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Manel Gozalbo
Gracias a Jorge Luis Borges por haber inventado un personaje como Pierre Menard. Y gracias a El Mundo por contratarle. Los aficionados al género nos congratulamos por sus frecuentes incursiones en el 11-M, que le han dado un alcance más fecundo al término cuentista.
ÍNDICE DE LA SERIE
Prólogo, donde se explica de qué va esta serie: —Titadyn, o la conspiranoia en los tribunales.
Cap. 1, donde se relata el principio de un gran engaño: —Titadyn. Una no-noticia explosiva, 1.
Cap. 2, donde se habla de la denuncia olvidada: —Titadyn. El éxito como fracaso, 2.
Cap. 3, donde se expone la denuncia y su archivo: —Titadyn. La denuncia de AES, 3.
Cap. 4, donde se da una primicia mundial: —Titadyn. El recurso de apelación de AES, 4.
Cap. 5, donde se presenta una confusión de intereses: —Titadyn. No es periodismo, es algo personal, 5.
Cap. 6, donde se desenrosca una querella: —Titadyn. La querella de la AAV11-M, 6.
—Excurso sobre El Mundo y la metenamina.
Según la querella de la AAV11-M que (por causas de fuerza mayor) vamos diseccionando a paso de tortuga, Sánchez Manzano y la perito de los Tedax destruyeron —u ordenaron destruir— cientos de vestigios recogidos en los trenes del 11-M, los cuales habrían permitido concluir que el explosivo empleado en ellos fue Titadyn a secas. Por supuesto, la tesis suscita alguna incredulidad: ¿acaso fueron analizados todos los restos y, a la vista de los resultados, las muestras que no convenían —porque demostraban la utilización de Titadyn a secas— fueron destruidas o escamoteadas? Y si no fueron analizados, tarea que no podría haberse concluido ni siquiera en un mes entero trabajando a destajo, ¿cómo supieron los querellados que disponían de las pruebas de que había estallado Titadyn a secas y había que hacerlas desaparecer? Bueno, los malos siempre consiguen su propósito. No se sabe cómo, pero lo consiguen. Por eso son los malos.
En realidad, la incredulidad se disipa si uno adopta el prejuicio de partida de la conspiranoia: los policías golpistas —aquí representados por Sánchez Manzano y Marian 17632, pero en otros lances por la Policía Científica en bloque, por Telesforo Rubio, Miguel A. Santano o Rodolfo Ruiz, ciertos guardias civiles de Asturias, etc.— sabían de antemano, sin tener que analizar nada, que el explosivo empleado por los asesinos había sido Titadyn a secas porque a) participaron en la preparación de la masacre, o porque b) conocían los planes de los verdaderos culpables y no hicieron nada por detenerles. Nunca salimos de lo mismo, pero es que la conspiranoia es un fenómeno intelectual limitadito. Como carburante, apenas requiere elementos por cuya desaparición poder lamentarse indefinida e irresponsablemente: 'Si aun tuviéramos esto o lo otro, podríamos averiguar qué sucedió'. La nostalgia de lo irremediable es el principio trágico que subyace a la pamplina de la «destrucción de pruebas» en cualquiera de sus variantes (trenes, explosivos, Leganés). Autoriza a recelar sine die y, si alguien señala lo limitadito del planteamiento, vienen los ayes y se sienten maltratados como si fueran «una patrulla de cazafantasmas en busca de conspiraciones imaginarias» (Pedro J. Ramírez, 2007).
Todos tontos o todos en el ajo
Los querellantes, pues, no se entretendrán dando respuesta a problemas lógicos tan cantarines (la juez Coro Cillán tampoco las buscará, ni una sola vez en dos años y medio de instrucción) y mirarán de sacar partido al desnudo contraste cuantitativo entre los cientos de restos recogidos en los trenes y las pocas muestras que recibieron los peritos en 2007 para su análisis (p. 30):
Era de suponer que, tras doce explosiones, dos de ellas controladas, los peritos nombrados por el Tribunal para realizar la antedicha pericial de explosivos recibirían centenares de muestras procedentes de los focos de explosión. Nada más alejado de la realidad. La Unidad Central de Desactivación de Explosivos y NRBQ solo conservaba 23 muestras procedentes de esos 12 focos. Ni llega ni a dos muestras por cada foco.
"Era de suponer" no es lo que se dice un argumento genial, sino paupérrima premisa estadística que tampoco resiste un soplamocos de talla infantil (y en realidad no son 23 muestras sino 80). Los conspiranoicos que apatrullan el 11-M se expresan siempre como si algún raro principio estadístico-científico estableciera automáticamente la cantidad de restos a recuperar por metro cuadrado de zona afectada por una explosión. Ya sabes, si los efectos se notan en 400 metros cuadrados hay que aportar 2.450 muestras de la explosión para su análisis, ó 630, ó 140 ó 20; se calcula fácilmente con el coeficiente Grossen-Bomben, aplicable a todo tipo de explosivos y escenarios. Semejante majadería brilla en editoriales modelo pasote y en boca de histriones radiofónicos, pero se trata, como todo hasta ahora, de otro razonamiento caprichoso procedente de la manga. En este sentido, tiene su gracia que la querella invoque la pericial del atentado de la terminal T-4 de Barajas como ideal de comparación, pues, de las 300 y pico muestras (cientos) que analizó la Policía Científica, solo el 10% dieron positivo (pocas). La gracia está en que los querellantes no han preguntado nunca qué pasó con los cientos de restos que no dieron positivo. En la T-4, pese a que tampoco se conoce la marca comercial del explosivo, no hay cuarta trama que valga.
