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    Liberalismo progresista (perdón por la redundancia)

    Manel Gozalbo


    Jueves, 11 de agosto de 2011 | 10:59 horas

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    Interrumpo estos días de holganzas estivales para ocuparme de un texto antiguo de Miguel Ángel Quintana Paz titulado Liberalismo progresista (o por qué no es del todo aconsejable apellidar 'liberal' a cualquiera que ansíe titularse como tal) (pdf, 18 pp.). Es una ponencia —enriquecida con notas y erudiciones— que presentó como representante de UPyD, partido en el cual ostenta algún cargo, en un debate con representantes del Partido Popular celebrado en enero de 2009 en el Ateneo de Madrid. Nada más estrenar la lectura, me han alarmado la falta de cautelas del autor y otras confusiones impropias de los altos vuelos con los que inicia el texto, y así se lo dicho en Twitter, por lo que no incidiré en ello. Quintana, pese a ser filósofo, es buena persona, de sanas costumbres antiguas como gustar de debates y valorar para bien las discrepancias, y habida cuenta de que está sopesando la posibilidad de actualizar esa ponencia con fines acaso UPyDidácticos, me he ofrecido a echarle una mano explorando sus contradicciones. Pensat i fet. Mi ayuda, según lo prometido, podrá figurar en la antología de las masacres cariñosas.

    Para que no se me malinterprete —él ya sé que no lo hará—, anticipo que comparto bastante de lo que arguye, yo diría que un 70%; por eso me choca que se muestre tan infeliz en el 30% restante. Así expresado, parecerá una exageración anunciar una masacre. Pero se entenderá si añado que ese 30% incluye la estructura de su razonamiento general y varias de sus conclusiones. Quintana arriba a su querida Roma 7 de cada 10 veces, pero lo hace por el camino que conduce a Cartago.

    El objeto de la ponencia consiste en delimitar el significado del término liberal. Qué es, qué no, quién sí, quién no, por qué sí, por qué no, qué consecuencias prácticas debiera tener, qué liberalismo aporta UPyD si ya existe el PP. En resumidas, madera ideológica como la que suele arder obsesivamente en las chimeneas de Ikea de ciertos despistados contemblogáneos dizque liberales, a quienes con razón recrimina Quintana que patrocinen a pensadores tan estrambóticos como Max Stirner o Ayn Rand. Hablamos de ese tipo de madera que popularmente se resume con la expresión «expedir carnés de liberalismo», aunque Quintana pone leños de roble donde aquellos alimentan el fuego con quebradizo contrachapado.

    Filosofía es a política lo que todo a nada

    Me protesta Quintana a vuela tuit que su ponencia pertenece a una época de transición desde la deliciosa filosofía de sus entretelas hasta su aclimatación al grosero hábitat político. No lo discuto porque es visible; de hecho, de dicha coyuntura nace alguna de las fallas más graves de su discurso.

    La primera, muy llamativa, es que Quintana, aspirando a desbrozar el terreno, se enreda durante las primeras páginas en un debate estrictamente nominalista, i.e. de nombrecitos y etiquetitas, en el cual trata de captar —y reprochar— el sentido del término liberal fiándose del uso político que hacen del mismo quienes en España o en Europa se autotitulan liberales. Los verdaderos liberales™ hace mucho que, resignados a nuestra puta mala suerte, desistimos de concurrir a floridos certámenes mitopoyéticos y encogemos los hombros al ver aparecer en el horizonte al siguiente liberal de toda la vida, sea un miembro honorario de Hazte Oír o sea un Indalecio Prieto (y sus epígonos) que se dice «socialista a fuer de liberal». Lo mismo se aplica sensu contrario: que tantos payasos sigan con la tontería de los «libegales» o que tantos timadores de incautos persistan en atribuir no sé cuántos males a un «neoliberalismo» que ni siquiera saben definir invita al retiro taoísta en una montaña con cintura de niebla y flores de bambú al por mayor. La sobreabundancia de mamarrachos anestesia la indignabilidad, la ignorancia ajena cauteriza la sensibilidad propia. No obstante, entiendo que, si la cuestión es hacerse con un sitio político, se empiece a codazos hasta poder respirar.

    El problema del enfoque, como digo, es fiarlo todo a lo que los aspirantes a liberales dicen de sí mismos. Comprensible aproximación de novato en transición, hay que decir: en Filosofía, como en Teología, están habituados a trabajar con conceptos definidos a priori o cuya definición se depura y construye a lo largo de decenas o cientos de páginas, y es frecuente que el recto girar del carrusel de las galaxias o la naturaleza de los dioses dependa de la genuina interpretación de un germanismo complicadísimo o de un grecismo pa' guapos. Se expresan con criterio y coherencia —al margen de que estén acertados o no—, pero llegarse al mundo político con tal mochila a cuestas es un error. En política impera la propaganda, entendida como exageración e inexactitud. Los términos estupendos solo son cercas estabulares: lo habitual es que la gente se califique como liberal, como conservadora o como socialista por motivos completamente desligados de cualquier tradición filosófica; antes por rechazo de otras formas de entender la sociedad que por haber mamado cada palabra de Smith, de Hume o de Marx y haber atado cabos. De ahí el absurdo «si me critica fulanito, señal de que lo estoy haciendo bien». Semejante disparate —cuyo verdadero objeto es escabullirse de debates que uno no siempre se cree capaz de ultimar victorioso— se lee cada día en la prensa de ambos lados del río, en doctos e indoctos, en campanudos y en acampanados.

    Es por eso que la advertencia del autor respecto de que bajo la etiqueta del liberalismo se encuentran cosas muy heterogéneas, y por tanto no todas igualmente liberales o siquiera liberales, vale también, mutatis muy poco mutandis, para el conservadurismo, para el socialismo, para el comunismo y para cualquier otro disfraz de tipo general. No añade nada específico ni nuevo, y solo puede aceptarse en el sentido dicho arriba cuando los codazos. Idénticas capas de vergüenza autoexculpatoria se encuentran bajo la ropa de un franquista rehecho liberal que bajo el sayo de un franquista devenido socialista. En el fondo, ambos son íntimos enemigos de la libertad ajena (que esa es la definición correcta de liberalismo: ser partidario de la libertad ajena, no defensor ni teorizador de la propia, que solo existe como en un negativo: uno es libre en la medida en que los demás se lo permiten; negar tal evidencia, en un plano congruente, equivaldría a coger un trabuco y esconderse en el monte, pues el conflicto renacería en cuanto otra persona nos encontrara. Creo haberlo resumido en 7.000 páginas menos que Kant).

    Además de su utilidad estabular, las etiquetas políticas tienen una función de reclamo de mercado. Ello, de por sí, dificulta lo que Quintana intenta en esas primeras páginas, a saber, extender su encuesta sobre el liberalismo a otros países o examinar sus detalles bajo la lupa de grandes pensadores. No todos los mercados políticos son iguales: difieren sus experiencias, contextos, prejuicios, valores adyacentes, sobreentendidos. Las mismas palabras no significan lo mismo en todas partes. Baste por caso un hecho que Quintana no considera: desde los tiempos de F.D. Roosevelt, liberal significa en Estados Unidos lo que aquí progresista, de donde se seguiría, si nos pusiéramos nominalistas, que su ponencia, si fuera fielmente rendida por una revista estadounidense, habría de titularse Progresismo progresista (y no, no es esta la redundancia a que aludo en mi título). Pero es que, para colmo, tampoco todas las ideas políticosociales encuentran la misma respuesta en todas partes: la izquierda europea, por otro caso, considera de extrema derecha cualquier prevención contra la inmigración, pero la izquierda del resto del mundo no. ¿En qué quedamos, entonces? ¿Lo es o no lo es? ¿O todo depende del color del país con que se mira?

    Esta ambigüedad, que en verdad se halla multiplicada en mil materias más en todo el espectro político centrado —o sea, excluyendo extremismos—, es consecuencia de la dificultad de señalar cuáles son las características definitorias de una ideología, y permite rarezas como la indicada (mal) por Quintana en el sentido de que CiU esté afiliada internacionalmente al Partido Europeo Liberal Demócrata Reformista (no solo Partido Liberal Europeo, como recrimina el autor). Es cierto que la C de CiU tiene muy poco de liberal, si algo, pero puede acogerse a Demócrata o a Reformista —términos elásticos donde los haya— para justificar tal afiliación. En esta misma línea, ¿cómo entender que en la Internacional Socialista, el PSOE, adalid de esto y aquello, comparta lecho con partidos socialistas que gobiernan dictaduras o con otros que hayan participado en actividades terroristas? ¿Socialismo es libertad, según la campaña de propaganda, o socialismo es una forma de disimular?

