Lunes, 8 de Febrero de 2010

primer periódico ciudadano de españa

Lunes, 8 de Febrero de 2010, 20:06 horas | Hemeroteca, Manel Gozalbo
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Este artículo se publicó originalmente el 11 de junio de 2006. Algunos enlaces, por el tiempo transcurrido, puede que ya no sean operativos.

Ayer, en el oratorio millanesco, en relación con el desgraciado y miserable acoso interesado que Federico Jiménez Losantos ha maquinado este fin de semana contra el alcalde de Madrid, le dije a mi querido Policronio que la principal reflexión que había que plantearse al respecto no residía en lo no sugerido por Gallardón —a saber, que había que dejar de investigar el 11M— ni en su supuesta naturaleza submarina, sino en la línea políticoinformativa de Jiménez Losantos, entendiendo por tal tanto el fondo de lo que dice como la forma en que lo dice, que, a mi juicio, ni benefician al liberalismo ni al PP, sino antes bien al PSOE y a otros extremistas de ambos lados del espectro político entre los cuales no excluyo que esté el propio FJL. No es una conclusión repentina por mi parte. Hace ya dos años que la apunté por primera vez, y la he reiterado en (famosas) ocasiones posteriores. Solo voy a profundizar un poquito más.

Esta ruin escandalera contra Gallardón, como antes ha habido otras y como otras que seguro habrá mañana y pasado mañana por cualquier motivo —de hecho, si no existe el motivo se inventará, como se ha inventado este—, se produce en un contexto tan turbio que, de afectar a un político y a un medio de comunicación zurdos, el propio FJL lo denunciaría implacablemente hasta el fin de sus días, y tras él todos cuantos le tienen por líder de su opinión dizque oráculo. Ese contexto es bien conocido y puede ser expuesto circularmente: FJL es amigo personal de Esperanza Aguirre desde hace años; Esperanza Aguirre es, ejem, la gran «esperanza» blanca de algunos sectores del PP como sucesora de Rajoy si este se estrella en las urnas; Esperanza Aguirre no se lleva muy bien con Gallardón; Gallardón también aspira a suceder a Rajoy en caso de derrota electoral; Gallardón se lleva bien con el grupo Prisa y es tratado generalmente bien por él; Prisa es la enemiga mortal de FJL. Agítese bien y sírvase en vaso moral: mientras Prisa obtiene usufructos culturales de Gallardón —denunciados implacablemente por FJL, ya digo—, Esperanza Aguirre concede una licencia de televisión digital a LD, o sea FJL, ya digo que no digo. Aquello se llama Poder Fáctico Fácilmente Reconocible; esto se llama «arrearle estopa a Gallardón» por tierra (LD), mar (bitácoras) y aire (COPE).

Pero el alcalde madrileño no es el centro del universo de FJL, y la enfermiza relación de desprecio y odio que FJL mantiene con él solo es un efecto colateral de las principales obsesiones del turolense, que son básicamente Polanco, el nacionalismo y la izquierda. En lugar de racionalizar y calibrar con objetividad el sentido de cada cosa, que es lo que debe hacer un analista político, FJL opta siempre por el rechazo visceral y personal, por un maniqueísmo incurable, por el «si no estás conmigo estás contra mí» más exacerbado, resultando que si los contrarios no piensan que uno es un hijo de la grandísima puta, uno es sospechoso de traición a los suyos; si no le odian o insultan a uno, señal de que se es uno de ellos camuflado, un submarino, algo raro pasa, algo se hace mal. Elocuente muestra de ello, aparte su discurso habitualmente incendiario, es la uniforme colección de tertulianos y colaboradores de que se ha rodeado en la radio —de donde han salido por piernas los moderados como Antolín y Apezarena o los centrozurdos como Antonio Casado—, uniformidad que se repite en LD, donde destaca también la vertiginosa domesticación de inteligencias antaño sanotas y con poso —Girauta y otros— prestas ahora a pergeñar libelos ad hominem al menor suspiro del jefe aunque el jefe no tenga razón (inciso: el jefe dijo que Gallardón no existe, y Dieter Brandau, esta mañana, pasa lista de las personalidades políticas que acudieron ayer a la mani de la AVT y, en efecto, Gallardón no existe; pero sí existió). LD ya no es fortaleza del liberalismo ni fuente de fiabilidad, sino panfleto autocéntrico e industria de titulares retorcidos pro domo sua. Es lo que tiene el vicio humanitario del «campañismo» y el cuerpo a cuerpo personal con los demonios, reales o no: al final, el apoyo a causas nobles resulta indistinguible de la manipulación de dichas causas nobles en beneficio propio. La cosa ha llegado al paroxismo —para mi sorpresa, tácita o explícitamente aceptado por muchos— de confundir audiencia de COPE con votantes del PP y, aun peor, al extremo de creer que si la COPE aumenta en audiencia eso significa que el PP está ganando votos, y todos a alegrarse. Como tal correlación es una inconcebible memez, luego, cuando las encuestas de opinión salen como salen o cuando los manifestómetros cuentan como cuentan, llega la hora de las quejas, las risitas de desprecio y las conspiranoias sin fin. Le Droit c’est moi, et sans mi sont maricomplejins, y todos a formar, ¡por dios bendito!