Fuera de conspiranoias, dígase que los restos no identificados que sobreviven a una explosión y resultan válidos para la investigación y el análisis policial dependen enteramente del azar, y los que se encuentran dependen únicamente de la especialización de los diplomados Tedax, que saben qué, cómo y dónde buscar. Lo que hay —mucho o poco a ojos de profano— es lo que hay, por decirlo axiomáticamente. En el 11-M se desarrolló el típico proceso de criba en cuatro fases: la primera, como siempre, se llevó a cabo in situ, y las tres restantes en las instalaciones de los Tedax, donde los restos (insisto: los no identificados) fueron pasando por un circuito de grandes mesas en las que los expertos —no Sánchez Manzano ni la perito— los examinaban en busca de indicios. Si eran inútiles para la investigación se descartaban, pero si contenían algo de interés pasaban a una segunda mesa, donde se volvían a examinar con otros ojos; y luego a una tercera mesa. Al final, al mostrador del laboratorio de la perito llegó lo susceptible de contener pistas sobre el explosivo, mientras que otro tipo de vestigios, incluidas sustancias que la perito no podía analizar químicamente, se remitieron a la Policía Científica. El hecho de que a las 2 de la tarde del mismo 11 de marzo ya hubieran averiguado que el explosivo empleado había sido dinamita constituye un milagro que solo se explica por la alta preparación técnica de cuantos intervinieron en la criba, empezando por quienes inspeccionaron los trenes reventados. En la T-4 se tardó 15 días.
Pero no todos lo ven así. La querella de la AAV11-M, por el prejuicio señalado arriba, considera que la criba fue una farsa. José María de Pablo tiene que mentir primero sobre las muestras que nos han llegado (ver cap. 6) y tiene que maliciarse después un delito continuado para justificar por qué no nos han llegado los restos que no superaron la selección en el circuito de mesas, el mogollón que según los diplomados Tedax carecía de interés investigativo o analítico. La naturaleza antojadizo-política de la acusación conlleva imaginar una masiva operación criminal de destrucción de pruebas a cargo de Sánchez Manzano y Marian 17632 (a quien le correspondería la tarea menor de hacer desaparecer los líquidos de la extracción de las muestras analizadas [vulgo, los lavados]). El prejuicio referido está tan arraigado que cuando Sánchez Manzano, en su declaración durante la instrucción de la querella, reitere la obviedad de que lo que se descarta en la criba no son muestras ni vestigios, sino simples objetos que no aportan nada, de Pablo se plantará ante las cámaras fuera de los juzgados y proclamará ciceronianamente: «Ahora sabemos lo que nadie había dicho antes, que kilos y kilos de vestigios se destruyeron».
Pero, si no queremos liarla parda en el número de conspiradores, la destrucción tuvo que ejecutarse sin que lo advirtieran los mandos superiores de los querellados, ni una decena de jefes y subjefes de Brigada, ni casi un centenar de Tedax rasos, auxiliares y en prácticas, ni nadie de la Policía Científica, ni visitas inoportunas, todos ellos —los de arriba, los de abajo, los de enfrente y los de paso— con su puesto de trabajo en el mismo edificio que los querellados o ahí al ladito. Desilusiona una miaja, por tanto, que los querellantes no aporten indicios y testimonios sobre una tarea destructiva de proporciones tan hercúleas —kilos y kilos— y de la que, dada la repercusión mediática que tuvo la pericial del macrojuicio, tuvieron que enterarse por cojones los especialistas Tedax que realizaron materialmente la criba: "¡¿Cómo que solo 23 bolsitas con muestras de los trenes!? ¡Pero si yo mismo entregué a la perito más de 150! ¡Y Fulanitez casi tantas como yo, y Menganitez igual o más que yo!", etc. Yep, desilusiona que ningún inocente soldado del ejército de Tedax (querella, p. 10) haya ido con el dato definitivo a sus superiores (primero populares y luego socialistas) o al Consejo de Policía o, por si todos ellos estuvieren conchabados con Sánchez Manzano y la perito, que ninguno lo haya denunciado ante la opinión pública entre flashes y micros y mañana champán gratis con su ejemplar de El Mundo. O son todos tontos o están todos en el ajo... o no hay nada que denunciar. De hecho, ni uno solo de los casi 70 Tedax que desfilaron ante Coro Cillán durante la instrucción aprovechó la ocasión. Tampoco durante el macrojuicio, pese a que fue televisado. Ergo la conclusión es clara.
Menos mal que para compensar la desilusión, El Mundo nos mostrará hoy su mejor cara de marmota. Sin duda, es un periódico que sabe superarse a sí mismo sin dificultad.
Camino de perdición
Para mayor gloria de la Justicia española, José María de Pablo anda un camino trillado. Aunque decir 'camino' tal vez sea exageración por mi parte: quiero decir atasco. A fin de apreciar la magnitud del mismo hay que remontarse al macrojuicio de la esquizofrenia procesal. Dos de los letrados acusadores, Juan Carlos Rodríguez Segura y Manuela Rubio Valero, ambos del histórico equipo jurídico de la AVT, participaron en él en nombre de Ángeles Pedraza y del matrimonio Gabriel Moris-María del Pilar Crespo, entre otros, quedando la representación de la AVT propiamente dicha a cargo de Emilio Murcia. Pero, a la vez, Rodríguez Segura y Rubio Valero también actuaban en nombre de los Moris-Crespo ante el Juzgado Central de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional, el de Juan del Olmo, y esta es la faceta que nos interesa (en este capítulo, decir Rodríguez Segura y Rubio Valero equivale a decir Moris-Crespo, y viceversa).