    ¿Dónde nos pone eso? Nos pone en que la filosofía es mal cicerone para adentrarse en terrenos políticos. En ocasiones, convierte los terrenos en pantanos.

    De parte de Orwell: progresismo es retroceso

    Bien traído Orwell, pues Quintana lo empuña sabiamente para desfacer entuertos del zafio y tramposo lenguaje político de nacionalistas, multiculturalistas, socialistas y comunistas. Sin embargo, los bárbaros siguen ante las puertas: una vez establecido un cierto liberalismo, ¿por qué Quintana escoge el adjetivo progresista para apellidarlo? No será porque ignore que progresismo es otro de los conceptos de los que se han querido apropiar los enemigos del liberalismo. Descartar que la izquierda tenga algo de progresista cuesta tanto como echar un vistazo a los lugares donde ha gobernado, que oscilan entre haber retrocedido solo algunos años respecto de sus pares a haber retrocedido todo un manual enciclopédico de la Historia. En ese sentido, Quintana podría aducir una recuperación del concepto para devolverle su brillo original. Pero no lo hace y deja entrever que lo elige por utilitarismo. Lo necesita para distinguirse de los liberales conservadores, cayendo en la celada de que el conservadurismo sea retrógado, cuando no tiene por qué serlo y ni siquiera lo es nominalmente (conservar no significa echar atrás). Es decir, el liberalismo progresista a la quintanista manera también es producto de una diferenciación apriorística entre buenos y malos, una definición por oposición a otros.

    Lo grave, empero, está en el fondo de la cuestión, a saber: cómo decidir lo que hace avanzar una sociedad de lo que la hace retroceder. Yo, en representación de los verdaderos liberales™, siempre he sostenido que la libertad es lo que hace avanzar al mundo (así lo demuestra la Historia, sin apelación, y así lo mostró Popper [inter alia] de manera convincente), y por tanto añadirle a liberalismo el apellido progresista me resulta una inelegante redundancia semejante a, diría Borges, llamar Escoto Erígena (Irlandés Irlandés) a Juan el Irlandés. (Esta ya sí es la redundancia de mi título). La ulterior consecuencia es que, sobrepuesto de la inelegancia, tiendo a sospechar que quien se autobautiza progresista esconde cartas en la manga o es un temerario.

    Para que se entienda mejor: no toda medida que altere el orden social tiene por qué hacerlo avanzar. No se sigue, no es automático. Que se autoricen los matrimonios homosexuales o que se legalice la venta de drogas no equivale, per se, a que las cosas vayan a funcionar mejor socialmente. Pueden argüirse razones teóricas fundadísimas y espectaculares disquisiciones sectoriales en apoyo de ambas causas o de cualesquiera otras —solo las traigo de ejemplo—, pero a la teoría siempre le faltará el aval de la práctica. Años de comprobación de efectos directos e indirectos, años de vigilancia de los pormenores. Ese tipo de medidas son —siempre— experimentos, y no con gaseosa. Pueden salir bien, y habremos avanzado; pueden salir mal, y habremos empeorado. Pero anunciar de antemano que hemos progresado solo por haber alterado el orden social es irresponsable y con frecuencia demagógico y mendaz (los experimentos sociales fracasados del s. XX, puestos en fila india, dan varias veces la vuelta al planeta). Esto nos lleva a la oposición mentada supra: progresismo no es necesariamente lo opuesto a conservadurismo. A menudo, progresismo significa retroceder y conservadurismo estar en vanguardia.

    Es raro que Quintana no haya captado esto, o al menos que no lo haya notado de pasada. Más bien ocurre al revés: se dice partidario de «experimentar nuevas posibilidades» porque todo está mu malamente, ignorando que tó pué ir a pior si el experimento fracasa. Carta en la manga o temeridad, a elegir, porque siendo —por cuestiones profesionales— un experto en argucias intelectuales y éticas de doble fondo, sorprende que afirme que

    los liberales progresistas ansiamos liberar a la especie humana de cualquier dogmatismo, sea este religioso, ideológico o cultural; de cualquier tiranía, sea esta la de un solo individuo o esa otra —a la que tan propensas son las democracias, como bien detectaron Alexis de Tocqueville y el ya mentado John Stuart Mill— de «la mayoría».

    y no recuerde a continuación que el progresismo de su apellido ha pervertido la tiranía de «la mayoría» hasta la tiranía de «las minorías». Desde los años 60, que es cuando germina en Estados Unidos, el progresismo hodierno no se ha manifestado en la práctica más que como altavoz de minorías, y muy acusadamente desde que en 1989 se puso de relieve el fraude soviético y, por extensión, la calamidad que es la economía socialista. Proteger minorías de abusos es empeño elogiable, desde luego; la perversión llega cuando a esas minorías se las exprime con fines partidistas, se las promociona legalmente por encima de cualquier peatón no significado —es decir, eso tan gilipollas de la discriminación positiva— o se anteponen sus intereses a los generales en aras a «reparaciones históricas» (¡la virgen, pseudohistoriadores pasando cuentas! Estooo, ¿qué hay de lo mío? A un trasabuelo paterno le expropiaron una vez una finca y yo también soy una minoría, pese a lo que tercamente diga mi espejo).

    Y es el caso que Quintana despacha un par de páginas admirables lamentando la tergiversación de Fichte de la tesis ética kantiana sobre la autonomía del individuo, despotricando con razón contra el desvarío ese de «la libertad de los pueblos» (y ahora también de «la libertad de las culturas»), y sin embargo desembarca tan campante en su propia versión liberalprogresista —«la libertad de las minorías»— de la tergiversación de Fichte, otro concepto grupal que acaso parece más sofisticado por ser más reciente pero que no relativiza la tiranía en absoluto. Y no obra así porque sepa cómo armonizar la convivencia en la sociedad, sino, de nuevo, again, por oposición a otros, ora los conservadores que chillan, ora quienes se escandalizan, ora los «sedicentes "liberales conservadores"».

    Muy sólido no parece, y se aparta algunos metros del liberalismo, que no consiste en intrigar socialmente sino en proteger los derechos individuales de todos y facilitar sus interacciones con la mayor libertad —y menor intromisión estatal— posible. En suma, el progresismo experimentador choca de bruces con el liberalismo experimentado. No se puede ser simultáneamente partidario de la libertad individual —siempre en un contexto, nada de egotrips— y partidario de la ingeniería social. No se puede ser liberal y escribir que «los progresistas no tenemos miedo de dejar que algunas personas...». ¿Perdón, he leído «dejar que»? Lapsus cálami, en el mejor de los supuestos; ingeniería social en el peor. Dice también Quintana que hay que ser muy imaginativo para modificar las cosas en el mundo. Tal vez. Yo, en cambio, pienso que solo hay que ser racional. Sírvanos el propio ejemplo que propone:

    Por este motivo, verbigracia, cuando los conservadores chillan que aman a la familia y prohíben vehementes cualquier otro modelo familiar que no sea el tradicional (como si este reuniera en sí la suma perfección y dejara ya satisfechos a todos los seres humanos), los progresistas no tenemos miedo de dejar que algunas personas prueben otras formas de vida en familia, tal que el matrimonio homosexual, si con ello avanzamos hacia un futuro algo más feliz porque en él se humille menos a las personas por motivo de su orientación sexual. Como buenos liberales, no queremos imponer a los demás una forma de vida concreta como la mejor posible, pues sabemos que las cosas que hacen dichoso al ser humano son tan diversas como lo es él: y si algunos individuos se sienten más realizados casándose (aunque pertenezcan ambos al mismo sexo), y con ello no dañan a nadie (excepto al que desea escandalizarse), los liberales progresistas desde luego no seremos quienes se lo prohibamos, aunque bien sabemos que muchos de los sedicentes “liberales conservadores” no dudarían curiosamente en quitarles a los demás esa libertad.

