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    Manel Gozalbo


    Sábado, 2 de abril de 2011 | 05:36 horas

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    Portada del pdf33. A mediados de esta semana, Al Malahem Media Foundation, departamento mediático de Al Qa'ida en la Península Arábiga (AQAP por sus siglas en inglés), ha publicado el número 5 de la revista Inspire, dirigida mayormente a musulmanes residentes en los países occidentales. El número, de 70 páginas y cuya composición de portada recuerda poderosamente el logo de Wikileaks, está dedicado a las revueltas en los países islámicos casi en su totalidad. En aplicación del argumento del silencio, puede estimarse que su edición se cerró uno o dos días antes del 17 de marzo: contiene noticias y comentarios sobre los disturbios en Libia —incluida una mención a las fuerzas especiales británicas capturadas por los rebeldes el día 4 de marzo— pero nada acerca de la resolución 1973 y los subsiguientes bombardeos de la coalición aliada. Hay, sí, una página dedicada al —sic— lunático de Gaddafi, al payaso con sus hilarantes teorías de la conspiración y su pura estupidez, del que traen a colación una serie de divertidas paridas, y también un extracto de un texto de Abu Yahya el libio (mencionado al final del anterior artículo), pero nada más reciente. Tampoco hay nada sobre los sucesos en Siria, que son ligeramente posteriores.

    Inspire es una revista de propaganda, y por tanto mezcla razonamientos sutiles con páginas dedicadas a la limpieza del AK-47 y con descarnados llamamientos a masacrar al infiel, en especial a nosotros los occidentales. Así, en la sección Cartas a Inspire, que no tienen por qué ser veraces sino parecerlo, a un musulmán en Occidente que pide saber cómo llegarse a Yemen o a Afganistán para involucrarse en la yijad se le responde que no lo haga, que no es necesario, que puede cumplir con su deber individual (fard 'ayn) allí donde vive. Los líderes muyaidines, se le dice, están solicitando específicamente que se ataque en Occidente en vez de viajar por ejemplo a Yemen; que planeen sus operaciones para hacerlas aquí, no allí, porque «es más efectivo matar a 10 soldados estadounidenses que a 100 apóstatas del ejército yemení». A continuación le sugieren una serie de objetivos fáciles y se le aconseja que tenga en consideración si solo quiere realizar una única operación de martirio —un atentado suicida— o todos los atentados que pueda hasta que le pillen o muera en acto de yijad. Así también, le avisan de que en 2010 ha habido muchas operaciones frustradas de terrorismo local (homegrown terrorism), entre otras razones porque las fuerzas contraterroristas han montado operaciones-trampa en las que han caído muchos aspirantes a yijadistas y otra gente sin experiencia, por lo que le recomiendan que actúe preferiblemente en solitario. Incluso cuando su confianza en los demás miembros de su grupo sea total, existe un 1% de posibilidades de que los servicios de inteligencia capten sus movimientos.

    El editorial de Yahya Ibrahim, que en un anterior número de Inspire animaba a montar cuchillas en los frontales de los coches para emplear los vehículos como máquinas segadoras de gente (sic) —lo que por otra parte huele a indigestión de Ben-Hur que tira de espaldas—, comienza esta vez reescribiendo la Historia: asegura que la mayor barrera entre los muyaidines y la liberación de Al Aqsa (Jerusalém) han sido siempre los dictadores que ahora están cayendo (como si esos dictadores no hubieran librado —y perdido— guerras contra Israel). En ese contexto, y empieza por ser la primera anormalidad de la revista, hay hasta una mención positiva de Al Qaradawi: «Ahora que Hosni ya no está, hemos oído el rezo del Imam de las Plegarias de los Viernes [= Qaradawi]: 'Oh Alá, te pedimos que nos permitas reunirnos en Al Aqsa', y los millones de la plaza Tahrir rugieron: 'Amén'».

    Las revueltas, dice Ibrahim, en absoluto son malas para Al Qa'ida: ¿cómo podría ser mala para Al Qa'ida la libertad? Rizando el rizo de lo ridículo, pregunta: si la libertad es tan mala para Al Qa'ida, ¿por qué Occidente prohibe la libertad de expresión de los muyaidines? ¿Por qué se prohiben libros y conferencias de líderes de Al Qa'ida, o por qué los Estados Unidos solicitaron a YouTube que retirara las lecciones de Anuar al Awlaki? No cabe ser más tramposo ni mendaz, ya que el recién descubierto amor de Al Qa'ida por la libertad debiera ilustrarse mediante su aceptación interna de la misma, que históricamente se aproxima a cero grados Kelvin, y no por lo que los demás hagan o digan. Va a resultar ahora que los extremistas de una religión llamada sumisión están por la libertad. (En realidad no hay que buscar tanto en la propia revista para encontrar decenas de ejemplos de que cualquier concepto que tengan de la libertad es difícilmente compatible con lo que los demás entendemos por libertad).