Entre 2007 y 2008, Rodríguez Segura y Rubio Valero elevaron al juez del Olmo tres escritos en los que solicitaban una serie de diligencias conducentes a la averiguación de la marca comercial del explosivo empleado en los trenes por si cupiera deducir que hubo otros suministradores y, por tanto, culpables en libertad. Andaban tras la cuarta trama parida por Luis del Pino en 2005 y hecha célebre después por nuestro viejo amigo de Pablo, quien, por cierto, conocía esos escritos y se había adherido a ellos en nombre de la AAV11-M. Los letrados de Moris-Crespo también se subieron a la parra jolibudiense de pedir la reproducción de las explosiones en vagones como los del 11-M, una vez con Goma 2 ECO, otra con Goma 2 EC y otra con Titadyn a secas. Sería terrible si ese fuera el nivel general de la abogacía española, pero tampoco se les ocurrió que tales simulacros no son concluyentes a ningún propósito si la reproducción no es milimétrica en todos sus detalles, y que una similitud milimétrica es imposible de conseguir. En suma, proponían un espectáculo tan vano, ilógico e impracticable como levantar varios nuevos World Trade Center, llenarlos de oficinistas de gomaespuma e ir estrellando aviones de pasajeros contra ellos para comprobar teorías.
En abril de 2008, el juez del Olmo, machacado hasta el infinito por la prensa conspiranoica —Plutarco habría hecho maravillas con él y Coro Cillán—, dejó la Audiencia Nacional y se autoexilió en la Audiencia Provincial de Murcia. Lo había decidido meses atrás por razones familiares y porque se había dejado la salud durante la instrucción del 11-M. Entre los asuntos que quedaron sin resolver estaba ese de Rodríguez Segura y Rubio Valero. El 26 de junio se anunció en el BOE que su plaza sería ocupada por Eloy Velasco Nuñez, hasta entonces en el Juzgado de Instrucción nº 24 de Madrid, quien se hizo cargo de ella en agosto. Tres meses después, en noviembre de 2008, el juez Velasco, tras estudiar el asunto, desestimó los escritos de Rodríguez Segura y Rubio (el primero se remontaba a mayo de 2007, y había otros dos de 2008 donde se recordaba que el asunto seguía pendiente). Fue la primera vez que se advirtió desde sede judicial que tanto la recogida de muestras como la naturaleza del explosivo del 11-M incidía en cosa juzgada:
Se trata, ... como indica el Ministerio Fiscal en su dictamen de 18 de junio de 2008, de una cuestión que ya fue conocida y debatida en el plenario derivado del Sumario 20/04, posteriormente revisada en casación por el Tribunal Supremo, debiendo estarse pues al resultado fáctico y jurídico derivado de tales pronunciamientos, al no poder predicarse en modo alguno la viabilidad y pertinencia, en el presente procedimiento, de diligencias que tienden a reiterar la prueba ya practicada en otro procedimiento en el que ha recaído sentencia firme en la actualidad.
Este auto de Velasco de 25 de noviembre de 2008 fue recurrido, pero en febrero de 2009 la Sección 3ª de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional desestimó también el recurso haciendo suyas las apreciaciones del auto original. La Sala observaba que muchas de las diligencias solicitadas ya habían sido cumplidas y valoradas por el Tribunal sentenciador y, en casación, por el Supremo, y que otras como la simulación de explosiones eran «inviables». Concluía adjetivando como «inconsistente» la pretensión de investigar explosivos con DNT y nitroglicerina «porque nada aporta para investigar la autoría, la cooperación o el encubrimiento».
Pero las sucesivas desestimaciones no pararon a nuestros letrados. Apenas un minuto para coger aire, tomar impulso y, alehop, el 9 marzo de 2009 insistieron con un nuevo escrito ante la Audiencia Nacional en el que pedían la reapertura del sumario del 11-M y la práctica de 14 diligencias de investigación relacionadas con el explosivo. Entre ellas ya no figuraba la reproducción de las explosiones en los vagones, sino solo (!) la simulación de la explosión del artefacto neutralizado en el andén de la estación de El Pozo:
Solicito que dicha prueba sea realizada con diversos tipos y cantidades de explosivo, comenzando con 10 Kg. de Goma 2 Eco, cantidad estimada por los Tedax para los artefactos neutralizados en Atocha y El Pozo (folio 84328), hasta llegar a producir efectos similares a los realizados, y utilizando igualmente otro explosivo conteniendo nitroglicerina para poder comparar efectos y aportar restos con trazas de nitroglicerina para poder realizar la diligencia siguiente.
Modesta petición, esa de barajar y repartir cartas hasta que me salgan los cuatro ases, pero ni siquiera original (AVT, Escrito de conclusiones definitivas, 2007, p. 2). Los letrados, además, querían el papeleo policial de la recogida de muestras, las hojas de incidencias de los Tedax, los inventarios de cualesquiera depósitos con muestras, restos o indicios procedentes de los atentados de los trenes del 11-M, fotografías, grabaciones e informes. Su objetivo era «conocer si hubo uno o varios suministradores [de explosivo], quiénes fueron y a quiénes se lo facilitaron y, por lo tanto, a los inductores, autores materiales, cómplices y resto de personas que de una forma u otra hayan participado en el atentado». La cuarta trama again & always.