    De donde se deduce que para que unos sean más felices hay que hacer a otros más desgraciados, y no entraré en cuestiones cuantitativas. ¿Cuál es la receta de los verdaderos liberales™? En primer lugar, no llegar siquiera a pensar en la posibilidad de que «todos los seres humanos» puedan sentirse satisfechos con algo en particular. No existe tal. Y por otra parte descartar como insensato el argumento de «la suma perfección» para justificar cambios o falta de cambios, ya que podría preguntarse si es que el actual multimodelo familiar es «la suma perfección». Ambos maximalismos denuncian una mentalidad poco liberal. Más allá de estas primeras observaciones, vienen otras no menores: ¿la gracia del chiste consiste entonces en oponerse a conservadores chillones y demás sedicentes histéricos? Es decir, ¿la chispa del liberalismo está en satisfacer a una minoría y joder a otra? Me temo que no. La chispa radica en la protección de derechos in-di-vi-du-a-les, no grupales.

    Lo racional es que la legislación contemple toooooooda clase de uniones que se quiera —como si te quieres unir a un armario o a un gato—, considerarlas todas como sociedades interpersonales, establecer responsabilidades, derechos y deberes (tanto fiscales como convivenciales o residenciales), y punto final. Quienes quieran casarse que vayan a la iglesia, a la mezquita o a la cabina del astrólogo en la feria del pueblo; basta que luego remitan el acuerdo religioso/esotérico de su elección al registro civil, donde se tramitará a todos los efectos pertinentes. Quienes quieran unirse, que celebren la ceremonia que en su caso proceda y luego que remitan el acuerdo al registro civil, etc. Sí, en un caso digo casarse, en otro unirse. ¿Por qué? Porque las cosas desiguales merecen nombres desiguales, pero las análogas merecen idéntica categoría. Ningún derecho individual sale perjudicado; más bien los contemplo absolutamente todos, no le pego patadas al diccionario y no corrompo ninguna tradición secular ni religiosa (que a mí no me importan pero a los conservadores chillones sí). No he jodido a nadie y los he satisfecho a todos. Tampoco es tan difícil ser imaginativo, cuando se es racional.

    El problema de mi querido amigo es que en ese párrafo —en esas páginas— no ha querido ser imaginativo ni racional y ha argumentado grupalmente y por oposición a otros. El filósofo se ha arrodillado ante el militante de un partido político. El truqui de la pursuit of happiness que tangencialmente recuerda es que no puede ser articulado como un derecho positivo sino solo como una declaración de intenciones, lo que viene a significar que el Estado ha de apartarse del camino tanto como le sea posible y los intereses de la convivencia aconsejen. Pretender que todos sean felices por decreto —o apolíneos o con una salud de hierro— no es liberal. Aunque sí es progresista.

    The business must go on

    Otro aspecto reprensible de la ponencia lo encuentro en cierto frecuente anacronismo que campa por sus páginas. Destaca más —o así me lo parece— con ocasión de la breve mención del On Liberty de John S. Mill, que Quintana concluye con una sentencia falaz: «La libertad de expresión, en realidad, representa la vara de medir más fiable a la hora de detectar si alguien se comporta como genuino amante de la libertad». Ya digo, falaz y anacrónico (Mill se ocupa tanto de la libertad de expresión porque en sus tiempos no existía). La actual vara de medir en lo que amor a la libertad se refiere es la libertad de empresa. Cuando se comprueban las trabas que existen al respecto es cuando de verdad se percibe lo jodidos que estamos todos. Lope de Vega, hoy igual que en el s. XVI-XVII, podría escribir una comedia cada cinco días, y ahora sin autocensurarse, pero no podría establecer el negocio más cuchitrilesco en menos de 30. Así que la liviana displicencia con que Quintana alude aquí y allá a la libertad económica —metonímicamente confundida por muchos con la libertad liberal en general— necesita ser también seriamente revisada. No le costará aceptar que un país con cinco millones de parados la necesita más —y antes— que cualquier otra.

    Y ya ha amanecido hace rato, así que no me extiendo más. Esto es lo que ha dado de sí aquesta fermosa noche veraniega. Acaso en comentarios y tuits haya ocasión de aclarar, añadir o profundizar.

    Secuela: Liberalismo del tú


    34 respuestas a Liberalismo progresista (perdón por la redundancia)

    1. judas dice:

      Y yo me sigo llamando de izquierdas, que cada uno carga con la cruz que elige. De todos modos, ya era hora de volver a escribir sobre etiquetas, hacía años que no retomábamos el tema, y da gusto leer algo razonable sobre ello.

      Aún estando de acuerdo con la mayoría del texto, tu solución al "propio ejemplo que propone" no me parece ni racional ni que los satisfaga a todos, porque comete dos errores:

      1. De tan "racional" deja de ser humana. La legislación no debe estar para resolver situaciones teóricas lógicas, sino realidades. ¿Una unión con un armario, dices? ¿Con derechos, deberes y estipulaciones? Creo que eso se llama "factura". No sé si es liberal, progresista, verde, rojo, negro o azul, pero lo cierto es que hay una demanda de uniones civiles *equiparables al matrimonio* entre personas del mismo sexo. Vería perfecto que ya que estamos se regulasen tríos y familias multiparentales, la verdad. Pero hablamos de relaciones entre personas.

      2. De tan satisfactoria, no satisface. Porque cometes el error que tú mismo señalas: es imposible satisfacer a todos. Es imposible que una legislación sobre uniones satisfaga a los colectivos homosexuales, porque aspiran a un reconocimiento *oficial* exactamente igual al de los matrimonios heterosexuales. Y esa equiparación total es lo que no satisface a algunos. Así que ya ves la imposibilidad.

      En mi opinión, y ya sé que me desvío del tema y me centro en el ejemplo, desde el punto de vista estatal deben equipararse incluso nominativamente, pues son lo mismo: células familiares. Cosa que no es una unión entre un hombre y un armario, o una unión con un fin concreto distinto (para lo que, si no me equivoco, ya existen las sociedades mercantiles). A pesar de que no se satisfaga a todo el mundo, y como bien dices, lo que es igual es igual.

    2. Manel dice:

      Judas

      Discrepamos en la función de la legislación. En el conjunto de una sociedad, la legislación, idealmente, debe preverlo todo; el código penal debe prever todos los delitos (y así procura hacerlo, pero siempre a rastras, como el DRAE), y el civil lo mismo (para evitar injusticias ante el Estado, i.e. figuras que no son exactamente delitos pero tampoco son costumbres generalizadas). Para dejar clara la indefinida extensión que se ha de amparar, he incluido dos exageraciones: el matrimonio con un armario o con un gato. Pero solo son exageraciones desde nuestro punto de vista convencional. Hay gente con, digamos, cierta psicología alternativa que se vincula emocionalmente a los objetos con tanta o mayor intensidad que una persona respecto a otra. Llegado el momento, tendrá que elegir entre unirse al sillón orejero o a Purita o a Andresín. Me limito a prever esa realidad, como dices, en la legislación. No la contemplo bajo el prisma moral, pues ya sabes que la legislación positiva no tiene esa función. Y en cuanto al animalito, ¿qué quieres que te diga?

      Las demandas de uniones civiles equiparables al matrimonio entre personas del mismo sexo me parecen muy bien y en el ejemplo las he contemplado. Legalmente les he dado el mismo estatus, de modo que no sé qué estás argumentando en ese caso. Si lo que me estás diciendo es que quieren que sean considerados *iguales en todos los aspectos, absolutamente todos* a los matrimonios tradicionales, me parece una salida de pata de banco, una rabieta infantil más. El motivo lo indico en el texto: cosas desiguales merecen nombres desiguales. La escritura se basa en eso, ¿no? ¿O vamos a abolir gramáticas y demás para que todas las palabras escritas sean verbos, o sean todas artículos, o sean todas pronombres, o sean todas sustantivos? Esa vindicación en concreto es irracional. La igualdad que cuenta es la legal, no aquellas otras que ni el Estado ni la legislación tengan capacidad de modificar. Saldar cuentas pendientes no es propio de un legislador en un Estado de derecho.

      Confundes —y ellos confunden— la satisfacción que yo procuro, que es la legal, la única que al cabo cuenta, con la satisfacción de caprichitos tiránicos de «las minorías». El legislador puede decidir que el sol es un pollo (por citar una canción), pero eso no lo convierte en pollo. Eso es 1984, que tú conoces mejor que yo.

      No, no todo son células familiares. Todo son sociedades interpersonales (que son distintas de las sociedades mercantiles, cuyo fin es la obtención de beneficios económicos).

