; II, 1; Ignacio, Epístola a los Magnesios, VIII-IX; Pastor de Hermas, XII, 1-3… Pocos años más tarde, uno de los personajes a estudiar en esta serie incluso le pondrá el nombre de Nuevo Testamento al conjunto de las primeras escrituras cristianas, y hará fortuna.
Ahora bien, novedad, un palmo más arriba en la escala sociocultural del Imperio, es un concepto carente de atractivo y de sentido, sinónimo de falta de seriedad. A cualquiera que predique una nueva doctrina se le observa con desconfianza, con un recelo casi telúrico cuando no con sorna y sarcasmo. Desde la noche de los tiempos, la respetabilidad de una religión —y de una nación, una ciudad o una familia— estriba en su antigüedad, cuanta más mejor, a ser posible que se remonte hasta la añorada época de los dioses y los héroes cantada en los mitos[1], y he aquí que los galileos desafían la lógica y se presentan en sociedad con el funesto sambenito de la novedad colgado orgullosamente del cuello. Y el súmmum: Roma ha ajusticiado a su hombre-dios hace unos pocos años en pago a su carrera criminal. ¿Qué verdad antigua y sagrada puede haber en acontecimientos tan recientes y profanos? Suetonio, en su Vida de los doce césares, publicada alrededor del 120, se hace eco de este grave defecto cuando se refiere a los cristianos de la era neroniana como sectarios de «una superstición nueva» (Nerón Claudio, XVI). También el cómico Luciano de Samosata alude de pasada a esta «nueva iniciación» introducida por Jesús (Sobre la muerte de peregrino, XI), y lo propio reprochará Celso en el célebre Discurso verdadero que años más tarde tratará de refutarle Orígenes (Ccels I, 26; V, 33).
La acusación de novedad está en boca de todos, ¿pero cómo acallarla? Los evangelizadores demuestran agilidad circense y prueban con el más-difícil-todavía: envejecer un mensaje que afirman es nuevo. ¿Tanto problema les supone a los paganos la antigüedad? Pues la tendrán. El precio a pagar será cometer el mayor fraude historicista de que se tiene noticia; todo un regalo, pues la Historia eo ipsa, vulgar pimpampum de la Providencia, no merece (ni merecerá en los siglos venideros) sino el desdén de los cristianos y risitas de superioridad.
Moisés se hace cristiano
Apremiada por las miserias del proselitismo, la elite cristiana recula para reengarzar su eslabón en la cadena antigua de que recién había desertado[2]. Hacia mediados del s. II comienza a enfatizar su relación filial respecto de las antiguas Escrituras hebreas (que no pocas facciones cristianas rechazan total o parcialmente)[3], y lo hace con tanta insolencia cuanta urgencia tiene de su antigüedad. Los cristianos, desde ya, se autonombran genuinos propietarios y únicos exégetas autorizados de los libros hebreos, excusándose en que sus «anteriores dueños» han hecho mal uso de ellos (Arístides, ApolGr 14, 2); Minucio Félix, Octavio, 33, 4-5; Apolog, 21, 5; InsDiv IV, 11, 1-6; etc.). Ansían inculcar de mil maneras distintas que los seguidores de Jesús son el auténtico Israel, y de ahí que, como testimonia Justino, no solo les arrebaten los libros sagrados: «Entre nosotros se dan hasta el presente carismas proféticos: de donde vosotros mismos debéis entender que los que antaño existían en vuestro pueblo, han pasado a nosotros» (Trifón, 82, 1). Enmedio de la pícara complacencia de los intelectuales paganos anticristianos, que encuentran más hacedera su crítica del cristianismo si pueden entrar a saco en los primitivos mitos hebreos y en sus contradicciones con el corpus puramente cristiano, los textos sagrados judíos sufren una amplia, radical y extemporánea bastardización. Para probar que pertenecen por completo a la cristiandad y solo a ella, los cristianos se entregan a lecturas escandalosamente sinuosas y enteramente improcedentes cuyo objeto consiste en exhumar una prefiguración de Jesús en cada vocablo. Con desbocada mentalidad alegórica —posteriormente se dirá tipológica—, todo exégeta se propone hacer verdadero el enciclopédico Lc 24:27.44b:
Y empezando por Moisés y por todos los profetas les interpretó lo que se refería a él [Jesús] en las Escrituras … [Jesús:] Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos sobre mí.
De gran utilidad en este sentido resultan las interpolaciones en los escritos judíos[4] o la invención de literatura pseudoepigráfica, donde coronan nuevas cumbres en el dudoso arte de atar cabos a toro pasado: partiendo de Adám —creado por Dios «en el mismo lugar en que nació Jesús, en la ciudad de Belén»[5]—, todo prohombre veterotestamentario es asociado con el nazareno a través de mil y un dédalos esotéricos[6]. Cada acontecimiento y aun cada detalle de la vida de Jesús «se encuentra» literalmente predicho o claramente simbolizado en materiales «antiquísimos» que deben su deslumbrante precisión a una tan estupenda vía heurística como es la de escribirlos a medida. El quilométrico ancho de la manga interpretativa cristiana —que presta para leer por ejemplo «El varón es Cristo y la hembra es la Iglesia» donde las Escrituras solo dicen «Creó Dios al hombre varón y hembra» (Clemente, 2ª Epístola, XIV, 2)—, se traduce finalmente en que, por decirlo con palabras de Tertuliano, judíos y cristianos no concuerden en prácticamente nada… «independientemente de la cronología» (Apolog, 21,1). Pero es que es justamente la cronología lo que quieren los cristianos, pues «la suma antigüedad reclama la máxima autoridad para estos documentos [= las Escrituras hebreas, y] también para vosotros [los paganos] es como una religión afirmar la credibilidad por la antigüedad» (Apolog, 19, 1). Sin los textos hebreos no se puede envejecer el nuevo mensaje de Jesús.
Tras el replanteamiento de las grandes líneas estratégicas, la nueva exégesis convierte la Torah en el primer libro sobre Jesús. Moisés se asume y celebra como el escritor cristiano más antiguo, aunque no sin algunas condiciones. Se rechazan las secciones legislativas de Ex, Lev, Num y Dt dictadas a Moisés por Dios Padre (Yhvh) y caducadas con la encarnación de Dios Hijo. Pronto prospera la ficción de que Dios Padre había entregado a la humanidad dos leyes: la ley natural, interiorizada en los patriarcas y los justos (= el posterior decálogo de las tablas de piedra) y la rigorista ley mosaica (= la ley natural más las normas sobre alimentos, pureza, circuncisión, etc.). Jesús reproclamó la primera y abolió la segunda, o sea casi toda la Torah[7]. Los cristianos solo suscriben sus partes narrativas, i.e., las históricas y las poéticas, aquellas que pueden exprimirse prolépticamente en favor de la antigüedad cristiana.
La guerra de la cronología
En tales condiciones, los apologetas ya podrán meterse en cronologías y cálculos contra los paganos. Vamos a ver quién es el nuevo, se dijeron.
Justino Mártir
El ya mencionado Justino, alrededor del 150, es el primer escritor cristiano que fecha la subitánea antigüedad del cristianismo, y también el primero que se esfuerza en compatibilizar el cristianismo como novedad y el cristianismo como doctrina antigua. Para lo cual le viene de perilla comparar el caso cristiano nada menos que con el de Sócrates, víctima de un mismo complot de los dioses-dáimones:
Cuando Sócrates, con razonamiento verdadero e investigando las cosas, intentó … apartar a los hombres de los dioses [da…monej][8], éstos lograron por medio de hombres que se gozan en la maldad que fuera también ejecutado como ateo e impío[9], alegando contra él que introducía nuevos dioses [da…mÒnia]. Y lo mismo exactamente intentan contra nosotros.
Justino no duda de que el cristianismo —al que él, según expone en Trifón 1-8, se une después de agotar todas las escuelas filosóficas— es «la nueva ley» de Jesús (Trifón 11, 4; 12, 3; 34, 1) , que es «el nuevo legislador» (Trifón 18, 3), y cuya «buena nueva» (Trifón 12, 2; 51, 2) se refleja en el «nuevo testamento» (Trifón 11, 4; 12, 2; 34, 1; 51, 3; 118, 3; 122, 4), resultando por ello que los cristianos son un «pueblo nuevo» (Trifón 119, 3). Dicho lo cual, sin embargo, no olvida matizar que este nuevo testamento es a la vez «el eterno testamento» (Trifón, 118, 3), y que los cristianos son «el pueblo de Israel verdadero y espiritual, la raza de Judá y de Jacob, y de Isaac y de Abrahám» (Trifón, 11, 5), «el pueblo que antaño prometiera Dios a Abrahám» (Trifón 119, 4).
Para conciliar las paradojas no necesita más que las incontables profecías que las Escrituras hebreas contienen acerca de Jesús y los cristianos[10], que al apologeta le parecen la «demostración más fuerte y más verdadera» (Apol I, 30). Estas profecías fueron hechas —en cifras de la Lxx, pues Justino desconocía el hebreo y además el texto hebreo no las consiente— «unas cinco mil años, otras tres mil, otras dos mil, otras mil ochocientos años antes de que [Jesús] apareciera en el mundo» (Apol I, 31, 8). La prueba de antigüedad —interpretar a capricho ciertos pasajes y establecer que aquí Jesús es una roca, allá un árbol, acullá un plural, entre líneas un rey y así todo— es verdaderamente endeble, de hecho tan endeble y posible como aplicar los mismos pasajes a Caifás, a Viriato o al lector de estas líneas. Pero entiéndase la argucia, que es otro clavo más en el ataúd del libre albedrío: decir —en un lenguaje que autorize multiples interpretaciones— que algún día pasará esto o aquello equivale a que lo predicho exista ya, con todas las consecuencias y a todos los efectos —especialmente los históricos—, en el momento de decirlo. Y con la ventaja añadida de que el cumplimiento de la «profecía» lo confirma quien se erige en intérprete y beneficiario. No está de más observar que no de otro modo funciona la lógica de los numerosos venáticos iluminados de nuestros días.
Por un similar procedimiento sumarísimo, Justino decide quién forma parte y quién no del pueblo más provecto del universo, el pueblo de los cristianos precristianos (Apol I, 46, 1-3):
Algunos … pudieran objetarnos que, diciendo nosotros que Cristo nació hace solo ciento cincuenta años bajo Quirino y que enseñó su doctrina más tarde, en tiempo de Poncio Pilatos, ninguna responsabilidad tienen los hombres que le precedieron … Nosotros hemos recibido la enseñanza de que Cristo es el primogénito de Dios, … el Verbo, de que todo el género humano ha participado. Así, quienes vivieron conforme al Verbo, son cristianos, aun cuando fueran tenidos por ateos, como sucedió entre los griegos con Sócrates y Heráclito y otros semejantes, y entre los bárbaros con Abrahám, Ananías, Azarías y Misrael, y otros muchos.
En definitiva, Justino —y con él el cristianismo al completo— se apropia del pasado hebreo y se planta en que el cristianismo histórico no comienza con Cristo, sino con Adám y si se apura con Dios. Tiene, pues, más de cinco mil años de antigüedad, y Moisés y la Torah casi dos mil, esto es, las edades ya calculadas por Josefo para Moisés, la Torah y el pueblo hebreo.
Semejantes cifras, por supuesto, agostan de raíz toda discusión sobre la novedad del cristianismo. La doctrina cristiana es la más antigua del mundo, y Moisés, ese providencial adelantado que la expresó con velos y figuras —«el primero de los profetas», como nuestro apologeta le apoda reiteradamente[11]—, es más antiguo que todos los escritores griegos (Apol I, 44, 8). El discurrir de Justino, empero, termina ahí. La línea argumental no le permite más; entrar en sincronismos grecohebreos le resulta impracticable[12] porque los mitos griegos le parecen fábulas inventadas por los dioses-dáimones con la sola intención de desprestigiar las futuras narraciones evangélicas, con las cuales no resulta difícil detectar analogías[13]. Si otra cosa no, este empeño mixtificador de los dioses-dáimones acredita más que de sobra la preexistencia del cristianismo, pues al parecer la literatura cristiana aun por escribir aquí abajo (en el plano histórico) ya existía allá arriba (en el plano suprahumano)[14]. Así que, tras «demostrar» que el mismísimo Platón copia de Moisés[15], pasa la carga de la prueba a los griegos, que desde ahora serán quienes tengan que justificar por qué difaman la doctrina cristiana tildándola de nueva, cuando son ellos, los griegos y sus doctrinas, los únicos nuevos en el barrio. Malditos copiones.
No somos nosotros los que profesamos opiniones iguales a los otros, sino que todos repiten nuestras doctrinas por imitación.[16]
Taciano
Al sirio Taciano, discípulo de Justino, le corresponden diversos galardones en el campo de la literatura cristiana: su Discurso contra los griegos, en efecto, publicado circa 170, es el primer escrito cristiano que compara en términos cronológicos a Moisés («autor de toda la sabiduría bárbara») con Homero («el más viejo de los poetas e historiadores») al objeto de mostrar que la filosofía cristiana —ya vemos que representada por Moisés, no por Pablo ni por los evangelios— «es más antigua que las instituciones griegas …[y] anterior incluso a la invención del alfabeto» (Oratio, 31). Poniendo de manifiesto haber aprendido la lección de Flavio Josefo, su obra es también la primera pieza cristiana que aporta testigos extrabíblicos —Beroso, Laitos, Menandro de Pérgamo (error, por de Éfeso), Ptolomeo Mendesio y Apión— en pro de esta rara antigüedad cristiana que no comienza en Cristo sino en el legislador del pueblo hebreo.
Taciano inicia su demostración por Homero, detallando las discrepancias entre los autores que han estudiado su vida: unos lo ubican 80 años después de la guerra de Troya, pero otros 140, 180, 240, 400 y hasta 500 años más tarde. Porque se ve sobrado de fuerzas, Taciano acepta generosamente que el páter familias de la cultura helénica haya vivido «no después de la guerra de Troya, sino en el tiempo mismo de la guerra y hasta que haya combatido en el ejército de Agamenón, y, en fin, si alguno tiene gusto en ello, que naciera antes de la invención del alfabeto» (Oratio, 36). Incluso en ese supuesto —asegura Taciano—, Moisés precedería a Homero en unos cuatrocientos años (Oratio, 39). Calculemos: según el sirio, «las Olimpíadas empezaron cuatrocientos siete años más tarde que la guerra de Troya» (Oratio, 41), luego esta tuvo lugar en torno a -1183. Moisés, por tanto, vivió alrededor de -1583, aunque faltaría saber si ese es el año de su nacimiento o el año de su muerte. Como fuere, con tales fechas hasta un niño derrotaría cronológicamente a la Grecia toda:
Moisés no solo es anterior a Homero, sino también a los escritores anteriores a Homero: Lino, Filamón, Támiris, Anfión, Orfeo, Museo, Demódoco, Femio, la Sibila, Epiménides Cretense …, Aristo de Proconneso …, el centauro Asbolo, Bacis, Drimón, Euplo de Chipre, Horo de Samos y Propánides de Atenas [17]
Extenderé mi demostración hasta los legisladores tenidos por sabios. Porque Minos … vivió bajo Linceo, que reinó después de Dárdano, once generaciones después de Ínaco. Licurgo, que nació mucho después de la guerra de Troya, dio sus leyes a los lacedemonios cien años antes de las Olimpiadas. Dracón se halla haber nacido en la Olimpiada 39 y Solón en la 46, y Pitágoras en la 62 … Habiendo nacido Tales, el más viejo de ellos, en la Olimpiada 50, con ello queda en resumen dicho lo que hay que decir del tiempo de los posteriores a él.[18]
De todo lo dicho aparece claro que Moisés es más antiguo que los antiguos héroes, guerras y divinidades.[19]
¿Pero de dónde saca Taciano la fecha mosaica? En verdad, los testimonios de Beroso[20], Laitos[21], Menandro de Éfeso[22] y Apión[23] contribuyen bien poco, si algo, a dilucidarla. Él dice inferirla —pero no es creíble— de la Crónica de Ptolomeo Mendesio, un sacerdote egipcio del s. -III según el cual Moisés fue coetáneo de Ínaco y del faraón Amosis:
Contando las hazañas de los reyes, dice [Ptolomeo] que en tiempo de Amosis, rey de Egipto, tuvo lugar la salida de los judíos, al mando de Moisés, a la tierra que ellos deseaban. Y dice literalmente: ‘Y Amosis fue contemporáneo del rey Ínaco’. [24]
Este Amosis parece ser AHmosis I de Tebas (-1550-1525), primer faraón de la XVIIIª Dinastía, la que inaugura el Imperio Nuevo, el faraón, por otra parte, que culminó con la expulsión de los hicsos la guerra de reconquista iniciada por sus predecesores Sekenenre Taa II y Kamose[25]. ¿Pero acaso nos las vemos otra vez con los hicsos = judíos? Oh no; Taciano, pese a que la sombra de Flavio Josefo se cierne sobre toda esta parte de Oratio, ni los menciona. En un ataque de evemerismo agudo, prefiere desarrollar la genealogía de Ínaco, dios-río de la Argólide, hijo de Océano y Tetis, primer rey de los argivos y padre del primer ser humano, Foroneo.
