HispaLibertas NG | El bhlog
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Manel Gozalbo
Aunque iba pertrechado con los más modernos adelantos de la técnica, hace dos noches me perdí en un disco duro. Ignoro cómo ocurrió. Recuerdo que giré a la izquierda siguiendo un directorio y de pronto me encontré en un vasto territorio que no figuraba en los mapas. Anduve por él varias horas, alejándome cada vez más de d:/ y de todo cuanto me fuera familiar. Tropezaba con frecuencia con restos inconfundibles de lo que en otra época debió haber sido una poderosa civilización. Algunas construcciones megalíticas me dejaron sin aliento, pero las más de las veces eran minúsculos espacios sagrados y recogidos cementerios con raras y delicadas inscripciones los que exigían mi atención. Pese a manejarme bien con enigmas y jeroglifos, me resultaba imposible descifrar su contenido. ¿Qué seres habitaron estas latitudes? ¿Qué ominosos testamentos esculpieron en la roca de los archivos? Llegué a la conclusión de que los signos estaban escritos en la vieja lengua wri, cuyo origen, según los más autorizados paleolingüistas, data de la remota Era Prexpiana. Un temblor de emoción y de puro pánico recorrió mi cuerpo, pues había llegado a una árida meseta donde los archivos con inscripciones wri se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Todo el material conocido hasta ahora y clasificado pacientemente por los antropólogos era una nadería en comparación: yo estaba delante de una cantidad mil veces superior, tal vez en la capital de aquella legendaria cultura prehumana que tantas sombras arroja sobre nosotros. No perdí la calma. "Seguro que puedo regresar a la civilización", me dije.
Pero lo cierto es que mi Everything 1.2.1.371 no recibía señal. Ascendí a la cima de suaves colinas y escalé escarpados montes de archivos wordpad y word6 en busca de cobertura: "Usuario llamando a Escritorio, Usuario llamando a Escritorio, ¿me recibes Escritorio?" Todo en vano. Un continuo chisporroteo por respuesta. Cuando la idea de desaparecer para siempre en un lugar maldito cobraba fuerza, divisé en una pared de archivo en una quebrada cercana lo que podía ser una enorme inscripción desgastada por el tiempo. Ya no podía con mi alma y, arriesgando mi cordura, tuve que bajar hasta allí para cerciorarme. Exhausto, sentí que los ojos me engañaban. La inscripción parecía escrita en alguna olvidada jerga emparentada con el latín. Las trazas, al menos, me eran familiares, aunque era difícil asegurarlo porque partes habían sido completamente borradas por el tiempo o tal vez por alguna horda hostil que invadiera estos desolados parajes en el siglo del copón. Me acerqué hasta unas 3 carpetas de distancia y por fin pude distinguirlo con claridad: W...n...ows ME. En un rapto de entusiasmo peliculero me puse a bailar y dar saltos y patadas en el aire. Pero debí perder el equilibrio con tanta cabriola y caí en una gran fosa en el suelo que, al estar cubierta por una capa de .baks, .tmps, .~eaps y .pifs secos, me había pasado inadvertida.
Poco a poco mis ojos se acostumbraron a la oscuridad. Sobresalían algunos .lnks que acaso hubieran soportado mi peso, pero sentí que trepar por el agujero hasta la superficie estaba más allá de mis mermadas facultades físicas. Así que saqué de mi mochila el Portable Wash and Go para aspirar toda la inmundicia y ver dónde había ido a parar. Era una cueva de proporciones difíciles de calcular. Me interné en busca de otra salida. Pronto distinguí fósiles de Ad Aware y de InCtrl 5, y algo más allá la silueta inconfundible de un RegCrawler. No tuve ya ninguna duda de que me movía en la Era Prexpiana, concretamente en el impreciso año de catapún que los arqueólogos llaman Segunda Edad MEera-98era. Avancé unos archivos más y fue entonces cuando el corazón casi se me detuvo, no sé si del susto o de la alegría. El cigarro se cayó de mi boca y durante unos segundos fui la viva imagen del pasmo. Estaba ante el mayor descubrimiento arqueológico de mi vida. Alargué lentamente la mano para tocar la carpeta que tenía delante y mis dedos recorrieron los perfiles de los signos esculpidos en ella como si de braille si se tratara: Manel Mitografía 1993-1996.
Entré. Toneladas de archivos doc del período protogeométrico. Perdí la cuenta; cientos, como poco. Los fui abriendo no sin dificultad, porque en muchos casos la falta de las fuentes apropiadas convertía el contenido en una interminable e ilegible sucesión de símbolos extraños ◘◘•○♠♦♦◘♣☼◙♀. Pero algunas inscripciones pudieron ser leídas. Me emborraché de olvidadas leyendas que un día fueron mis lecturas cotidianas y casi que mis únicas lecturas. Dioses, démones, taberneras. Gilgameš y Enkidu. Yhvh. Šamaš. Kurgarrus y kalaturrus. Adám y Eva. Nómadas y sedentarios. Ritos, iniciaciones. Asesinatos sagrados. Mensajeros. En uno de los textos más oscuros logré rescatar instrucciones sobre la corrupta naturaleza de los viejos archivos doc del período protogeométrico. Seguí los pasos que allí se indicaban y sin darme cuenta fui absorbido por un agujero de gusano, un torbellino de imágenes difuminadas que me arrastró violentamente desde la Era Prexpiana hasta mi casa. O hasta lo que yo pensé que era mi casa, porque estaba todo en su sitio. Después de los primeros momentos de estupor —uno no viaja por agujeros de gusano todos los días, estresa bastante—, recuperé el ratón y moví el puntero de izquierda a derecha para saber dónde me encontraba en realidad. Había aterrizado en una pestaña del navegador.
Pues menudo agujero de gusano. Fijo que no ha pasado la ITV. Para mí que debo estar en una realidad paralela. Ya ni siquiera se sabe que Dios es Terrible. Ya se ha olvidado que el que se puso de nuestra parte fue el Diablo. Pero es que en este hoy alternativo todo ha sido pervertido. Fíjate en los propios querubines, que de ser criaturas teratológicas han pasado a ser niños rubicundos y mofletudos que tocan el arpa en una nube de algodón.
¿"Adám”? (¿Reivindicando lo teratológico?).
Adám (respetando el hebreo).
Ah, entonces se trataba de una especie de transliteración fonética...
Gracias por la precisión.
Sin fonética. Es una simple transliteración