    Otro punto que le interesa subrayar a Ibrahim es que el hecho de que los dictadores caigan por protestas pacíficas no invalida la doctrina de Al Qa'ida, según la cual no hay por qué excluir la violencia en los cambios de régimen, ni estos tienen por qué producirse solo debido a las protestas populares. Lo cual, si no responde al típico oportunismo propagandístico, resulta un evidente aggiornamento estratégico, ya que, tradicionalmente, Al Qa'ida —y sus inspiradores— siempre ha mantenido que la única manera legítima, honorable e islámicamente aceptable de terminar con los regímenes dictatoriales es la lucha armada, la yijad. Habrá que permanecer atentos a si en el futuro mediato se desarrolla la idea de que, después de todo, las vías pacíficas no son tan malas. Si así fuera, podríamos pensar que Al Qa'ida se plantea retomar las pautas de la antigua Hermandad Musulmana en los años 30-50 del pasado siglo, una organización política que no le hacía ascos al terrorismo ocasional. Muy distinto a ser una banda terrorista sin más mensaje político que el terror. En conclusión, para Ibrahim las revueltas «son buenas para los musulmanes, buenas para los muyaidines y malas para los imperialistas de Occidente y sus esbirros en tierras musulmanas».

    El plato fuerte de Inspire 5, al que se dedica además la portada, es el artículo El tsunami del cambio, del mencionado Anuar al Awlaki (pp. 50-53). Sin negar cual sea su trascendencia analítica, Awlaki hace músculo con el recurso clásico de los blogs salchicheros, esos con 22 visitas al mes donde se escribe un post abierto repleto de vocativos amenazantes o despreciativos contra alguien importante tal que si ese alguien fuera a leer el mensaje o siquiera enterarse de su existencia: primero, por esto, contra Farid Zakaria, periodista indo-estadounidense al que considera parte de una cábala neocon, cuando no lo es en ningún sentido (es muy probable que Awlaki le defina de modo tan sorprendente por influencia de la Wikipedia; así se lo he dicho esta noche a J. M. Berger, quien encontraba inexplicable que Awlaki dijera de Zakaria que es un neocon, y lo ha considerado fair enough [bueno, no solo él]); y luego dos o tres párrafos se dirigen personalmente contra Peter Bergen, periodista de CNN al que mencioné en uno de los primeros artículos de nulle dia sine pdf (de una actualidad sobrevenida, por lo demás). En este caso, por supuesto, Zakaria y Bergen, al que Awlaki llama «supuesto experto en terrorismo», sí lo leerán, y hasta cabe que respondan.

    La perra de Awlaki contra Bergen viene a cuento de este artículo, donde el periodista de CNN imaginaba el recogijo y la simultánea desesperación que Osama Bin Ladin estaría sintiendo por las revueltas en el norte de África. Regocijo por ver cumplirse uno de sus objetivos —la caída de Faraón—, y desesperación por no tener nada que ver en ello. Nadie desfiló con su retrato ni repitió sus consignas; por el contrario, quienes con sus protestas propiciaron el cambio de régimen fueron liberales, antiautoritarios, seculares y mujeres, todo lo que Bin Ladin más odia. Awlaki, asimilando a Bin Ladin con Al Qa'ida, trata de refutarle: regocijo sí, pero no desesperación. ¿Acaso no se da cuenta Occidente del aumento (sic) de la actividad yijadista en Egipto, Túnez, Libia, Yemen, Arabia Saudí, Argelia y Marruecos? ¿Tenemos un velo sobre los ojos o es demasiado para que Occidente pueda asimilarlo? Se equivoca Bergen, arguye Awlaki, si piensa que la no instauración inmediata de un régimen de tipo talibán significa un fracaso para nosotros; tal visión es cortoplacista. Al Qa'ida tampoco sabe qué sucederá en el futuro, y aunque en Egipto no se imponga un régimen islámico sino uno al gusto de ElBaradei, de Amr Moussa (Secretario General de la Liga Árabe) o de otro militar, lo que es seguro es que los muyaidines van a poder respirar tras tres décadas de asfixia, porque la ofensiva de los primeros años de Mubarak contra el yijadismo no va poder repetirse en el Egipto posrevolucionario.

    Ni en Túnez, ni en Libia. Por cierto que Awlaki tampoco olvida definir a Gaddafi como lunático: «No importa cómo de mal se ponga la situación en Libia y no importa cuán pro-occidental u opresivo pueda ser un próximo gobierno: no vemos posible que el mundo produzca otro lunático del calibre del coronel Gaddafi». No puede reconocerse de forma más cristalina que, en realidad, Al Qa'ida está satisfecha con las migajas que le permitan las revueltas. Entre eso y nada, como ahora, mejor eso. Es lo que tienen las coyunturas inesperadas; uno se conforma con poder hacer posturitas.

    Awlaki no olvida el papel de Estados Unidos, que ha pasado de sostener a su aliado Mubarak a dejarlo caer en el vacío. ¿Se han dado cuenta Pakistán y Marruecos? Pero lo más positivo para Al Qa'ida es que Estados Unidos, que es ya un imperio exhausto, va a tener que estirar mucho más los recursos que ahora destina a la «guerra contra el terror». No podrá abarcar igual los viejos y los nuevos escenarios, y no puede contar con dictadores que le hagan el trabajo sucio. Eso significará oportunidades para Al Qa'ida, concluye.

    Quizá alargue estas primeras consideraciones otro día, porque hay muchas otras piezas donde rascar. El número 5 de Inspire podéis descargarlo, comprimido dentro de un archivo .rar, de aquí (pdf | inglés | 70 p. | 6.11 MB) .


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