    3. Manel dice:

      Judas (and everybody else)

      Si tanto te molan los debates etiquetosos, ¿hay algún aspecto de este que quieras que amplíe o que enfoque bajo otro ángulo? ¿Quieres que suba la marca de 'hasta aquí llegó la riada' y nos lancemos en barrena a cagarnos en las muelas de Rawls, Habermas o quien se tercie, vulgo mostrar que hay más predicadores con amiguitos invisibles de los que parece? Pero ten cuidado con lo que deseas, porque puedes terminar dejando de ser de izquierdas.

    4. Pingback: Liberalismo progresista (perdón por la redundancia)

    5. nituniyo dice:

      Manel (como ves, no tengo control de impulsos)

      En algún momento en Suráfrica, los negros podían ir al estadio pero tenían que sentarse en gradas separadas de los blancos. Desde dichas gradas se veía el partido exactamente igual de bien que desde las gradas de los blancos. Ningún derecho individual salía perjudicado, y se respetaba la tradición secular (que a mí no me importa pero a los blancos racistas sí). Nadie jodido y todos satisfechos.

      ¿Es una rabieta infantil posicionarse contra esa disposición legal? ¿un caprichito tiránico? Supongo que una premisa compartida del debate, OBVIAMENTE, es que esta posición en contra no nace de una obsesión per se por igualar lo que no es igual (blanco no es igual a negro), de alguna peculiar intolerancia cognitiva a la categorización, sino que tiene como base que los negros fueron históricamente oprimidos. Dada esta premisa, esa igualdad de derechos no es suficiente, porque supone una condescendencia hacia el intolerante. A nivel individual, el que quiera ser condescendiente que lo sea, y si un negro no se quiere sentar con los blancos para no molestarles, aunque pueda hacerlo, pues perfecto. Pero la ley no puede mostrar esa condescendencia. Si quieres llamarlo “saldar cuentas”, pues perfecto, yo lo llamo “DAR EJEMPLO de tolerancia cero contra la intolerancia”. Los homosexuales han sido históricamente oprimidos. Quizás no tanto, en términos cuantitativos, como otras minorías como los judíos, pero aquel umbral de hijoputez del que yo hablaba, ha sido ampliamente superado con ellos.

      [perdón por volver a meter a los judíos, pero dado que en nuestro país la homofobia correlaciona altamente con la denuncia de judeofobia izquierdista –“correlacionan” no implica causalidad- el tema judío representa una llaga perfecta donde meter el dedo dialéctico: si la reclamación de cambiar el significado de una simple palabra (y de cambiarlo no en su parte sustantiva –unión legal- sino en la accesoria –personas en vez de hombre-mujer-; no estamos hablando de que “sol” signifique “pollo”) es un caprichito tiránico de una minoría, ¿cómo llamamos a querer montar un estado judío en un lugar determinado (además, en ese momento con amplia mayoría de población musulmana) en base a unos textos religiosos de hace 2500 años? ¿caprichazo hipertiránico?]

      Insisto en que a nivel individual cada uno que piense como quiera, y seguro que hay muchos homosexuales a los que lo del matrimonio se las trae al pairo. Pero la ley no puede ser condescendiente, ni siquiera a nivel nominal, con los intolerantes

      Sólo hay tres razones, no incompatibles, para posicionarse en contra del matrimonio homosexual

      1) pertenecer a una secta de filólogos ultraortodoxos, cuya doctrina dice que el DRAE es palabra de Dios y no se puede alterar ni una coma, o caerá sobre el mundo la ira divina, en forma de morfemas de fuego, ángeles sintáctico-exterminadores y terribles gramaticones

      2) padecer progrefobia: todo lo que viene de la izquierda es malo, no vale la pena ni pararse a pensar si realmente es malo o no. ¿Pensar, para qué?

      3) padecer homofobia: el matrimonio homosexual no supone, desde un punto de vista objetivo, ningún perjuicio para los heterosexuales y sus matrimonios, ninguna merma de derechos, nada de nada. Como digo, esto es algo objetivo, irrefutable. Por tanto, la postura contraria al matrimonio gay se basa en un daño moral: la institución “matrimonio” se vería adulterada, perdería su sentido. Llegamos al último bastión homófobo: “adulterada” no es lo mismo que “mancillada” o “degradada”. Aquí, retiro el sitio. No puedo hacer el trabajo que deben hacer ellos. A nivel psicológico, emocional, “adulterado” es lo mismo que “mancillado”. Si un grupo humano se SIENTE adulterado por la inclusión de otro grupo humano… white and in bottle.

      Bueno, sí, una pista. Es absolutamente posible, a nivel psicológico, sentir que la raza negra es inferior a la blanca, y a la vez no desearles ningún daño, e incluso sentir ternura por ellos y querer protegerlos de los abusos. Pero eso sí, que se sienten separados en el estadio, porque “blanco” es cosa desigual a “negro”. La historia está llena de ejemplos documentados de esto.

      Acepto que el ejemplo del estadio no es exactamente análogo, pues se refiere a un apartheid físico y no solo nominal. Pero como dije al principio, incluso así el partido se ve igual de bien. Legalmente hablando, no hay problema. Y en cualquier caso, basta con pasar del tema del matrimonio a la adopción para comprobar que el argumento léxico es una excusa (barata, ridícula). La fobia llega primero (no se elige, se trata de un condicionamiento emocional) y luego se intenta justificar racionalmente. Pero de donde no hay no se puede sacar

    6. Manel dice:

      Nituniyo

      No seré yo quien te diga que controles tus impulsos; pero si soy yo quien te dice que practiques el arte de la analogía en los ratos libres.

      En tu ejemplo, ¿los negros podían sentarse donde los blancos? Parece que no. Pues entonces su cobertura legal no era la misma: sí tenían perjudicado su derecho de ubicación (y lo tenían porque la ley no les consideraba iguales). En mi ejemplo, los negros-homosexuales-objetófilos pueden sentarse donde les plaza, con quien les plazca y con qué les plaza, porque la ley les considera iguales (de hecho, mucho más iguales que cualquier legislación vigente en cualquier país del mundo). Creo que la diferencia salta a la vista. Así que busca otra analogía.

      Las rabietas infantiles consisten en pretender compensar discriminaciones en la legislación, i.e. obrando retroactivamente. Tal cosa es irracional, caprichosa, tiránica y absurda. Históricamente, ha habido MUCHAS minorías discriminadas, algunas por conductas, otras por racismo, otras por religión, otras por comercio, otras por geografía. Si nos ponemos a legislar en función de discriminaciones históricas podemos montar un follón monumental de injusticias. Lo cual está claro que a los progresistas —QUE NO REPRESENTÁIS DE IGUAL MANERA A TODAS LAS MINORÍAS HISTÓRICAMENTE DISCRIMINADAS SINO SOLO A LAS QUE OS CONVIENE— os la sopla.

      Tu segunda analogía —la del Estado de Israel— no resulta más afortunada. De hecho, sorprende en ti, con lo que tenemos viajado ese campo. Ese "lugar determinado" —que entonces no era más que un desierto— formaba parte del Imperio Británico, no era propiedad de los musulmanes que allí moraran.

      Dices que la ley no puede ser condescendiente con los intolerantes. Bravo. Señala dónde he dicho (o siquiera sugerido) yo lo contrario. Sabes que más bien pertenezco al batallón de la dura lex.

      Solo hay tres razones, no incompatibles, para que desbarres con el matrimonio homosexual:

      1) Que no hayas leído lo que he escrito

      2) Que no hayas entendido lo que he escrito

      3) Que no te importe lo que hayas leído y entendido.

    7. José Donís dice:

      Ayer, en Dando Caña, el historiador Fernando Paz y Enrique tuvieron una trifulca. Paz espetó a De Diego que "el liberalismo es incompatible con la moral". Ahí, en mi opinión, reside la gran estafa del socialismo de derechas o izquierdas, del falangismo o el zapaterismo: mezclan la política, es decir la gestión, con la moral, la suya, impostando lo que no les pertenece. Porque el Estado, efectivamente, debe ser amoral y no comernos el coco.