Al decir del apologeta sirio, «el tiempo de Ínaco hasta la toma de Troya llena veinte generaciones» (Oratio 38), cuyo detalle adjunta de inmediato:
Los reyes de los argivos fueron: Ínaco, Foroneo, Apis, Argivo [Argos], Críaso, Forbante [Forbas], Triopante [Triopas], Crotopo, Estenelao, Dánao, Linceo, Abas [Abante], Preto, Acrisio, Perseo, Estenelao, Euristeo, Atreo, Tiestes, Agamenón, en cuyo año dieciocho fue tomada Troya.
Ahí es nada: Agamenón, comandante en jefe de los aqueos, cuenta 18 años cuando se toma Troya, lo que supone que al iniciarse la contienda tenía… 8 años. He ahí a un comandante en jefe precoz. En fin. Absurdos así se explican porque Taciano pone las generaciones argivas, pero otro antes que él ha puesto los años entre el dios-río Inaco y Moisés. Recuérdese del capítulo anterior que, según Josefo, entre la llegada de los hicsos a Jerusalém y la de Dánao a Argos pasan 393 años (Api I, 103). Taciano, a la vista está, se limita a embutir sus veinte generaciones argivas en los 393 años de Josefo, y a fin de eliminar las huellas del plagio lleva a cabo algunas (no muy ingeniosas) sustituciones: Dánao por Ínaco, pastores por judíos, y Manetón por Ptolomeo Mendesio. Y donde Josefo, para darle valor a la comparación, puntualizaba que Dánao es «el más antiguo nombre de su historia» (Api I, 103), Taciano —que no tiene la santa decencia de citar ni una sola vez el nombre del apologeta judío— elabora con idéntico propósito dos circunloquios casi consecutivos Oratio 39:
Solo después de Ínaco, bajo Foroneo, se puso término a la vida salvaje y nómada y se civilizaron algo los hombres … Después de Ínaco empezaron a consignarse los hechos históricos más ilustres de los griegos y desde entonces son conocidos.
El relevo que entregará Taciano al próximo general de la guerra cristiana de la cronología se parece como una gota de agua a otra al que él mismo recibió de su maestro Justino:
No me vengáis por toda objeción contra nosotros [los cristianos] con la tontería y la chocarrería de que ‘Taciano, saltando por encima de los griegos, nos trae la novedad de sistemas bárbaros’.
De todo lo dicho aparece claro que Moisés es más antiguo que los antiguos héroes, guerras y divinidades, y más vale creer al que se aventaja por la edad que no a los griegos, que fueron a sacar de esa fuente sus enseñanzas sin entenderlas. Porque sus sofistas, con muy vana curiosidad, trataron de adulterar cuanto conocieron de Moisés y de quienes a la manera de Moisés filosofan, primero para dar la apariencia de decir algo original, y luego para falsificar la verdad como un conjunto de fábulas, dando un barniz de fingida retórica a lo que no habían entendido. [26]
Teófilo de Antioquía
Ese siguiente general de la guerra de la antigüedad cristiana resulta ser el obispo Teófilo de Antioquía, que también es, por cierto, la primera autoridad eclesiástica que aborda el asunto. Lo hace en el tercero de sus Tres libros a Autólico, publicados poco después de morir Marco Aurelio en 180, en respuesta a un comentario despectivo del susodicho Autólico, al que las Escrituras le parecían «recientes y nuevas» (Auto III, 1). El propio obispo lamenta que entre las acusaciones lanzadas contra los cristianos figure la novedad de su doctrina (Auto III, 4), y por ello le dirige estas palabras a Autólico [27]:
Quiero mostrarte … lo referente a los tiempos, para que reconozcas que nuestra doctrina no es reciente ni fabulosa, sino más antigua y más verdadera que todos los poetas e historiadores que escribieron sobre lo incierto.
Sin duda, pese a (o precisamente por) las apologías de Justino y Taciano (y algunas otras que se han perdido), ésa era todavía la opinión reinante entre los paganos. Los argumentos expropiatorios no calaban.
Y tampoco calarían con Teófilo. Su obra es un vulgar recocinado de todo cuanto llevamos visto, lindante con el puro plagio en más de una ocasión y siempre al borde de la fantasía histórica. Su principal fuente es el Api de F. Josefo, al que recurre abusivamente y de modo harto descuidado, equivocando nombres y cifras (baste de ejemplo que los famosos 393 años quedan reducidos a 313 en Auto III, 21, y podrían aducirse innúmeros casos más[28]). No obstante —y véase como índice de su honestidad—, la sola mención que hace de Flavio Josefo (Auto III, 23) está relacionada con la única de sus obras que no utiliza, Guerra de los judíos, y nada dice acerca de las dos que sí emplea, Ant y sobre todo Api. De la última extrae sus referencias a la Historia de Egipto de Manetón[29], sus alusiones a unos misteriosos archivos fenicios, que en realidad son opiniones de Laitos, llamado Díos por Josefo[30], sus citas de Menandro de Éfeso[31] y prácticamente todo cuanto sabe de Beroso [32].
A estos mal leídos autores de segunda mano[33], añádanse las Escrituras (en versión griega) y disfrútese en Auto III, 28 del siguiente resumen cronológico de la historia del mundo según el obispo, cuya ignorancia pugna por ser tan oceánica cual esmirriado su sentido de la objetividad[34]:
De la creación del mundo al diluvio, dos mil doscientos cuarenta años; del diluvio al primer hijo de Abrahám, abuelo nuestro, mil treinta y seis años; de Isaac, hijo de Abrahám, hasta la estancia del pueblo con Moisés en el desierto, seiscientos sesenta años; de la muerte de Moisés y mando de Josué, hijo de Navé, a la muerte de David, nuestro antepasado, cuatrocientos noventa y ocho años; de la muerte de David y reino de Salomón hasta el establecimiento del pueblo en Babilonia, quinientos dieciocho años, seis meses y diez días; del reino de Ciro a la muerte del emperador Aurelio Vero [Marco Aurelio], setecientos cuarenta y un años[35]. El total de años, sin contar meses y días, desde la creación del mundo, es de cinco mil seiscientos noventa y cinco años[36].
De aquesta cronología peor llamada mundial que bíblica podemos deducir las fechas mosaicas. Teniendo en cuenta que Marco Aurelio murió en el año 180, retrotrayéndonos 741 + 518 + 498 años averiguamos que Moisés murió en -1577, habiendo nacido en -1697.
Hasta aquí el obispo se mantiene dentro de lo «razonable», pero se sale del todo cuando fanfarronea de que «Moisés y los suyos [los judíos del éxodo] son novecientos o mil años anteriores a la guerra de Troya» (Auto III, 21 = Api I, 104) [37]. Aceptemos que Moisés naciera en -1697: el éxodo, pues, habríase iniciado en -1617 —en plena época hicsa, i.e., los pastores cautivos de Josefo huyendo de los reyes pastores de Manetón— y la guerra troyana habría tenido lugar entre -717 y -617, con lo que Homero ya no sería el Poeta sino un periodista de actualidad, «nuestro enviado especial a la zona del conflicto». El disparate persiste si invertimos la premisa. Considerando válida la fecha de Troya de Taciano, -1183, Moisés habría vivido entre -2200 y -2100, descuajeringando irremisiblemente la cronología bíblica de Teófilo (y no solo eso).
Bien se ve que el obispo plagió, pero se abstuvo de hacer cuentas. Así se entiende su ulterior precisión cronológica en torno a Moisés: «Los escritos de la ley divina que nos fue dada por Moisés se adelantan al mismo Zeus, rey de los cretenses» (Auto III, 23). Lo sabe gracias a una regla de tres (con implicaciones cuasi insondables) que le proporciona la Historia (perdida) de Talo de Milo:
De Belo, rey de los asirios[38], y del titán Crono hace mención Talo, diciendo que Belo luchó con los titanes contra Zeus[39] y los llamados dioses, y allí afirma que Gigo [¿Ógigo?][40], vencido, huyó a Tartesos[41], tierra que entonces se llamaba Acté y se denomina ahora Ática[42], de donde Gigo era entonces rey … Que Moisés es más antiguo que todos los historiadores —y no solo él, sino la mayor parte de los profetas que le sucedieron— y aun más que Belo y Crono y que la guerra de Troya, es cosa evidente. Porque, según la historia de Talo, Belo es anterior a la guerra de Troya en trescientos veintidós años[43], y arriba hemos expuesto cómo Moisés se adelanta a la toma de Troya en novecientos o mil años.
Gran éxito cosechará este párrafo de Teófilo-Talo, en cuya complejidad nuestras notas apenas si han escarbado un palmo. Como dice Teófilo en otro lugar, «por ahí puede verse cuánto más antiguos y más verdaderos son nuestros libros sagrados que los de los historiadores griegos y egipcios o cualesquiera otros» (Auto III, 26).
Tertuliano
El siguiente eslabón en la cadena de cronógrafos cristianos es el prolífico y mordaz abogado cartaginense Quinto Septimio Florencio Tertuliano, primer gran apologeta latino. Su abundante producción contiene diferentes defensas de la antigüedad de las Escrituras. No todas nos incumben, sin embargo. En su tratado Contra los judíos, p.ej., argumenta que la Ley es anterior a Moisés. Pero está mezclando órdenes diversos. Al decir Ley no se refiere a la Torah, sino a una más ambigua Ley de Dios, a mitad camino entre la Torah, la ley natural, el evangelio y lo que al propio Tertuliano interesa demostrar:
¿Por qué Dios, el Fundador del universo, el Gobernador del mundo entero, el Hacedor de la humanidad, el Sembrador de la naciones en el mundo, debería haber dado una Ley mediante Moisés a un solo pueblo, y no a todas las naciones? Porque a menos que se la haya dado a todas no se entiende que normalmente haya permitido el acceso a ella de prosélitos extranjeros. En congruencia con la bondad de Dios, y con su equidad en tanto que Hacedor de la humanidad, dio la misma Ley a todas las naciones, cuya observancia impuso en determinadas épocas muy concretas, cuando él quiso, mediante quien él quiso, y tal como él quiso. Porque al principio del mundo dio una ley al propio Adám y a Eva, que no comieran del fruto del árbol plantado enmedio del Paraíso, ya que de lo contrario morirían. Esta ley les habría bastado, si la hubieran guardado. Pues en esta ley dada a Adám reconocemos en germen todos los preceptos que después se conocerán cuando se le den a Moisés, esto es: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No matarás. No cometerás adulterio. Honrarás a tu padre y a tu madre. Y no codiciarás lo que es de otro‘. Esta ley primordial fue dada a Adám y a Eva en el Paraíso, como matriz de todos los preceptos de Dios … Afirmo que antes de la Ley de Moisés —escrita en las tablas de piedra— hubo una ley no escrita … Entendemos que la Ley de Dios es anterior a Moisés, y no fue dada en primer lugar en el Horeb, ni en el Sinaí ni en el desierto, sino que es más antigua, existiendo primero en el Paraíso, reformada a continuación para los patriarcas y de nuevo para los judíos, en determinadas épocas. Así que no vamos a pensar que la Ley de Moisés es la ley primitiva, sino una posterior, que en esta época Dios ha expuesto también a los gentiles y que, tras prometerlo reiteradamente a través de los profetas, ha reformado para mejor.[44]
En el primer libro de su extenso tratado Contra Marción, el tenaz Tertuliano se reafirma en sus ideas:
Aunque Moisés … parezca ser el primero en introducir el conocimiento del Dios del universo en el templo de sus escritos, el nacimiento de dicho conocimiento no debe ser apuntado en la cuenta del Pentateuco. Porque el libro de Moisés no inicia en absoluto el conocimiento del Creador, sino que desde el principio revela que ha de ser rastreado en el Paraíso y Adám, no en Egipto y Moisés. La mayor parte de la raza humana, aunque ni siquiera conocían en el nombre de Moisés, y ni mucho menos sus escritos, sí conocían al Dios de Moisés … El alma fue antes que la profecía. Desde el principio, el conocimiento de Dios es la dote del alma, una y la misma entre los egipcios, los sirios y las tribus del Ponto.
Obvio que nada podemos impugnarle al autor, mayormente porque la naturaleza de sus razonamientos es teológica antes que cronológica. Seguir, pues, engarzando pasajes similares (vgr. de Sobre el testimonio del alma, donde desarrolla estas últimas líneas, o de ConMar I, 21, donde niega que Pablo predicara un nuevo dios, etc.) carece de oportunidad. Los extractos ofrecidos ayudan a comprender, en todo caso, que la cristiandad ya no solo se había apoderado de la Torah sino que la ninguneaba por mor de su incompatiblidad con el evangelio, resultando por tanto que la antigüedad de su doctrina equivalía a la propia antigüedad divina.
El Tertuliano cronógrafo se encuentra en su título más célebre, Apolog, escrito en el año 197. Ya hemos visto que el abogado es consciente de la importancia que los intelectuales paganos concedían a la antigüedad de una doctrina, y hemos transcrito el pasaje donde reinvindica la máxima autoridad, o sea la máxima antigüedad, para las otrora Escrituras hebreas reconvertidas en Escrituras cristianas (Apolog, 19, 1). Ahora es momento de profundizar en su discurso cronológico (pobre; sorprendentemente pobre, para ser sinceros). Arrancamos en el punto donde dejamos a Teófilo de Antioquía, aquel cálculo que el indocumentado obispo realizaba gracias a Talo de Milo y que Tertuliano retoma (sin citar la fuente, al contrario que InsDiv I, 23, 2):
[Moisés] vivió cerca de mil años antes de la guerra de Troya: por tanto anterior al mismo Saturno [= Crono]. En efecto, según la historia de Talo, en la que se relata que Belo, rey de los asirios, y Saturno, rey de los titanes, lucharon con Júpiter [= Zeus], se pone de manifiesto que Belo es anterior en trescientos veintidós años a la caída de Troya. [45]
Lo cual le permite (p)resumir en Apolog 19, 2:
Todos los elementos y todas las materias, origen, cronología, las fuentes de cualquiera de vuestros antiguos documentos, muchas de vuestras gentes y ciudades insignes por su historia y de venerable memoria, los mismos caracteres de vuestra escritura, testimonios y guardas de los hechos, y (pienso que me quedo corto) vuestros mismos dioses, los templos, oráculos y ritos sagrados… son superados en siglos por el archivo de un solo profeta.
