Jueves, 31 de Diciembre de 2009

primer periódico ciudadano de españa

Nochevieja con Gordon Pachá

Manel Gozalbo

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Jueves, 31 de Diciembre de 2009, 08:34 horas

Hace un rato, rebuscando en la videoteca algunas películas con las que distraer el trámite ilusorio de la Nochevieja, he reparado en Jartum. Han pasado siete años y ocho meses desde que la vi por última vez (si las propiedades del archivo son de fiar), y desde luego resulta una película muy oportuna para justificar lo ilusorio que es el paso del tiempo, sección siglos. La trama gira en torno a uno de los muchos acontecimientos dramáticos que se produjeron durante la guerra del Sudán del s. XIX: Charlton Heston (Gordon Pachá, t.c.c. el chino Gordon) es enviado a Jartum por el primer ministro inglés Gladstone (Ralph Richardson) para evacuar a los ingleses y egipcios antes de que lleguen las huestes del Mahdi [1] (Laurence Olivier con la cara embetunada). Gordon Pachá aprovecha la crecida anual del Nilo, que ya de por sí aisla Jartum, y levanta defensas adicionales en espera de refuerzos, el Mahdi asedia durante meses la ciudad, etcétera. Oh the history books tell it, they tell it so well.

Anticipándose a lo que sucede actualmente con Irak y Afganistán, Gladstone es reacio a mandar tropas al Sudán, y solo por la presión conjunta de la reina y de la opinión pública y publicada accede a que el prestigioso y testarudo general Gordon, héroe antiesclavista en el país africano, acuda —acompañado por un agente de inteligencia— a poner un poco de orden. Pero tan remiso es Gladstone a involucrarse militarmente que desoye las reiteradas peticiones de refuerzos que le hace llegar el desesperado Gordon Pachá. Cuando finalmente se despacha un contigente desde Egipto, se mueve con tanta pachorra que llega tarde. Gordon Pachá ya ha sido degollado por la morisma, y la ciudad ha caído en poder del Mahdi.

Igual que nuestro ejército en Afganistán, donde en teoría estamos para adiestrar a los futuros militares afganos, Gordon Pachá también se encuentra con unas tropas de nivel ínfimo. Elocuente al respecto es una de las cartas remitidas desde Jartum por Frank Power, cónsul en funciones y corresponsal del Times, publicadas póstumamente en 1885:

We have here 9,000 infantry that fifty good men would rout in ten minutes ; and 1,000 cavalry (Bashi-Bazouks) that have never learned even to ride, and these, with a few Nordenfeldt guns, are to beat the 69,000 men the Mahdi has got together.

Aquí tenemos unos 9.000 efectivos de infantería que cincuenta buenos hombres pondrían en fuga en diez minutos; y 1.000 de caballería (irregulares) que ni siquiera han aprendido nunca a montar, y estos, con unas pocas ametralladoras Nordenfeldt, tienen que vencer a los 69.000 hombres del Mahdi.[2]

En otras narraciones acerca de la guerra contra el Mahdi abundan los episodios de soldados desertores al oírse el primer disparo (incluso en una ocasión en que solo se produjo un disparo), y no faltan escenas propias de una astracanada sin presupuesto:

When, on the 4th of February, the unfortunate, but gallant, Baker Pasha, leading the men he had tried so hard to train to the relief of Tokar, was attacked, even at the first sight of the yelling Arabs the miserable Egyptian soldiers refused to make the least attempt to defend themselves, but lay grovelling on their faces and screaming for mercy.

Cuando, el 4 de febrero, el desventurado pero gallardo Baker Pachá, dirigiendo a los hombres a quienes había tratado con todas sus fuerzas de entrenar para liberar Tokar, fue atacado, sus miserables soldados egipcios, ante la sola vista de los chillones árabes, rehusaron hacer el menor gesto por defenderse, postrando sus rostros en tierra y pidiendo piedad a gritos.[3]

También entonces, como ahora, se declaró la yijad; también hubo intentos fallidos por capturar a Mohamed Ahmed, el Mahdi, que se refugió en las montañas; también el malo escribió cartas a los líderes mundiales y mensajes a los musulmanes, y hasta concedió entrevistas; también hubo secuestros de extranjeros [4]; también se publicaron thrillers de Frederick Forsyth y choques de civilizaciones de Huntington; y también entonces las principales víctimas fueron los lugareños, no las fuerzas extranjeras:

The war-cry of the Mahdi is not “Down with the Christians!” but “Down with the Turks!” That is to say, down with the false Moslems of Cairo!

El grito de guerra del Mahdi no es «¡Mueran los cristianos!» sino «¡Mueran los turcos!» Es decir, ¡mueran los falsos muslimes de El Cairo![5]

Por último —y solo por no hacer esto más largo, que se puede y mucho—, también entonces hubo un «Afganistán de los talibanes» llamado Mahdiyya (1885-1889), prácticamente de la extensión del actual Sudán (cinco veces más grande que España), que funcionaba como un gigantesco campo de entrenamiento militar, con economía ruinosa, donde se quemaban libros y se destruían las mezquitas de los no afectos al régimen, y donde las fronteras solo se abrían para atacar a los países vecinos. La señora Ada S. Ballin, traductora americana del libro de Darmesteter que cito en la nota 5, demostró perspicacia en un prefacio personal: «La historia se repite tanto entre los musulmanes que narrar las aventuras de antiguos Mahdis es contar la historia pasada y presente, y probablemente futura, del Mahdi que últimamente nos está causando tantos problemas». En efecto, cuatro años después de esas palabras, Mahdiyya pasó a mejor vida gracias a la intervención sucesiva y continua de fuerzas angloegipcias, belgas e italianas. El Mahdi, por lo demás, había muerto de tifus seis meses después de conquistar Jartum.

Y así que esta noche es Nochevieja, pasa el tiempo y todo eso. Bueno. Nadie lo diría.

Feliz año nuevo.

Notas

1. Enlazo con la versión inglesa por tres razones: 1) la española está espantosamente escrita; 2) la española es mucho peor; y 3) porque hasta la Wikipedia se nos pone empalagosa: Muhammad(PBUH), dice en un lugar. PBUH es acrónimo de Peace be upon him.

2. Frank Power, Letters from Khartoum Written During the Siege, Londres 1885, p. 20. La carta es de 1 de septiembre de 1883.

3. James Grant, History of the War in the Soudan, Londres-París-Nueva York-Melbourne 1886, vol. 2, p. 86, col 1.

4. Algunos de los rehenes publicaron memorias luego de recuperar la libertad. Por ejemplo, Charles Neufeld, tras 12 años de cautiverio, o el Padre Joseph Ohrwalder, sacerdote austríaco que pasó 10 en campos del Mahdi.

5. James Darmesteter, The Mahdi. Past and Present, Nueva York 1885, p. 68.

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