      Ahora parece que en la izquierda hacen de las uniones homosexuales un prueba del nueve democrática, justo lo contrario de la que ha sido durante todo el s. XX su postura, un ataque furibundo a los homosexuales. Precisamente Fernando Paz en su libro "Fracaso de una utopía" recoge esa historia desde que los demócratas rusos despenalizaron la homosexualidad en 1917 hasta que en marzo de 1934, el artículo 121 del código penal soviético volvió a condenarla enviando a 50.000 personas a campos de exterminio. Desde aquella frase de Gorki, en "Humanismo Proletario": "Exterminad a los homosexuales y el fascismo desaparecerá", la izquierda ha perseguido a los gay sin tregua. Paz recoge la campaña del Münchner Post, diario del SPD, con su serie de artículos bajo el título de "Nacional Socialismo y Homosexualidad", entre los que incluían trabajos como "Hermandad de Mariquitas en la Casa Parda". El 14 de abril de 1931 acusaba a la cúpula de las SA de lo que la izquierda consideraba el peor crimen burgués, ser homosexual; y nueve días más tarde, a Röhm, de pagar prostitutos. La socialista Rheinische Zeitung advertía a los padres alemanes que tuvieran cuidado con poner a sus hijos en manos de los Hitlerjugend, acusándoles de homosexuales. En los sesenta, ante la evidencia del desastre socialista e incapaces de resucitar a la "clase proletaria", la izquierda se arrimó a todo tipo de grupos de presión, se exigió a los grupos gay que renunciaran a la pederastia y, subvenciones mediante, hicieron de lo gay, los ecolo, lo antinuclear, los cinepastas (o el 15M) sus grupos mascota. "Matrimonio homosexual" ya era una "cuestión de izquierda", mientras el Ché Guevara seguía torturando homosexuales en campos de concentración.

      Por ejemplo, el PSOE, EL PSC y ERC entraron, a peticion propia, en la internacional homosexual ILGA, que en 2002 sería expulsada de la ONU por pederastia (ILGA, NAMLA, DIA-N, Krumme13, Project TRUTH, MARTIJN, VSG). La izquierda convirtió una mera elección personal, a la que el Estado solo debería dar cobertura legal, en una máquina de propaganda con moralinas coñazo. La derecha socialista transformó una actitud eminentemente burguesa y mayoritariamente "de derechas" como el homoerotismo, en un "pecado contra el Estado". Todos, unos y otros, utilizando la homosexualidad para darnos el coñazo.

      A tal punto ha llegado la degeneración política que ya no se sabe dónde están unos estatistas y otros. En marzo de 2011, poco antes de la matanza de Oslo, un político progresista y legislador del Partido Laborista noruego, Anders Mathisen, afirmó que el Holocausto era una invención, que nunca hubieron cámaras de gas ni asesinatos en masa. Ante la votación para la ley de matrimonio homosexual en Noruega, los socialistas decidieron no apoyarla y dar libertad de voto, solo el Partido de Centro y el de los Trabajadores apoyaron la ley. ¿Quién les entiende? Yo no.

      En definitiva, que las uniones civiles o bodas estatales son un mero contrato entre las partes. Familias mormonas de 15 mujeres y un hombre, musulmanas de 4 mujeres y varón, monosexuales de dos o más varones, heteras monógamas y cualquier otra combinación son elecciones personales que el Estado debe ratificar legalmente. Como las uniones por cualquier rito que desee una plasmación legal. Nada más. No darnos la murga con consideraciones morales y rollos que no corresponden a una administración. Lo de llamar matrimonio a todo eso es una cuestión de usos y costumbres. Allá cada cual, para mí no lo es, ni para la RAE o la Constitución, pero podría llegar a serlo si se asienta el uso y la costumbre. Eso, en definitiva, es la actitud más liberal, y no la del adoctrinamiento estatatal que nadie les ha pedido. Un Estado amoral, simplemente, que de la moral y buenas costumbres ya nos ocuparemos la gente.

    8. Manel dice:

      Donís

      Efectivamente. Y eso que te olvidas de un detalle simpatiquísimo en ese terreno: Javier Bardem (IU y alrededores) haciendo el papel de Reinaldo Arenas, homosexual perseguido a toda pastilla por el régimen de Fidel Castro... del cual es simpatizante y apologeta IU.

      Con todo, lo que resulta más elocuente hasta el momento es que con la cantidad de cosas que digo en el artículo (juzgado muy largo por una eminencia de Menéame y con palabras rarísimas como mitopoyético), los comentarios hasta ahora se hayan centrado solo en el tema del matrimonio homosexual.

      Just curious.

    9. José Donís dice:

      Supongo que es porque tú das ese ejemplo para ilustrar la cosa, pero serviría cualquier otro. El Zapaterato ha sido la época más "franquista" desde el 78, en el amplio sentido de manipulación social, y lo del matrimonio gay es un buen ejemplo. Pero ponle memoria histórica, condones para África, manuales de hacerse pajas o alianza de civilizaciones que saldrá lo mismo.

      PS
      Lo único que no me gusta es la manía que le tienes a Ayn Rand, pero bueno, los verdaderos liberales sois asín...

    10. Manel dice:

      Donís

      No sé. Que hablen los interesados, si lo creen oportuno. Judas al menos ha mantenido que cometo dos errores, como en el título de aquel espagueti western, pero Nituniyo ha venido doctrinariamente embalado.

      En lo otro tienes suerte. Dos lectores me han pedido por correo que explique mi definición de liberalismo (voy a ponerme a ello en cuanto disfrute de una dormida), y creo que dará ocasión a suscitar perspectivas que te ayudarán a comprender por qué Ayn Rand, Stirner y lo anarcoqué —tres variantes de lo mismo, pero hay más— son constitutivamente intolerantes y antidemócratas, y por qué, en consecuencia, me parecen estrambóticos.

    11. nituniyo dice:

      Joer, Manel, no me esperaba esa respuesta airada. Yo he expresado lo que pienso sobre el tema del matrimonio homosexual, si mi pensamiento está “doctrinariamente embalado” o si estar de acuerdo con una ley de Zapatero ya es de por sí pecado de lesa humanidad, pues supongo que no hay mucho más que yo pueda añadir. Estoy de acuerdo en varias cosas que dices en el artículo (como lo de que las implementaciones de cambios sociales no tienen por qué ser positivas de por sí, esto me parece obvio) y si me he centrado en el matrimonio homosexual ha sido simplemente porque lo demás no me interesa. Considero que las discusiones sobre las etiquetas políticas (liberal, progresista, conservador, etc) son discusiones bizantinas, porque aunque las categorizaciones son útiles para la economía del procesamiento y comunicación de información, cuando se debate sobre temas sociales, complejos, creo que producen más confusión y malentendidos que otra cosa y más vale dejarlas de lado y centrarse en temas concretos, al menos para los que no estamos metidos en política sino discutiendo en un blog. Yo SUPONGO que soy de izquierdas porque estoy a favor de la intervención del estado en la economía (¿cuánto? pues tampoco estoy seguro, pienso que depende del ciclo económico concreto) y de una sanidad y educación públicas lo suficientemente financiadas como para alcanzar un cierto nivel de calidad. Por lo demás, no sé en cuantas cosas hay que estar en desacuerdo con los comunistas para ser más de centro y menos de izquierda. Como digo, no tengo mucho interés en identificarme con una etiqueta política o ideológica.

      Aunque supongo que es inevitable en cierto grado cuando se discute sobre estos temas, no he querido, más allá de mi capacidad para lograrlo, “denigrar” tu postura. De hecho, antes de leer tu respuesta, tenía en mente un comentario donde venía a decir que comprendo tu postura e incluso que puedo aceptar la mía como algo “revanchista” (revanchismo light, en todo caso), pero es que el tema de la homofobia me irrita especialmente, desde bastante antes de saber siquiera quien era Zapatero (además creo que es un caso de intolerancia que sigue muy presente en nuestra sociedad, tanto o más que la judeofobia a la que tú sí has dedicado muchas, muchas líneas. Ninguno estamos a salvo de la falta de ecuanimidad). Uso la ironía con mejor o peor fortuna, pero al menos contigo nunca con ánimo peyorativo (excepto una vez, y pedí disculpas), y precisamente no eres tú alguien que exponga sus ideas antizurdas sin ironía, en ocasiones bastante ácida. Por otra parte, puedo estar equivocado, pero estoy convencido de que tú no eres homófobo, y más convencido aun de que perteneces al batallón de la dura lex, mucho más que yo. Pero si no puedo siquiera pretender que haya contradicciones en tus posicionamientos ideológicos (en eso consiste todo debate, en detectar y denunciar contradicciones en el discurso del otro), o si interpretas toda postura que no compartes en términos de doctrina zurda, pues el debate se acaba antes de empezar, y entonces sí que me das un recurso, efectivo de facto, para controlar mis impulsos. Supongo que es lo mejor, por mi parte para protegerme de mis neuras, y por la tuya para no tener que leer comentarios doctrinalmente embalados.