Pero nadie se engañe. El cartaginense Tertuliano, cuyo pico de oro elogian traviesamente los teólogos, no discurre ningún argumento nuevo ni añade un solo nombre al who is who de los autores extrabíblicos. Y lo peor es que enriquece el ya largo inventario de anacronismos apologéticos con un error de todo punto impresentable, a saber, hacer que Homero viva unos quinientos años antes de la guerra de Troya (!), convirtiéndole no ya en el Poeta ni en «nuestro enviado especial a la zona del conflicto», sino directamente en un adivino. Todo lo suyo se concentra en este largo pasaje (Apolog 19, 3-6), que siembro de notas con las oportunas referencias, que mayormente son plagios —sin contrastar por parte del abogado— de los autores a quienes hemos estudiado anteriormente, desde Josefo a Teófilo:
Moisés … es contemporáneo de Inaco el Argivo [46]; precede en cerca de cuatrocientos años (total no le faltan más que siete) a Dánao, antiquísimo también él entre vosotros [47]; antecedió cerca de mil años al desastre de Príamo [48]; también puedo decir que es quinientos años anterior a Homero[49], como dicen los autores que sigo [50]. Lo mismo pasa con los demás profetas: aunque posteriores a Moisés, ¿no es verdad que, incluso los más recientes de ellos, son anteriores a vuestros primeros sabios legisladores e historiadores? [51]. El exponer con qué cálculos cronológicos se pueden probar estas cosas no nos resulta tan difícil como enorme; y no sería una tarea ardua, sino de larga enumeración en este momento. Sería necesario indagar en numerosos documentos realizando prolijos cálculos con ayuda de los dedos; sería necesario acceder también a los archivos más antiguos: de los egipcios, de los caldeos, de los fenicios; habría que consultar aquellos que nos suministraron noticias: por ejemplo, el egipcio Manetón [52] y el caldeo Beroso [53], y también Biram el fenicio, rey de los tirios [54]; tendríamos que examinar a los sucesores de los mismos: Ptolomeo de Mendes [55], Menandro de Éfeso [56], Demetrio Falereo [57], el rey Juba [58], Apión [59], Talo [60] y quien a estos aprueba en ocasiones y refuta otras veces, el judío Josefo.
No obstante tanto nombre, y tal fingimiento de «no me apetece demostrar ahora lo erudito que soy», las fuentes de Tertuliano se reducen a tres: Josefo (Api), Taciano (Oratio) y Teófilo (Auto). Y en esencia a una: Josefo.
Cumplido el trámite de «demostrar» la antigüedad cristiana, Tertuliano, calcando lo que habían hecho sus predecesores, levanta su dedo acusador y lo dirige contra los griegos (insistiendo de pasada una vez más, por cierto, en que «los libros divinos», si antaño lo fueron, ya no son de los judíos):
¿Quién hay entre los poetas, quién entre los sofistas, que no haya bebido de la fuente de los profetas? También de esta fuente saciaron los filósofos la sed de su ingenio … Si algo encontraron en los libros sagrados capaz de satisfacer su curiosidad, se lo apropiaron; y lo hicieron sin creer suficientemente que eran libros divinos, con lo cual los falsificarían menos, y sin entenderlos suficientemente, como que todavía son oscuros, incluso para los mismos judíos, de los que se consideraba que eran propiedad [61].
He aquí las pruebas del abogado para demostrar su grave acusación:
Se ríen de nosotros cuando predecimos que Dios ha de juzgar; pues también los poetas y los filósofos ponen el tribunal en los infiernos[62]. Se burlan de nosotros cuando conminamos con la gehenna [63], que es un subterráneo depósito de fuego arcano destinado a la pena; pues también existe el torrente Piriflegeton[64] en el lugar de los muertos. Y, si nombramos el paraíso, lugar de divina belleza destinado a recibir los espíritus de los santos, separado del orbe común por una cierta franja de fuego[65], nos encontramos con semejante creencia en la de los Campos Elíseos[66]. ¿De dónde, os pregunto a vosotros, sacaron los filósofos y los poetas cosas tan semejantes a las nuestras? Indudablemente de nuestros misterios. Luego, si proceden de nuestros misterios, como de realidades anteriores, las nuestras son más fieles y más dignas de crédito, ya que sus imitaciones también encontraron crédito. Si provinieran de lo que ellos sienten, se seguiría que nuestros misterios habrán de ser tenidos como imitaciones de realidades posteriores, lo que no admite la naturaleza de las cosas, pues nunca precede la sombra al cuerpo o la imagen a la verdad [67].
Lo dicho: sorprendentemente pobre, como en general toda esta primera cronografía cristiana. Pero el nivel todavía podía descender más, según veremos en el siguiente capítulo.
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Manel, todos los “errores” que denuncias fueron hechos a propósito, para poner a prueba la fe de las generaciones posteriores. Sería demasiado fácil demostrar irrefutablemente la verdad del cristianismo. Así no habría posibilidad de que blasfemos como tú ardan en la gehenna
ahora en serio, chapó
cambiando de tema, ¿crees que en los mitos y leyendas clásicas griegas pueden rastrearse datos históricos sobre el origen de los griegos, más atrás de Troya? ¿hay libros buenos sobre esto? me flipa este tema, quienes eran los pelasgos, los orígenes asiáticos de Pélope, Europa, etc, los dorios como el retorno de los heráclidas y todas estas chuflas… No sabía que la geneología argiva llegaba tan atrás en nombres. Recomiéndame algo que leer…
nituniyo,
No, en las leyendas clásicas griegas no; pero sí en los mitos hetitas (si te manejas en inglis pitinglis y tu correo es bueno, puedo mandarte un libro al respecto).
En cuanto a los pelasgos, yo miro con cierta simpatía la heterodoxa tesis de un heterodoxo (Martín Bernal) que los identificó en Atenea Negra (no recuerdo cuál de los tres volúmenes) con los hicsos. Muchos autores griegos pensaban que venían de Egipto, desde luego.
Sobre la genealogía argiva, desconfía de las listas. En realidad se trata de nombres tradicionales recogidos por los mitógrafos, lo que significa que no necesariamente tienen detrás algo más que una etimología popular (generalmente ridícula). Son dioses, héroes y demás personal infra o sobrehumano reclamados por cada pueblo griego para jugar a lo mismo que aquí los cristianos: a ver quién es más antiguo. Por eso en un lugar he puesto en cursiva que Ínaco era un dios-río hijo del Océano, porque me parece esperpéntico que los cristianos quisieran fechar la existencia de un dios-río. Para esas listas y nombres, pues, te puede valer cualquier buen diccionario de mitología griega (el de Pierre Grimal como mínimo, pero los hay bastante más completos [en inglis]).
Manel me reprochaba en otra parte no estar al corriente de los revolucionarios descubrimientos de la filología y disciplinas relacionadas en materia bíblica. Decía que estos se habían producido en los últimos treinta años, y que por tanto yo, oxidado polemista, tenía que actualizarme. De tan revolucionarias prendas nada mostró (por no echar perlas a los cerdos, supongo) y se conformó entonces con repetir con contumacia burdos eslóganes mientras esparcía aquí y allí datitos de la “Historia criminal del cristianismo”, obra que nunca cita, tan honesto él, pese a lo mucho que le debe cuando se trata de lanzar acusaciones sanguinolentas y totalizadoras contra la religión cristiana.
Pero, aprovechando que ahora se trata de lo nuevo y lo antiguo, veamos cuán novedosas y ajustadas a la realidad son las tesis a las que nos quiere arrastrar Gozalbo. La principal, y de la que todo lo demás sólo es un relleno espectacular, es que el cristianismo acomoda alegóricamente las profecías según le interesa y sin el menor rigor hermenéutico. Tilda de antijudía a esta práctica y la vincula nada menos que con Auschwitz (”proceso que con el tiempo se completaría con una secular y sistemática persecución y oprobio que todos sabemos cómo acabó en el s. XX”). A Don Riguroso no le tembló el pulso al ningunear expeditivamente a Filón de Alejandría, objetado por mí para mostrar el absurdo de un judío antijudío, y aquí no pareció importarle mucho la opinión de su admirado Piñero, que alaba al autor en su blog, llamándolo “el escritor más sabio y prolífico del judaísmo en la época en torno al Nazareno”. Parece que Filón ya no cuenta para Manel, pese a ser un hermeneuta cristiano “avant la lettre” y al que los Padres tuvieron en grandísima consideración y estima. Prefiere a Josefo, aunque venga mucho menos al caso en cuestiones de esta índole. De ahí que ande tan ocupado en minucias cronológicas, cual Escalígero redivivo.
Otro que a buen seguro merecerá el menosprecio del docto Manel es el cardenal Nicholas Wiseman, orientalista, deshonesto muy probablemente, que nada menos que en el siglo antepasado escribió así sobre la escuela liberal en la que nuestro actualizado y revolucionado Escalígero se enmarca:
“A few years ago it was the fashion to consider the Fathers of the Church as devoid of fixed or solid principles of interpretation, and their commentaries as a tissue of blunders or mistakes. The progress of hermeneutics has produced this fruit, among others, that this prejudice has worn away, and those learned and pious men have regained, in modern works, that respect and deference which had been so inconsistently refused them.
(…)
It has been esteemed a duty to decry the voluminous productions of these diligent, and often sagacious, expositors, as a mere mass of literary rubbish, fit perhaps to fill the shelves of a library, but not to encumber the table of the student.
(…)
After the middle of the last century, Semler gave the first impulse to what he denominated the liberal interpretation of the Scriptures. A denial of inspiration, the resolution of every miracle into an allegory, or a vision, or a delusion, or a natural event clothed in oriental exaggeration, and a total denial of prophecy, are the characteristics of his school.”
También me despreció Manel repetidas veces a San Jerónimo, sin duda porque este venerable Padre, debilitado tal vez por los ayunos, no alcanzó el dominio del hebreo que posee el director de Hispalibertas. Sin embargo, no obstante a Manel parezca molestarle, la patrística sí contó con reglas hermenéuticas más allá del artificioso capricho poético y la figuración “ad hoc” que le atribuye. Las enumera el mismo Wiseman, citando a San Agustín:
1. El conocimiento del hebreo y el griego (scientia linguarum).
2. El conocimiento de la arqueología bíblica (cognitione rerum quarundam necessarium).
3. Y la familiaridad con las reglas de la crítica para determinar la interpretación correcta del texto (adjuvante codicum veritate quam solers emendationis diligentia procuram).
Yo sé que Escalígero Gozalbo, que es muy sabio, me va a dar una lección en estos temas, pues de él siempre ando aprendiendo cosas, aunque no tenga yo la bondad de reconocerlo, dada mi proverbial hipocresía. No me la va a dar, por cierto, a mí solo. Se la dará también, aunque post mortem, a Filón, Agustín, Jerónimo y Wiseman. Habrá que permanecer atentos: según me han dicho ha despertado a la bestia.
Me chirría bastante lo de acudir a Josefo, e incluso Tertuliano, pues las polémicas históricas son poco reveladoras de cómo evoluciona la hermenéutica. Claro que, supongo, por eso hablas de cronologías.
Creo que, sin salir de la polémica, habría más sustancia con Filón, y lo máximo sería pasar de él a Orígenes, sin el que no se entiende nada de la posterior interpretación, el alegorismo y cómo se fija el paso de la letra al espíritu.
Hipócrita,
Es una lástima que ya no me necesites para quedar en ridículo:
Manel me reprochaba en otra parte no estar al corriente de los revolucionarios descubrimientos de la filología y disciplinas relacionadas en materia bíblica. Decía que estos se habían producido en los últimos treinta años, y que por tanto yo, oxidado polemista, tenía que actualizarme.
Que es, evidentemente, una copia casi literal de lo que yo dije:
En los últimos 30 años se ha producido una pequeña gran revolución en el estudio de la antigüedad tardía, principalmente por insatisfacción respecto de la visión tradicional, que es en parte la tuya, y los trabajos especializados han proliferado cual certezas en tu doctrina vital (figúrate cuántos; por desgracia yo debo tener solo unos 200, pero pasan de 1000). La arqueología de la época se ha puesto las pilas, se han hecho estudios interdisciplinares a mogollón, se han traducido y analizado fuentes literarias que dormían el sueño de los injustos y todo eso. Pero tú no te has enterado. La figura no se llama, pues, consenso, sino superación de conocimientos obsoletos.
Así que ya no sé qué hacer: ¿tendré que regalar un diccionario Español-Manel/Manel-Español para que, p.ej., todos sepan que antigüedad tardía rima con filología pero no significa lo mismo?
…y se conformó entonces con repetir con contumacia burdos eslóganes mientras esparcía aquí y allí datitos de la “Historia criminal del cristianismo”, obra que nunca cita, tan honesto él, pese a lo mucho que le debe cuando se trata de lanzar acusaciones sanguinolentas y totalizadoras contra la religión cristiana.
Con esto se demuestra cuán pobre debe ser tu biblioteca o, todavía peor, tu conocimiento de la literatura denunciadora del cristianismo histórico. No he citado a Deschner porque no lo he consultado en ningún momento. Sus dos Historias, la criminal y la sexual, me parecieron en su día obras superficiales, reiterativas y dispersas, y desde luego en ningún momento tienen —ni de lejos— el nivel de detalle que hay en esta serie, lo que indica que o bien no has leído a Deschner o bien no estás leyendo la serie. Pero sospecho que será demasiado pedir que estés atento a las notas y a los autores citados…
La principal [tesis], y de la que todo lo demás sólo es un relleno espectacular, es que el cristianismo acomoda alegóricamente las profecías según le interesa y sin el menor rigor hermenéutico.
Pos no. La tesis principal, doctrina aparte, es que el cristianismo es una falsificación histórica, y de lo falso no cabe extraer metáforas verdaderas, pues el sentido de tales metáforas no recae en el material falsificado sino en la intención acomodaticia del intérprete. Para ese caso, dado que los caminos del Señor son inescrutables, sirve lo mismo apropiarse de las escrituras judías que del código penal brasileño. Pero ya me he decidido: quizá has leído a Deschner pero no me estás leyendo a mí.
Tilda de antijudía a esta práctica y la vincula nada menos que con Auschwitz (”proceso que con el tiempo se completaría con una secular y sistemática persecución y oprobio que todos sabemos cómo acabó en el s. XX”).
No la tildo de antijudía, sino de falsificación. Aunque no te hayas enterado porque no me lees, he acusado de lo mismo a romanos (anacronismos e invenciones en la fundación de Roma, p.ej.) y griegos, entre otros.
Ahora bien, sin duda fueron los primeros cristianos quienes escribieron tratados titulados Contra los judíos. Y también fueron ellos quienes les atribuyeron crímenes sin cuento. Y sin duda fueron los primeros emperadores cristianos quienes prohibieron la práctica de la religión judía. Y fueron sin duda los códigos legales cristianos los que invitaron a los judíos a eso tan potito de conversión, exilio o muerte. Y rodando rodando, como en el chiste, nos plantamos en el Holocausto, sí.
A Don Riguroso no le tembló el pulso al ningunear expeditivamente a Filón de Alejandría, objetado por mí para mostrar el absurdo de un judío antijudío, …
Chaval, te montas unas películas asombrosas. Ya no es que no me leas, sino que tampoco recuerdas lo que tú mismo escribes (y eres tan vago que ni siquiera consultas el comentario correspondiente para verificarlo). Filón fue opuesto por ti cuando protesté por las interpretaciones interidiomáticas y retroactivas, y también cuando aludí a las reglas de la alegoría fijadas por los retóricos de la escuela de Alejandría. Nada de judíos antijudíos (aunque haberlos haylos).