La foto
Su énfasis en la bolsa explosionada por los Tedax en la Estación de El Pozo se debía a una fotografía que ilustraba la recogida de muestras en el cráter que ocasionó. La foto, procedente del tomo 145 del sumario del 11-M, no suponía ningún secreto para el magistrado que instruyó ni para los que sentenciaron o casaron, pero a los incansables sabuesos de la cuarta trama les pareció que revelaba que algunas muestras recogidas en el escenario del crimen no habían llegado a los peritos del macrojuicio (Titadyn, p. 38). La foto la "encontró" Xluis, primero peón negro y ex peón negro y luego peón negro libre y ex peón negro libre (o algo por el estilo, que me he dejado el mapa en el autobús). Enemigo acerbo de Luis del Pino, al que bautiza con incontables motes nunca más agradables que el de «inepto mayor del Reino», XLuis está muy vinculado a la AVT y en particular a Rodríguez Segura y Rubio Valero, así que les "dio" la foto a ellos. La aprovecharon en su calidad de abogados personales —ad honorem, pro bono— del matrimonio Moris-Crespo. El Mundo, sin embargo, en racha de aciertos de tanto que investiga, atribuyó el hallazgo de la foto a Gabriel Moris, aunque no menos ojiplático resulta que el editorialista considerara que se trataba de pruebas no valoradas por un Tribunal. Cielo santo.
Pero el pintoresco tratamiento informativo de EM no se agota en la anécdota de la fotografía. Por el contrario, la noticia firmada por Manuel Marraco que daba cuenta de ese escrito de marzo de 2009 constituye paso ineludible tanto hacia el prólogo de Titadyn (mayo de 2009) como hacia la querella de la AAV11-M (julio de 2009), y tiene que leerse al trasluz del pleito civil que enfrentaba al ex jefe de los Tedax con varios periodistas de EM. Así, aunque Moris-Crespo no aluden nunca a Sánchez Manzano ni por nombre ni por cargo, la portada de El Mundo del 10 de marzo de 2009 hará creer otra cosa muy diferente:

Periodismo interpretativo con el punto de cocción sobrepasado hace varios pueblos deontológicos. Pero, como ocurre con todo lo que publica EM sobre Sánchez Manzano —bastante lo documenté en el cap. 1—, cuenta con venerables ancestros. En concreto, esta portada cosida al vuelo es hija de otra de 21 de mayo de 2007 que veremos más abajo.
En junio de 2009, Rodríguez Segura y Rubio Valero presentaron otro escrito recordando que sus peticiones de marzo seguían pendientes de resolver. Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, AES presentaba una denuncia acompañada del libro Titadyn que recibía una patada en salva sea la composición habitual de las dinamitas, entre otras razones por tratarse de cosa juzgada. En julio vino la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano y la perito, y finalmente, el 25 de agosto de 2009, el juez Velasco atendió los escritos pendientes del matrimonio Moris-Crespo (y sus adherentes, entre ellos la AAV11-M) del modo acostumbrado: los desestimó. Recordó otra vez que revisar el proceso de recogida de muestras y los posteriores análisis periciales incurre en cosa juzgada:
Conforme a [la LeCr], y como rasgo distintivo de las investigaciones judiciales, en todo momento sometidas a un proceso regulado legalmente, no se puede practicar cualquier prueba en cualquier orden y en cualquier momento, ni se puede practicar siempre la misma prueba hasta llegar, más que al resultado de la Justicia material, a que por fin satisfagan los intereses de alguna de las partes personadas, sencillamente porque instituciones procesales como las de la preclusión, la cosa juzgada (formal y material) y la conclusión de la investigación, formalmente lo impiden, por mucha que sea la insatisfacción e impotencia que el resultado aislado de alguna diligencia probatoria suscite en alguna de las partes procesales. Otros fines queridos por la Ley se defienden a través de estas instituciones que pretenden que las investigaciones cierren en algún momento porque la justicia que no tiene resultados y la justicia que nunca tiene fin no son justicia.
Este nuevo auto de Velasco también fue recurrido, de modo que la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional tuvo que pronunciarse por segunda vez. Pero sin sorpresas. En diciembre de 2009, desestimó el recurso e insistió en que los peticionarios —entre ellos de Pablo— pretendían violar el estatuto de la cosa juzgada:
La cuestión planteada ha sido ya decidida en resolución firme de toda firmeza, de modo que el recurso y la adhesión al mismo no pueden en modo alguno pretender que –con sentencia del TS o sin ella— la Sala acepte la utilización de un cauce procesal anómalo o extravagante, para vulnerar la vinculación de la cosa juzgada material y formal, modificando, cuantitativa o cualitativamente, hechos ya declarados probados.
El final de la escapada
El dale que te pego seguiría algunos meses más. Rodríguez Segura y Rubio Valero presentaron todavía un último escrito ante la Audiencia Nacional en el que invocaban la querella interpuesta por de Pablo en la justicia ordinaria. En el colmo de los círculos viciosos, pedían al juez que reabriera el 11-M para incorporar a él la causa que instruía Coro Cillán contra Sánchez Manzano y Marian 17632. Velasco, cabe temerse que con un soplido a mitad camino entre la resignación, la incredulidad y la hartura, volvió a negarse. Lo malo de los círculos viciosos es que no hay manera de salir de ellos.
O a lo mejor sí: la AVT, tras un raro conflicto ocurrido en 2010, se deshizo del histórico equipo jurídico que la había representado ante los tribunales en los últimos 15 ó 20 años (Rodríguez Segura, Manuela Rubio, Emilio Murcia, y el procurador José Pedro Vila Rodríguez). A unos les rescindió abruptamente el contrato acusándoles de filtraciones a la prensa (no a toda: a El Mundo); otros abandonaron en solidaridad. Pero a las grandes estructuras cósmicas no se les movió ni una pestaña, ya que Rodríguez Segura y Rubio Valero se incorporaron de inmediato al equipo jurídico de Voces Contra el Terrorismo (VCT), la nueva asociación fundada y presidida por Francisco José Alcaraz, ex presidente de la AVT. Baste decir que VCT publica una revista trimestral entre cuyos autores habituales está el Who is Who de la conspiranoia onceémica en versión libertaddigitalera, desde Luis del Pino y César Vidal a Gabriel Moris o Francisco Reverte, peón negro presidente de la Asociación 11-M Verdad y Justicia. Calor de hogar, se llama la figura.