      Que la analogía no era perfecta lo reconocí en el último párrafo, pero entiendo que me sirve para lo que quería expresar, y añadí que si pasamos a la adopción la cosa se ve más clara todavía. Las razones para negar la adopción a los homosexuales brillan por su irracionalidad, y dejan en evidencia flagrante la motivación que hay debajo, homofobia, irracional como todas las fobias.

    12. Manel dice:

      Nituniyo

      Miremos el asunto desde otro ángulo, y dejémonos de acaloramientos. Lo que se propone cuando se razona grupalmente es lo siguiente:

      —El señor H, nacido en 1980, es homosexual.

      —Los homosexuales han sido perseguidos en España durante el franquismo, y durante todos los siglos precedentes que se quiera.

      —La ley debe compensar el sufrimiento de H por discriminación histórica. El detalle de que H en realidad ni siquiera hubiera nacido cuando murió Franco carece de importancia. El pobre H sufre mucho leyendo libros de Historia y escuchando a sus colegas mayores de 50 años.

      —Ergo legislativamente no se compensan injusticias cometidas contra H sino que se favorece, por razones ideológicas, a la minoría a que pertenece.

      Pero ¡alto! El señor E, nacido en 1980, es evangélico. Los protestantes fueron reprimidos por Franco y han conocido grandes persecuciones en siglos anteriores. Ya conoces el resto, ¿no?: César Vidal posando con Rubalcaba para la foto oficial el día que el legislador decide reparar semejante injusticia histórica, y un montón de millones para sectas protestantes a cambio, solo, de manifestarse electoralmente a favor del partido que les ha compensado históricamente.

      Un Estado aconfesional, que la izquierda quiere laico, legislando a favor de una minoría religiosa.

      Un momento, un momento: a favor de una minoría religiosa no. A favor de varias otras minorías religiosas, porque también hay que reparar agravios históricos cometidos contra los judíos, contra los musulmanes y contra los bahais. Es de notar que a partir de ahora las operaciones de fimosis se llamarán oficialmente circuncisiones —se modificarán todos los libros de texto y manuales médicos—, el Ramadán será fiesta oficial y tanto el yidis como 18 variedades de árabe pasarán a ser lenguas cooficiales. Es lo menos que les debemos porque unos antepasados nuestros putearan a otros antepasados nuestros.

      Y así, una tras otra, hasta aproximadamente una cincuentena de minorías (algunas comunidades por haber sido contumazmente marginadas en los planes de desarrollo siglo tras siglo, como las Hurdes y otras). Hum, ahora que lo pienso, ¿por qué no legislar también a favor de los carlistas? Han perdido más guerras civiles que la izquierda.

      Espero comprendas que eso no es forma de llevar una legislación ni un país. Que la discriminación positiva es fuente de injusticias actuales y futuras, y que su única razón de ser es ideológica y partidista.

    13. judas dice:

      Manel, te empeñas en ambos errores, y no haces sino darme la razón sin darte cuenta.

      Dices que la diferencia entre una unión con un armario o con una persona es, desde el punto de vista legislativo, irrelevante distinguirlas. Porque el Estado debe prever que alguien podría querer unirse a su armario y, si puede hacerlo con el vecino, que no haya cauces legales para el mueble es disciminatorio. Pero lo que no dices es que eso, todo ello, es parte de tu propia cosmovisión del asunto.

      Que haya la misma diferencia entre un matrimonio y una unión homosexual que entre un matrimonio y una unión con un armario es, de hecho, un baremo subjetivo tuyo. Precisamente repetida en ese empeño en "cosas iguales" o "cosas análogas". Una unión de personas con intención de fundar un núcleo familiar es una familia, sean dos, tres o cuatro, hombres, mujeres o viceversa, sean pigmeos tribales o gays en adobo en Chueca. Los que se unen, son pues un matrimonio. Llamar distinto a lo que, según tú, es análogo, y según yo, es lo mismo, es absurdo. Y sólo tiene como finalidad contentar a quien, de otro modo, se sentiría enfadado. No preservar nada, ni distinguir lo que, legislativamente, es igual, ni siquiera mantener la pureza del lenguaje, pues eso ya sería para caerse de la risa.

      Así que no es tan racional tu solución, decía, porque se basa en tu visión (iba a decir prejuicio), y es tan sencillo de responder como negar la mayor. Como he hecho. Y como depende de opiniones, me responderás negando mi mayor. QED.

      Pero más allá, no es que no sea racional, es que no satisface a todos, que es otra de tus conclusiones. Esto sí que es evidente: no se puede satisfacer a todos cuando los deseos de unos implican el enfado de otros, y pon los lados donde quieras. Puedes callarlos, puedes amansarlos, pero no satisfacerlos. Si uno quiere ser considerado *exactamente igual* que otro y al otro que consideren a alguien *exactamente igual* que a él le molesta, el problema está servido.

      Y conste que no entro en el tema de la ingeniería social. Legislar el matrimonio homosexual no tiene por qué serlo, ya que simplemente traslada a la legislación una realidad ya existente (como el DRAE). Tampoco entro en si el Estado debe ser militante o puramente neutro, que sería otra discusión interesante con argumentos en ambos lados.

      Aunque da igual, es una batalla perdida. El matrimonio homosexual no se equipara al matrimonio ni aunque se llamen igual, pues tiene esa coletilla. Y ahí radica el problema: hay cosas que no se pueden satisfacer de ningún modo porque son insaciables.

    14. Manel dice:

      Judas

      Empiezas con que no digo que mis opiniones son parte de mi propia cosmovisión, lo cual constituye toda una sorpresa porque estaba hablando, en efecto, de mi propia cosmovisión liberal. Hemos avanzado un trecho decisivo, pues: cuando hablo de mi cosmovisión liberal resulta que se me reprocha que estoy hablando de mi cosmovisión liberal.

      Sobre las diferencias y baremos: sigues juzgando las cosas moralmente. Yo no. A mí me da igual que un tío se confiese homosexual y que otro se confiese armarista. Ambos tienen el mismo derecho: unirse legalmente a Pedrito y al armario ropero. ¿Qué es lo igual? El hecho de poder unirse legalmente. ¿Qué es lo análogo? Que Pedrito no es un armario ropero, aunque tenga pinta de. ¿Qué consecuencias tiene lo igual? Que la ley sanciona ambas uniones. ¿Qué consecuencias tiene lo análogo? Que a un hombre no se le debe poder llamar objeto, y a un objeto no se le debe poder llamar persona. Es bien sencillo.

      ¿No existen diversas clases de sociedades mercantiles y nadie ha montado nunca, que se sepa, ningún escándalo por eso? ¿Conoces algún gremio que proteste porque existan sociedades limitadas y sociedades anónimas? ¿O porque existan cooperativas o porque existan sicavs? ¡Todas deberían llamarse exactamente igual! ¡Qué escándalo! ¡Los que tenemos una sociedad patrimonial estamos discriminados en el nombre! ¡Tendríamos que ser considerados sociedades bla bla bla! Anda, pregúntate la razón de por qué eso no ocurre.

      Luego, aparentar que la unión de dos hombres o dos mujeres es *igual* (no análoga) que la unión de hombre y mujer está desmentido por el propio cuerpo de leyes al que quieres implementar tal circunstancia. Existen decenas de artículos en distintos ámbitos jurídicos que ponen de manifiesto la diferente realidad legal de hombres y mujeres. En plata, la Ley no trata igual a hombres que a mujeres y, pásmate, tampoco sus derechos son idénticos dentro del matrimonio, y las mismas mujeres disfrutan de derechos desiguales en función de si son fértiles o no, madres o no, de si tienen hijos inválidos o no (lo que les permite jubilarse antes que a los padres de esos mismos hijos), etc. ¡Oh, terror y pavor! ¡La ley discrimina a mujeres de hombres y a mujeres de mujeres, pero no debe poder discriminar a homosexuales de heterosexuales! Tendrás que explicarme qué hacemos con tanta contradicción.

      Dices: «Y sólo tiene como finalidad contentar a quien, de otro modo, se sentiría enfadado». Replico: «Y sólo tiene como finalidad contentar a quien, de otro modo, se sentiría enfadado».