…y aquí no pareció importarle mucho la opinión de su admirado Piñero, que alaba al autor en su blog,
Parece, Hipócrita, que todavía no has salido de la adolescencia. Pues yo no pego pósters en mi habitación ni forro mis carpetas con fotos de SuperPop, que lo sepas.
…llamándolo “el escritor más sabio y prolífico del judaísmo en la época en torno al Nazareno”.
Filón fue el más prolífico, no hay duda, ya que de ningún otro autor judío de la época se han conservado tantas obras. Lo de sabio siempre es discutible, y además en este caso nos han llegado pocos autores que puedan hacerle la competencia. Lo que deploré fueron las alegorías barra-libre de Filón, y en este capítulo de la serie he dado un par de ejemplos. No veo dónde está la supuesta contradicción entre unas cosas y otras, por lo demás. Ahora bien, dado que vives en la adolescencia tal vez te interese la opinión de un conocido de Piñero —a falta de George Clooney, aceptamos vecino como animal de compañía—, que en su introducción a las obras completas de Filón reconoce que:
«Muchas, en efecto, de sus argumentaciones se apoyan exclusivamente en razones puramente idiomáticas que no son otra cosa que contingencias formales o semánticas de la lengua griega, tales como parafonías, polisemias y etimologías, que, por supuesto, solo valen en cada caso para los términos griegos y nada tienen que ver con las voces hebreas correspondientes del texto original. Esta manera, ingenua por así decir, de aceptar la legitimidad de inferencias hechas a partir de una lengua carente de todo parentesco o vínculo con la del texto inspirado por Dios a Moisés sólo admite una explicación, a menos que se pretenda negar a Filón la elemental sensatez para advertir el vicio inicial de tales razonamientos; y esa explicación no es otra que su convencimiento absoluto de que una segunda inspiración divina había guiado a los setenta traductores de la isla del Faro en la tarea de escoger los términos precisos, portadores en su forma y en su semántica de revelaciones eventualmente desentrañables a través de una exégesis acertada. »
Esa única explicación, naturalmente, se enfrenta a varias objeciones de las gordas, algunas de las cuales relucen en la introducción del conocido de Piñero (aunque no como tales objeciones, curiosamente). Una al azar, con texto rojo de mi cosecha:
«En su exégesis del Pentateuco o Torah Filón no emplea el texto original hebreo sino la traducción griega de los Setenta, aunque las libertades que se toma en la lectura de los pasajes han dado pie para que se sostenga la existencia de otras versiones en griego y su empleo por él. Pero en todo caso su punto de referencia textual fue siempre una versión griega. »
Parece que Filón ya no cuenta para Manel, pese a ser un hermeneuta cristiano “avant la lettre” y al que los Padres tuvieron en grandísima consideración y estima.
Cursillo acelerado de expresión escrita: para que esa frase tuviera sentido tendrías que indicar cuándo contó Filón para mí.
Prefiere a Josefo, aunque venga mucho menos al caso en cuestiones de esta índole. De ahí que ande tan ocupado en minucias cronológicas, cual Escalígero redivivo.
¿Cuestiones de esta índole? ¿De qué índole hablas? Mi «índole» es la demostración de las mentiras, errores, equivocaciones y falsedades por las cuales el primer cristianismo se apropió de una literatura que no era suya. Y claro que prefiero a Josefo para esta «índole»: él escribió un tratado cronográfico y Filón, que se sepa, no. En una nota, si te asomas, verás que el sabio Filón hablaba de «los maestros griegos de Moisés». Sic.
Otro que a buen seguro merecerá el menosprecio del docto Manel es el cardenal Nicholas Wiseman, orientalista, deshonesto muy probablemente, que nada menos que en el siglo antepasado escribió así sobre la escuela liberal en la que nuestro actualizado y revolucionado Escalígero se enmarca
Hipócrita, debieras informar correctamente al respetable, que si no si alguno se pone a googlear igual descubre que se la quieres colar por la escuadra. La obra de donde sacas esas citas (Twelve lectures on the connexion between science and revealed religion) fue publicada en 1837, al año siguiente de pronunciadas las lecturas, y Wiseman no se refiere al siglo antepasado nuestro, sino al anteantepasado. Es decir, al s. XVIII. Por cierto que Wiseman fue orientalista del (pobre) orientalismo de su época. Murió en 1865, muchos descubrimientos de textos del Antiguo Oriente—y nuevos idiomas y desciframientos, etc.— le pillaron ya muerto.
…that respect and deference which had been so inconsistently refused them.
La cita sigue con una defensa de la erudición filológica de Agustín de Hipona. Por desgracia (para ti), Wiseman se conforma con apuntar que según Clausen sabía «suficiente griego» para emplearlo con utilidad en sus comentarios; nada de hebreo ni arameo, of course. Los biógrafos modernos de Agustín, en cambio, se dividen entre los que subrayan que su conocimiento de griego dejaba bastante que desear (Gerald Bonner, i.a.) y los que directamente niegan que supiera nada de griego (R. Lamont Brown, i.a.).
After the middle of the last century, Semler gave the first impulse to what he denominated the liberal interpretation of the Scriptures.
The last century = s. XVIII. Pero dado que, según Wiseman en 1837, el mejor comentario de Ezequiel todavía era uno publicado entre 1596 y 1604 por los jesuitas españoles Prado y Villalpando (Villapando, le llama Wiseman), pues igual el s. XVIII hay que considerarlo como tecnología punta, el s. XIX la repera limonera, el s. XX la repanocha y el s. XXI Star Trek. Esa «escuela liberal» por él y por ti mencionada no es otra cosa que la crítica textual de la Biblia. Para su desgracia y para la tuya, aunque a él ya no le importa, lejos de haber decaído o haber sido muerta por un soberbio lanzazo de la respetable Tradición, la crítica textual de la Biblia es la corriente dominante a siglo de hoy en cualquier acercamiento serio a la Biblia. Solo los pretridentinos y los fundamentalistas protestantes la miran con desprecio (por ser demasiado racional, claro). Pero sobre este asunto de la crítica textual ya me extendí en su día, y a Semler ni le mencioné.
Para que te queden las cosas claras, si es que tal milagro de la claridad es posible en tu penumbra mental, citaré al profesor de Teología Werner Stenger, que publicó un libro pequeñajo allá por los años 80 del pasado siglo titulado Los métodos de la exégesis bíblica (editorial Herder, 1987). Sus primeras líneas:
«Comenzaremos el presente libro cuestionando inmediatamente su mismo título. Pues, en realidad, no existe una “metodología” específicamente “bíblica”. Por lo menos, no existe en el sentido de que la Biblia fuera un libro que debiera leerse de manera distinta y de que debiera interpretarse según métodos distintos de como se leen e interpretan los innumerables libros que constituyen la ingente biblioteca de la humanidad. En efecto, la exégesis bíblica seria, y que deba tomarse en serio desde la vertiente moderna de la historia de las ideas, depende esencialmente del principio de que la Biblia se halla en condiciones de igualdad metodológica con todos los demás libros.»
Mientras no sigas esa norma de Stenger, cualquier esfuerzo por traerte al s. XXI será baldío.
También me despreció Manel repetidas veces a San Jerónimo, sin duda porque este venerable Padre, debilitado tal vez por los ayunos, no alcanzó el dominio del hebreo que posee el director de Hispalibertas.
Te voy a nombrar Santo Patrón de los Hombres de Paja, Hipócrita. Solo te dije que la moderna hermenéutica desmiente completamente a Jerónimo en su interpretación de generaciones. Para más inri, luego en otro comentario cité a Jerónimo. El que despreciaba a Jerónimo era Lutero, ya lo sabes por Wiseman.
Sin embargo, no obstante a Manel parezca molestarle, la patrística sí contó con reglas hermenéuticas más allá del artificioso capricho poético y la figuración “ad hoc” que le atribuye. Las enumera el mismo Wiseman, citando a San Agustín:
Me dará la risa, como sigas por ahí. Déjate de milongas y explícame cómo aplicaron esas reglas en los numerosos ejemplos que figuran en este capítulo y sus notas. Métete en harina y deja de divagar.
1. El conocimiento del hebreo y el griego (scientia linguarum).
2. El conocimiento de la arqueología bíblica (cognitione rerum quarundam necessarium).
3. Y la familiaridad con las reglas de la crítica para determinar la interpretación correcta del texto (adjuvante codicum veritate quam solers emendationis diligentia procuram).
La verdad es que es risible. Por poner un ejemplo, fíjate qué bien cumplía Agustín con su propia medicina que en de civitate dei XVI, 11, defiende el carácter prebabélico del hebreo (lo cual, por cierto, también había sido sostenido por Jerónimo en Sofonías III). Prebabélico, te recuerdo, significa anterior a la confusión de lenguas de Babel. ¿Scientia linguarum, eh? Estos días, preparando esto, he tenido ocasión de releer a Frazer, y hay algo que viene al pelo (El folklore en el Antiguo Testamento, Madrid 1981, p. 193):
«El primero que en nuestros tiempos atacó con eficacia semejante error fue Leibnitz, que en una ocasión observó lo siguiente: “Existen tantos motivos para suponer que el hebreo fue la lengua original de la humanidad como los que hay para adoptar la opinión de Goropius, que en el libro que publicó en Amberes en 1580 trató de demostrar que la lengua hablada en el paraíso había sido el holandés”. Otro escritor sostuvo la tesis de que Adán había hablado el vasco; mientras que otros, adelantándose a las mismas Escrituras, introdujeron la confusión de lenguas ya en el Edén, y así afirmaron que Adán y Eva hablaban en persa, que la serpiente había hablado en árabe y que el afable arcángel Gabriel había conversado con nuestros primeros padres en turco. Pero no acaba ahí la lista de escritores excéntricos: hubo otro que sostuvo seriamente que el Todopoderoso se había dirigido a Adán en sueco, que Adán había respondido en danés a su Hacedor y que la serpiente había tentado a Eva en francés»
Y como remate: te hago notar que sobre el texto del artículo no has dicho nada. Típico.
Donís,
Primero explica cómo evoluciona la hermenéutica, y veremos si Josefo, o incluso Tertuliano, son procedentes.
Ese paso de la letra al espíritu ha sido ilustrado, solo que te cuesta aceptar que algo tan rústico se halle en la base de tus creencias. Cualquier interpretación alegórica hecha en griego o latín de un texto originalmente hebreo o arameo es, sencillamente, ridícula, como aquello de I see cows. Lee al respecto lo que de Filón le he citado al Hipócrita. Distinta cosa es que tú te figures que el paso de la letra al espíritu no consiste en eso. Pero es que es eso. Es aplicar una doctrina —cientos de años posterior— a un texto que no contemplaba esa doctrina ni, en su desarrollo rabínico paralelo, ha conducido a nada similar. Y los rabinos también tenían numerosas reglas hermenéuticas, por cierto.
Traducido al sigloveintiunense: es igual que empeñarse en la imago mundi de las Escrituras. Te guste o no, el mundo que describen —hecho por Dios— nunca ha existido. Hacer equilibrios en el alambre para conjugar esa imago con los conocimientos actuales o la ciencia actual carece de sentido.
Manel, veo por tu úlrimo comentario que le has echado un vistazo a lo que acabo de mandarte. Lo que dices: “el mundo que describen —hecho por Dios— nunca ha existido” me parece de aurora boreal, una falta absoluta de perspectiva. Como te dije, igual o más que los creacionistas, no comprendo esa arrogancia en la interpretación humana en algo que le es incomprensible (el universo o la creación).
Como sería muy largo y acabo de escribirlo mejor lo dejo. Además tu serie tiene valor por otras razones, nada que ver con la hermenéutica bíblica, sino con una buena exégesis de lo que hicieron y dijeron otros comentaristas de la Biblia. Lo de Orígenes te lo digo porque me parece el primer “científico”, muchísimo más que Jerónimo, más polémico y que también se equivocó en más cosas, pero un genio.
Manel, gracias por el ofrecimiento, si no te supone problemas envíamelo (entiendo que puedes acceder a mi mail) aunque dudo que este sirva para mucho volúmen de datos, no entiendo mucho de estas cosas internáuticas. Gracias, anyway
Considerando tu erudición y el objetivo específico de estas entradas, a posteriori me dio algo de verguenza preguntarte por temas tópicos situados en la frontera de la historia y el mito, sobre los que habrá especulaciones ridículas, y que supongo que a los expertos no les interesan mucho por su propia irresolubilidad. Pero cuando me entero de que en los textos hetitas se habla de un tal Alaksandu o de Piriminayu, se me ponen los pelos (de aficionado) como escarpias…
¡¡¡Mi reino por una máquina del tiempo!!!
Irichc, me gustaría preguntarte, sin segundas intenciones, sobre la parte de la polémica que mantienes con Manel al respecto de la “historia criminal del cristianismo primitivo”, en qué época consideras que comienza dicha historia (criminal o al menos opresora). Supongo que a partir de determinado momento no la negarás, porque a algunos sí que le dieron candela de la buena, y no metafóricamente. Sospecho que mis conocimientos históricos son mucho más limitados que los tuyos, pero oí de uno que dijo algo así como “tú mátalos a todos que Dios distinguirá a los suyos”
Repito, sin segundas intenciones, sólo para situarme mejor, desde mi ignorancia, en el debate que mantenéis (y al que creo que no le queda mucho, visto lo visto)
[EDITADO por Manel: Ya te he mandado el libro]
Nituniyo, se refiere a la “Historia criminal del cristianismo” de Deschner Karlheinz, que es lo que siempre se empeñan en recomendar a los creyentes los cristófobos (el último que lo hizo conmigo, el buen amigo Liberto).
Lo puedes descargar aquí (4.4Mg).
La frase “matadlos a todos, que dios reconocerá a los suyos” es de la guerra contra los albigenses.
Gracias, Donís (no me gusta esto de llamarte por el apellido, parece que me dirigo a un empleado)
quería decir que incluso para un pobre conocedor de la historia, es evidente que el cristianismo (quizás sea más correcto decir “la Iglesia”, o la jerarquía de la iglesia, no sé) ha perdido el norte en numerosas ocasiones cometiendo barrabasadas, como la de los albiguenses. Doy por hecho que cualquier creyente asume esto (la propia iglesia ha perdido perdón por determinadas cosas, creo), sin que tenga que inferirse de aquí ninguna conclusión a favor ni en contra de la veracidad histórica o divina de Jesús, o de el proceder exegético de los creyentes. Simplemente es un hecho que se han cometido barbaridades en nombre de Jesús. Ya que Irichc niega que eso ocurriera en época de Hipatia, al menos de forma institucionalizada, le pregunto (y a tí) en qué momento pensáis que eso ocurrió
repito que no me guardo nada en la manga, no tengo tantos conocimientos como para eso, quiero conocer más detalladamente vuestras posturas
Donís,
Manel, veo por tu úlrimo comentario que le has echado un vistazo a lo que acabo de mandarte.
Pos no, estaba sin desvirgar todavía. Me has obligado a leerlo con esa frase. Pero una vez leído no entiendo en absoluto cómo supones ninguna relación; la mía era una comparación ideal para el argumento. Véase réplica siguiente.
Lo que dices: “el mundo que describen —hecho por Dios— nunca ha existido” me parece de aurora boreal, una falta absoluta de perspectiva. Como te dije, igual o más que los creacionistas, no comprendo esa arrogancia en la interpretación humana en algo que le es incomprensible (el universo o la creación).