En este punto principia, de hecho, la reflexión que le recomendé a Policronio. Tanto por dejación de los espectadores críticos (nostra culpa, liberales, conservadores, derechosos y centripollas) cuanto —en mayor medida— por el carisma arrollador de FJL y las facilidades mediáticas con que ha contado, sus obsesiones personales han pasado a formar parte de la cosmovisión de la derecha española, de su ideario político y de su praxis. Conviene preguntarse si para bien. Mi respuesta ya se conoce: está claro que no. Para mal. La ventaja del liberalismo sobre el resto de ideologías políticas no radica en el tamaño del pulmón que lo grita, ni en los metros que mide el bate de béisbol, ni en contemplar el resto del universo como un cementerio cerebral al que hay que salvar por la fuerza, sino en la facilidad con que puede ser expuesto y la contundencia con que puede ser avalado con hechos. El liberalismo no tiene dictaduras a sus espaldas, ni gulags, ni auschwitzs, ni golpes de estado, ni millones de muertos, ni corrupción, sino prosperidad y libertad general. El liberalismo es la doctrina de la libertad individual y de la decencia social, pero ya se ve que si el español no acuchilla a su vecino zurdo por lo menos dos veces al día es un vendido, un mal español y un maricomplejines, discurso de confrontación que nos obliga a los liberales a comportarnos como si fuéramos los típicos mendrugos militantes de izquierdas. Si estos se distraen con sus neuras antiamericanas y sus conspiraciones judeoneoliberalesneocónicas, nosotros nos reímos con nuestras neuras antizurdas y nuestras conspiraciones psoetarrofrancomarroquislamistas. Mal pintan las cartas, en fin, cuando en lugar de la calmada persuasión que debe ejercitarse en la re publica tenemos berridos y motes, cuando en vez de claridad prodigamos histeria y cuando la excelencia ideológica solo nos cabe demostrarla con mochilas y kangoos. Por ahí no vamos a ningún sitio, Policronio. La derecha internética, como la política y la periodística aunque estas lo disimulen mejor, se ha chutado dósis de FJL sin parar y ya nadie ve lo que ve con sus propios ojos, sino espejismos, ilusiones y quimeras inducidas. Un ejemplo entre cientos, pero no lo escojo al azar:

No hay que olvidar que esta política antiespañola a fuer de Anti-PP fue decretada por Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas [de 2001] y que Zapatero puso inmediatamente a Redondo Terreros de patitas en la calle, previa campaña de difamación personal y familiar en el clásico estilo de la Escuela de Chicago que tan bien domina Casa Polanco.

Todos conocemos la tesis resumida en ese párrafo. FJL la habrá desgranado mil veces en su programa de radio y se ha asumido como verdad divina aunque a veces LD la haya contrariado oficialmente. Tampoco quiero llamar la atención, por evidente, sobre el extraordinario parecido de lo que FJL atribuye a Cebrián con lo que cualquiera podría atribuirle a él en el linchamiento de Gallardón y en la desafección que en general siente la derecha española respecto del alcalde, así como en otros casos. Lo que quiero es advertir sobre la naturaleza nuclear de la tesis: de ahí nace la política antiespañola actual. Sin embargo, los datos que hoy en día se conocen sobre los contactos del PSE y Batasuna (Batasuna-ETA o ETA-Batasuna, como se empieza a decir a golpe de consigna), contactos que se remontan al año 2000, contradicen radicalmente el núcleo de la tesis nuclear. El malo, a la postre, no sería Cebrián ni Chez Polanco. El malo sería el PSOE-PSE anterior a Zapatero, el PSOE-PSE que pactó preelectoralmente con Izquierda Unida en 2000, coalición que, dicho de paso, sigue apoyando al gobierno de Zapatero seis años después y que está coaligada con el PSC, y tan contenta por su parte de foco en el escenario. Habrá que rehacer la conspiranoia, por tanto. Una idea que se me ocurre: Cebrián ya tenía el borrador del artículo en 1714 (cuanto antes mejor, así nos ahorramos posibles nuevos disgustos), pero demoró su publicación hasta 2001. En serio: habrá que rehacer la conspiranoia. O sencillamente exigir más rigor y menos paranoias de tinte biográfico. Más datos contrastables y menos ciencia infusa.