    15. "¿Por qué? Porque las cosas desiguales merecen nombres desiguales, pero las análogas merecen idéntica categoría. Ningún derecho individual sale perjudicado; más bien los contemplo absolutamente todos, no le pego patadas al diccionario y no corrompo ninguna tradición secular ni religiosa (que a mí no me importan pero a los conservadores chillones sí). No he jodido a nadie y los he satisfecho a todos. Tampoco es tan difícil ser imaginativo, cuando se es racional."

      El problema es que esta, llamémosle idea, es un insulto para la absoluta mayoría de la sociedad española. Implántandola hubieras jodido a toda esa gente entre la que me incluyo. Y todo por no molestar al reino cristofriki. Si en el dos Judas propone que nosatisfaces y yo te digo que jodes pues ya me dirás.

      De cualquier manera la praxis libegal por la que tan preocupado te leo es más miedo que acción lo que elimina cualquier devaneo progresista. El conservadurismo casposo de toda la vida. Dado que no te ves como uno de ellos resulta curioso tu multiculturalismo radical al querer que la sociedad liberal se conforme tomando en consideración a Alquaedas, Roucos y demás escoria. Gago, gago.

    16. Manel dice:

      Carlos Arrikitown

      Sí, te diré: Judas ha argumentado mal algo. Tú no has argumentado bien nada.

    17. Joder Manel no me niegues que con tu defensa del equilibrio psicológico de los cuatro cristofrikis que están en contra de que se casen o no los gays o como multiculturalizas...

    18. judas dice:

      Manel, no te reprocho que bases tu visión en, precisamente, tu visión. Lo que te reprocho es que no veas que, con esas premisas, traer consecuencias y llamarlas racionales o, pásmate, "satisfacientes" para todos hay un trecho que, me temo, sigues sin justificar.

      No sabía que era moral considerar distintos un ser humano, no digo ya ni un ser vivo, de un ser inerte. Yo pensaba que era natural. Que me justifiques esa desigualdad en que hay otra entre hombres y mujeres ¡en la legislación!, que no deja de ser un papelajo escrito por antepasados en el mejor de los casos, es de aúpa. Sólo te falta escribir clarito lo que quieres decir: en tu Ley ideal, no se distingue entre humano o no a la hora de regular relaciones. Si tuviéramos tiempo, tiraba del hilo del esclavismo voluntario anarcoqué y las distintas posibilidades de poseer personas/cosas, sería una risa.

      Termino: a mí no me tienes que convencer del fin último que tenía esta legislación. Pero no termines con un "y tú más" cuando lo que yo te decía, justamente, es que todos no se pueden quedar contentos. Esa finalidad yo no la tengo en cuenta en este debate más que como probatoria de, insisto, tu segundo error: o jodes a unos, o a otros.

    19. Manel dice:

      Carlos Arrikitown

      Sí, te lo niego. En primer lugar porque no todos los ofendidos o discrepantes son cristofrikis. Pero sobre todo porque se hace legislando a la contra —revanchismo, ha dicho arriba Nituniyo, y es un buen término— y en base a consideraciones de grupo, no individuales (que son las que rigen en Derecho). Legalmente, tú eres tú, no ningún nosotros o vosotros o ellos. Si se quiere reprimir la homofobia, con lo que estoy de acuerdo, se tipifican los actos homofóbicos y se procede en consecuencia. Si se quiere una legislación aceptable para los intereses generales, se persuade a —y se consensúa con— cristofrikis y no cristifrikis, como es lógico, pero no se les desprecia con un decreto o se les rebate con insultos, porque el riesgo que se corre es evidente: que cuando gire la tortilla se desande lo mal andado. Y dentro de cuatro u ocho años, otra vez. Y ad infinitum.

    20. Manel dice:

      Judas

      El trecho lo he justificado ciento seis veces en lo que llevamos de hilo. La satisfacción a la que constantemente me refiero es la legal, que es —te he dicho ya antes— la única que importa. Si tienes la bondad de remitirte al extracto de Quintana, verás que ahí se habla de *negación de cualquier otro tipo de familia que no sea el tradicional*. Esos que la niegan son los conservadores chillones, los que se escandalizan y los sedicentes "liberales conservadores". Mi postura va mucho más lejos de lo que Quintana expresa en ese extracto, que no pasa de ser un "a nosotros no nos importa", pues no solo acepto los matrimonios homosexuales o múltiples sino también con objetos. No distingo entre prácticas ni costumbres ni tendencias ni aficiones ni gustos ni psicologías: todas merecen idéntica protección legal. El mismo derecho tiene nuestro armarista a que le considere como tal que el heterosexual o el lesbiano.

      Pero como no entiendes que Quintana habla de un problema legal —la introducción de nuevos modelos de familia— y yo le respondo en términos legales y le dejo quilómetros atrás porque me baso en el individuo y no en ningún grupo, terminas protestando que me parezca llamativo que ¡en la legislación!, ¡nada menos que en la legislación! existan desigualdades. Admito que es asombroso: hablamos de leyes y no se me ocurre otra que mentar la legislación. Más aun, estoy tan equivocado que no he hecho otra cosa todo el rato que hablar de legislación.

      Así que apúntate esa en la libreta de lo que aprendes cada día: si hablas de matrimonios homosexuales NO en términos de legislación, lo estás haciendo en términos morales.

      Lo de los anarcoqué haré como que no lo he leído. Joder, macho, menudo desparrame sin pies ni cabeza.

    21. judas dice:

      Pues lo has justificado de maravilla, por lo que parece. Si la única satisfacción que cuenta es la legal, ya me contarás de qué sirve. Tienes una Ley que no le gusta a nadie, pero es legislativamente satisfactoria. Lo mismo puedes legislar que las cosas caen, que es legislativamente satisfactorio (no choca con ninguna otra ley, al menos aquí, no sé en Corea del Norte). O considerar que las leyes caen del cielo, o crecen en los árboles. Vamos, pides una legislación para humanos pero a-humana. Racional, en mi lengua, es otra cosa.

      De ahí a la tabla rasa debe haber un pelo, seguramente bastante enredado si lo miras al microscopio, pero uno y pelo.

      Haz como que no has leído lo del anarcoqué, pero es lo que hay (y seguramente también enredado al microscopio). Si pides legislación para robots, ellos son los que vienen a la mente. Yo hablaba de matrimonio homosexual en términos legales, pero a diferencia de tu postura a veces me da la impresión de que una decisión legal debe tener algo de sustento (natural, social, humano) que el mero "me da lo mismo un Pepe que un armario" o el axioma y teorema matemático. Como te decía, no mentes robots.

      No se puede jugar si tu carta es "todos armarios, esto es lo racional y lo legislativamente satisfactorio porque sí", hombre. Si se te pregunta por qué, no salgas con un "lo he dicho, es que esto es así". Porque si no cualquiera te acusaría de cometer el mismo error que Quintana: él, "hasta permite" y "no le molesta" para distinguirse de los lib-cons y tal; tú prefieres llamarnos a todos armarios para distinguirte de los pro-homo. A ver quién la dice más gorda.

      Ahora, que ya te digo que estoy de acuerdo más o menos con todo tu texto. Es sólo esos dos detalles de la solución mágica. Que tampoco hace falta que estemos de acuerdo en esto ni nada.

    22. Manel dice:

      Judas

      Si la única satisfacción que cuenta es la legal, ya me contarás de qué sirve.

      Para evitar injusticias y abusos de derecho. No es mucho, ya sé. Seguramente sea más racional satisfacer dialécticamente a una minoría para joder a otra en base a consideraciones históricas de las que nadie de los vivos es responsable.

      Tienes una Ley que no le gusta a nadie, pero es legislativamente satisfactoria.

      Perdonando la redundancia, sí, se trata de eso, de ser equitativo, no de ser vindicativo ni adoctrinador. No todas las leyes nos gustan a todos, ya sabes.

      Lo mismo puedes legislar que las cosas caen, que es legislativamente satisfactorio (no choca con ninguna otra ley, al menos aquí, no sé en Corea del Norte)

      ¿Ves como no has entendido la cuestión? La costumbre de las cosas no es caer, y en todo caso caer es un acto que las cosas cometen pasivamente (ninguna cosa se tira, como el Pichi en el autobús del chiste). Ya te he dicho arriba que es absurdo que el legislador diga que el sol es un pollo, pero...