Verás, cuando hablo de las Escrituras hablo de las Escrituras, no de Krishnamurti ni de adivinanzas zen. Me refiero con ese «mundo que nunca ha existido» a que, según el AT, la tierra, creada monda y lironda (1), es una lámina circular (2), plana y finita (3) que flota en el mar (4). Con sus relieves montañosos característicos (5), sobre ella se alza la impenetrable tienda de campaña celeste (6) en la que ruedan incansables las estrellas, el Sol y la Luna. Más allá de la cúpula celeste están los varios depósitos que contienen el granizo y la nieve (7), la lluvia (8), el viento (9) o el maná (10). Por debajo del suelo firme está el šeol (11), morada de los muertos a la que tardíamente se le añadirá un fuego inextinguible, la gehenna (vocablo que resulta de sucesivas corrupciones de g‘-ben-hinnom, «valle de Hinnom», al sur de Jerusalém). En total, el universo, estirando cuanto se quiera y un poco más, no rozaba la décima parte del tamaño de nuestro sistema solar, y funcionaba exclusivamente por las atenciones divinas, igual que todos los fenómenos naturales: lluvia (12), granizo (13), incendios (14), vientos (15), calma chicha (16), tempestades (17), eclipses (18), terremotos (19), maremotos (20), gilipolleces astronómicas (21), etc.
Y no estamos hablando del cretácico superior; esa imago mundi del AT es mismamente la que tiene Jesús, o sea, el NT. Precisamente por eso, los cielos pueden abrirse (22) o cerrarse (23); siguen limitados por cuatro vientos y dos extremos (24) y están subdivididos, como insinúa el propio plural (25). Las estrellas, al colgar directamente sobre ella, pueden caer sobre la tierra (26), y los fundamentos del cielo pueden estremecerse (27). Los ángeles viven en el cielo (28) y siguen militarizados (29), pero son susceptibles de caer sobre nosotros adoptando la forma de un rayo (30). Jesús sube al cielo de donde ha bajado (31), y sabemos que utilizará las nubes del cielo como el haiga de la Parusía (32). A su interlocutor trinitario se le llama Padre que estás en los cielos (nótese el plural) (33), pues el cielo es el trono de Dios (34); aún más, la identidad entre uno y otro es tanta que nombrar cielo es una forma antiblasfema de decir Dios (35); la gente mira al cielo cuando desea pedir algo (36) o Jesús mismo cuando está a punto de milagrear (37).
Ese mundo, Donís, nunca ha existido. Y los mismos que nos pintan ese mundo que nunca ha existido nos dicen que lo creó Dios. Las deducciones son libres, así que puedes llamar arrogancia interpretativa a lo que no es sino constatación por escrito de la ignorancia supina de los mitógrafos bíblicos. Si hubiera que resumirlo, me quedaría con 2Cr 16:12, donde se le reprocha a un tataradeudo de Jesús —el rey Asa— que «ni siquiera en la enfermedad buscó la ayuda de Yhvh, sino la de los médicos». Ello explica sobradamente por qué Hipócrates no nació en Judea.
Lo cual nos deja a las puertas del corazón del problema, Donís. La fe se fundamenta en unos textos. Esos textos dicen lo que dicen, no lo que sucesivamente —en una carrera de ingenio e interpretaciones desbocadas— se les hace decir para ir salvando obstáculos exteriores. Por ejemplo, Ratzinger, en un libro de teología sistemática de los años 80, defendía que el cielo era «un estado personal». Tantos siglos de lectura bíblica para hacernos argentinos. Pues vale.
Uno puede creer en Dios prescindiendo de los textos —por sueños, visiones, experiencias místicas personales, qué sé yo—, pero en tal caso no es lícito invocar unos textos más que obsoletos y repletos de groseros errores en su descripción de la naturaleza (temporal, espacial, mineral, vegetal, animal y humana; por no hablar de la Historia, de la que se inventaron muchas porciones), ya que la siguiente pregunta es de cajón: ¿si se equivocaron en eso, cómo estar seguros de que no se equivocaron en lo otro?
Aprovecho que estoy intermitentemente offline (grrrr) para documentarlo por si —cuando por fin pueda publicarlo— quieres entretenerte un ratillo:
(1) Gen 1:2; 2:4b; Is 34:11; Jer 4:23.
(2) Is 40:22; Job 26:10.
(3) Dt 28:64; Is 24:16; 40:28; Jer 10:13; Sal 72:8; Job 37:3.
(4) Sal 24:2; 136:9; 139:9; Job 26:10; 38:8.10-11; Prov 8:29.
(5)Algunas montañas sirven de columnas del cielo o de pasos comunicadores entre el mundo de abajo y el mundo de arriba: 1Sam 2:8; 2Sam 22:8; Is 14:13; Sal 48:2; 75:4; Job 9:6; 26:11. Ciertas montañas especialísimas, además, se consideran «de dios»: Gen 22:14; Ex 3:1; Is 2:3; Ez 28:14.16.
(6) Is 40:22; 45:12; Job 9:8; 37:18; Sal 104:2.
(7) Job 38:22.
(8) Gen 8:2 (cf Gen 1:7); Dt 11:17; 28:12; Job 28:37.
(9) Jer 10:13 (51:16); Sal 135:7.
(10) Sal 78:24
(11) Job 10:21-22; Is 14:9. Son las almas quienes lo ocupan (Sal 86:13; 89:49; Prov 23:14), pero del šeol no vuelve nadie: cf. Job 7:9. Al šeol se puede bajar en vida: cf. Gen 16:30.33 (cf. Sal 55:16), incluso consultar a sus ocupantes: 1Sam 28:1s. Una panorámica del šeol en Ez 32:17ss.
(12) Además del diluvio, Lev 26:4; 1Re 17:14; Sal 105:32; Ez 34:26.
(13) Jos 10:11.
(14) Gen 19:24; 1Re 18:24ss; Job 1:16.
(15) Ex 14:2; Job 1:19.
(16) Mt 8:23ss y paralelos.
(17) Un compendio de las habilidades divinas en relación con los fenómenos naturales en Job 37:1 ss.
(18) Lc 23:45-46.
(19) Num 16:30ss; Mt 27:51.54.
(20) Ex 14:21.
(21) Jos 10:12ss; 2Re 20:10-11.
(22) Mt 3:16; Mc 1:10; Lc 3:21; 9:54; 17.29; Jn 1:51; Hech 7:56; 10:11; Ap 4:1; 11:19; cf. Ez 1:1.
(23) Lc 4:25; cf. Dt 11:17.
(24) Mt 24:31; Mc 13:27; Lc 17:24; cf. Zac 2:10 + Sal 19:7.
(25) 2Co 12:2; Ef 4:10; Heb 4:14; cf. Sal 148:4.
(26) Mt 24:29; Mc 13:25; Ap 6:13; 9:1; cf. Sal 8:4.
(27) Mt 24:29; Mc 13:25; Lc 21:26. Cf. 2Sam 22:8.
(28) Mt 18:10; 22:30; 24:36; 28:2; Mc 12:25; 13:32; Lc 2:15; 22:43; Gal 1:8; cf. Job 1:6.
(29) Lc 2:13; 1Tes 4:16; 2Tes 1:7; cf. Jos 5:14.
(30) Lc 10:18; cf. Is 14:12.
(31) Mc 16:19; Lc 24:51; Jn 3:13.31; 6:33.38.41; 13:3; 16:5.28; Hech 1:9; 1Tim 3:16; cf. 2Re 2:11.
(32) Mt 24:30; 26:64; Mc 14:62; Lc 21:27; Heb 8:1; cf. Dan 7:13.
(33) Mt 5:16; Mc 11:25; Lc 11:13; cf. Sal 115:3.
(34) Mt 23:22; Hech 7:48-49; cf. Is 66:1.
(35) Mt 16:1; 21:25; Mc 8:11; 11:30; Lc 11:16; 15:18.
(36) Lc 18:13; cf 1Re 8:22.
(37) Mt 14:19; Mc 6:41; 7:34; Lc 9:16. Véase la emocionante regañina de Yhvh a Moisés en Ex 14:10-15.
Nituniyo, las barbaridades ocurrieron antes, después y seguirán en el futuro como producto de la imperfección humana. En el monte de los Olivos Pedro saca su espada y corta la oreja a Malco, Jesús se enfada muchísimo y cura al legionario. La cuestión no es, pues, saber cuántas salvajadas de hacen tomando como excusa la fe, sino cuántas se hubieran hecho sin el cristianismo y cuánto debemos al cristianismo como hecho civilizador.
La Iglesia (la Asamblea de los creyentes) es una institución pecadora e imperfecta que aprende de sus errores e intenta acercarse a la perfección para, al final, perder, que es la forma de ganar.
Oye, es que me llamo Donís…
Manel, en esto mantenemos un diálogo de sordos. He buscado algo del blog hace tres años: Big Bang: Génesis, 1. Aunque ahora ya no tengo nada claro lo del único Big Bang -leer a los que saben de esto, hoy, me sume en el desconcierto-, me asusta ver que he cambiado muy poco y las discusiones, menos aún (disculpas por el post, por aquel entonces no me tomaba en serio lo de tener un blog, y todavía andaba poniendo negritas, mayúsculas y demás chorradas).
Por cierto, al menos el infierno sí creo que puede ser «un estado personal»… y que a los argentinos habría que mandarlos allí a todos, con los ingleses, los borbones y los turcos.
Donís,
Ningún diálogo de sordos. Tú pretendes armonizar la letra bíblica con los conocimientos actuales del universo y yo te digo que eso no es posible sin violentar la letra bíblica. Como no tratas de ilustrar que sí es posible hacerlo SIN violentarla, fin de la historia, se suspende el diálogo de sordos por incomparecencia de uno de los dialogantes.
Insisto, dime el libro sagrado que quieras y te lo armonizaré con el último Barça-Madrid, lo que tendrá mucho mérito porque no ví el partido.
En ambos casos el arte alegórico lo ponemos tú y yo, no los dioses ni, en su defecto, los antiguos mitógrafos. Y en ambos casos significará lo mismo: nada.
Fashionable Nonsense: Reconciling science with Genesis.
Judas,
¿Vidas paralelas? ¿Sincronicidad junguiana?
Muy astuto el primer comentario a ese post, por cierto.
Donís,
He buscado la cita concreta de Ratzinger porque la recordaba muy confusa, y me ha parecido que te interesaría conocerla en su literalidad. Proviene de Escatología (1988, Herder, Barcelona), dentro de una colección de teología sistemática.
El autor mantiene que el cielo «no es un lugar ahistórico [sic] al que se llega»; en su opinión, «el hombre está en el cielo cuando y en la medida en que se encuentra con Cristo … así que cielo es primariamente una realidad personal» (p. 217).
Luego establece que «el cielo no se puede localizar en un sitio, ni fuera ni dentro de nuestro espacio, pero tampoco se le puede desvincular sencillamente del cosmos, considerándolo como mero estado. Cielo quiere decir, más bien, ese dominio sobre el mundo que le compete al nuevo espacio del cuerpo de Cristo, a la comunión de los santos. Por tanto, el cielo no está espacial sino esencialmente arriba. En este contexto hay que determinar el derecho que hay para utilizar el lenguaje tradicional y los límites que le son inherentes: las imágenes utilizadas siguen siendo verdaderas si expresan y respetan la supremacía, la libertad frente a imposiciones mundanas y el poder conectado con el mundo por parte del amor. El lenguaje se hace falso si al cielo lo separa totalmente del mundo o si de alguna manera lo mete en él, como si de su piso superior se tratara» (p. 219).
En resumen: bastante espeso.
Escalígero,
No he atendido al texto de tu escrito, sólo a su espíritu o tesis principal, pues ya te he dicho que cebarse en la ignorancia cronológica de los cristianos es pura pedantería por tu parte. Exiges precisión a diletantes cuando ni siquiera la has podido encontrar en el profesional Josefo. Y te sorprendes y te escandalizas por ello, atribuyéndolo todo al fanatismo, al antijudaísmo y a la mentira. En fin, quedan pocos hoy que cuenten las generaciones hasta Adán para deducir la edad del mundo, y los pocos que quedan no son católicos. Sabrás, Don Actualizado, que ya en tiempos de Leibniz se ponía en duda que Adán y Eva fueran personajes históricamente identificables, en gran parte gracias a los estudios de tu homólogo Joseph Juste. Igual de vano es achacar a las Escrituras un conocimiento imperfecto del mundo. ¿Cuándo prometió Dios darnos la ciencia de la realidad, como si fuéramos ángeles dotados de una penetración casi infinita? Nos concedió la ciencia del bien y del mal, y sólo desde este prisma moral debe leerse la Biblia, que enseña cómo ir al cielo, no cómo funciona éste.
No necesito ir al detalle, a la premisa menor de tu enorme silogismo, si ya la mayor falla y cae por su propio peso. Los apologistas cristianos no fueron los artífices del envejecimiento de su religión: abundaron en ello sólo cuando las necesidades de la polémica antipagana así lo exigieron. Así, no hicieron falta mañas fraudulentas para dar por bueno lo que estaba en el Evangelio en boca del Hombre Dios: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn. 8:58); “No he venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento” (Mt. 5:17), etc. Las argumentaciones cronológicas y tesis como la del latrocinio griego podían ser útiles contra los descreídos paganos, pero resultaban completamente superfluas para la Iglesia de los fieles.
El gran absurdo de tu interpretación pasa por convertir a los cristianos en marcionitas desvinculados de la tradición, al mismo tiempo que admites que “se apoderaron” de las Escrituras judías. Pero ¿cómo es posible conjugar ambas cosas? ¿Y acaso no fueron judíos los primeros discípulos? ¿No contaban con el aval de Dios mismo hecho carne y del Espíritu de Dios en el Pentecostés para realizar la nueva exégesis? Jesús no es Dios porque podamos encajarlo en las profecías veterotestamentarias (condición necesaria, mas insuficiente), sino porque su anunciada resurrección de sí mismo cuenta con testimonios que los cristianos tienen por válidos. Nada más: he aquí la fe sencilla encarecida por los Padres.
Por esto digo que rozas el delirio cuando vinculas la “apropiación” de las Escrituras por parte de los cristianos con su supuesta actitud antijudía. Es Cristo quien acusa a los fariseos de adueñarse ilegítimamente de la interpretación: “¡Ay de vosotros, maestros de la ley!” (Lc. 11:52). La verdad sólo pertenece a Dios, y el pueblo elegido es por Dios elegido. ¿Quién eres tú para juzgarlo con criterios étnicos o políticos? ¿Y qué te hace pensar que la filiación de la nueva Iglesia con la antigua, la de Abraham, opera en contra del derecho a la existencia del pueblo hebreo? La historia te refuta. Escribe Juan de Torquemada en su “Tratado contra los madianitas e ismaelitas”:
“Según la doctrina de nuestra fe y de los Padres, la Iglesia santa de Dios, que se afirma haber comenzado en el justo Abel, como dice San Agustín comentando el salmo 142, nunca ha dejado de ser y de existir desde el tiempo de sus comienzos, sino que permaneció siempre y continuamente, según las palabras del salmo 47,9: “En la ciudad de nuestro Dios, Dios la fundó para siempre”. Sobre esto San Agustín dice: “¿Pero alguna vez será destruida esta ciudad que abarcó el mundo? Ni mucho menos: Dios la fundó para siempre”. Y como quiera que la Iglesia santa de Dios no existió entre los gentiles, porque eran infieles e idólatras, necesariamente se ha de decir que siempre y de modo continuo existió entre los judíos, y la consecuencia que se sigue es que necesariamente se habrá de confesar que en la raza de los judíos siempre existieron algunos hombres, santos varones, en los que consistía la santa Iglesia.