Con lo anterior no exculpo al grupo Prisa de sus constantes chanchullos con sucesivos gobiernos, ni tampoco digo que Cebrián, consumido por un odio idéntico y simétrico al de FJL, no sea el majadero que en todos los bailes de disfraces se pone el trapito colorao con la pluma de Gobernador Vitalicio de las Indias. En Prisa están a lo que están, a ganar pasta que es su obligación, y lo hacen de todos los modos posibles, a veces rozando la legalidad por el lado de fuera, a menudo monopolizando de facto un mercado (cine, p.ej.), pero en ello no hay nada que sea más censurable que lo que viene haciendo Chez FJL o lo que durante algún tiempo intentó Pedro J. Ramírez. Los problemas, como siempre, no están en la actuación de las empresas privadas, sino en la corrupción institucional que permite excesos a las empresas privadas o que incluso las beneficia en función de parámetros políticos. Si aquellos medran con el PSOE e influyen notablemente en él, el grupo de FJL quiere medrar en el PP e influir notablemente en él. No hay diferencia salvo el éxito. Por expresarlo históricamente: Prisa tiene poder para echar a Borrell, líder electo por las bases del PSOE; FJL todavía no tiene poder para desterrar a Gallardón, alcalde electo por los madrileños. Meramente una cuestión de escala, porque ambos tienen lo suficiente como para «calcinar» a cualquier turista que se cruce en su camino, experiencia en inventar noticias, habilidad para tergiversarlas y dos masas equivalentes de forofos que no saben dirigirse al contrario sin acordarse de su madre. Sometidos durante dos décadas largas a los embolaos del grupo de Polanco, debemos soportar ahora también los embolaos del grupo de FJL. Masiao pa’l body, porque en ese cruce sin semáforos nos pillan a los peatones que solo aspiramos a convivencia cordial, a intercambio de ideas con el contrario, a prosperidad general, no esta vida, no esta España.

Volviendo a Gallardón, que para que nadie se equivoque no es sino un trepa arquetípico —o sea, un político mejorao, como Aguirre—, su receta para el futuro del PP suena más apetitosa de aquí a Lima que el mortal kombat special de FJL. Hay que olvidarse políticamente del 11M, pues empecinarse en buscar tres pies al gato en un perro solo contribuye a encender la sangre, encenagar el pensamiento y desviar la atención de los verdaderos males del país, que está siendo pilotado tirando a peor por Rodríguez Zapatero. Si no hay una confianza mínima en el Estado de Derecho —y la conspiranoia del 11M eso está proclamando: que no se fían ni de la policía ni de la justicia—, el menor de los problemas es saber quién puso las bombas, porque en los trenes murieron 191, pero sin el Estado de Derecho morimos 44 millones. En el mundo obsesivo y autorreferente de FJL tiene sentido la manipulación del atentado con fines revanchistas y por ello ha elegido que la danza de las insidias la musique alguien tan endeble y poco preparado como Luis del Pino, teleco delegado estudiantil de la UPM en su día y, desde entonces, a temporadas borrellista, a temporadas aficionado a la genealogía, y, últimamente, sherlojolmes de mercadillo y autor de éxito en los ratos libres que le deja Memondo Graphics. Precisamente el pobre solfeo del músico garantiza por un lado que jamás se subirá del nivel de los intrigantes best sellers de templarios y codigosdavincis, y por otro demuestra a quien no coma alfalfa que todo consiste en un gambito de odio. Si un medio con posibles, y LD tiene posibles, no contrata un equipo de expertos sabuesos es porque no lo juzga necesario. ¿Para qué derrochar? Averiguar el modus operandi de un enigma cuya solución ya se conoce solo es una tarea administrativa. FJL no grita ¡queremos saber!, sino ¡yo lo sé: fue ETA con conocimiento de la PSOE del GAL, de la Casa Real, de…!, y ahí que se embarca del Pino a encontrar minucias, discrepancias, lapsus y sombras chinescas que le permitan insinuar que, en efecto, sí, París la fundaron los merovingios de Dan Brown. Por eso se le llama conspiranoia: porque no es una investigación imparcial basada en pruebas, sino una encuesta teledirigida a un fin señalado a priori, hacia un fin previsto, buscado obsesivamente por más que el viento tenga que soplar marcha atrás. No es una conspiración probable, sino una paranoia improbable. El culpable está predeterminado, la conclusión se conoce, y solo falta enhebrar una vaga sinfonía de retales y sospechas y agujeros y apariciones marianas (doble sentido, que hay que decirlo todo) que dé el pego. Para los conspiranoicos no hay Estado de Derecho que valga, ni presunción de inocencia. Detentan «la verdad», y «la verdad» suele equivaler a culpabilidad del enemigo.

Sorry, we were hoaxed fue la histórica portada del Daily Mirror cuando les colaron champú por champán. Eso mismo, en nombre mío y de tantos otros que no pueden o no se atreven: «Perdón, nos han engañado».

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