La pinza
Si en algún capítulo anterior vimos que la querella de la AAV11-M pudo haberse presentado en idénticos términos en cualquier momento entre julio de 2007 y julio de 2009 —pues ningún elemento desconocido en julio de 2007 se aduce en ella—, y si vimos que su interposición se hizo coincidir al minuto con la vista de la demanda civil en defensa de su honor presentada por Sánchez Manzano contra periodistas de EM, ahora podemos redondear aquellas primeras conclusiones añadiendo que la querella de la AAV11-M también cerró —¡clac!— la pinza judicial de El Mundo (sic) contra Sánchez Manzano. Los letrados de Moris-Crespo por arriba (Audiencia Nacional) y de Pablo por abajo (justicia ordinaria); aquellos en plan genérico, sin aludir siquiera de pasada al ex comisario de los Tedax; de Pablo, convirtiéndole en fregona de todos los fregados delictivos del 11-M. Los unos y el otro dependientes de las no-noticias de El Mundo, el autor intelectual.
Es un hecho que tanto en EM como en la AAV11-M se conocían los escritos de los Moris-Crespo ante la Audiencia Nacional, a los que la asociación se iba adhiriendo ritualmente (al de 9 marzo de 2009 se adhirió el 28 de abril; por lo demás, resulta obvio que de Pablo lo aprovechó a saco en su querella —incluida la foto de Xluis [p. 8]— con el mismo disimulo con que autoplagió un fragmento de su propio libro, es decir, ninguno). Sabían perfectamente que la jurisdicción especial contra el terrorismo era vía muerta. El 'toque personal' de de Pablo —pero sin abusar, porque la idea no fue suya— consistió en convertir una petición genérica de investigación del explosivo y de la recogida de muestras en un proceso penal individualizado contra dos policías. Transformó la supuesta escasez de muestras en el 11-M en escasez intencionada de muestras. Jugarían el partido en la justicia ordinaria. Si había suerte, el proceso podría derivar en el mismo zafarrancho de combate conspiranoico que pedía el matrimonio Moris-Crespo ante la Audiencia Nacional. Y así sucedió, porque suerte hubo, hasta que la Audiencia Provincial de Madrid archivó la causa... por cosa juzgada.
¿Pero por qué hablo de pinza judicial? ¿Y cómo sé que EM tuvo algo que ver? ¿Acaso no pudo tratarse de iniciativas independientes? La respuesta a la última pregunta es no. Regresemos al punto donde se inició el camino de perdición en 2007. Un entrañable personaje de Borges apatrullando el 11-M despejara nuestras dudas.
Pierre Menard
Sí, volvamos a mayo de 2007. El día 21, con el macrojuicio presidido por Gómez Bermúdez en curso, García-Abadillo destapó una colosal exclusiva de esas suyas:

Con seca prosa periodística, y basado en fuentes anónimas como mandan los cánones y él tiene por costumbre —lo que me ahorra tener que advertir que está llena de falsedades e invenciones—, contaba muy por encima una serie de piques entre bandos rivales de los Tedax en la mañana del 11-M y el papel de sheriff asumido por Sánchez Manzano:
Sin embargo, la realidad fue mucho menos amigable de lo que hacen pensar las palabras de Sánchez Manzano. Su interés por apropiarse de la incidencia quedó meridianamente claro desde el principio.
El primer encontronazo serio entre los hombres de la Unidad de Madrid y los de la Central se produjo precisamente cuando se detectó una bomba sin estallar en la estación de Atocha. Aunque los Tedax de la Unidad de Madrid argumentaron que la actuación les correspondía a ellos, Sánchez Manzano ya había dado la orden de que todo lo relativo al atentado pasara a depender directamente de la Unidad Central. Y, de hecho, el operador número 1 (el que físicamente abordó el explosivo para desactivarlo) que trató de desbaratar la bomba de Atocha, fue un miembro de la Unidad Central. «Hubo una pugna por saber quién se quedaba con la incidencia, e incluso casi se llegó a las manos», relata uno de los miembros de los Tedax consultados por EL MUNDO, que estuvieron presentes en varias estaciones el 11 de marzo (y que, por razones obvias, prefiere mantener el anonimato).
Nada espectacular. Ya se ve. Una mera reseña de rivalidades laborales que cualquier juntaletras sabría telegrafiar. En cambio, justo dos años después, en el prólogo de Titadyn de mayo de 2009, Pierre Menard lo contará de manera completamente diferente y comprenderemos la naturaleza diabólica del complot. El rico verbo de Menard nos permite asistir desde primera fila de tribuna a las oscuras maniobras del ex comisario de los Tedax:
Sin embargo, la realidad fue mucho más dura de lo que hacen pensar las palabras de Sánchez Manzano. Su interés por apropiarse de la incidencia quedó meridianamente claro desde el principio.
El primer encontronazo serio entre los hombres de la unidad de Madrid y los de la Central se produjo precisamente cuando se detectó una bomba sin estallar en la estación de Atocha. Aunque los Tedax de la unidad de Madrid argumentaron que la actuación les correspondía a ellos, Sánchez Manzano ya había dado orden de que todo lo relativo al atentado pasara a depender directamente de la Unidad Central. Y, de hecho, el operador número 1, el que físicamente abordó el explosivo para desactivarlo, fue un miembro de la Unidad Central. «Hubo una pugna por saber quién se quedaba con la incidencia, e incluso casi se llegó a las manos», me dijo mi confidente de los Tedax en una conversación que yo mismo reproduje en El Mundo.