(…)
Por consiguiente, resulta evidente que afirmar que la raza judía haya sido condenada o reprobada en su totalidad es pecar contra el artículo de fe: La Iglesia, que es una y santa”.
Por supuesto que la condena se extiende sobre los judíos que permanecen en su religión y desdeñan la nueva alianza. Pero tan antijudíos son por este motivo los cristianos como antimusulmanes o anticátaros; o tanto como anticristianos los judíos. Ahora bien, cualquier pretensión de “limpieza de sangre” es herética precisamente porque el texto sagrado de los hebreos es nuestro texto sagrado, y su Iglesia es la nuestra, renovado el pacto con Dios. Se esfuma con ello tu disparatada acusación por la que, desde el frontispicio de esta serie cronológica, vienes a asociar a nazis y católicos.
Termino. La interpretación alegórica de las Escrituras no fue un ardid para divinizar a Cristo y condenar a los judíos, sino una consecuencia inevitable de la nueva doctrina. En todo el Antiguo Testamento no existe, salvo en un breve pasaje de Daniel (al que sólo los cristianos tienen por profeta) y algún otro retal místico, mención alguna a la inmortalidad. Todas las recompensas que Dios promete a los patriarcas son terrenas. Tampoco hay entonces un conocimiento claro de la corrupción universal del hombre por su pecado de origen. ¿Cómo pretender, pues, que se trataba de una revelación cerrada que había que leer a la letra? La Biblia carece de unidad intelectual sin estas premisas, y no es más que la historia interesada de una liga de tribus monoteístas y el código moral de un pueblo primitivo. Gracias a los cristianos es la Palabra de Dios y los judíos sus emisarios privilegiados.
Respecto al Génesis y la ciencia, recomiendo estas lecturas:
http://fvoluntaria.blogspot.com/search/label/Abravanel
Y recuerdo a los ateos que la interpretación cristiana de la cosmogonía sigue en pie, al menos como hipótesis plausible, hasta que no quede científicamente demostrada la eternidad del mundo.
Donís:
“Lo de Orígenes te lo digo porque me parece el primer “científico”, muchísimo más que Jerónimo, más polémico y que también se equivocó en más cosas, pero un genio.”
Muy de acuerdo. Y el primer cristiano en desarrollar la crítica bíblica en su Hexapla, que contenía la Biblia en seis versiones distintas. Entiendo por este motivo que no sea una presa apetecible para el prosopopéyico Escalígero.
Casi me olvido de esto:
““Existen tantos motivos para suponer que el hebreo fue la lengua original de la humanidad como los que hay para adoptar la opinión de Goropius, que en el libro que publicó en Amberes en 1580 trató de demostrar que la lengua hablada en el paraíso había sido el holandés”.”
Leibniz CREÍA en el lenguaje adámico, que no es otra cosa que lo sostenido por Crátilo en el diálogo platónico:
http://fvoluntaria.blogspot.com/2009/08/posibilidad-del-lenguaje-adamico.html
Y si quieres más pruebas, te las daré.
Nituniyo:
“Irichc, me gustaría preguntarte, sin segundas intenciones, sobre la parte de la polémica que mantienes con Manel al respecto de la “historia criminal del cristianismo primitivo”, en qué época consideras que comienza dicha historia (criminal o al menos opresora).”
Qué decirte… ¿Desde que San Pedro cortó una oreja a Malco? El mal es inseparable de la historia de la Iglesia, cosa muy distinta ésta a afirmar que la Iglesia es un instrumento maligno. El mayor error de los cristianos, ahora y siempre, ha sido ser cómplices de los atropellos del poder secular, el cual, bajo capa de religión, pervertía el Evangelio. Por este motivo la panacea progresista de que la Iglesia debe subordinarse a las instituciones políticas y “adaptarse a su tiempo” me resulta tremendamente obscena.
“Sospecho que mis conocimientos históricos son mucho más limitados que los tuyos”
No creas. Yo voy tirando con la Wikipedia y las migajas del Escalígero.
“pero oí de uno que dijo algo así como “tú mátalos a todos que Dios distinguirá a los suyos”
Qué más da lo que dijera, si es que lo dijo. No es doctrina cristiana. En cambio, este doctor dice hoy algo muy parecido (”I’ll ask that the spirit of this pregnancy be returned to God with love and understanding”):
http://eligelavidanet.blogspot.com/2009/11/estoy-matando-si-lo-se.html
Y creo que muy pocos no creyentes lo condenan, a juzgar por el escaso ruido que hacen.
nituniyo,
En vista de la desgana con que los cristianos del hilo responden a una de tus cuestiones, me animo a responderte yo. La frase esa que citas se atribuye a Arnaldo Amalrico, inquisidor y legado papal en la cruzada del s. XIII contra los albigenses (cristianos heréticos en el sur de Francia: Montsegur, Toulouse, toda esa zona). En el asedio de Béziers (1209), según cuenta el prior cisterciense César de Heisterbach, alguno objetó que un ataque frontal de los cruzados dirigidos por Simon de Montfort —al que sus contemporáneos describen como un hombre brutal y fanático— terminaría con las vidas de los albigenses pero también con las de los cristianos piadosos contrarios a la herejía que residían en la ciudad. Amalrico, fiel a las órdenes papales, que instaban a terminar con los herejes con más firmeza que con los sarracenos por ser más peligrosos, pronunció la infame Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius (Matadlos a todos. Dios reconocerá a los que son suyos), y entre siete y nueve mil cadáveres después la Historia siguió su curso (aunque el autor de la matanza, en carta al papa, exageraría la cifra hasta los 20.000, «todos pasados por la espada sin distinción de clase, sexo o edad»).
Hipócrita,
Gracias por reconocer que no has leído el texto donde comentas. Lamento, no obstante, que diciendo haberlo leído después no te hayas enterado de mucho y sigas tratando de confutar argumentos historicistas con cháchara poética y teológica. Pero no pierdes oportunidad de resultar divertido; vaya lo uno por lo otro.
te sorprendes y te escandalizas por ello, atribuyéndolo todo al fanatismo, al antijudaísmo y a la mentira.
Que no, que no me sorprendo ni me escandalizo, y desde luego no lo atribuyo a la mentira: demuestro las mentiras, que es distinto. Y en cuanto al antijudaísmo del primer cristianismo, es un fenómeno muy conocido y analizado.
¿Cuándo prometió Dios darnos la ciencia de la realidad, como si fuéramos ángeles dotados de una penetración casi infinita? Nos concedió la ciencia del bien y del mal, y sólo desde este prisma moral debe leerse la Biblia, que enseña cómo ir al cielo, no cómo funciona éste.
Así que ahora Dios te habla… Cuéntanos, pues, ¿cuándo se estableció que solo desde ese prisma moral deba leerse la Biblia? Por cierto, haces mal en embutir ahí la supuesta cita del cardenal Baronio, ya que solo es una variante del inmortal clásico «No es lo que tú piensas, cariño. Deja que te explique», muy útil en situaciones comprometidas.
Los apologistas cristianos no fueron los artífices del envejecimiento de su religión: abundaron en ello sólo cuando las necesidades de la polémica antipagana así lo exigieron. Así, no hicieron falta mañas fraudulentas para dar por bueno lo que estaba en el Evangelio en boca del Hombre Dios: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn. 8:58); “No he venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento” (Mt. 5:17), etc.
Teología barata. Por eso digo en el artículo que «la Historia eo ipsa, vulgar pimpampum de la Providencia, no merece (ni merecerá en los siglos venideros) sino el desdén de los cristianos y risitas de superioridad». Gracias (de nuevo) por confirmarlo en vivo y en directo. Hago notar de paso que repites exactamente el discurso de los apologetas griegos del s. II. ¿Qué será lo próximo, decirme que Zeus nació después de Moisés?
Las argumentaciones cronológicas y tesis como la del latrocinio griego podían ser útiles contra los descreídos paganos, pero resultaban completamente superfluas para la Iglesia de los fieles.
¿Qué más da que en sus argumentaciones cronológicas mintieran como bellacos y fantasearan como macacos, eh? Mentiras y fantasías eran útiles y a la Iglesia de los fieles no le importaba el pecadillo, aunque lo cierto es que también se las creyó —y las impuso socialmente como verdaderas— durante muuuuuuchos siglos. La desprogramación se inventó demasiado tarde, parece.
El gran absurdo de tu interpretación pasa por convertir a los cristianos en marcionitas desvinculados de la tradición, al mismo tiempo que admites que “se apoderaron” de las Escrituras judías. Pero ¿cómo es posible conjugar ambas cosas?
¿Será que no has leído con atención o será que contra las citas de los originales no puedes replicar nada mejor? Chi lo sà.
¿Y acaso no fueron judíos los primeros discípulos? ¿No contaban con el aval de Dios mismo hecho carne y del Espíritu de Dios en el Pentecostés para realizar la nueva exégesis?
Más teología barata. Hipócrita, estamos hablando de Historia.
Jesús no es Dios porque podamos encajarlo en las profecías veterotestamentarias (condición necesaria, mas insuficiente), sino porque su anunciada resurrección de sí mismo cuenta con testimonios que los cristianos tienen por válidos. Nada más: he aquí la fe sencilla encarecida por los Padres.
Más teología barata. Hipócrita, estamos hablando de Historia. En vez de discursear a la parroquia sobre las bondades del verbo hecho carne y eso, trata de exponer las interpretaciones de las profecías que hicieron los apologetas griegos. Quicir, muéstranos que son apropiadas.
Por esto digo que rozas el delirio cuando vinculas la “apropiación” de las Escrituras por parte de los cristianos con su supuesta actitud antijudía.
Me siguen gustando más las evidencias que las excusas a destiempo. Milciades, Apolinar de Hierápolis, Hipólito de Roma, Tertuliano, Eusebio de Emesa, Diodoro de Tarso, Juan Pico de Oro, Teodoreto de Ciro, Hilario de Poitiers, Ariston de Pella, Agustín de Hipona, etc., todos ellos escribieron homilías, sermones o tratados titulados Contra los judíos. Y un porrón más escribieron contra los judíos sin ponerle ese título a sus disquisiciones. Pero ya lo sé, ya: a la Iglesia de los fieles todo eso le resultaba completamente superfluo, por más útil que fuere.
Es Cristo quien acusa a los fariseos de adueñarse ilegítimamente de la interpretación: “¡Ay de vosotros, maestros de la ley!” (Lc. 11:52).
Una pena, sin duda, que también Cristo se refiriera a los judíos como hijos del diablo (Jn 8:44). De lo contrario estaría tentado de tampoco hacerte ni caso.
La verdad sólo pertenece a Dios, y el pueblo elegido es por Dios elegido. ¿Quién eres tú para juzgarlo con criterios étnicos o políticos?
Te imagino con pinta de Charles Heston airado levantando el bastón y dirigiéndose vociferante a Edward G. Robinson (por el que siento admiración, todo sea dicho). Cómico, muy cómico. Y que esto pase en el s. XXI lo hace más diver.
¿Y qué te hace pensar que la filiación de la nueva Iglesia con la antigua, la de Abraham, opera en contra del derecho a la existencia del pueblo hebreo? La historia te refuta.
¡Hay que ver cómo es la Historia! ¡Desagradecida, con lo que yo hago por ella y va me refuta! Total, porque les masacraron pero solo la puntita y les expulsaron y encerraron en guetos pero solo la puntita.
Escribe Juan de Torquemada en su “Tratado contra los madianitas e ismaelitas” …
Triste, que su tío el inquisidor apoyara el edicto de Granada por el que se expulsaba a los judíos de España (y que solo fue revocado en 1968, tras el Vaticano II):
Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y cristianos. Por lo tanto, en el año de 1480, ordenamos que los judíos fueran separados de las ciudades y provincias de nuestros dominios y que les fueran adjudicados sectores separados, esperando que con esta separación la situación existente sería remediada, y nosotros ordenamos que se estableciera la Inquisición en estos dominios; y en el término de 12 años ha funcionado y la Inquisición ha encontrado muchas personas culpables además, estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica y están tratando de obstaculizar cristianos creyentes de acercarse a sus creencias.
»Estos Judíos han instruido a esos cristianos en las ceremonias y creencias de sus leyes, circuncidando a sus hijos y dándoles libros para sus rezos, y declarando a ellos los días de ayuno, y reuniéndoles para enseñarles las historias de sus leyes, informándoles cuándo son las festividades de Pascua y cómo seguirla, dándoles el pan sin levadura y las carnes preparadas ceremonialmente, y dando instrucción de las cosas que deben abstenerse con relación a alimentos y otras cosas requiriendo el seguimiento de las leyes de Moisés, haciéndoles saber a pleno conocimiento que no existe otra ley o verdad fuera de esta. Y así lo hace claro basados en sus confesiones de estos judíos lo mismo a los cuales han pervertido que ha sido resultado en un gran daño y detrimento a la santa fe Católica, y como nosotros conocíamos el verdadero remedio de estos daños y las dificultades yacían en el interferir de toda comunicación entre los mencionados Judíos y los Cristianos y enviándolos fuera de todos nuestros dominios, nosotros nos contentamos en ordenar si ya dichos Judíos de todas las ciudades y villas y lugares de Andalucía donde aparentemente ellos habían efectuado el mayor daño, y creyendo que esto sería suficiente de modo que en esos y otras ciudades y villas y lugares en nuestros reinos y nuestras posesiones sería efectivo y cesarían a cometer lo mencionado. Y porque hemos sido informados que nada de esto, ni es el caso ni las justicias hechas para algunos de los mencionados judíos encontrándolos muy culpables por los susodichos crímenes y transgresiones contra la santa fe Católica han sido un remedio completo obviar y corregir estos delitos y ofensas. Y a la fe Cristiana y religión cada día parece que los Judíos incrementan en continuar su maldad y daño objetivo a donde residan y conversen; y porque no existe lugar donde ofender de más a nuestra santa creencia, como a los cuales Dios ha protegido hasta el día de hoy y a aquellos que han sido influenciados, deber de la Santa Madre Iglesia reparar y reducir esta situación al estado anterior, debido a lo frágil del ser humano, pudiese ocurrir que podemos sucumbir a la diabólica tentación que continuamente combate contra nosotros, de modo que, si siendo la causa principal los llamados judíos si no son convertidos deberán ser expulsados del Reino.
»Debido a que cuando un crimen detestable y poderoso es cometido por algunos miembros de algún grupo es razonable que el grupo debe ser absuelto o aniquilado y los menores por los mayores serán castigados uno por el otro y aquellos que permiten a los buenos y honestos en las ciudades y en las villas y por su contacto puedan perjudicar a otros deberán ser expulsados del grupo de gentes y a pesar de menores razones serán perjudiciales a la República y los más por la mayoría de sus crímenes sería peligroso y contagioso de modo que el Consejo de hombres eminentes y caballeros de nuestro reinado y de otras personas de conciencia y conocimiento de nuestro supremo concejo y después de muchísima deliberación se acordó en dictar que todos los Judíos y Judías deben abandonar nuestros reinados y que no sea permitido nunca regresar.
»Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.
»Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un Judío o Judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios.
»Hágase que los Judíos puedan deshacerse de sus hogares y todas sus pertenencias en el plazo estipulado por lo tanto nosotros proveemos nuestro compromiso de la protección y la seguridad de modo que al final del mes de Julio ellos puedan vender e intercambiar sus propiedades y muebles y cualquier otro artículo y disponer de ellos libremente a su criterio que durante este plazo nadie debe hacerles ningún daño, herirlos o injusticias a estas personas o a sus bienes lo cual sería injustificado y el que transgrediese esto incurrirá en el castigo los que violen nuestra seguridad Real.
»Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro artículo prohibido por las leyes del reinado.
»De modo que ordenamos a todos los concejales, magistrados, caballeros, guardias, oficiales, buenos hombres de la ciudad de Burgos y otras ciudades y villas de nuestro reino y dominios, y a todos nuestros vasallos y personas, que respeten y obedezcan con esta carta y con todo lo que contiene en ella, y que den la clase de asistencia y ayuda necesaria para su ejecución, sujeta a castigo por nuestra gracia soberana y por la confiscación de todos los bienes y propiedades para nuestra casa real y que esta sea notificada a todos y que ninguno pretenda ignorarla, ordenamos que este edicto sea proclamado en todas las plazas y los sitios de reunión de todas las ciudades y en las ciudades principales y villas de las diócesis, y sea hecho por el heraldo en presencia del escribano público, y que ninguno o nadie haga lo contrario de lo que ha sido definido, sujeto al castigo de nuestra gracia soberana y la anulación de sus cargos y confiscación de sus bienes al que haga lo contrario.
Por supuesto que la condena se extiende sobre los judíos que permanecen en su religión y desdeñan la nueva alianza. Pero tan antijudíos son por este motivo los cristianos como antimusulmanes o anticátaros; o tanto como anticristianos los judíos. Ahora bien, cualquier pretensión de “limpieza de sangre” es herética precisamente porque el texto sagrado de los hebreos es nuestro texto sagrado, y su Iglesia es la nuestra, renovado el pacto con Dios.
“Por supuesto”.
Se esfuma con ello tu disparatada acusación por la que, desde el frontispicio de esta serie cronológica, vienes a asociar a nazis y católicos.
Ripitimus: el cristianismo es el caldo de cultivo sine qua non de la judeofobia que en el s. XX masacró a millones de judíos en los campos de exterminio nazis y a decenas de miles en los campos soviéticos, y que en siglos precedentes los masacró en cantidades más discretas, y que les expulsó de sus lugares de residencia y les expropió bienes y les prohibió rendir culto a Yhvh (que resulta ser tu Dios Padre). Por más que te esfuerces en negarlo con teología barata es lo que hay: esa judeofobia comienza en el s. II. (Los contados casos que hubo en el mundo helenístico eran de muy otra naturaleza y en nada se distinguían de idénticos conflictos con —o entre— otros pueblos). Te acabo de copiar ahí arriba el edicto de Granada, que no es ninguna Endlösung pero fue dictado por los Reyes Católicos por la Gracia de Dios. Los españoles, no solo por ese edicto, no tenemos motivos para estar precisamente orgullosos, pues ya se habían producido en nuestro suelo bastantes matanzas de judíos (Sevilla, Gerona, Barcelona, etc.). La mía es, a no dudar, una disparatada acusación que tiene demasiados muertos a su favor.
La interpretación alegórica de las Escrituras no fue un ardid para divinizar a Cristo y condenar a los judíos, sino una consecuencia inevitable de la nueva doctrina.
Ya. Clarísimo. Porque tú lo vales.
En todo el Antiguo Testamento no existe, salvo en un breve pasaje de Daniel (al que sólo los cristianos tienen por profeta) y algún otro retal místico, mención alguna a la inmortalidad.
Pero fuera del AT hay numerosísimas. Y anteriores. Esas que mencionas —y las de apócrifos y pseudoepígrafos que no mencionas— las aprendieron de los griegos. De hecho, la creencia en la inmortalidad estaba muy extendida en el judaísmo intertestamentario (siglos -III a I). Ya ves. Los caminos del Señor son inescrutables. Dando la murga con Moisés y poniendo patas arriba todo el barrio con plagas, éxodos y conquistas y resulta que la idea fundamental de su doctrina llegó al pueblo elegido a través de los paganos griegos, quienes al mismo tiempo serían los impulsores del racionalismo que, siglos más tarde, desmentiría toda esa historieta. En verdad inescrutables.
Todas las recompensas que Dios promete a los patriarcas son terrenas.
Falso. Y en realidad anticristiano. Pero ya tenemos claro que a la Iglesia de los fieles no le importa mentir si resulta útil, así que…
Tampoco hay entonces un conocimiento claro de la corrupción universal del hombre por su pecado de origen.
Falso. Por lo que veo, la Iglesia de los fieles olvida el arrepentimiento de Yhvh por haber creado a la humanidad (de hecho, a todos los seres vivos [reino vegetal not included]) y la subsiguiente regeneración de las razas.
Metidos en crítica textual, por otra parte, es lógico que en el AT no haya prácticamente alusiones a Gen 2:4b-3:24. Este mito se escribió en época helenística (s. -IV), después del grueso del AT.
¿Cómo pretender, pues, que se trataba de una revelación cerrada que había que leer a la letra?
Estás diciendo, por tanto, que Moisés no es de fiar. O, en su defecto, que Yhvh es un legislador bocazas y veleidoso. Interesante.
La Biblia carece de unidad intelectual sin estas premisas, y no es más que la historia interesada de una liga de tribus monoteístas y el código moral de un pueblo primitivo. Gracias a los cristianos es la Palabra de Dios y los judíos sus emisarios privilegiados.
Sí, los judíos están preocupadísimos por su carencia de unidad intelectual, míralos, sin premisas ni nada. Hay que leer cada cosa…
De un comentario posterior:
Leibniz CREÍA en el lenguaje adámico, que no es otra cosa que lo sostenido por Crátilo en el diálogo platónico … Y si quieres más pruebas, te las daré.
¿Te refieres a las creencias de Leibniz? Pues si eso le respondes a Frazer, no a mí. Aunque Frazer no te leerá. Lo sé. Desde que murió no se pasa mucho por HispaLibertas. Ni por ningún otro sitio.
“Y recuerdo a los ateos que la interpretación cristiana de la cosmogonía sigue en pie, al menos como hipótesis plausible, hasta que no quede científicamente demostrada la eternidad del mundo.”
O hasta que se demuestre la inexistencia de la Tetera de Russell, o lo siguiente que se os ocurra. La interpretación cristiana sigue en pie, claro, en igualdad de condiciones que la hindú, la maya o la celta: cuentos.
Debe ser bastante jodido tener un dios de los huecos.
Bazofia:
Por la misma razón podría echarte en cara yo el ser el tuyo un ateísmo de los huecos. Tan oculto está Dios Creador como la eternidad del mundo y la tetera.
Escalígero,
Por más que bromees y te entretengas en chanzas y cuchufletas, resulta evidente que no sabes distinguir entre historia y teología. Dentro de la historia sagrada hay hechos esenciales para el cristianismo, como la revelación de Moisés en el Monte Sinaí o la formulación de las profecías, y otros por completo prescindibles en su lectura literal. Un texto que en parte dicta Dios conforme a su plan de salvación no puede juzgarse de la misma manera que el relato presencial de un Tucídides, subordinado a lo factual inmediato, o cualquier otra narración profana. Y aun así: ¿Fue Herodoto, el padre de los historiadores, un modelo de exactitud y corrección en las fuentes? Yo seré un teólogo alucinado (pleonasmo para el ateo), pero tú eres un pedante comediante con exigencias fuera de lugar.
La interpretación alegórica no ha ido improvisándose conforme los eruditos de turno enmendaban la plana al saber tradicional, cosa naturalísima en la medida en que no hay saber estático, ni siquiera el saber teológico. Lejos de eso, este método hermenéutico se encuentra ya en los primeros Padres y, antes que ellos, en Filón (cómplice de Auschwitz de rebote), que lo adoptaron por razones teológicas. ¿Qué sentido tiene, entonces, desautorizarlo en base a los descubrimientos históricos, la fijación del día juliano y esas grandes revoluciones tuyas que se remontan al siglo XVI, mil quinientos años más tarde? Ningún sentido. Sólo pretendes aturdir a los ignorantes.
Es el colmo de la grosería intelectual que menciones los tratados contra los judíos como si fueran versiones prematuras del Mein Kampf. De nuevo la indistinción entre teología, ideología e historia, que tan fecunda te resulta. Las eclesiologías dispensacionalistas, trátese de la de Joaquín de Fiore o de las protestantes, son típicamente heréticas por lo menos desde San Agustín, que identifica en su Ciudad de Dios el Reino mesiánico con la Iglesia, contra los quiliastas. Para los cristianos el judaísmo carecía de sentido tras Cristo, como la vaina tras el fruto, y la destrucción del Templo y la diáspora eran justo pago por su pecado colectivo de deicidio. “Hijos del diablo” es una calificación teológica, una vez más, y equivale a mentirosos. Hasta aquí lo teológico.
Respecto a la historia, los judíos fueron marginados por su fe dispar, no menos que los protestantes en tierras católicas o los católicos en tierras protestantes. Hasta Westfalia así se concebía la soberanía, como una fidelidad cuasi religiosa y totalizante, ya que incluso el poder mundano procedía de lo alto (sana doctrina, si se entendiese con caridad). El particular enseñamiento con el pueblo hebreo, que considero vergonzoso, se debe a su condición doble de infiel y apátrida, no a un siroco del legislador cristiano, embebido de alegorías y visiones proféticas para preparar el reino de los mil años y eliminar la cizaña. Fue una aberración política -una más de entre todas las que caben en veinte siglos-, no una aberración teológica determinada por la ortodoxia, ya que de lo contrario se habría plasmado antes, y con tanta mayor virulencia cuando la fe en la parusía era general, o al renacer ésta en los últimos estertores del Imperio. Nada de esto sucedió. Por el contrario, aflora muchas decenas de generaciones más tarde y de forma localizada. “Ex post” pudo justificarse teológicamente, si bien no de un modo pacífico en lo doctrinal, como he mostrado ya.
Errata: Enseñamiento por ensañamiento.
Publico esta respuesta en mi blog, junto con un enlace al debate.
“Tan oculto está Dios Creador como la eternidad del mundo y la tetera.”
¿Por fin aceptamos, entonces, que la fe es algo irracional? ¿Que dios, caso de existir, es algo similar a un ente y no a una persona? ¿Dónde queda el Cristo?
Ah, claro, es que el dios creador es el padre. Lo que no resuelvan los teólogos con palabrería…
Hipócrita,
Por más que bromees y te entretengas en chanzas y cuchufletas, resulta evidente que no sabes distinguir entre historia y teología. Dentro de la historia sagrada hay hechos esenciales para el cristianismo, como la revelación de Moisés en el Monte Sinaí o la formulación de las profecías
Resulta obvio que no sé distinguir entre Historia y Teología. Tú, en cambio, sí que sabes, por eso recurres a hechos NO históricos y a conceptos acomodaticios que violan la lógica y la experiencia de las cosas. La tuya es una Historia si non e vera e ben trovata, que son las mejores.
Un texto que en parte dicta Dios conforme a su plan de salvación no puede juzgarse de la misma manera que el relato presencial de un Tucídides
Te van a echar de Trento, que lo sepas: ¿qué significa eso de «en parte»? Ah, ya. La parte que a ti te interese en cada ocasión.
Yo seré un teólogo alucinado (pleonasmo para el ateo), pero tú eres un pedante comediante con exigencias fuera de lugar.
No, yo soy un pedante que te las ha cazado todas al vuelo y te ha sacado los colores, y tú eres un alucinado sin más. Una lástima que no hayas respetado nunca las reglas del juego (estamos debatiendo, recuerda, no evangelizando ni sembrando el ateísmo respectivamente, y eso implica responder también las preguntas que yo formulo, milagro que sigue sin acontecer después de tantas lunas).
¿Qué sentido tiene, entonces, desautorizarlo en base a los descubrimientos históricos, la fijación del día juliano y esas grandes revoluciones tuyas que se remontan al siglo XVI, mil quinientos años más tarde? Ningún sentido. Sólo pretendes aturdir a los ignorantes.
Es verdad, ¿por qué hemos de consentir que los hechos históricos y comprobables se entrometan en nuestras potitas alegorías?
Es el colmo de la grosería intelectual que menciones los tratados contra los judíos como si fueran versiones prematuras del Mein Kampf.
Y es el colmo de la miopía sin calificativo que leas tantas veces mal. Debe ser que pierdes el oremus —o las gafas— con tanta alegoría.
Para los cristianos el judaísmo carecía de sentido tras Cristo …
En efecto, y para los judíos el cristianismo carece de sentido.
…como la vaina tras el fruto, y la destrucción del Templo y la diáspora eran justo pago por su pecado colectivo de deicidio
Escribes tales barbaridades y tales ignominias tan a menudo que además del oremus y las gafas pierdes hasta el sentido del Bien y el Mal. ¿Qué monstruosidad es esa de «pecado colectivo de deicidio»? Los pecados son individuales, nunca colectivos. ¿No has leído nostra aetate? Ah, coño, cierto, se me ha olvidado que eres pretridentino.
…ya que incluso el poder mundano procedía de lo alto (sana doctrina, si se entendiese con caridad)
Eso, encima defiende la teocracia. Es lo que faltaba.
El particular enseñamiento con el pueblo hebreo, que considero vergonzoso, se debe a su condición doble de infiel y apátrida, no a un siroco del legislador cristiano, embebido de alegorías y visiones proféticas para preparar el reino de los mil años y eliminar la cizaña
¡Apátrida! ¡Y lo dice quien expide el carnet de identidad!
En serio, Hipócrita. Háztelo mirar. Aquí nos divertimos (al menos yo), pero esas ideas pueden costarte un disgusto cualquier día. No se puede ser tan cavernícola moral sin que la propia moral pase cuentas. Pero allá tú. Que no se diga que fuera del Paraíso estamos peor que dentro.
“¿qué significa eso de «en parte»?”
Significa que la razón humana participa de la razón divina sin poseerla completamente. La Biblia no es el Corán.
“eso implica responder también las preguntas que yo formulo”.
Si te refieres a interpretar pasajes alegóricamente, todo a su tiempo. No ha lugar hasta que las bases de la polémica estén claras. Como no vamos camino de llegar a un acuerdo en lo esencial (la distinción teología-historia), me parece un esfuerzo inútil examinar criterios interpretativos. Pero, si tan impaciente estás, propón tú el versículo que te haga ilusión y veremos.
“¿por qué hemos de consentir que los hechos históricos y comprobables se entrometan en nuestras potitas alegorías?”
Porque precisamente la alegoría tiene un sentido místico y no histórico. Y esto vale para todos los grandes textos religiosos de la humanidad, incluida la obra de Homero. Que los padres sean superiores a los hijos y sólo excepcionalmente el hijo sea “más grande que su padre”, siendo tal vez un hecho histórico, no nos dice gran cosa de la historia, pero sí mucho de los conceptos que subyacen a ella -de las nociones homéricas de ser y progreso- y por los que ésta transita como una representación sublunar. La Ilíada guarda semejanza con el Antiguo Testamento y la Odisea con el Nuevo no por su contenido fáctico, sino por el anagógico.
“Los pecados son individuales, nunca colectivos. ¿No has leído nostra aetate? Ah, coño, cierto, se me ha olvidado que eres pretridentino.”
No, soy plutarquiano:
http://boards1.melodysoft.com/app?ID=arje&msg=100
El castigo en vida es el modo que tiene Dios de corregir a los hombres. Siendo Dios bueno, no es crueldad y, por tanto, difícilmente puede llamarse “maldición”.
“encima defiende la teocracia.”
