HispaLibertas NG | El bhlog
|
Manel Gozalbo
Anoche, durante poco más de media hora, justo mientras yo cenaba en un céntrico bar, sobre Castellón cayó una tromba de agua de esas que forjan leyendas, y que después amainó hasta ser una desnutrida llovizna. Provisto de paraguas, no pensaba tener ningún problema para volver a mi circunstancial residencia. Me equivoqué. Al doblar la esquina, la calle por la que tenía que subir era un río que desbordaba por poquito las aceras, y el agua bajaba amotinada. Un momento de pausa y circunspección. No hay tráfico. Lógico. Vuelta a mirar. Solo son dos manzanas, luego te desvías hacia la plaza y todo resuelto. Venga, valiente, si te arrimas a la fachada de los edificios y aprietas el paso puedes conseguirlo.
Andaba ya superada la mitad de la primera manzana cuando oí que se acercaba un coche. Me giré y le indiqué al conductor clara y aparatosamente que redujera la velocidad, no fuera a ocurrir un estropicio. Él y la empingorotada chica que le acompañaba sonrieron —o rieron, no sé—, y no solo no redujeron la marcha sino que arrimaron el vehículo hacia el bordillo de mi acera. "Ja, ja", debieron pensar en un desahogo de profundidad racional. Yo, felino como siempre, me refugié en un portal mascullando odiosas imprecaciones que ya los asirios consideraban impropias de un caballero, pero no pude remediarlo: el coche levantó una ola que me puso como una sopa. Y entonces sucedió algo que ni el chófer, ni la empingorotada ni yo mismo creímos posible: cogí el paraguas, lo cerré con ágil maniobra y lo lancé contra el cristal trasero del coche... que se agrietó. "¡Toma, toma!", pensé yo en un arranque de reflexión a mansalva. El conductor pisó instintivamente el freno, pero a la vez también debió ver por el retrovisor que mi musculosa silueta se le acercaba con parecidas intenciones a las que suele gastarse Godzilla. Aceleró enseguida, volviéndome a empapar (pero esto ya no me importó: era como querer ahogar un vaso de agua tirándole más agua). Hice control de daños: yo, ropa y cabreo; él, parabrisas, cabreo y orgullo. Mola, esto de ser un antisistema. Solo falta que averigüemos quién de los dos lo ha sido.
Llegué al hotel, y tras asearme me conecté al wifi. Me saltó en el navegador (esquina inferior derecha) un tweet de Daniel Tercero:
Cien profesores universitarios de Cataluña firman un manifiesto a favor de los ‘antisistema’ http://bit.ly/d9sYIP
Leí la noticia y el subsiguiente manifiesto y, con el humor todavía chorreando agua enchocolatada, le respondí a Daniel que
El manifiesto ese es puro 'Estados Unidos años 60'. Nunca aprenden.
Lo cual me parece ahora, ya calmado y seco por dentro, que, aunque cierto y hasta certero, requiere una explicación histórica. Y esa explicación que le debo se la voy a pagar, etc.
Vista preliminar
Pingback: Twitter Trackbacks for Teoría de ser un chico malo | HispaLibertas [hispalibertas.es] on Topsy.com
Deseando estoy leer ese artículo sobre los 60 que me anunciaste en Madrid.