Eso se llama derrochar musa. Otros, envidiosos o cortos de miras, quizá lo llamen (un) autoplagio (más). Qué sabrán. Con todo, lo relevante no es que la no-noticia de García-Abadillo de 21 de mayo de 2007 haya sido integrada literal y prácticamente en su totalidad en el prólogo de Titadyn por Pierre Menard. Aparte incidir hasta el aburrimiento en la absoluta falta de novedades del «libro que iba a reabrir el 11-M», identificar otro autoplagio de la peña conspiranoica tampoco es que merezca que se detengan las rotativas (aunque EM, si el autoplagio fuera de según quién, tendría para 4 portadas consecutivas). Lo relevante de verdad es que Pierre Menard, en el prólogo de Titadyn, haya intercalado el siguiente parrafito en su autoplagio:
Como hemos podido saber por un escrito presentado por el perito Gabriel Moris el 9 de marzo de 2009, en el que solicita la reapertura del sumario, al menos una muestra del foco de la explosión controlada llevada a cabo por los Tedax en la estación de El Pozo no fue entregada por Sánchez Manzano a la Audiencia Nacional. Por tanto, no pudo ser analizada por los ocho peritos designados por el tribunal, que se tuvieron que conformar con los ya mencionados veintitrés vestigios.
¿Verdad que todos conocemos ya la relación paterno filial entre el prólogo de Titadyn de Pierre Menard y la querella de la AAV11-M? Pues la misma se detecta entre la no-noticia de García-Abadillo de 21 de mayo de 2007 y los sucesivos escritos de Moris-Crespo ante la Audiencia Nacional. Y la misma, autoplagio mediante, significa la mismísima. El camino de perdición del anterior epígrafe nace de esa no-noticia de mayo de 2007, por lo que la tesis de la pinza aparece como irrefuteibol. En efecto, achuchados por la no-noticia de García-Abadillo, los abogados de los Moris-Crespo presentaron ese mismo día su primer escrito en pos de los restos perdidos del 11-M ante el Juzgado de Intrucción Central nº 6 de la Audiencia Nacional. Así lo anunciaba la portada de EM del día siguiente:

¿Pero qué haríamos nosotros sin acordarnos del editorialista, con el cariño que pone en leernos, eh? Añadamos, entonces, su editorial del día, que glosaba en términos melodramáticos la película de cuartos trasteros de García-Abadillo, y casi que oleremos la querella de la AAV11-M:
Ahora bien, el Tribunal no debería caer en el error de creer que los restos almacenados en ese depósito son ahora la clave que puede resolver el caso. El hecho de que no estén etiquetados y de que no hayan sido protegidos por una cadena de custodia clara relativiza de antemano el valor de cualquier análisis que se realizara ahora. Lo que sí debería hacer el Tribunal es tomar buena nota de la conducta del ex jefe de los Tedax, cuyo papel en la recogida de restos supone en el mejor de los casos una inaceptable negligencia y en el peor una actuación que raya en el encubrimiento y la manipulación de pruebas. En todo un caso, un crimen que no puede quedar sin castigo.
Llegados aquí, diré lo de 'mira que habré dicho veces eso de que el tiempo no pasa en esta serie'. ¿2007, 2009? Qué más da. Es el día de la marmota extended edition:

Sintaxis mejorable, aunque admito que eso de Ayuda a las Víctimas contra Manzano tiene tirón subliminal y suena mejor que El Mundo contra Manzano, más propio de un número de relleno en un tebeo de científicos locos. Pero insisto: ¿2007, 2009? Y reitero: qué más da. La noticia de Coro Cillán pidiendo las actas vino acompañada de un pequeño editorial en el que me atrevo a subrayar en rojo una mínima cláusula no menos cómica:

¿Qué mejor prueba de que la conspiranoia es una narrativa viva? En 2007, los restos estaban en el cuarto de los trastos de García-Abadillo; en 2009 se han esfumado. Es lo que arguye de Pablo en la querella (p. 36):
Los querellados (i) ocultaron a la Policía Científica los centenares de vestigios que los TEDAX habían recogido en los focos de explosión, impidiendo un análisis científico de los mismos que habría favorecido el esclarecimiento de los hechos; (ii) escondieron la inmensa mayoría de los vestigios procedentes de los focos de explosión, entre ellos los más valiosos para la investigación (los que no fueron lavados con agua y acetona), impidiendo que los ocho peritos designados por el Tribunal los pudiesen analizar; (iii) hicieron desaparecer el extracto de agua y acetona en el que fueron lavados algunos vestigios; (iv) e incluso a día de hoy los querellados continúan ocultando esa inmensa mayoría de vestigios desaparecidos, cuyo paradero todavía se desconoce.
Lástima que los restos hayan desaparecido, pues entre los conspiranoicos era verdad revelada que en el Complejo Policial de Canillas existía un almacén lleno de restos de los escenarios de los trenes. El garante era García-Abadillo, a quien todos sabemos que precede una fama de fiabilidad sobradamente acreditada. El primero en creérselo —y el primero en disparatar big time al respecto— fue Luis del Pino en las páginas de El Mundo, que hasta osó apelar al sentido común:
El desván. El juicio se desdobla. Al no haberse aclarado delante del tribunal muchos de los aspectos fundamentales de los hechos, sigue destapándose en los medios lo que no se destapa en la sala. Confirmó ayer EL MUNDO algo que resulta de mero sentido común: por supuesto que los Tedax recogieron centenares de restos en los trenes aquel 11-M, pero esas muestras se llevaron, no a la sede provincial de los Tedax, como marcan los protocolos, sino a la Unidad Central de los Tedax por orden de Sánchez-Manzano.
