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Manel Gozalbo
Los dioses son testigos de que el seguimiento del 11-M me ha permitido descalificar incontables veces a lo largo de los años la penosísima labor informativa de El Mundo y de Libertad Digital, y añado ahora que cuantos rayos y culebras haya descargado a cuenta de sus maquinaciones y fábulas onceémicas y paraonceémicas valen también para La Gaceta, que en los últimos meses está siendo timoneada briosamente hacia la costa del desastre por Carlos Dávila.
Los mismos altos dioses saben bien que no han sido ni dos ni tres ni cuatro las veces que he señalado que si el PP hubiera arrasado el 14-M habríamos tenido exactamente la misma conspiranoia del 11-M pero liderada por El País, El Plural y Nacho Escolar. Se ríe de los titirinoicos porque son de derechas y no supieron perder el 14-M, y de los peones negros por tragarse el montaje y las desinformaciones de aquellos, pero abstengámonos de pensar que la prensa de izquierdas es mejor. Es igual de mala, igual de creativa, igual de desinformadora. Igual de conspiranoica.
Por si quedara alguna miaja de duda, tres hechos benditamente coincidentes en el tiempo han descorrido el velo de superficial dignidad con que habitualmente se adorna la zurda periodística: las causas abiertas contra el juez Garzón, la exculpación de Camps en el asunto de los trajes y la propuesta de Gallardón de despolitizar la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Quería darme un garbeo por El Plural, Público —lo que incluye el blog de Escolar— y El País para ilustrarlo debidamente, pero mi conexión a la internete está en obras (supongo que a partir del martes recuperaré la normalidad) y no puedo permitirme alegrías viajeras. Además, por suerte, no resulta estrictamente necesario. Basta llegarse al periódico de Enric Sopena para descubrir que cualquier majadería legalista que hayan escrito alguna vez en El Mundo o en Libertad Digital —y las ha habido de muy sonadas— palidece ante la ciencia de los becarios de El Plural.
Nos movemos en el terreno de la prensa seria, como se desprende del titular: La verdad de lo que hay y lo que no hay en la 'absolución' de Camps y Costa. Se trata de un concienzudo análisis realizado por el excepcional equipo jurídico del periódico, seguramente el más potente de la prensa española. Así lo prueba su valoración de la votación del Jurado popular que ha absuelto por 5-4 a los dos políticos valencianos del delito de cohecho impropio:
El resultado es tan apretado que el veredicto no ha sido el de "inocencia", sino el de "no culpabilidad".
Lo cual no es sino la repetición del antetítulo de la noticia: «El jurado no les ha declarado "inocentes", sino "no culpables", porque sólo un voto les ha separado de la condena». Y se insiste luego:
Ahora, lo más probable, es que la fiscalía u otros recurran ante un tribunal superior, lo que es más que factible dado, como se ha comentado, que los dos acusados han sido declarados tan sólo "no culpables".
En efecto, hay todo un mundo entre ser declarado inocente y ser declarado no culpable. No hace falta ni comentarlo, de tan sabido. Por modestia, sin embargo, i.e. para no apabullar al lector con demasiadas honduras jurídicas, la zurda plural omite que también existe la calificación penal de «no inocente», que se diferencia de «culpable» en que los delitos se cometen pero solo la puntita, resultando a la postre que los culpables ingresan en prisión pero los no inocentes solo ingresan en efectivo. Extraña, con todo, que los chicos de Sopena no hayan desarrollado de paso alguna imaginativa teoría respecto del Jurado: por ejemplo que los cuatro que votaron contra la absolución de Camps y Costa no eran jurados sino prometidos, que queda como más laico y posmoderno.
Hablando del dire. Vistos los amplios conocimientos jurídicos de sus esforzados becarios, no asombra nada que Sopena no se haya enterado todavía del concepto de la presunción de inocencia:
El presidente valenciano siempre dijo que él había pagado los trajes, pero nunca pudo demostrarlo, cuando pedir una nueva factura a la tienda porque la primera factura no se encuentra es tan elemental como fácil.
A ver quién es el guapo que le explica que Camps no tenía (ni tiene) que demostrar nada, que eso es función de las acusaciones. Y claro, como nadie de su equipo parece capacitado para educarle en ideas tan básicas —una webcam en la redacción de El Plural sería más entretenida que un funeral de Público en 3D— por eso despliega un respeto por los procesos judiciales equivalente al de Luis del Pino por el macrojuicio que puso en órbita al juez Gómez Bermúdez:
El cuento de que sí pagó los fastuosos trajes no se lo cree nadie con más de dos dedos de frente. Lo diga el Jurado o lo diga el Papa de Roma. Pero todos sabemos que previsiblemente esto de los trajes no es más que la punta del iceberg o el prólogo de no pocas corrupciones vinculadas a la trama Gürtel. Quedan por consiguiente numerosos capítulos que pueden convertirse en un via crucis para determinados sectores del Partido Popular.
Ya lo dice el título del artículo de Sopena: «Que ni Camps ni Costa canten victoria». Solo le ha faltado el tictac, tictac. Ah, bueno, sí, y también decir que se ha desmoronado la Versión Oficial. Porque conspiración ha habido, y Zapatero en la inopia.
Ajo y resina. Esta es la prensa de izquierdas que tenemos. Sinceramente, no comprendo por qué en El Plural se ríen de la conspiranoia del 11-M. Tampoco entiendo que lo hagan en Público —Escolar incluido— y en El País, pero esta parte tendrá que esperar.
Algo así vengo diciendo yo. Y mira que me cae mal Camps, pero lo que no admitas para otros no lo quieras para tí.
Relacionado con este tema, ahora mismo en la sexta están hablando de unas encuestas absurdas sobre si existe una conspiración contra Garzón, y a continuación preguntando sobre si deberían investigarse los crímenes del franquismo, deslizando la idea de que a Garzón se le juzga por este hecho y no por cosas bastante graves como pasarse la Ley por el sobaco.
En el Facebook andan desatados soltando consignas y frasecitas a ver quién insulta más y mejor a Camps. También hay muchas tipo "valencianos de mierda" o "boicot a los productos valencianos".
Hace dos días, un "amigo" que no sé quién es (alguien de DL pero no lo relaciono con ningún nick) escribió una frase cómica, más o menos: las cartas profesionales a partir de ahora se encabezarán con "amiguito del alma". A mí me pareció gracioso y, por seguir la broma, escribí otra: "Querido Emilio". No les hizo gracia y un minuto después lo borraron.
Porque el conspiranoico siempre es selectivo. La conspiranoia no es una creencia firme sino utilitaria, es una expresión más de que "el fin justifica los medios".
Los medios de comunicación españoles están orientados a excitar los bajos instintos de quienes los leen. Quiero pensar que lo hacen porque es la única forma de sobrevivir.
La gente no quiere la verdad, quiere que le cuenten una película de buenos y malos. Las tibiezas no son bienvenidas