      O considerar que las leyes caen del cielo, o crecen en los árboles.

      Ditto.

      Vamos, pides una legislación para humanos pero a-humana. Racional, en mi lengua, es otra cosa.

      No lo has entendido, es obvio. Abogo por una legislación para individuos que proteja las voluntades no delictivas de los individuos por muy excéntricos o desagradables o amorales que a otros les puedan parecer. Si no son delictivos, adelante con los faroles. Eso es lo racional, sí. Un Estado no es quien para juzgar la moralidad de sus ciudadanos, y por tanto tampoco debiera estar habilitado para reprimirla legalmente, si más no porque no se ha establecido previamente ninguna moral concreta a respetar, pues hay muchas y todas son válidas. Voy a la CE y no encuentro nada al respecto. Bueno, sí, encuentro que la CE recoge en no sé cuál artículo que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española. Momento carcajada, tendrás que reconocer.

      De ahí a la tabla rasa debe haber un pelo

      Mi no entender tabla rasa, pero dada tu racha de aciertos me figuro que tendré que decir que te equivocas.

      Si pides legislación para robots, ellos son los que vienen a la mente.

      Yo no he hecho tal cosa.

      Yo hablaba de matrimonio homosexual en términos legales, pero a diferencia de tu postura a veces me da la impresión de que una decisión legal debe tener algo de sustento (natural, social, humano) que el mero "me da lo mismo un Pepe que un armario" o el axioma y teorema matemático.

      Mi postura es simple Derecho Positivo. No la he inventado yo. Todo Occidente se dirige hacia él, en términos históricos. Y claro que tiene sustento: la equidad, la igualdad radical de todos los individuos bajo su jurisdicción. Donís lo ha dicho bastante bien, pese a que no sea partidario del Derecho Positivo: el Estado —el gobierno, las instituciones— no es quien para darnos el coñazo con moralinas. Ha de gestionar las cosas públicas y, en lo relativo a la Justicia, ha de procurar que no existan discriminaciones ni activas ni pasivas. Si es menester, articulando nuevos preceptos basados en la equidad cuando se detecten nuevas figuras delictivas.

      No se puede jugar si tu carta es "todos armarios, esto es lo racional y lo legislativamente satisfactorio porque sí", hombre. Si se te pregunta por qué, no salgas con un "lo he dicho, es que esto es así".

      Mi no entender again, así que me opongo.

      Porque si no cualquiera te acusaría de cometer el mismo error que Quintana: él, "hasta permite" y "no le molesta" para distinguirse de los lib-cons y tal;

      Pues sería una falsa acusación, ya que he subrayado hasta cansarme que su razonamiento es grupal y el mío individual; y que él trata de satisfacer a una minoría jodiendo a otra —argumenta claramente por oposición— y yo no.

      tú prefieres llamarnos a todos armarios para distinguirte de los pro-homo.

      Desparraming. A saber dónde nos he llamado a todos armarios. De quienes me he distinguido ha sido de los que razonáis legalmente en términos de minorías, no individualmente, y no por nada en especial, sino porque jurídicamente es un error gordo. Pero, ojo al dato, que lo que parece que os ha jodido a ti, a Nituniyo y a Carlos Arrikitown es que haya contemplado tantas modalidades de sociedades interpersonales —vulgo uniones o matrimonios— que haya dejado sin valor vindicativo específico el matrimonio homosexual. Por lo cual, si es así, solo me queda por decir que sois... conservadores.

      A ver quién la dice más gorda.

      Aquí has ganado tú, sin duda. Lo de la esclavitud anarcoqué ha estado muy logrado :D

    23. "porque el riesgo que se corre es evidente: que cuando gire la tortilla se desande lo mal andado. "

      Yo corro ese riesgo y mal andado, son cuatro cristofrikis. Llegará el PP al poder, si llega porque Marihuano... en fin, y no mudará lo que la absoluta mayoría de la sociedad acepta o se la refanfinfla. Y disculpa pero te veo blandengue, cuando uno de los de De Groenen salió en TV diciendo que alomojó sería mejó no publicar (ni escribir me parece recordar) los versos satánicos (librazo no por la razones de la fatwa) yo por molestar a la inmensa mayoría de la población lo hubiera metido en la carcel. Como verás tienes amigos antimulticulturalistas donde menos te lo esperas.

      Te veo en la misma confusión que el bonico del to cuando se alejaba del nazismo con su defensa de la deportación en masa estoy hablando en términos, claro, puramente estructuralistas.

      Y Manel, desde el cariño, no da para defender algo por las posibles implicaciones que tenga que cuaje un huevo. Es, de nuevo, un motón de miedo y poca acción.

      Y acuerdate de que el liberalismo soy yo y voto PSOE. :)

    24. motón es montón no un discográfica.

    25. Perdonad el metralleo pero no había clickado en el cristofrikis. Y la Sra. catalana y Bono de todos los Santos y su santa madre, qué me quieres decir Manel que en el PSOE no hay cristofrikis?

      XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

    26. Manel dice:

      Carlos Arrikitown

      Correrás el riesgo y puede que tengas razón en el resultado, pero eso no es forma de proceder en una democracia ni en un Estado de derecho. Si Rajoy, o quien corresponda, se levanta vindicativo, tendréis que desempolvar otra vez las pancartas y las tonterías, pero dado que el ambiente ya va a estar con marejadilla del norte gracias a la exquisita situación económica que nos lega el partido al que sabiamente votas y que habrá que corregir con decisiones chungas, sería hasta razonable que dijeran que de perdidos al río y endurecieran posturas. No dudes de que si tal cosa sucede correré a felicitarte por tu gran visión.

      ¿Los Versos Satánicos? No sé si el CP prevé penas por aburrimiento mortal, pero debería.

      Mi no entender lo del huevo, así que también me opongo. Y desde el cariño te digo que no te vuelvas a acercar tanto a la raya del mierda de Neike.

    27. Manel dice:

      Carlos Arrikitown

      Jamás habría creído que te alegrara tanto votar a un partido de cristofrikis.

    28. HECTOR dice:

      Sr Manel

      Me gustaria que en los proximos dias pudiera hacer usted, un analisis de lo que esta pasando en Inglaterra con eso de las revueltas en las calles de sus principales ciudades. La verdad me ha sorprendido que este sucediendo eso en una pais de un gran nivel de desarrollo economico, y pues usted que esta al otro lado del mundo y mas cerca de esas tierras, quizas pueda ilustrarme.

      Saludos

    29. Castigador dice:

      Con la chicha que tiene el artículo, ¿por qué todo se queda en el matrimonio gay?. Supongo que lo del matrimonio gay es cuestión de dogmatismo, sino, no me lo explico.

    30. Flashman dice:

      Manel, solo una cuestión. Cuando criticas la discriminación positiva ¿te refieres a la referida al sexo o a cualquier otro tipo? Hablo de la discriminación positiva de minorías raciales (como la que hay en los USA) o hacia los discapacitados. ¿No te parece que ese tipo de políticas contribuyen a que desaparezcan unas tendencias, tradicionalmente injustas y perniciosas, que incuso están asimiladas en la cultura, y que de no sufrir ese empujón se enquistarían, ya que por los llamémosles "procedimientos convencionales" no ha sido posible cambiarlas?

    31. Manel dice:

      Flashman

      Dado que la cuestión me parece pertinente, te responderé in extenso en un nuevo artículo. Cuando critico la discriminacion positiva (DP) hablo del concepto en general, sin negar que en algunas de sus variantes —referidas p.ej. a discapacitados de toda índole pero capacitados para ejercer ciertos trabajos— sea necesaria y hasta conveniente. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la DP en pro de los discapacitados se sale del marco "filosófico" de la DP en general, que nace por cuestiones raciales y pronto incorpora a la mujer y otros grupos sociales que no están impedidos por naturaleza o accidentes —no están discapacitados— para estudiar o trabajar.

    32. Yomismo dice:

      Un gato y un armario no son seres humanos, no tienen la capacidad de decir si quieren formar parte del matrimonio. Cuando hablamos de relaciones familiares, de amistad, de contratos, etc., estamos hablando de relaciones entre personas, que dan su consentimiento y mutuamente establecen esos vínculos. Un poco de por favor.

    33. Manel dice:

      Yomismo

      Si no entiendes el concepto de sociedad interpersonal, pregunta.

    34. Yomismo dice:

      Preguntado queda, y agradecido por la respuesta de antemano.

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