Y allí permanecen esas muestras, al mismo tiempo que a los peritos encargados de los análisis se les han entregado apenas cuatro clavos mal contados. ¿Qué hacen esas muestras arrumbadas durante tres años en una habitación del complejo policial de Canillas, sin que en el sumario conste ni siquiera un miserable listado de las mismas? ¿Por qué dio la orden Sánchez-Manzano de llevar todas las muestras a Canillas? ¿Creen ustedes que hubiera habido necesidad de ocultar esas muestras si en los trenes hubiera estallado, como nos dicen, esa Goma 2 ECO salida de las minas asturianas? El sentido común nos dice que las muestras se han ocultado por la misma razón que se destruyeron los trenes.
Xluis, que ya he dicho que no hace migas con «el pesetero mayor del reino» pero sí con los letrados que reaccionaron judicialmente ante la no-noticia de García Abadillo, todavía comentará en agosto de 2010 que en Canillas hay «un cuarto de restos de las explosiones que llegan casi al techo. En cajas. Y es lamentable que haya individuos que se dediquen a dar palmas con las orejas porque la brigada pablo iglesias haya sido muy eficiente en ocultar esos restos». Todo muy bien y muy instructivo, pero si resulta que las cajas se han esfumado entre 2007 y 2009, lo que procede recordar es que Sánchez Manzano dejó de ser Comisario Jefe de los Tedax en diciembre de 2006. Por lo cual, si el cuarto trastero de García-Abadillo hubiera existido de verdad —el optimismo desbocado mola, en estos tiempos de crisis—, su vaciado posterior al 21 de mayo de 2007 no podría ser responsabilidad de Sánchez Manzano. Cachis. Cuando se fantasea no se puede estar en todo. Se escapan minucias así.
Elogio del cuerno quemado
Tiene algo de admirable o maravilloso —en el sentido en que admira o maravilla un hábil prestidigitador— que dos grupos de víctimas hayan partido de la misma desinformación de García-Abadillo/Pierre Menard, que hayan intentado exprimirla por dos vías judiciales distintas —Audiencia Nacional y justicia ordinaria—, que lo hayan hecho simultáneamente, que se hayan sumado recíprocamente a los esfuerzos del otro y que ambos aventurerismos hayan acabado con idéntica «bofetada» puñetera, por decirlo con el clásico tecnicismo de la casa de Pedro J. Ramírez. El truco final, empero, consiste en disimular entre la niebla del palabrerío vindicador de 'la Verdad del 11-M' un fenómeno de hipocresía galopante ya explicado en esta serie: véase que la mano derecha emprende la vía judicial en la Audiencia Nacional porque se "descubre" que restos del 11-M están almacenados en el depósito de los Tedax; mientras que la mano izquierda emprende la vía judicial en la justicia ordinaria porque los restos del 11-M ya no están almacenados en el depósito de los Tedax. El cuerno quemado le huele mejor a la pituitaria de la Razón.
Hora es ya de terminar. En el siguiente capítulo —ayudado quizá de algún excurso si no logro domar el potro de la extensión, tanto es lo que podría decirse— me interesaré por los misteriosos protocolos policiales incumplidos por los policías querellados. En este apartado, el tratamiento informativo de El Mundo supera con creces los límites del tesoro de palabras decentes. Y habrá sus pinceladitas de primicia mundial, porque una vez que te acostumbras...
Continuará.
En el párrafo que empieza con "El dale que te pego seguiría algunos meses más." se te ha colado un mal enlace.
Rasmo, zenkius. No es algo que dependa realmente de mí. Pero ya está arreglado.
Tytadine, explosivos militares, un poquito de Gom2Eco para satisfacer a doña Sánchez (promovida), etc., etc., etc..
¿Quién le ha dicho a ud. que los que no creemos en jueces, fiscales y altos mandos policiales memos (por el contrario, muuuuy listos)podamos afirmar que hubiese Tytadine o "sólo" Tytadine, sin el PRECEPTIVO análisis por la Pol.Científica?
Muéstrenos la orden de destrucción de los trenes y de las ropas y pertenencias de las víctimas. O diga la razón de los de FFCC para fundir los restos de los vagones, en lugar del habitual aparcamiento durante años en las playas que tienen en varios puntos cercanos a Madrid. Y que es lo normal en Renfe.
Y luego viene lo de "los suicidados" (sin autopsia)en Leganés: Primera ¿y última? vez que unos terroristas exitosos pecan matándose y contrariando al Corán, por el que nos "cuentan" cometieron la masacre de los 192muertos + 1860heridos.
Hay días, ilustre don Manel, muuu poco ligeros...
Invente otro camino, señor.
Sr. Jordán, es difícil seguir el curso de sus ¿ideas?
Permítame una pequeña acotación: léase la sentencia y luega díganos eso de que no se les hicieron autopsias a los de Leganés.
Lo de los terroristas y el Corán demuestra que no tiene ni pajorela de yihadismo, pero no pasa nada, en eso no se diferencia usted de la mayoría de los peones.
Jordán del Río
Yo no sé lo que pueden afirmar ustedes los que no creen en el Estado de Derecho. Lo que sé es que en esta serie de artículos numerados se está diseccionando una querella (lo digo en la primera frase del texto, luego del índice, por si usted no se ha dado cuenta) que sostiene que explotó Titadyn a secas. Lo de 'a secas' lo explico en el capítulo 6, que, aunque a usted pueda parecerle mentira, versa sobre la misma querella.