Teocracia no se opone a democracia, sino a gobierno de seglares. Y derecho natural no es lo contrario de derecho positivo, sino de pueblo soberano. Se puede ser iusnaturalista, esto es, derivar el poder absoluto de la razón suprema o Dios, y demócrata, como Spinoza, en atención al que estimó era el gobierno con mayor conato:
http://boards1.melodysoft.com/app?ID=arje&msg=139
Pero, ya que lo dices, no soy partidario de la democracia ni siquiera como gobierno, sin que eso signifique que tenga que rechazarla en todo caso. A veces convendrá (las menos), y a veces no (las más). Sin embargo, estoy absolutamente siempre en contra de la democracia como forma de Estado. No me aparto en esto último de Spinoza, al que tanto cariño tienen los liberales.
“Aquí nos divertimos (al menos yo), pero esas ideas pueden costarte un disgusto cualquier día.”
Insisto en que lo bueno y lo popular no coinciden casi nunca, y si lo hacen es por casualidad o por un designio superior.
Hipócrita,
Si te refieres a interpretar pasajes alegóricamente, todo a su tiempo.
No, me refiero a las cienes de preguntas que te he hecho y te has negado a responder. Por ejemplo: ¿de dónde sacas que la Biblia solo ha de leerse en clave moral?
Como no vamos camino de llegar a un acuerdo en lo esencial (la distinción teología-historia), me parece un esfuerzo inútil examinar criterios interpretativos.
Esto es el colmo del morro. La distinción Teología-Historia está clara para todos, incluido tú. Si no te sirve mi propio idiolecto, en el que no olvido indicar Historia Sagrada —o sinónimos— cuando me refiero a la historia teologizada, sírvate la cita de Werner Stenger que te traje ayer, y que cabe resumir en que «Historia significa que la Biblia es un libro como cualquier otro» y «Teología significa que la Biblia es la palabra de Dios».
Porque precisamente la alegoría tiene un sentido místico y no histórico.
¿Tas cuén, como si conoces la distinción entre Teología y Historia? ¿Pero quién habla aquí de mística? Yo no, y los apologetas griegos del s. II tampoco.
No, soy plutarquiano
No, eres un hipócrita que dice ser cristiano solo cuando le conviene y en lo que le conviene, y que apela al Magisterio cuando caen chuzos y al paganismo cuando ha metido la pata hasta el corvejón.
El castigo en vida es el modo que tiene Dios de corregir a los hombres.
Es decir, que ni siquiera él se cree lo del día del juicio ni la escatología asociada. Pues sí que vamos bien. Qué disparates se te ocurren, joer. Vete a tu confesor y… bueno, no, que le agobiarás y no hay por qué desearle nada malo a nadie.
Y derecho natural no es lo contrario de derecho positivo, sino de pueblo soberano.
Eso díselo a los iusnaturalistas, que no es mi caso. Aunque sospecho que te darán un capón por torpe.
Insisto en que lo bueno y lo popular no coinciden casi nunca, y si lo hacen es por casualidad o por un designio superior.
Y yo insisto en que tu amoralidad se volverá contra ti algún día. No es una profecía; es una obviedad.
Y ahora, si fuera posible, centrémonos en el asunto del artículo o callemos.
Escalígero,
“¿de dónde sacas que la Biblia solo ha de leerse en clave moral?”
De aquello de Pablo de “Videmus nunc per speculum in aenigmate”, y de que se trata de la Palabra de Dios, que no quiere contarnos historias, sino salvarnos. Por tanto, no puede salvarnos a todos salvo que se dirija a todos por nuestra condición de hombres (seres morales) en lugar de por nuestra condición de judíos, lo que sólo puede lograr la anagogía. Ahora bien, yo no dije “sólo” en clave moral; sí principalmente, en referencia al AT.
“Historia significa que la Biblia es un libro como cualquier otro”.
Es una petición de principio que no pienso aceptarte. La Biblia es un texto sagrado, como la Ilíada o el Popol Vuh. No exijo que lo leas de modo distinto al resto de textos, sino de acuerdo con su clase específica.
“No, eres un hipócrita que dice ser cristiano solo cuando le conviene y en lo que le conviene, y que apela al Magisterio cuando caen chuzos y al paganismo cuando ha metido la pata hasta el corvejón.”
Pregunto: ¿Es Plutarco un bárbaro? ¿Contradigo en algo al magisterio?
“Es decir, que ni siquiera él se cree lo del día del juicio ni la escatología asociada.”
¿Cómo infieres esto?
“Qué disparates se te ocurren, joer.”
A mí no, a San Agustín:
“Quien se alegra con los milagros de los beneficios, alégrese en los espantos de las venganzas, porque halaga y amenaza. Si no halagara, no hubiera alguna exhortación; si no amenazara, no hubiera ninguna corrección”.
Y a tantos otros Padres que me demuestras que no has leído.
“Eso díselo a los iusnaturalistas”.
Ya lo saben. Y también saben que hay teocracias constituidas democráticamente.
“Y yo insisto en que tu amoralidad se volverá contra ti algún día.”
Tienes razón. Dios perdona, el karma no.
“Y ahora, si fuera posible, centrémonos en el asunto del artículo o callemos.”
Eso intento, pero me cuesta cada vez más, porque tus respuestas son menguantes y al final me obligarás a monologar. Lo que te servirá de pretexto para cortar el hilo.
Dándole vueltas a este argumento maestro tuyo de “un libro como cualquier otro”, estoy en la duda de qué sea un libro así. ¿Puedo leer el listín telefónico como una novela y decir, con el chiste, que tiene demasiados personajes?
“Como no vamos camino de llegar a un acuerdo en lo esencial (la distinción teología-historia)…”
hombre, Irichc, yo creo que Manel distingue muy bien entre ambas, y precisamente la prueba es que él solo habla (y reclama hablar) de historia, mientras que la teología, como la ufología o la unicorniología, simplemente no le interesan
eres tú el que subordina la historia a la teología. Eres tu el que ha dicho que el dogma de que Jesus es Dios es el que sostiene toda la exégesis cristiana de la biblia, y que ese dogma se basa en el hecho HISTÓRICO de la resurrección y en menor medida en el cumplimiento de las profecías veterotestamentarias. Porque, dices, hay testimonios HISTÓRICOS, y porque nadie muere por algo que sabe falso (como los de Waco, I suposse)
es cojonudo el ejemplo del listín telefónico, porque ahí no se cuenta que Alfredo López García, con teléfono XXXXXXXX, le cortó una oreja a Roberto Méndez Orellana, con teléfono YYYYYYYY, ni que este predijo el cambio de teléfono de María Peláez Rodríguez. Si la biblia sólo ha de leerse en clave moral, eres tú el que confundes historia y teología
y se cumple mi profecía primigenia de que este es un debate irresoluble, y me sigo preguntando por qué DE HECHO, existen estos debates, si es evidente A PRIORI, que son irresolubles. Cuando Donís ha explicado su visión personal de Jesús, guiada por la fe, solo puedo oponer lo que dije: “yo no puedo aceptar esa forma de razonar. Si sintiera fe estaría contigo, pero no la siento”. Y NO HAY MÁS QUE HABLAR. Si hay algo más que hablar, sólo puede ser para acusar al adversario dialéctico de irracional, bla, bla, bla, lo que no lleva a ningún lado salvo a la infantil complacencia de nuestro ego. Eres tú el que hablas de “aturdir a los ignorantes”
Rezumas elitismo. El sabio reconoce que hay sabios e ignorantes, pero el elitismo es algo completamente diferente, algo que el sabio desprecia. Para tí, es mi sensación, representa un refugio que te mantiene “a salvo” de los “ignorantes”
dos aclaraciones: el sabio desprecia el elitismo por sabio, no por socialdemócrata
porque conoce las necesidades psicológicas que el elitismo “satisface”
la atribución de elitista no nace exculsivamente de lo dicho aquí, es que me di un paseo por tu blog
Nituniyo,
“la teología, como la ufología o la unicorniología, simplemente no le interesan”.
Si no le interesa la teología, no debería juzgarla desde criterios externos, así como los teólogos no tienen por costumbre cuestionar a los historiadores. Tampoco se trata de una disciplina fantasiosa como las que mencionas. Hace justo un añito Manel escribía así:
“Solo he subrayado algo evidente: que la tradición artística —así como la producción intelectual— de las religiones es muy superior a la de las ideologías. Superior en belleza, en dificultad técnica relativa y en tonelaje intelectual.”
Pero ahora todo lo reduce a la pamplina del “I see cows”, a la mentira descarada y a la propaganda para tontos. Además, este ateo proclerical -así se hace llamar- nos cuelga el sambenito de racistas, como si los antisemitas y los malvados hubieran necesitado grandes coartadas intelectuales para hacer lo que hicieron.
“eres tú el que subordina la historia a la teología.”
Cuando hablamos de textos sagrados.
“Porque, dices, hay testimonios HISTÓRICOS, y porque nadie muere por algo que sabe falso (como los de Waco, I suposse)”
Los de Waco murieron por fe, sin ver ni poder ver. Los discípulos murieron por algo que habían visto durante días.
“es cojonudo el ejemplo del listín telefónico, porque ahí no se cuenta que Alfredo López García, con teléfono XXXXXXXX, le cortó una oreja a Roberto Méndez Orellana”.
Pero es un libro, ¿no? Un libro como cualquier otro, en palabras de Manel.
“Si la biblia sólo ha de leerse en clave moral, eres tú el que confundes historia y teología”.
Una vez más: no dije “sólo” ni “exclusivamente”. La lengua de Dios es en la Biblia una lengua doble, que habla para los judíos en tiempo presente y para los cristianos en tiempo futuro. Dice dos cosas distintas a la vez, convergiendo ambas según su Providencia. El cristiano no niega el primer significado, pero lo relativiza en función del segundo. No se olvide que Cristo no sólo es Dios, sino también el Verbo encarnado, la palabra inteligible.
“yo no puedo aceptar esa forma de razonar. Si sintiera fe estaría contigo, pero no la siento”
Estas excusas sentimentales me dejan frío. Yo vengo del ateísmo y sé qué es una conversión. No se trata de sentir algo, como quien siente picor o dolor de muelas, sino de reformar el edificio de tus certezas y, en primer lugar, de tus certezas sobre el hombre y sobre ti mismo.
Solo un par de cosas más, no me traicionaré a mi mismo prolongando el debate
lo que a Manel le interesa yo no lo sé, me refería en el marco de esta discusión, y bien se pude sustituir a Manel por otro que defienda su misma postura
puedo decir que el tema que más me apasiona en el mundo es el de la “certeza”, más concretamente la relación de la certeza con el conocimiento incompleto. Para mí, la certeza es no un sentimiento (y obviamente no como un dolor de muelas), yo la llamo sensación epistemológica. No tiene nada de cognitiva, aunque siempre va asociada a proposiciones cognitivas, por supuesto. Recuerdo hace años que leí un artículo sobre el trastorno delirante y las influencias de los circuitos dopaminérgicos en la certeza asociada a dichas ideas. Me resulta fascinante que un chorro de dopamina pueda reformar el edificio de las certezas de uno
y también podríamos estar discutiendo hasta el día del juicio si el chorro es causa o consecuencia…
un saludo
Nituniyo,
“me refería en el marco de esta discusión”.
En el marco de esta discusión Manel sólo ha demostrado que los apologistas cometieron imprecisiones históricas, o probaron insuficientemente sus alegatos, al querer dotar a Moisés de una antigüedad desmedida. Pero no que fracasasen en su empeño de evidenciar que la novedad provenía de los dioses de los gentiles y no de los patriarcas y profetas de los hebreos, que son quienes prefiguran o anuncian a Cristo (la validez de las profecías merece capítulo aparte y, si procede, podemos examinarla en la siguiente entrega). Escalígero -esta vez el auténtico, no el impostado- escribe en su famosa obra que revolucionó la cronología:
“The enemies of the name of Christianity thought that a good part of the weaponry with which they fitted out their arguments against the religion consisted in the antiquity of their gods and the very recent appearance of Christianity, and they rode that argument insolently. Writers of outstanding piety and learning accordingly arose, who not only used the commentaries of the Greeks to assert the antiquity of the Law of Moses, but also showed that the oldest gods of the pagans came after the time of Moses. And they took the matter so far that they drove the enemies of Christianity to confess one of two things: either Moses was older than any of the pagan gods, or the evidences that Greek used were false. Thus they cut the pagans’ throats with their own sword. In this matter splendid work was done by Justin Martye, Tatian, Clement of Alexandria, Athenagoras, Theophilus, and others whose writings have reached us. They all showed, from the grammarian Apion and others, that Moses was contemporary with Inachus, so that –to use the words of Tertullian- the archive of Moses alone, which contains the whole treasury of the Jewish sacrament, and thereafter the Christian as well, beats the gods of the pagans, their temples and oracles, and their rites, by centuries. Even the impious Porphyry says that Semiramis came after Moses. Others also said that she was 493 years before Danaus. But Danaus was some centuries after Inachus, whose contemporary Moses was. Because the earliest antiquity claims its authority from evidences, and the evidences were taken not from the Christians but from the pagans, and the pagans had nothing which they could use in opposition to them, the upshot seemed to be either that a frank confession would be extorted from them or that silence would put an end to their stubbornness. The Christians’ efforts certainly succedded, so much so that in this area too Porphyry admitted defeat. But Eusebius did not think it adequate if the pagans were defeated by their own evidences, unless they were also overcome by ours. Now our arguments –that is, those of Scripture- when computed accurately claim great antiquity for Moses, and more than that of even even the oldest gods of the pagans, but still not so much as to make him a contemporary of Inachus. Therefore Eusebius was the first of all to try to show that the Exodus of the Jews fell more than 340 years after the beginning of Inachus. This was the single, or main, reason why Eusebius set out to compose this work. For those who had written about this matter before him, content to prove the age of Moses with the native testimonies of the pagans, and thus to shout down the stubborn pagans, were satisfied to stop there. Eusebius was not satisfied until he could support his chronology with Moses’ own computations. But Moses’ own chronolohy will make him later than the time of Inachus. Therefore Eusebius thought this was the first correction that needed to be made in chronology.”
En suma: Joseph Scaliger reconoce el gran trabajo y la honestidad de los apologistas, menciona la importante enmienda de Eusebio (omitida por Manel) y admite que el cometido principal de la contienda antipagana fue plenamente logrado por aquellos escritores. Por el contrario, Manel se aprovecha de la erudición de Escalígero -o de la que bebe de él- para cubrir a esos personajes de insultos y de acusaciones exageradas y extemporáneas, como si hubieran defendido a sabiendas mentiras históricas (cosa que sí hace Amenábar, a quien él alaba antes y después de ver su película). En fin, sea posterior o no a Moisés la redacción de la Torah, los hechos a los que ésta se retrotrae son lo bastante viejos como para silenciar la acusación a la que los primeros cristianos tuvieron que enfrentarse, a saber, la novedad de sus tradiciones y documentos fundacionales.
Saludos.
Patiné por las prisas, pues la cita está en Scaliger pero no es de Scaliger, sino de la Crónica de Eusebio, traducida y prologada por Jerónimo. Scaliger es crítico con ella en su “Thesaurus temporum”, como corresponde a su papel de impugnador de la tradición, del que Manel resulta un émulo algo tardío.
Me extrañaba tanta condescendencia, pero admito que me dejé llevar por el hallazgo.
Esto es interesante:
http://www.tertullian.org/fathers/jerome_chronicle_02_part1.htm
Cambiando ligeramente de tercio:
“A su interlocutor trinitario se le llama Padre que estás en los cielos (nótese el plural) (33), pues el cielo es el trono de Dios (34); aún más, la identidad entre uno y otro es tanta que nombrar cielo es una forma antiblasfema de decir Dios (35)”.
Lo que alega aquí Manel es falso, una vez más. Se demuestra:
“Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro” (Deut 4:39).
Como falso es que los antiguos identificaran el cielo con algo puramente físico.
Memento: “Esos textos dicen lo que dicen”.