Miércoles, 10 de Febrero de 2010
primer periódico ciudadano de españa
La prensa, de papel o en la red, lo está pasando mal (además de por las mismas razones que cualquier otro sector, por sus propias faltas). Cientos de periodistas han perdido su trabajo, hay EREs en lontananza, han cerrado medios. La publicidad solo empieza a ser rentable si las visitas suman cientos de miles. Se pueden contar con los dedos de una mano los periódicos internéticos que no pierden dinero. El debate sobre el modelo a seguir es un clásico: ante los números rojos, algunos han anunciado su conversión en medios de pago en los próximos meses, y otros barajan fórmulas mixtas o freemium (parte gratis, parte de pago). El sector se está estrujando el cerebro para dar con una solución que no llega. Los gurúes que supuestamente cobran por encontrar salidas a coyunturas así han aprendido que de perfil abultan menos, y mientras puedan inundar seminarios con pardillos a los que aturdir con siglas, palabros y gadgets no peligra su reputación. Visto, pues, que para gurú vale cualquiera, he aquí un par de ideas (y mañana y pasado más).
Para encontrar la salida, conviene diagnosticar correctamente los errores y confusiones que han llevado a los medios a perderse en el laberinto. El más grave de todos es seguir haciendo el mismo periodismo que hace cincuenta años: noticias mayormente de agencia + cobertura local + columnas de opinión. Entre las muchas confusiones —por no decir falsedades— que la red ha sacado a la luz, una que incide directamente en la actual crisis mediática es pensar que la opinión tiene valor. Antaño —antes de la Internet, quiero decir—, el firmante de una columna pasaba por persona experta o entendida en la materia, o al menos juiciosa y de criterio ponderado. Ahora ya sabemos que no es así; ahora sabemos que solo está escribiendo su opinión, y a veces también sabemos que no es sincera, y en ocasiones nos consta que patina más que los tíos del Holiday on Ice en una huelga a la japonesa. En la red no existe, como suele decirse, sobreabundancia de información: existe sobreabundancia de opinión. De lo que se sigue que la opinión de Fulano o Mengano no tiene ningún valor por sí misma, sino solo en la medida en que esté fundada.
Por si fuera poco, también hemos descubierto, por la multiplicación de los canales y la posibilidad de confrontación de noticias, que lo que se presenta como información esconde a menudo esa forma diferente de opinión que es la tergiversación. Antes, lo que traía el periódico iba a misa; ahora ya sabemos que, las más de las veces, los intereses (ideológicos o crematísticos) tuercen y retuercen los hechos. Un ejemplo de ayer mismo: por la mañana, Rajoy es entrevistado en Los desayunos de TVE y suelta de pasada que mientras responsables del ministerio de Economía estaban explicando los planes gubernamentales en Londres, aquí otros responsables del Gobierno hablaban de «una conspiración no sé si judeomasónica o no contra el señor Rodríguez Zapatero» (min. 38:45ss del vídeo). Ese mínimo episodio, y no la ingente cantidad de propuestas que Rajoy desgrana en la entrevista —propuestas que luego se dice que no plantea el PP—, merece el siguiente titular: Rajoy pregunta si la ‘conspiración’ que ve el PSOE es ‘judeomasónica’. Es falso prima facie, porque Rajoy en ningún momento lo pregunta y tampoco hace ningún caballo de batalla de ello, pero además es como quedarse con las tapas e ignorar el contenido del libro.
![]()

Suscribirse
Supongo que el futuro del periodismo es la autopromoción individual, siendo simplemente una vía para que a uno le compren sus libros o le inviten a dar conferencias si tiene éxito.
O lugares donde la endogamia sea la norma, creando un ambiente sectario tipo Libertad Digital.
Dice mi jefe, a quien tengo por hombre caval, que el periodismo está muerto. O algo así. Dice que vamos (me incluyo: soy periodista que busca un hueco, léase curro, en medio de esta jodida crisis), repito, dice que vamos a trabajar gratis hasta tener una reputación que nos permita pedirle a alguien que se digne a pagarnos. Mi jefe sabe mucho de Internet, de verdad.
Y yo no estoy de acuerdo pero igual es que soy un romántico que se niega a pensar que el periodismo en su sentido original, sí, ese del cuarto poder, ese que requiere fuentes, contrastar las noticias, dar por saco cuando haya que darlo, ese de no admitir notas de prensa porque sí, ni ruedas de prensa sin preguntas, ese periodismo merece una remuneración. Aunque su consumo sea gratuito para el lector.
Habrá alguna forma, tiene que haberla. Y mientras los guruses la buscan yo hago caso a mi jefe, que sabe de Internet, y me he hecho una cuenta en tuiter, un blog y hasta un curriculum con enlace a linkedIn.
Por lo demás, de acuerdo con este primer análisis.
pd. ah, mi jefe también dice que el papel ha muerto y que todavía no lo sabe. pero, claro, él curra en Internet y el papel, por ahora, es su mayor competidor.
Javier Yohn Planells,
Ambos tenéis razón, tú y tu jefe. El periodismo tal como lo hemos conocido está más fiambre que un visigodo, y el periodismo que describes —el romántico que nunca ha existido en realidad— es una alternativa posible.
La segunda parte ya está lista, y verás que mi discurso no se aparta mucho de tu idea. El modo de venderlo es mi aportación al debate (tercera parte, también lista), tras lo cual ya podré gritar: ¡mira mamá, soy un gurú! En inglés queda más como de Cody Jarrett: look Ma, I’m a guru now!