En segundo lugar, es FALSO que en 2004 fuera preceptivo el análisis de la Policía Científica. Se explicará con más detalle del necesario en el siguiente capítulo, el 8, que aunque a usted también pueda resultarle increíble seguirá tratando sobre la misma querella. Ustedes los que no creen en el Estado de Derecho tendrían que ser un poquito más serios. Se empieza por no creer en el Estado de Derecho y se termina creyendo en cualquier cosa.
En tercer lugar, ustedes los que no creen en el Estado de Derecho deberían dejar de hacer tantas preguntas sin sentido: las actas de incineración (por un lado de efectos electrónicos, teléfonos, etc., por otro ropas, libros, carpetas, etc., por otro efectos personales de cadáveres sin identificar [aunque estaban identificados], etc.) están consignadas en el Sumario 20/2004, Tomo 41. Ocupa muchos folios. No tiene pérdida.
La retirada de los trenes fue una (lógica y sensata) orden del gobierno, del ministerio de Fomento de Álvarez Cascos. Necesitaban retomar el funcionamiento de las estaciones o el tráfico ferroviario de media España quedaría colapsado. Cuando la policía (Tedax-GC) concluyó su estudio sobre los vagones reventados, que puede usted encontrar en el Sumario 20/2004, Tomo 145, los trenes ya no eran necesarios, y el juez instructor se los devolvió a su legítimo propietario, RENFE. Y el legítimo propietario hizo lo que creyó más conveniente: unos vagones los reparó y están circulando, otros los fundió y otros los dejó abandonados porque no salía a cuenta ni una cosa ni otra.
Lo normal es que los jueces instructores obliguen a RENFE a conservar los vagones siniestrados... en accidentes. Hasta que se averigüe la causa del accidente, por si es mecánica (en vez de error humano). En este caso la causa estaba clara: atentado terrorista.
Ustedes los que no creen en el Estado de Derecho tienen unas ideas bastante peregrinas sobre las costumbres islámicas, y disculpe usted el eufemismo. Creen que porque algo lo prohíba el Corán, ya pasa a ser imposible. Oiga, la Biblia también prohíbe el suicidio, y los judeocristianos se han suicidado de toda la vida de Dios. En el Reino (para usted: Arabia Saudí), la tasa de suicidios es un problema acuciante. Y allí no solo tienen el Corán: también tienen los dos Santos Lugares y policía religiosa. ¿Me explica usted esto, entonces? Y no piense ni por un minuto que es problema de ahora. Oh, se me había olvidado: cuando el 11-M, hubo un islamista que lo celebró en la cárcel. No me acuerdo bien de su nombre, Zanibar o Zaniber. Pues no se lo va a creer: era islamista y en 2005 se ahorcó en su celda de aislamiento. Pero suicidio aparte, no crea usted que lo ocurrido en Leganés fue algo excepcional. Ha pasado más veces, pero ustedes, grandes expertos en costumbres islámicas, rara vez se enteran.
En fin, amigo Jordán del Río, no es buena cosa ser tan crédulo ni vivir tan politizado. La próxima vez, si hay próxima vez, le agradecería que se ciñera al tema de la serie. Para no desperdigarnos, lo digo.
Y saludos a Belga197, aunque igual le respondo aquí porque allí no puedo.
Respondiendo a Belga197.
Lea atentamente, don Gozalbo:
"...que los que no creemos en jueces, fiscales y altos mandos policiales MEMOS (por el contrario, muuuy listos)..." ¿Lo ha leído bien ahora? Porque la Instrucción del juicio de la mayor masacre terrorista de Europa se entregaría a gente de valía, digo yo, supongo. De tal modo que tantas dudas, incógnitas, errores y apresuradas aportaciones SÓLO deben ser motivadas... por las prisas.
O sea, que CREO que jueces, fiscales y sanchimanzanos eran los MEJORES, ¿o no? ¿capito?
Si me da ud. ahora entrada para pasar al Estado de Derecho ese que nos propició en 1985 el PSOE de Felipe González Slim, pues vale. ¡Gracias, señor Manel! (Y que nos asista Montesquieu).
Una cosa es retirar los trenes afectados para despejar vías y circulación y otra cosa muy distinta es destruírlos rápidamente. Y tanto en accidentes como en actos terroristas SIEMPRE se han guardado para los análisis posteriores. ¡¡Menos en el 11-M!! En este caso, ¿podían o no ser varios grupos de terroristas los criminales?
Y en cuanto a su paseo por los rituales católicos, islamistas y demás para contestarme a lo de Leganés, siento decirle que los musulmanes que se inmolan matando infieles, van directos al Paraíso a gozar de las mil vírgenes entre rios de leche y miel. Pero si se matan solitos, van al Infierno de cabeza. Y sin autopsia, señor Manel. Que no les hicieron autopsia. Y ud. lo sabe, o debería saberlo.
Y gracias por dejarme creer (espero) en el Estado de Derecho de verdad.
Tiene usted razón. Es más, después del atentado de la T-4 no se ha reconstruido el parking, sino que sigue ahí, precintado, esperando.
Ahora, para nota: exactamente ¿cómo podrían los trenes despanzurrados probar si fueron uno o varios los autores de los atentados? No es una pregunta capciosa, es que el derecho funciona así: ¿usted cree que hace falta una prueba pericial? Pues se la pide al juez.
Porque la realidad es que una vez tomadas muestras de las explosiones, los vagones no tenían más valor judicial. Y con los análisis de esas muestras se determinó el tipo de explosivo, se condenó a sus autores y se ganaron todos los recursos presentados por los criminales. Exactamente ¿qué más hacía falta de los vagones?